Project Gutenberg's La Argentina, by Arcidiano D. Martin del Barco Centenera

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Title: La Argentina
       La conquista del Rio de La Plata. Poema histrico

Author: Arcidiano D. Martin del Barco Centenera

Contributor: Pedro de Angeles

Release Date: May 3, 2008 [EBook #25317]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

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[Nota del transcriptor: la ortografa del original fue conservada; no
ha sido corregida ni actualizada.]


LA

ARGENTINA,

O LA

CONQUISTA DEL RIO DE LA PLATA,

POEMA HISTRICO

POR EL

ARCEDIANO D. MARTIN DEL BARCO

CENTENERA.

BUENOS-AIRES.

IMPRENTA DEL ESTADO.

1836.

       *       *       *       *       *




DISCURSO PRELIMINAR

AL MARQUES DE CASTEL RODRIGO

LA ARGENTINA.

    * CANTO PRIMERO.
    * CANTO SEGUNDO.
    * CANTO TERCERO.
    * CANTO CUARTO.
    * CANTO QUINTO.
    * CANTO SEXTO.
    * CANTO SEPTIMO.
    * CANTO OCTAVO.
    * CANTO NONO.
    * CANTO DECIMO.
    * CANTO UNDECIMO.
    * CANTO DUODECIMO.
    * CANTO DECIMO-TERCIO.
    * CANTO DECIMO-CUARTO.
    * CANTO DECIMO-QUINTO.
    * CANTO DECIMO-SEXTO.
    * CANTO DECIMO-SEPTIMO.
    * CANTO DECIMO-OCTAVO.
    * CANTO DECIMO-NONO.
    * CANTO VIGESIMO.
    * CANTO VIGESIMO-PRIMERO.
    * CANTO VIGESIMO-SEGUNDO.
    * CANTO VIGESIMO-TERCIO.
    * CANTO VIGESIMO-CUARTO.
    * CANTO VIGESIMO-QUINTO.
    * CANTO VIGESIMO-SEXTO.
    * CANTO VIGESIMO-SEPTIMO.
    * CANTO VIGESIMO-OCTAVO.

TABLA

NOTAS

       *       *       *       *       *




DISCURSO PRELIMINAR

A LA

ARGENTINA DE BARCO CENTENERA.


Cuando sali  luz este poema sobre la conquista del Rio de la Plata,
las musas castellanas habian desplegado, en las obras de Garcilaso,
Herrera y Luis de Leon, un estilo culto y elegante. Ni la lucha
intestina de Fernando el Catlico contra los Moros, ni las guerras
exteriores de su sucesor Carlos V, fueron bastantes  detener los
progresos de las letras, que sin proteccion y estmulo florecieron en el
reinado sombro  inquisitorial de Felipe II. El gusto de la literatura
italiana, que  mediados del siglo XVI. se habia generalizado en Espaa,
y el verso endecasilabo, introducido por Boscan, pusieron en voga  los
grandes modelos que se ilustraron en la epopeya, y Ariosto, Camoens, y
Taso, tuvieron sus mulos  imitadores.

Mientras que Zapata, Urrea y Samper celebraban  porfia las glorias de
Carlos V, Pinciano escribia el _Pelayo_; Cueva, la _Conquista de la
Btica_; Hojeda, la _Cristiada_; Mosquera y Zamora, la _Numantina_ y la
_Saguntina_; y el frtil  inagotable Lope de Vega, la _Dragontea_, el
_Isidro_ y la _Jerusalen_. Entre tantos ensayos desgraciados, ocupaba un
lugar eminente el poema de D. Alonso de Ercilla, que al relatar los
sucesos de Arauco, podia decir como Enea

    _quorum pars magna fui_.

El mismo objeto se propuso D. Martin del Barco Centenera en su
_Argentina_, en que describi los acontecimientos que presenciaba, sino
con toda la escrupulosidad de un historiador, almenos con un fondo de
candor que le grangea crdito y confianza. Naci en Logrosan, en el
partido de Trujillo en Extremadura, cerca del ao de 1535, cuando se
fund por primera vez Buenos Aires, de la que estaba destinado  cantar
la reedificacion. Abraz el estado eclesistico, y en clase de capellan
acompa la expedicion que, en 1572, sali del puerto de San Lucar, bajo
los auspicios del Adelantado Juan Ortiz de Zrate. La descripcion de
este viage, una de las partes mas interesantes del poema, los amagos de
una tempestad, y los estragos del hambre que estall en Santa Catalina,
son pinturas animadas de los incidentes de una larga navegacion.

En los veinticuatro aos que pas en Amrica, el deseo de observar
tantos objetos nuevos y curiosos, le hizo tomar parte en varias
empresas, en las que arrostr grandes peligros, siendo testigo de
infinitas desgracias: y al cuidado que tuvo de relatarlas debemos las
nicas memorias que nos quedan de un perodo importante en la conquista
de estas regiones. Acompa  Melgarejo y  Garay en casi todas sus
expediciones, y, segun parece indicarlo, fu uno de los que concurrieron
 la fundacion de Buenos Aires en 1580.[1]

De todas las privaciones que sufri, la que mas le molest fu el
hambre. Sus efectos fueron sobre todo terribles en Santa Catalina, donde
 los horrores de una escasez absoluta se agregaron los de una crueldad
refinada en los gefes, que enviaban al cdalso  los que luchaban con la
muerte por falta de alimentos. El autor deplora estos rigores culpables;
porque

    La cosa  tal extremo habia llegado
    Que carne humana v que se comia.[2]

El mismo tuvo que echar mano de lagartijas, que no le parecieron tan
sabrosas como ciertos gusanos que comi despues en las mrgenes del rio
Huybay. Los habia de dos especies, y se criaban en caas mas corpulentas
que los _robles_:

    En muy poco difieren sus sabores:
    Estando el uno y otro derretido,
    Manteca fresca  mi me parecia;
    Mas sabe Dios el hambre que tenia![3]

En uno de estos apuros tuvo que usar de su influjo para tranquilizar la
conciencia de una muger, que habia hurtado un perro sin atreverse 
echar mano de l. Este episodio puede servir  dar una idea del gnio
festivo del poeta.

      Viniendo de la iglesia una maana
    Que habia sacrificio celebrado,
    Una comadre mia, Mariana,
    De su pequea choza me llamaba
    En una isla, d antes la tirana
    Le habia  su marido sepultado:
    Y oid lo que me dice muy gozosa,
    Aunque del hecho suyo recelosa.

      Un solo perro habia en el armada,
    De gran precio y valor para su dueo:
    Llamado, entr ese dia en su posada,
    Mas nunca mas sali de aquel empeo;
    Porque ella le mat de una porrada,
    Al tiempo del entrar, con un gran leo.
    Mostrndolo, me dice: _Qu haremos_?
    Yo dije:--_Asad, Seora, y comeremos_.

Estos lances de la vida estn descritos en un estilo fcil y natural,
que es el tono ordinario del poeta; sin que le falte vigor para
elevarse, cuando su alma se halla profundamente conmovida. Si no fuera
por no multiplicar citas, reproduciriamos varios trozos que nos parecen
dignos de competir con los modelos mas acabados de la poesia castellana.
Sirva de egemplo la octava, en que describe el hambre que asalt  los
compaeros de D. Pedro de Mendoza en Buenos Aires:

      Comienzan  morir todos rabiando,
    Los rostros y los ojos consumidos.
    A los nios que mueren sollozando
    Las madres les responden con gemidos:
    El pueblo sin ventura lamentando
    A Dios envia suspiros dolorosos:
    Gritan viejos y mozos, damas bellas
    Perturban con clamores las estrellas.[4]

Estos versos son tiernos, pero mas llenos de sensibilidad son los que le
inspira la muerte de su compatriota Ana de Valverde.

    Llore mi musa y verso con ternura
    La muerte de esta dama generosa;
    Y llrela mi tierra, Extremadura,
    Y Castilla la Vieja perdidosa:
    Y llore Logrosn la hermosura
    De aquesta dama bella, tan hermosa,
    Cual entre espinas, rosa y azucena,
    De honra y de virtudes tan bien llena.

    Las Argentinas Ninfas, conociendo
    De aquesta Ana Valverde la belleza,
    Sus dorados cabellos descojendo,
    Envueltas en dolor y gran tristeza,
    Estan  la fortuna maldiciendo,
    Las flechas y los dardos, la crueza
    Del indio Mau, que as ha robado
    Al mundo de virtudes un dechado.[5]

No es nuestro propsito exagerar el mrito potico de la _Argentina;_ y
mas bien quisiramos que quedase reducido  lo que es puramente
indispensable para no fastidiar al lector que la consulta como monumento
histrico de la poca  que pertenece. Cuando se considera que los
acontecimientos de un perodo, que comprende toda la administracion de
Garay y la de su sucesor Mendieta, no tienen mas historiador que un
poeta, se siente la necesidad de acreditar, que

    .........aunque su musa en verso canta,
    Escribe la verdad de lo que ha oido
    Y visto por sus ojos y servido.[6]

Este empeo en que se constituy voluntariamente el autor, justifica su
principal defecto, que es cierto aire prosaico, que es natural que
prevalesca en una obra, despojada del brillante cortejo de las
ficciones. Qutese todo lo que hay de fantstico en los grandes poemas
picos, antiguos y modernos:--brrense de la Eneida, de la Jerusalen y
de la Lusiada, las pinturas de los Campos Eliseos, de los palacios y de
las islas encantadas que tanto nos arrebatan, y no quedar mas que una
fria narracion del viage de Eneas, de las guerras de Palestina y de la
navegacion de Vasco de Gama.

Esta especie de _crnicas rimadas_ tienen todos los vicios de los
gneros bastardos, cuyo carcter ambiguo es el mayor obstculo  su
perfeccion. Moratin en una de sus mejores stiras se declara contra esta
clase de escritores,  los que dirige irnicamente los siguientes
consejos.

    Sigue la historia religiosamente,
    Y conociendo  la verdad por guia,
    Cosa no has de decir que ella no cuente.

    No fingas, no; _que es grande picardia_:
    Refiere sin doblez lo que ha pasado,
    Con nimiedad escrupulosa y pia;

    Y en todo cuanto escribas ten cuidado
    De no olvidar las fechas y las datas,
    _Que as lo debe hacer un hombre honrado_.[7]

Pero Moratin habla como poeta, y no piensa que pueda haber una sociedad
que busque, en las pocas memorias coevas, tradiciones ciertas de su
infancia: porque en este caso los defectos que ridiculiza le hubieran
parecido otras tantas recomendaciones. Si algo falta al autor de la
Argentina es la _nimiedad escrupulosa_, que tanto desagrada al Terencio
espaol.

Aun as, la autoridad de Centenera ha sido de tanto peso para sus
sucesores, que hasta han adoptado sus fbulas; y si por mucho tiempo se
ha creido en las _Sirenas_, en los _Carbunclos_ y en otras patraas del
mismo quilate, es porque l asegur que los habia visto con sus propios
ojos.

Los servicios que prest en la conquista de estas provincias, mas reales
que estos juegos de una imaginacion acalorada, le merecieron el titulo
de arcediano de la Asumpcion, en cuyo carcter acompa  Fray Alonso
Guerra (recien promovido  la silla episcopal del Paraguay), al concilio
convocado en Lima en 1582, por el Arzobispo Melgarejo, mas conocido en
los fastos de la iglesia bajo el nombre de _Santo Toribio_ con que fu
canonizado.

Para introducir alguna variedad en la relacion de estas tareas, pinta la
hermosura y el lujo de las damas limeas, de las que hace un retrato
seductor.

    Por las calles y plaza y las ventanas
    Se ponen, que es contento de mirarlas,
    Con ricos aderezos muy galanas,
    Y pueden los que quieren bien hablarlas.
    No se muestran esquivas ni tiranas,
    Que escuchan  quien quiere requebrarlas:
    Y dicen s el rebozo chistecillos,
    Con que engaan  veces los bobillos.[8]

En estos episdios, y en los que le ministran los acometimientos de
Drake y Candish, acaba su poema, imitando en esto  Ercilla, que tambien
se distrae en describir las batallas de San Quintin y Lepanto.
Centenera, que no ponia mucha importancia en conservar la unidad del
poema, estuvo tentado de tratar de las guerras de Chile; y si no lo
hizo, no fu por respeto  los preceptos de Aristteles, sino por el que
le inspiraba el mrito de la Araucana. El elgio que hace de Ercilla es
honroso para entrambos.

      Y pues que  Chile cupo tal belleza
    De pluma, de valor, de cortesia,
    No es justo que se atreva mi rudeza
    Decir de Chile cosa: que seria
    Muy loca presumpcion y gran simpleza
    Meter hoz en la mies no siendo mia.[9]

Su morada en Lima, y la obligacion de sostener con decoro su rango,
agotaron su peculio y lo dejaron sumido en la indigencia. Acostumbrado 
vivir en la mediocridad, hubiera sobrellevado con resignacion esta
desgracia, si hubiese podido renunciar igualmente al deseo de volver 
su patria. Esta idea, que se habia apoderado de su espritu, lo dispuso
 la tristeza; y se hallaba en el mayor abatimiento, cuando

    La Inquisicion le hizo comisario,
    Y el Obispo de Charcas su vicario.[10]

En estas nuevas funciones pas los ltimos aos de su residencia en
Amrica, hasta que en 1596 se resolvi  regresar  Europa. Al deseo de
reunirse  su familia debi agregarse el de dar publicidad  su poema,
siendo imposible que lo verificase en Amrica, donde aun no habia
penetrado el arte tipogrfico. Desembarc en Lisboa, en donde di  luz
la _Argentina_, en 1602, bajo los auspicios del Marques de Castel
Rodrigo, que gobernaba entonces el Portugal,  nombre de Felipe III:
otra edicion public Barcia en el tercer tomo de sus _Historiadores
primitivos de las Indias occidentales_; y ambas tan llenas de errores,
que bastaria esta circunstancia  justificar su reimpresion.

Los ejemplares de que nos hemos valido, nos han sido franqueados, con su
acostumbrada liberalidad, por el Sr. Cannigo Dr. D. Saturnino Segurola;
y no creemos que se halle en Buenos Aires otra copia de la edicion de
Lisboa. La que cita Pinelo[11], del ao de 1631, si existe, debe ser
mucho mas rara que la primera; puesto que ha quedado ignorada  los
demas bibligrafos.

El juicio de Azara, sobre el autor de la _Argentina_, no solo es severo,
sino injusto: porque de todos los cargos que se le pueden hacer, el que
nos parece mas infundado es, _no haber puesto el menor cuidado en
averiguar la verdad de los hechos_.[12]

Ciertamente, no son exactos todos los que alega; pero este defecto
parcial, y excusable, por ser comun  todos los escritores de aquel
siglo, no le quitan el mrito de habernos transmitido con fidelidad
muchas noticias que ignorariamos sin l; en lo que no puede menos de
convenir el mismo Azara.[13]

Tambien se equivoca cuando dice que la _Argentina_ comprende los
acontecimientos de la conquista de estas provincias, hasta el ao de
1581: porque en el canto XXIV se describen minuciosamente las
circunstancias de la muerte de Garay, que acaeci en 1584; y en el
ltimo se habla de la victoria de los portugueses sobre Candish, que
corresponde al ao de 1592.

Una segunda parte, de la que se ocupaba el autor cuando public su
poema[14], qued interrumpida por su muerte, que lo acometi poco
despues, en una edad avanzada, y fuera de su patria, adonde habia
deseado tanto volver.

_Buenos Aires, Junio de 1836._

=PEDRO DE ANGELIS.=




AL MARQUES DE CASTEL RODRIGO,

_Virey, Gobernador y Capitan General de Portugal, por el Rey D. Felipe
III, Nuestro Seor._

D. MARTIN DEL BARCO CENTENERA,

ARCEDIANO DEL RIO DE LA PLATA.


Habiendo considerado y revuelto muchas veces en mi memoria el gran gusto
que recibe el humano entendimiento con la lectura de los varios y
diversos acaecimientos de cosas, que aun por su variedad es la
naturaleza bella; y que aquellas amplsimas provincias del Rio de la
Plata estaban casi puestas en olvido, y su memoria sin razon
obscurecida, procur poner en escrito algo de lo que supe, entend y v
en ellas, en veinticuatro aos que en aquel nuevo orbe peregrin:--lo
primero, por no parecer al malo  inutil siervo que abscondi el talento
recibido de su seor:--lo segundo, porque el mundo tenga entera noticia
y verdadera relacion del Rio de la Plata, cuyas provincias son tan
grandes, con gentes tan belicosas, animales y fieras tan bravas, aves
tan diferentes, vboras y serpientes que han tenido con hombres
conflicto y pelea, peces de humana forma, y cosas tan exquisitas, que
dejan en xtasis  los nimos de los que con alguna atencion las
consideran.

He escrito, pues, aunque en estilo poco pulido y menos limado, este
libro,  quien intitulo y nombro _Argentina_, tomando el nombre del
subjecto principal que es el Rio de la Plata; para que V. E., si acaso
pudiera tener algun rato como que hurtado  los necesarsimos y graves
negocios de tan grande gobierno como sus hombros tienen, pueda con
facilidad leerle, sin que le d el disgusto y fastidio que de las largas
y prolijas histrias se suele recibir; y hme dispuesto  presentarla y
ofrecerla  V. E., como propia suya; pues, segun derecho, los bienes del
siervo son vistos ser del seor.

Y as confio que, puesto en la posesion del amparo de V. E., cobrar
nuevo ser y perpetuo renombre mi trabajo; y pido  Dios te siga solo
haber acertado  dar  V. E. algun pequeo contento con este mi
pauprrimo servicio: lo que ser para mi muy aventajado prmio, y
crecern en m las alas de mi flaco y dbil entendimiento para volar,
aspirando siempre  cosas mas altas y mayores: enderezadas todas  su
fin debido, que es el servicio de Dios, de S. M. y de V. E.,  quien
Dios nos guarde por largos y felicsimos tiempos, para el buen gobierno
y amparo de este reino, y como yo siervo y perpetuo capellan de V. E.
deseo.

De LISBOA, 10 de Mayo de 1601.




LA ARGENTINA.


CANTO PRIMERO.

     _En que se trata del rigen de los Chiriguanas  Guarans, gente
     que come carne humana, y del descubrimiento del Rio de la Plata._


      Del indio Chiriguana encarnizado
    En carne humana, orgen canto solo.
    Por descubrir el ser tan olvidado
    Del Argentino reino, gran Apolo!
    Envame del monte consagrado
    Ayuda con que pueda aqu, sin dolo,
    Al mundo publicar, en nueva historia,
    De cosas admirables la memoria.

     Mas qu digo de Apolo, Dios eterno!
    A vos solo favor pido y demando.
    Qu mal lo puede dar en el infierno
    El que en continuo fuego est penando.
    Har con vuestra ayuda este cuaderno,
    Del Argentino reino recontando
    Diversas aventuras y estraezas,
    Prodigios, hambres, guerras y proezas.

      Tratar quiero tambien de sucedidos
    Y estraos casos que iba yo notando.
    De vista muchos son, otros oidos,
    Que vine  descubrir yo preguntando.
    De personas me fueron referidos
    Con quien comunicaba, conversando
    De cosas admirables codicioso,
    Saber por escribirlas deseoso.

      Per de fama eterna y estendida
    Por sus ricos metales por el mundo;
    La Potos imperial ennoblecida,
    Por tener aquel cerro tan rotundo;[15]
    La tucumana tierra bastecida[16]
    De cosas de comer, con el jocundo
    Estado del Brasil, darn subjecto
    A mi pluma que escriba yo prometo.

      Que aunque en esta obra el fundamento
    Primero y principal, Rio de la Plata,
    Y as es primero su descubrimiento;
    Con todo no ser mi pluma ingrata:
    Que aqu pintar al vivo lo que siento
    Del nuevo orbe al Marques Mora:[17] y si trata
    Contrario  la verdad, yo sea borrado
    De su libro, y  olvido condenado.

      Tambien dir de aquel duro flagelo,
    Que Dios al mundo di por su pecado,
    El Drake que cubri con crudo duelo[18]
    Al un polo y al otro en sumo grado.
    Tratar de castigos, que del Cielo
    Parece nuestro Dios nos ha enviado:
    Temblores, terremotos y seales
    Que bien pueden juzgarse por finales.

      En todo hallar bien, si lo quisiere,
    A su gusto el lector, gusto sabroso.
    Y guste lo que mas gusto tuviere,
    Y deje lo sin gusto y disgustoso.
    Har al fin lo que mas gusto le diere:
    Qu esto de escribir es azaroso.
    En nombre de Jesus comienzo agora,
    Y de la Vrgen para Emperadora.

      Despues del gran castigo y gran justicia,
    Que hizo nuestro Dios Omnipotente,
    Por ver como crecia la malicia
    Del hombre que compuso sabiamente,
    Habiendo recibido la propicia
    Seal del amistad, No prudente,
    De Japhet, hijo suyo, as llamado,
    Tubal naci valiente y esforzado.[19]

      Aqueste fu el primero que en Espaa
    Pobl: pero despues viniendo gentes
    Con la de aqueste Tubal y otra estraa
    Mas, del mismo No remanecientes,
    Espaa se pobl, y tanta saa
    Creci entre unos hombres muy valientes
    Tups, que por costumbre muy tirana
    Tomaron  comer de carne humana.

      Creciendo en multitud por esta tierra
    Estremadura bella, aquesta gente
    De tan bestial designio y suerte perra,
    Por atajar tal mal de incontinente
    Hicieron los Ricinos grande guerra[20]
    Contra aquestos caribes fuertemente;
    En tiempo que no estaba edificada
    La torre de Mambrs tan afamada.[21]

      Ni menos el alcazar trujillano,
    En que vive la gente trujillana:
    Ni la puente hermosa, que el Romano
    En Merida nos puso  Guadiana.
    Ni habia comenzado el Lusitano,[22]
    Que habita en la provincia comarcana.
    Empero habia Ricinos en la tierra,
    Muy fuertes y valientes para guerra.

      Aquestos son nombrados Trujillanos;
    Cual pueblo _Castrum Julii_ fu llamado:[23]
    Qu cuando le poblaron los Romanos
    El nombre de su Csar le fu dado.
    Fronteros de estas tierras los profanos
    De aquel designio prfido, malvado,
    Caribes inhumanos habitaban,
    Y toda la comarca maltrataban.

      Corriendo las riberas del gran Tajo,
    Y  veces por las sierras de Altamira,[24]
    Ponian en angustia y en trabajo
    La gente con su rabia cruda y dira.
    No dejan cosa viva: que de quajo,
    Cuanto puede el Caribe, roba y tira;
    A cual quitan el hijo y los haberes,
    Y  otros con sus vidas las mugeres.

      Vistos por los Ricinos trujillanos,
    Con nimo invencible belicoso,
    Contra aquellos caribes inhumanos
    Formaron campo grande y poderoso.
    Venido este negocio ya  las manos,
    De entre ambas partes fu muy sanguinoso:
    Mas siendo los caribes de vencida,
    Las reliquias se ponen en huida.

      Espulsos de la tierra, fabricaron
    Las barcas y bateles que pudieron,
    Y  priesa muchos de estos se embarcaron
    Y sin aguja al viento velas dieron.
    A las furiosas aguas se entregaron,
    Y as de Estremadura se salieron;
    Y  las islas, que dicen Fortunadas,
    Aportan con sus barcas destrozadas.

      Platon escribe y dice, que solia
    El mar del norte, Atlntico llamado,
    Ser islas lo mas de l, y se extendia
    La tierra desde Espaa en sumo grado.
    Y que en tiempos pasados se venia
    Por tierra mucha gente; y se han llamado
    Las islas Fortunadas que quedaron,
    Cuando otras del mar Norte se anegaron.[25]

      Y as  muchos pilotos yo he oido,
    Que navegando han visto las seales
    Y muestras de edificios que han habido,[26]
    (Cosas son todas estas naturales,
    Que bien pueden haber acontecido)
    Por donde los Tupis descomunales,
    Irian facilmente  aquellas partes,
    Buscando para ello maa y artes.[27]

      Llegando, pues, all ya reformadas
    Sus barcas y bateles, con gran pio,
    Tornronse  entregar  las hinchadas
    Ondas del bravo mar  su albedro.
    Las barcas iban rotas, destrozadas,
    Cuando tomaron tierra en Cabo Frio,
    Que es tierra del Brasil, yendo derecho
    Al Rio de la Plata y al Estrecho.

      Comienzan  poblar toda la tierra,
    Entre ellos dos hermanos han venido.
    Mas presto se comienzan  dar guerra,
    Que sobre un papagayo ha sucedido.
    Dejando el uno al otro, se destierra
    Del Brasil, y  los llanos se ha salido.
    Aquel que queda ya Tup se llama,
    Estotro Guaran de grande fama.[28]

      Tup era el mayor y mas valiente,
    Y al Guaran menor dice que vaya
    Con todos sus soldados y su gente,
    Y que l se quedar all en la playa.
    Con la gente que tiene incontinente
    El Guaran se parte y no desmaya:
    Que habiendo con su gente ya partido,
    La tierra adentro y sierras ha subido.

      Pues estos dos hermanos divididos,
    La lengua guaran han conservado:
    Y muchos que con ellos son venidos,
    En partes diferentes se han poblado,
    Y han sido en los lenguages discernidos,
    Que por distancia nadie ha olvidado.
    Tambien con estos otros, aportaron,
    Que por otro viage all pasaron.

      Mahomas, Epuaes y Calchines,
    Timbues, Cherandies y Beguaes,
    Agaces, y Nogos, y Sanafines,
    Maures, Tecos, Sansones, Mogoznaes.
    El Paran abajo, y  los fines
    Habitan los malditos Charruaes,
    Naues y Mepenes, Chiloazas:
    A pesca todos dados y  las cazas.

      Los nuestros Guarans, como seores,
    Toda la tierra cuasi dominando,
    Por todo el Paran, y alrededores
    Andaban crudamente conquistando.
    Los brutos, animales, moradores
    Del Paraguay, sugetan  su mando.
    Poblaron mucha parte de esta tierra,
    Con fin de dar al mundo cruda guerra.

      Poblando y conquistando han alcanzado
    Del Per las nevadas cordilleras;
    A cuyo pi ya tienen subyugado
    El rio Pilcomayo y sus riberas.[29]
    Muy cerca de la sierra han sugetado,
    A gente muy valientes y guerreras
    En el rio Condorillo y Yesu,
    Y en el grande y famoso Guapa.

      Una canina rabia les forzaba
    A no cesar jamas de su contienda.
    Qu el Guaran en la guerra se hartaba,
    (Y as lo haria hoy, sin la rienda,
    Que le tenemos puesta), y conquistaba,
    Sin pretender mas oro, ni hacienda,
    Que hacerse como vivas sepulturas
    De smiles y humanas criaturas.

      Que si mirar aquesto bien queremos,
    Caribe dice, y suena sepultura
    De carne: que en latin _caro_ sabemos
    Que carne significa en la lectura.
    Y en lengua guaran decir podemos
    _Ib_, que significa compostura
    De tierra, d se encierra carne humana:
    Caribe es esta gente tan tirana.

      Teniendo, pues, la gente conquistada,
    En mil parages se poblaron de hecho.
    El Guaran con ansia acelerada
    A los Charcas camina muy derecho.
    La cordillera y sierra es endiablada:
    Parece le ser de gran provecho
    Parar aqu, y hacer asiento y alto,
    Con fin de all al Per hacer asalto.

      Muy largos tiempos y aos se gastaron,
    Y muchos descendientes sucedieron,
    Desde que los hermanos se apartaron.
    De Tup en el Brasil permanecieron
    Tupes, y destotros que pasaron
    Guaranes se nombran, y as fueron
    Guerreros siempres aquestos en la tierra,
    Que el nombre suena tanto como guerra.[30]

      Aquestos Guaranes se han mestizado
    Y envuelto con mil gentes diferentes,
    Y el nombre Guaran han renunciado,
    Tomando otro por casos y accidentes.
    All en las cordilleras, mal pecado,
    Chiriguanaes se dicen estas gentes,
    Que por la poca ropa que tenian,
    De frio muchos de ellos perecian.

      La costa del Brasil es muy caliente,
    Y el Paraguay y toda aquella tierra.
    Camina aquesta gente del oriente,
    Y para en las montaas y la sierra,
    Caminando derechos al poniente,
    Hacindoles el frio cruda guerra.
    Que mal puede el desnudo en desafio
    Entrar y combatirse con el frio.

      Llegaron, pues, al fin  aquel parage
    D el frio les hizo guerra encarnizada,
    Y frio _chiri_ suena en el lenguage
    Del Inga, que es la lengua mas usada;
    _Guana_ es escarmiento de tal trage.
    Aquesta gente iba mal parada,
    Y el frio que tomaron, escarmiento
    Fu para el Chiriguana y cognomento.[31]

      En este tiempo ya habian venido
    Por otra parte y via al Per gentes:
    Por ser tan exquisitos, no he querido
    Sus nombres referir tan diferentes.
    En una lengua muchos se han unido,
    Que es _quichua_, y los hidalgos y valientes,
    De aqueste nombre Inca se han jactado,
    Y  todos los demas han sugetado.

      Estando de esta suerte apoderados
    Los Incas, los Pizarros allegaron,
    Y siendo del Per bien enterados,
    La tierra en breve tiempo conquistaron.
    Los Guarans sus dientes acerados
    Alegres con tal nueva aparejaron,
    Pensando que hartarian sus vientres fieros,
    De la sangre de aquellos caballeros.

      El corazon pedia la venganza
    De sus pasados padres, que habian sido
    De la tierra Estremea  espada y lanza
    Expulsos, como arriba habeis oido.
    Mas viendo de Pizarro la pujanza,[32]
    Temieron de pasar; y as han tenido
    Por seguros los montes despoblados,
    Sin ser  gente humana sugetados.

      De all hacen hazaas espantosas,
    Asaltos, hurtos, robos y rapias,
    Contra generaciones belicosas,
    Que estan al rededor circunvecinas.
    En sus casas estan muy temerosas,
    Como unas humillisimas gallinas,
    Con sobrado temor noche y maana,
    Temiendo de que venga el Chiriguana.

      Usan embustes, fraudes y maraas,[33]
    Tambien tienen esfuerzo y osada,
    Y as suelen hacer grandes hazaas,
    Que arguyen gran valor y valenta.
    A aquestos v hacer cosas estraas
    En tiempo que yo entre ellos resida:
    Y el que no me quisiere  mi escuchallo,
    Al de Toledo vaya  preguntallo.

      Dejemos esto agora:--navegando
    Magallanes tambien vino derecho,
    La costa del Brasil atras dejando
    En busca fu y demanda del Estrecho.
    Sali del mar del sur atravesando,
    Y hllase contento y satisfecho,
    Y al mundo d una vuelta con Victoria,
    Ganando en este caso fama y gloria.

      Despues  los quinientos y trece aos,
    Contados sobre mil del nacimiento
    De aquel que padeci por nuestros daos,
    Di Juan Diaz de Sols la vela al viento,
    Al Paran aport, d los engaos,
    Del Timb le causaron finamiento,
    En un pequeo rio de grande fama,
    Que  causa suya de _Traicion_ se llama.

      Por piloto mayor de Magallanes
    Al Estrecho venido aqueste habia;
    No harto de pasar penas y afanes,
    La conquista  D. Carlos le pedia.
    Entr el rio arriba con desmanes,
    Hasta que ya el postrero le venia,
    En que su alma del cuerpo se desata,
    Poniendo al Paran nombre de Plata.[34]

      No fu sin causa, creo, de secreto,
    Y seal de misterio y buen agero.[35]
    Aunque es as que todo est sugeto
    Al divino juicio verdadero,
    Y aunque us este nombre por respeto,
    Que vido cierta plata all primero,
    Yo entiendo que ha de haber grande tesoro
    Algun tiempo de plata all y de oro.

      La muerte pues de aqueste ya sabida,
    El gran Carlos envia al buen Gaboto,[36]
    Con una flota al gusto proveida.
    Como hombre que lo entiende y que es piloto.
    Entr en el Paran, y ya sabida
    La mas fuerza del rio le ha sido roto
    Del Guaran, dejando fabricada
    La torre de Gaboto bien nombrada.

      Algunos de los suyos se escaparon
    De aquel ro Timbus d fu la guerra,
    Al rio San Salvador despues bajaron,
    Donde la demas gente estaba en tierra.
    A nuestra dulce Espaa se tornaron,
    Huyendo de esta gente infiel y perra.
    Mas no pone temor esta destroza
    A D. Pedro Guadix y de Mendoza.

      D. Pedro de Guadix, como diremos,
    Despues de haber de Roma malvenido,
    Cuando hubo disencion en los supremos,
    El gobierno Argentino hubo pedido.
    Empero algun tanto ahora descansemos,
    Que no le dejaremos por olvido,
    Pues su hambre rabiosa y grande ruina
    Ayuda  lamentar  la Argentina.

      De nuestro rio Argentino y su grandeza
    Tratar quiero en el canto venidero,
    De sus islas, y bosques y belleza,
    Epilogo har muy verdadero.
    Ninguno en lo ler tenga pereza,
    Que espero dar en l placer entero,
    De cosas apacibles y graciosas,
    Y dignas de tenerse por curiosas.




CANTO SEGUNDO.

     _En este canto se trata de la grandeza del Rio de la Plata, del
     Paraguay, y de las islas, peces, aves que hay en ellos._


    La obra excelentsima y grandiosa
    Arguye grande artifice y maestro:
    Que no puede hacer obra preciosa
    El hombre que en el arte no est diestro.
    Como la creacion maravillosa
    Ensea, Seor mio, el poder vuestro,
    En su tanto tambien aqueste rio
    Muestra grande saber y podero.

    Inmensas gracias, Dios Seor, os damos,
    Pues todo  nuestra causa lo criastes;
    Y  nosotros que mal os lo pagamos,
    Para vuestro servicio nos formastes.
    Cuanto sois, mi Seor, si bien miramos
    Las cosas que en el mundo vos plantastes,
    Nos da bien  entender, y la grandeza
    De vuestro gran saber y la riqueza.

    El rio que llamamos Argentino,[37]
    Del indio _Paran_  mar llamado,
    De norte  sur corriendo su camino
    En nuestro mar del norte entra hinchado.
    Parece en su corriente un torbellino,
    O tiro de arcabus apresurado.
    Ms con el viento sur placidamente
    Se vence navegando su corriente.

      De mas de treinta leguas es su boca,
    Y dos cabos y puntas hace llanas.
    Al tiempo que en la mar brava se emboca,
    Al un cabo dos islas, como hermanas,
    Estan, que cada cual parece roca.
    Los Castillos se dicen, muy cercanas
    Al cabo que nombr Santa Maria,
    Que poco de estas islas se desva.

      Al otro cabo, Blanco le llamamos,
    El cual en la mar entra mas derecho
    Y mas bajo, y por esto navegamos,
    Por mas seguro este otro, un poco trecho.
    Despues al otro cabo nos tornamos,
    El cual est  la banda del Estrecho:
    Entrambas costas son muy peligrosas,
    Y de futuros casos portentosas.

      Pasadas estas islas de Castillos,
    Adelante estan dos algo mayores:
    De los Lobos se dicen, que lobillos
    Como becerros hay, poco menores.
    Un poco mas arriba dos islillos
    Estan, nombrados islas de las Flores,
    Y habiendo treinta leguas caminado,
    Al puerto San Gabriel hemos llegado.

      Siete islas hay en l, altas, graciosas,[38]
    Un poco de la tierra desviadas,
    De palmas y laureles muy copiosas,
    Estan aquestas islas bien pobladas.
    Aqu llegan las naves poderosas,
    Como salen de Espaa despachadas.
    Frontero es Buenos Aires ya poblado,
    Y del sur importuno resguardado.

      De ancho nueve leguas  mas tiene
    El rio por aqu, y muy hondable.
    La nave hasta aqu segura viene:
    Que como el ancho mar es navegable,
    Pasado este parage le conviene
    Al piloto mirar el gobernable,
    En la mano llevando siempre sonda,
    O seguir la canal que va bien honda.

      Doce leguas de aqu Martin Garcia,[39]
    Una isla de este nombre est llamada:
    Una legua de tierra se desva,
    Y mas de legua y media es prolongada.
    A partes por el bosque est sombria,
    Y  partes tierra alta y asombrada,
    Don Pedro, y Juan Ortiz all poblaron,
    Y de hambre mucha gente sepultaron.

      Aqu lleg Eduardo de Fontano,
    El ao sobre mil y los quinientos
    De ochenta con mas dos, con viento sano,
    Mas no supo de pueblos ni de asientos:
    Que si acaso supiera el luterano
    Que all habia poblados y cimientos,
    Sin duda en pesadumbre nos pusiera,
    Que habia el aparejo en gran manera.

      Cuatro leguas de aqu ya navegadas
    Las islas de San Lzaro estan juntas,
    De tierra media legua desviadas
    A d enderezan ambas sendas puntas.
    Estan aquestas islas separadas,
    Aunque al parecer no estan disjuntas,
    Y habiendo media legua navegado,
    Est el Uruguay, rio afamado.

      Es rio de caudal y poderoso,
    Su boca legua y media casi tiene.
    Entra en este parage muy furioso,
    Que de peas y riscos altos viene.
    En l entra otro rio con reposo,
    Que al parecer entrando se detiene;
    Al cual San Salvador llam Gaboto,
    Antes que de los indios fuese roto.

      A dos leguas entra otro, que es nombrado
    El Rio Negro, que _Hum_ tenia por nombre.
    Aqu en nuestros tiempos se han hallado
    Pescados semejantes mucho al hombre.[40]
    Aquesto de pasada lo he tocado,
    Ninguno de lerlo aqu se asombre,
    Que, siendo Dios servido, en otro canto
    Dir cosas de vista y mas espanto.

      Dejemos este rio, que corriendo
    De all hcia el Brasil viene derecho;
    Y en l se vienen otros mil metiendo,
    Que le tienen famoso y grande hecho.
    Al nuestro de la Plata revolviendo,
    Desde aqu l comienza  ser deshecho,
    Y en once brazas grandes se reparte,
    Tirando cada cual su larga parte.

      Del rio Nilo refieren escritores
    Lo mismo: pero es tanta la grandeza
    De aqueste y de sus brazos, que mayores
    Los juzgo, que no estiman la braveza
    Del Nilo en tanto grado los autores.
    Y si del Nilo fuera la estraeza
    Tan grande como este, y se escrbiera,
    Al mundo admiracion mayor pusiera.

      En el nuestro se forman muy hermosas
    Islas, de  doce leguas y mayores:
    En sus tiempos muy frescas y frondosas,
    Pobladas de mil rosas y de flores:
    De caza y bastimentos abundosas;
    En ellas Guarans son pobladores,
    Sin que alguna nacion otra se atreva
    En l poblar, en ella hacer prueba.

      Pasadas estas islas, torna el rio
    A su primera madre acostumbrada.
    De una y otra parte gran gento
    La tierra firme tiene bien poblada.
    El Guaran les manda con gran brio,
    Que tiene la mas tierra sujetada:
    Entre ellos Yamaud, gran hablador,
    Que se titula y nombra Emperador.

      Este malvado y perro como artero,
    A todos los mas indios comarcanos
    Los trae  su opinion al retortero:
    Y como son los indios tan livianos,
    Y el pica su poquillo en hechicero,
    Donde el pone los pies ponen las manos:
    De suerte que si quiere hacer la guerra,
    Al punto le vereis juntar la tierra.

      Y no piense el que lea aquesta histria
    Que al falso Yamand perecedero
    Le falta quien levante su memoria,
    Que en mi tiempo muri: mas su heredero
    Levantar procur su fama y gloria:
    Y lo hizo en mas grado que el primero.
    As que Yamand, es el dictado,
    Y nombre que se pone el que ha heredado.

      De aquelle trataremos adelante,
    De sus embustes, falsos y maraas.
    De cuerpo y parecer era gigante,
    Y as lo demostraban sus hazaas.
    Un poco tiempo fu su doctrinante,
    Teniendole en prision,  d sus saas
    Procur doctrinar: trabaj en vano,
    Porque era muy malvado este pagano.

      De aqu el rio arriba, navegadas
    Ciento y veinte leguas ya del rio,
    Otras islas estan tan bien pobladas
    De gentiles naciones y gento.
    Timbues las mas de ellas son llamadas,
    Que muy poco temor tienen al frio.
    La torre de Gaboto est cercana
    Y la gente llamada Cherandiana.

      De all  veinte leguas, otro asiento,
    Que Santa F se dice, est poblado:
    Garay le di principio y fundamento,
    Cuando Martin Suarez ha mandado.
    Tratarse ha en otra parte aqueste cuento:
    Volvamos al negocio comenzado.
    El rio hace aqu muchos islones,
    Poblados de onsas, tigres y leones.

      Al pi de ochenta leguas adelante
    El grande Paraguay entra famoso,
    Con mas quietud se muestra, y mas semblante
    A este rio corriendo con reposo.
    El Paran se aparta all  levante,
    De  d corre con fuerza muy furioso;
    Del norte corre el otro, consumiendo
    Las aguas que el Per viene virtiendo.

      Entrando el Paran est Santa Ana,
    De Guarans provincia bien poblada.
    Es tierra aquesta firme buena y llana,
    Que mucha de la dicha es anegada.
    Empero esta enjuta es muy galana,
    De nuestros espaoles conquistada;
    Y as tienen aqu repartimiento
    Los que en el Paraguay tienen asiento.

      La pea pobre est mas adelante:
    Es alta como roca muy crecida.
    Aqu han visto muchos un gigante
    De gran disposicion y muy crecida.
    No est, segun yo supe, el aqu estante:
    Que all la tierra adentro es su guarida;
    Mas viene aqu  pescar muy  menudo,
    De sus redes cargado, mas desnudo.

      Arriba de aqu estn los remolinos,
    Que es cosa de admirar y gran espanto.
    En el medio del agua hay torbellinos,
    Como suele ac en tierra: y esto tanto,
    Que navegando algunos, los vecinos
    Celebran sus exquias con gran planto,
    Diciendo que Caribdis est  punto,
    Para lo que viniere tragar junto.

      Aqu muchas canoas se han perdido,
    Y muchos en mi tiempo se anegaron.
    Muy mal al de la Puente ha sucedido,
    Y  aquellos que con l aqu bajaron.
    Que habindoles Caribdis sumergido,
    Las vidas y haciendas trabucaron,
    Y aquellos, que mejor les fu en la fria,
    Aun lloran todavia su miseria.

      El Salto ya me est gran priesa dando,
    Diciendo este lugar ser propio suyo:
    Y yo, solo en lo estar imaginando,
    De miedo, y de pensarlo de m huyo.
    Decir aqueste cuento procurando
    La mano est temblando, y lo rehuyo;
    Por ser la cosa horrible y espantosa,
    Y en todo el Paran maravillosa.

      Por aqu el Paran dos leguas tiene,
    Y peascos y sierras hasta el cielo:
    Y al pi de una gran legua de aqu viene
    Con impetu furioso y crudo vuelo.
    Cualquiera que navega le conviene
    Con tiempo tomar tierra, que en el suelo
    De mil picas en alto dar cierto:
    Por tanto muy de atras se toma puerto.

      De legua mas atras encanalado
    El Paran desciende poderoso:
    Un peasco terrible est tajado
    De  d se arroja y cae muy furioso.
    El estruendo que hace es muy sobrado,
    Y el humo al aire tiene tenebroso,
    Una noche dorm en una sbna,
    Dos leguas de l, mas fu la Toledana.

      Yo proprio lo he oido  naturales,
    Tratando de este salto y su grandeza,
    Que estaban con temores desiguales,
    A oir aquel sonido y su braveza.
    Las aves huyen de l; los animales,
    Oyendo su estruendo, sin pereza
    Caminan, no parando apresuradas,
    Y con temor las colas enroscadas.

      Despues est Guaira, ciudad enferma,
    Y que por Malgarejo fu poblada.
    Mas l, podr decir cierto Belerma,
    De mi para mi mal fu engendrada.
    Es causa que Rui Diaz nunca duerma,
    La gente Chiriguana levantada,
    Por donde el pobre viejo anda  la guerra
    Con tino, por tener en paz la tierra.

      Poblada est tambien otra ciudad,
    Cuarenta leguas mas arriba de esta.
    En ella hay de metales cantidad,
    Empero, aunque los haya de que presta?--
    Hablando como es justo la verdad,
    Que el hombre es lo que solo all les resta,
    Pues vemos plomo saca Melgarejo,
    Y hierro, con tener poco aparejo.

      Al Paran es ya tiempo que dejemos,
    Y al Paraguay ameno revolvamos;
    En el cual  la clara bien veremos,
    Que est cifrado el bien que deseamos.
    El bien, digo, que en tierra pretendemos,
    Que agora del divino no hablamos;
    Que aquese solo y sumo bien superno,
    Est solo en gozar de Dios eterno.

      Entrando al Paraguay  izquierda mano,
    El Ipit se v, que es rio famoso:
    Muy plcido desciende por un llano
    De palmas y laureles muy copioso.
    El Paran-miri est cercano,
    Que al Paran traviesa caudaloso,
    Haciendo triangular una isla llana,
    De doce leguas casi de sabna.

      Si en este riachuelo el otro fuera,
    Que dicen  buscar su muger iba,
    El rio arriba espanto no pusiera;
    Pues vemos que este corre hcia arriba
    Algunas veces, y es de esta manera,
    Que es justo la razon aqu se escriba:
    Est cuando uno crece el otro bajo,
    Y el chico corre arriba y corre abajo.

      No corre el Paraguay tanto furioso,
    Y es un rio mayor que l de Sevilla,
    De vista y parecer es muy gracioso,
    Con ribera vistosa y linda orilla.
    De frescas arboledas muy copioso,
    Y en partes prado verde  maravilla.
    Tambien tiene en los valles mas cercanos
    Lagunas, negadizos y pantanos.

      Una laguna tiene de gran fama
    Llegada al Ipit que dicho habemos.
    De los Mahomas es, y as se llama,
    Que aquesta gente habita sus extremos.
    En el rio Bermejo se derrama,
    Y que esta tenga perlas lo sabemos,
    El Mahoma, Seor de esta laguna,
    Estando en la Asumpcion me di mas de una.

      En gran precio las perlas estos tienen;
    Empero ellos no saben horadarlas.
    Si en su asiento espaoles se detienen,
    De los hostiones procuran de sacarlas,
    Y al espaol con ellas luego vienen.
    El rden pues que tienen en pescarlas
    Es facil; que en pequeos redejones,
    A veces sacan veinte y mas hostiones.

      Antes de la Asumpcion hay angostura
    Del rio, y as corre all furioso.
    Alegre es por all y de frescura,
    De muchas arboledas muy umbroso:
    Con islas que hay en l de hermosura
    Estraa, y parecer muy deleitoso.
    Entra aqu Pilcomayo que, vertiendo
    Sus aguas, del Per viene corriendo.

      Cuatro leguas arriba est situada
    La gran ciudad, antigua y populosa,
    Que es dicha la Asumpcion, que fu poblada,
    Por Salazar en era muy famosa.
    Es aquesta ciudad tan regalada,
    Que mi pluma escribirlo aqu no osa:
    Algunos, por baldon con mal aviso,
    La llaman de Mahoma paraiso.

      Poblse de muy buena y noble gente,
    En tiempo de D. Pedro de Mendoza,
    Aunque hay, como sabemos, al presente
    En abundancia ya de toda broza.
    La causa de este mal inconveniente
    Pareceme ser la gente moza,
    Que, aunque salen valientes y esforzados,
    Al mal y no al bien son muy inclinados.

      Gran copia de mestizos hay en ella,
    Pero mas abundancia de mugeres:
    Porque la guerra hace en ellos mella,
    La cual sin interes y sin haberes,
    Con solo el fin la siguen de tenella.
    Y as, lector curioso, si quisieres
    El nmero saber de las doncellas
    De cuatro mil ya pasan como estrellas.

      De frutos de la tierra y de Castilla,
    De pan, y vino, y carnes y pescado
    Hay copia; pero oid la maravilla,
    Que s que aconteci un dia pasado.
    Un peje palometa, que freilla
    Pensaba una muger enharinado,
    De la sartn salt muy derrepente,
    Y el dedo le cort redondamente.

      Un palmo y mas tendr la palometa,
    Y mayor en el ancho que una mano.
    A donde hace presa fuerte aprieta,
    Como suele hacer el crudo alano.
    Es cosa de notar ver que acometa
    Este pequeo pez  todo humano.
    Del rio v salir un dia un soldado
    Gritando, y en el muslo un gran bocado.

      Jugse all al presente que faltaba
    De carne media libra al desdichado,
    Y el peje palometa lo llevaba
    En la boca redondo aquel bocado.
    Mas de otro o decir que lamentaba
    Su suerte desastrosa y triste hado,
    Que en la boca de un pez perdido habia,
    Lo que el pez le cort con gran porfia.

      Dorados hay enormes y crecidos,
    Mands, rayas, pacues amarillos:
    Muchos pescados hay desconocidos,
    Por tanto determino no escribillos.
    Los indios naturales mantenidos
    Los mas son de pescado y venadillos,
    Los Guarans son solo labradores,
    Los mas dados  caza y pescadores.

      Aves la tierra cria diferentes,
    Que habitan por las islas de este rio,
    Pavas y avestruces muy valientes,
    Neblies y falcones de gran brio.
    Culebras hay y vvoras, serpientes,
    Que han tenido con hombres desafio:
    En otro canto aquesto contaremos,
    Y cosas admirables trataremos.

      Que aquesto ahora tocamos de pasada;
    Y cierto que en pensar yo la estraeza
    De las cosas que he visto, embelezada
    Me queda la memoria, y mi rudeza
    En estasis se pone enagenada,
    De toda la humana naturaleza:
    Y habiendo de escribirlo todo en suma
    La mano est temblando con la pluma.

      Dejemos, pues, ya el rio, que corriendo
    Por l quinientas leguas sin contento,
    Del enemigo  veces yo huyendo,
    Jamas pude hallarle nacimiento.
    De otros con porfia les siguiendo,
    He hallado el principio y fundamento;
    Y quiero darle ya al canto tercero,
    Que cosas espantosas cantar quiero.




CANTO TERCERO.

     _En que se trata de la calidad de la tierra, animales reptiles, y
     espantossimas vboras y serpientes; de la sirena, del carbunclo,
     de unas mariposas, que se tornan en gusanos, y despues en ratones,
     y otras maravillas._


      Demas de que en nosotros sealada
    La lumbre est de Dios como creemos,
    Y el alma por l mismo fu criada
    A su bendita imagen, lo leemos.
    Para que de esta suerte doctrinada
    En bien fuese as mismo; si queremos
    Mirar las corporales criaturas,
    Veremos que son vivas escripturas.

      La flor de la granada  granadilla
    De Indias, y misterios encerrados,
    A quien no causar gran maravilla?
    Figranse los doce consagrados,
    De una color verde y amarilla:
    La corona y los clavos tresmorados
    Tan natural estan, y casi al vivo,
    Que yo me admiro agora que lo escribo.

      Un rbol hay pequeo de la tierra
    Que tiene rama y hoja menudita:
    En tocando la hoja ella se cierra,
    Y en el punto se pone muy marchita.
    Yo he visto yendo veces  la guerra
    Por los campos aquesta yerbecita,
    _Caycob_ se llama, y es tenida
    Por yerba viva, y nmbranla _de vida_.[41]

      Quin no se admirar luego en oyendo
    Que hay un papagallo muy hermoso,
    La hembra cuando huevos va poniendo,
    Tres pone, que es el nmero gracioso.
    Al punto que los pollos van saliendo
    Conoce el papagallo el que es vicioso
    Y sobra; y as le mata en aquel dia,
    Dejando macho y hembra para cria.

      Al _Micuren_ di Dios una bolsilla[42]
    Por medio de los pechos, en que encierra
    Siete  ocho hijuelos: si seguilla
    Procura otro animal, le hace guerra
    A quien le sigue; y guarda su cuadrilla
    Como suele hacer la brava perra:
    Y en viendose de mal libre y de duelos,
    Abre la bolsa y salen los hijuelos.

      El _Yumir_, que es oso hormiguero,
    A quien no espantar su compostura?
    Por boca tiene un muy chico agujero,
    Como un novillo grande, y de hechura
    Del oso ac comun: no es carnicero,
    Y prvale de serlo el angostura
    De la boca: mas vence al tigre fuerte,
    Causndole por hambre cruda muerte.[43]

      El instinto de un vil animalejo,
    _Eyra_ ha por nombre, me ha admirado;
    De suerte es y de forma de un conejo,
    Mas mata, como vemos, un venado.
    Salta y aferra firme en el pellejo,
    Y en el seseso d fiero bocado,
    Haciendo con las uas tal camino,
    Que saca al animal el intestino.

      Lo mismo hace al hombre y otra cosa
    Una horrenda culebra, que es nombrada
    _Curiy_; muy grande y espantosa,[44]
    De largo, y de grosor descompasada.
    Lo que ha comido y traga no lo bosa,
    Ni echa por abajo: mas posada
    En tierra la barriga, se abre y echa
    Aquello que de nada le aprovecha.

      Las vboras que son mas ponzoosas,
    Cascabel en la cola tienen puesto,
    De diversas colores son vistosas,
    Saltando de la tierra, y de su puesto,
    Arremeten al hombre muy furiosas.
    Hasta morder con rabia el rostro y gesto.
    A d las hay cri Dios una yerba,
    Que es dicha por su nombre contrayerba.

      El hombre  animal  quien le hiere
    Algunas de estas vboras
    malvadas,
    En un da natural, sin falta, muere,
    Y en l son medicinas escusadas.
    Empero si la yerba el tal bebiere,
    Antes que doce horas sean pasadas,
    Escapa. Aquesta yerba Dios le ha dado,
    El mismo cascabel muy apropiado.

      A quien no admirarn las cosas tales!
    Pues mas he de decir en este canto:
    Que contar en l cosas desiguales,
    Muy raras, peregrinas y de espanto.
    Agora de la tierra y naturales
    De la Asumpcion digamos tanto cuanto;
    Y luego escribiremos mil cosillas,
    Que bien podr llamarlas maravillas.

      El temple la Asumpcion tiene gracioso,
    Apacible, sereno y claro cielo;
    Invierno frio; estio caloroso,
    Algunas veces nieve, tambien yelo.
    De invierno y de verano est hermoso
    El campo todo el ao, verde el suelo,
    Porque de cuando en cuando bien se moja,
    Y casi siempre est de verde hoja.

      La gente natural y comarcana,
    Es de muchas naciones diferentes.
    Empero la mas es la Chiriguana,
    Que estn  los cristianos obedientes.
    Ya no comen aquestos carne humana,
    Si no es por exquisitos accidentes
    En guerras y conquistas con paganos,
    Empero no de carne de cristianos.

      Una pestilencia grande hubo venido,
    De que muchos Guarans se murieron,
    Que carne de cristianos han comido,
    La peste les sucede atribuyeron.
    Tambien por desabrida aborrecido
    La tienen, segun muchos me dijeron:
    Que mas les sabe carne de un pagano,
    Que no la de espaol  castellano.

      Los Guaycurs habitan la otra banda:
    Es gente muy valiente y belicosa.
    Cuando nuestro espaol en guerras anda,
    Alquila Guaycurs por donde osa
    Al Guaran seguir, que le dn tanda
    Aquestos de tal suerte, que medrosa
    La gente Guaran queda y deshecha,
    Que el Guaycur jamas teme su flecha.

      Los Agaces estaban bien poblados
    En tiempo de D. Pedro de Mendoza,
    Y aun eran muy valientes y esforzados.
    Los cristianos hicieron tal destroza
    En ellos, que los indios y soldados
    Mataban sin piedad  toda broza:
    Y as vino la cosa  tal estado
    Que no hay hoy del Agaz pueblo poblado.

      Tambien habia muchos Guatataes,
    Que es gente muy amiga de cristianos,
    Y otros que se llaman Mogolaes,
    Que viven en esteras por los llanos;
    Aquestos, y tambien Coamequaes,
    Estn de la ciudad algo cercanos:
    Acuden  servir con gran contento,
    Aunque de ellos no hay repartimiento.

      Los Guaranes solos repartidos
    Estn, que las demas generaciones,
    Aunque lo estn, y han sido sometidos
    Al espaol, mas son por ocasiones,
    Que tienen los que mandan eximidos
    Del servicio, y acuden con mil dones;
    De suerte que hablando mas de vero,
    Es de estos el que manda encomendero.

      Junto  la Asumpcion est una sierra,
    Nombrada Lambar, sierra afamada;
    En gran parte de toda aquesta tierra,
    Ninguna tan alta hay, tan encumbrada.
    All di Salazar muy cruda guerra
    A Lambar, y su gente rebelada.
    Y muy cerca de all, bajando al rio,
    Oid una batalla y desafio.

      Habiendo Salazar aqu vencido
    El bravo Lambar y toda su gente;
    A los pies de alta sierra le ha salido
    Una terribilsima serpiente.
    Con nimo gallardo y muy crecido
    Embraza la rodela diligente,
    Y comenzando  darla con la espada,
    En tierra echa una mano destroncada.

      La sierpe con la cola revolviendo,
    Al buen Capitan diera muy airada
    Un golpe tan terrible, que cayendo
    Venia el Capitan, y con la espada,
    En el suelo se tuvo, y acudiendo
    Con una venturosa cuchillada,
    Tal golpe de reves d con destreza,
    Que ah la sierpe queda sin cabeza.

      La del tigre no fu tan grande hazaa,
    Aunque era muy terrible y espantoso:
    Matlo antes que fuese  nuestra Espaa
    Aqueste Capitn tan valeroso.
    Y habiendo ido, volvi, cosa estraa,
    Que siendo tan valiente y poderoso,
    Muri pobre, dejando muchos hijos,
    Con pleitos y demandas y litijos.

      Por armas le di el Rey el tigre fiero
    Con Lambar, la sierra que he contado,
    Y un hbito y seal de caballero,
    Con que  las Indias vuelve muy honrado.
    Mas como nunca di en tener dinero,
    Muri sin dejar solo ni un cornado:
    Que aquesto de tener la plata  sobra,
    Yo tengo firmemente que Dios obra.

      De que me sirve  mi querer riqueza,
    Y andar aperreado por habella,
    Si Dios por me azotar me d pobreza.
    A quien presentar yo mi querella,
    Si la Suprema Causa y Suma Alteza
    Dispone que no haya de tenella?
    De arriba, de lo alto todo viene:
    Dejadlo al que poder en todo tiene.

      Volviendo  nuestra histria; rio arriba
    Una laguna est muy afamada:
    Itapu se llama una pea viva,
    Est en medio de aquella levantada.
    Compleme el temor que no lo escriba,
    Mas no lo dejar: es prolongada
    De cien codos la piedra, y muy derecha,
    Y arriba en lo supremo una vesecha.

      Es como el ave Fenix muy graciosa,
    Que pintan los autores y su nido,
    Compuesto es de especiosa y olorosa
    Madera, que en mis manos la he tenido;
    La Sirena tambien bella, y hermosa
    Como una bella dama, ha parecido
    En medio esta laguna, y aun gemiendo,
    Y sus doradas crines esparciendo.

      Otra laguna grande mas crecida,
    De mas admiracion que aquesta vemos,
    Que est la tierra adentro algo metida;
    Los indios del Acay en sus extremos[45]
    Habitan, y ellos dicen que fundida
    Antiguamente fu gente, y creemos,
    Nos dicen, est el diablo atormentando
    Aquellos que pecaron en nefando.

      Gran grita y alarido y gran estruendo
    All dentro parece que resuena;
    Cuando se allega junto, estremeciendo
    El cuerpo queda todo con gran pena.
    Algunos de temor vuelven huyendo;
    Pajas, se les antoja, y el arena
    Que son diablos que vienen en pos de ellos,
    Y vuelven erizados los cabellos.

      Y no lejos de aqu, por propios ojos,
    El Carbunclo animal veces he visto:[46]
    Ninguno me lo juzgue por antojos,
    Que por cazar alguno anduve listo.
    Mil penas padec, y mil enojos
    En seguimiento de l; Mas cuan bien quisto,
    Y rico y venturoso se hallra
    Aquel que Anagpitan vivo cazra!

      Un animalejo es, algo pequeo,
    Con espejo en la frente reluciente,
    Como la brasa ignita en recio leo.
    Corre y salta veloz y diligente:
    As como le hirieren echa el ceo,
    Y entrbiase el espejo de repente:
    Pues para que el Carbunclo de algo preste
    En vida el espejuelo sacan de este.

      Cuan triste se hall, y cuan penoso
    Rui Diaz Melgarejo! que hallado
    Habia,  mi me dijo, de uno hermoso;
    Perdilo por habrsele volcado
    Una cana en que iba muy gozoso.
    Yo le v lamentar su suerte y hado,
    Diciendo--"si el carbunclo no perdiera,
    Con l al Gran Philipo yo sirviera."

      Andando por la guerra, y escuadrones,
    De m fueron mil cosas conocidas.
    Tratar de una forma de ratones,
    Y de vista hablar y no de oidas.
    Unas caas he visto, y cautones
    Tran gruesos como piernas muy crecidas;
    Catorce y quince tiene pocos menos
    Cada caa, y de agua todos llenos.

      El agua es muy sabrosa, clara y fria,
    Mas yendo ya la caa madurando,
    Un gusano se engendra adentro y cria,
    Y al cauto el gusano horadando
    Afuera mariposa parecia.
    Con las alas comienza de ir volando,
    Y por tiempo las pierde, y queda hecho
    De forma de raton hecho y derecho.

      Al tiempo que en la caa estan metidos,
    A gente natural son nutrimento.
    Frutos sabrosos son: mas ya salidos
    A luz, causan dolor, pena y tormento,
    Porque tornados ya y convertidos
    En ratones, consumen el sustento;
    Y privan muchas veces de la vida
    Al natural, quitando su comida.

      De veinte mil pasaron, naturales,
    Que murieron  causa del estrago
    Que hicieron aquestos animales:
    Que en todo el Ubay dejaron pago
    De planta, ni maiz, ni sementales,
    Sin pasar por aquel tan crudo trago.
    Dejando desta vez tan asolada
    La tierra, que tard de ser poblada.

      No hay bruco, ni langosta perniciosa,
    Ni erugo, ni otra plaga que yo entienda,
    Que iguale  esta maldita mariposa,
    Terrible, si comienza su contienda.
    As est desta plaga tan medrosa
    La gente del Ubay, que viendo senda
    Por do huir su tierra y nacimiento,
    La dejan por tener algun contento.

      Tambien hay otras caas muy mayores,
    (Del grueso son de un roble bien crecido)
    En que se crian gusanos, y mejores.
    De los unos y de otros he comido:
    En muy poco defieren sus sabores.
    Estando el uno y otro derretido,
    Manteca fresca  mi me parecia,
    Mas sabe Dios el hambre que tenia!

      En los mojos de aquestas caas vimos,
    Con agua bien sabrosa, mas gusanos,
    Ni dentro ni de fuera los sentimos
    En toda la montaa ni en los llanos.
    Las caas por cumbreras las pusimos,
    Con tener otros palos muy cercanos,
    Mas no habia que temer, que la corteza
    Tenian de terrible fortaleza.

      Es tanta la espesura de las caas,
    A d las hay, que es cosa de gran grima:
    Y aunque dentro se crian alimaas,
    Estan tan encerradas como encima.
    Quien  cortar va caas, por mil maas
    Que tenga,  las veces se lastima,
    Con puas, con espinas, con abrojos,
    Y el mal sale mil veces  los ojos.

      Mas ya estoy enfadado en este canto,
    Cuanto mas lo estar quien le leyere!
    Degemos de contar cosas de espanto,
    Volver quiero  D. Pedro. Quien quisiere
    Las mudanzas saber y crudo llanto
    De fortuna, y de aquel que las siguiere,
    Con mucha atencion lea diligente
    El canto lastimoso aqu presente.




CANTO CUARTO.

     _En que se trata de la mas cruda hambre que se ha visto entre los
     cristianos, la cual padecieron los de D. Pedro de Mendoza en Buenos
     Aires, y como se pobl el Argentino._


      Lo que ha sido muy justo y bien ganado
    Muchas veces se pierde, como vemos:
    Pues de lo que con mal se ha grangeado,
    Que se pierda y el dueo esperaremos.
    Don Pedro de Mendoza fu soldado
    Cuando hubo disencion entre Supremos,
    Y al tiempo de pillar hinch la mano;
    Mas todo su trabajo sali en vano.

      Borbon perdi la vida; Juan de Urbina
    Entr en Roma cantando la victoria:
    De aqueste asalto y saco, y grande ruina
    D. Pedro enriquecido, en vana gloria,
    A D. Carlos pedia la Argentina
    Provincia, pretendiendo su memoria
    Levantar en conquista de paganos,
    Con dinero robado entre romanos.

      Como fuese de suyo gran guerrero,
    Vindose de riquezas abastado,
    Ofrecise  gastar mucho dinero,
    Y el Rio de la Plata ha demandado.
    Don Carlos, en valor claro lucero,
    El ttulo le da de Adelantado;
    Y as hizo una gruesa y rica armada,
    De gente muy lucida y extremada.

      Dos mil soldados salen de Castilla,
    Sin gente de la mar y marineros.
    Juntronse en alarde all en Sevilla,
    Y viendo tan lucidos caballeros,
    Salian  los ver  maravilla
    Tan apuestos  punto de guerreros:
    Mas dicen: "pues se van estos soldados,
    Recemos los oficios de finados."

      Al fin sali de Espaa aquesta armada
    Muy rica, muy hermosa y muy lucida;
    De todos adherentes abastada,
    Aunque hubo despues hambre muy crecida.
    La gente que embarc era extremada,
    De gran valor, y suerte muy subida,
    Mayorazgos  hijos de Seores,
    De Santiago y San Juan comendadores.

      Es Maestre de Campo un caballero
    Juan Osorio, que es hombre muy valiente,
    Tambien va Juan de Oyolas el guerrero,
    Medrano, Salazar, Lujan prudente.
    Otros muchos que van decir no quiero,
    Que cada cual bien puede ser regente:
    Mas Osorio entre todos se seala,
    Y en todo lleva  todos palma y gala.

      A Neptuno y sus ondas carniceras,
    Se entregan invocando  Santiago.
    Las naves van corriendo muy lijeras,
    Rompiendo con gran furia el ancho lago.
    O lastima, y angustias lastimeras,
    Horrendo, y gran temor,  crudo trago!
    Que tan brava tormenta se levanta,
    Que el mas fuerte y bizarro mas se espanta.

      D. Pedro con buen celo y pecho pio,
    En Dios pongamos, dice, la esperanza,
    Y pues es para mas su podero,
    El nos dar muy breve mar bonanza,
    Los pilotos con grande desvaro,
    Dicen que la tormenta va en pujanza:
    El trste marinero con gran pena,
    No acierta al aparejo ni  la antena.

      Iza el trinquete, amaina la mesana,
    Aferra ese timon que imos perdidos;
    A la bomba,  la bomba muy de gana,
    Que seremos de presto sumergidos,
    Cual llama San Lorenzo, cual Santa Ana,
    San Telmo dicen otros afligidos,
    Otros San Nicolas, que puso quilla
    Y costado, de nos tenga mancilla.

      El sexo feminil y lacrimoso
    Levanta hcia el cielo vocera.
    Con la furia del viento tan furioso
    La una nave de otra se desva;
    Mas volviendo la mar en su reposo
    Conviertese el dolor en alegra,
    Y llegan  Canria muy ufanos,
    D toman tierra, y salen muy galanos.

      Despues de haberse aqu ya refrescado,
    A proseguir tornaron su viage.
    Habiendo ya diez dias navegado,
    Hallronse muy cerca del parage
    De las islas, y Cabo que es llamado
    _Verde_; enfermo asiento y estalage;
    Cansados del saoso y largo lago,
    Tomaron la que dicen de Santiago.

      No estaba en este tiempo tan poblada,
    Como al presente est de Lusitanos:
    No est mucho la costa desvada,
    Poblada de valientes Africanos:
    De color negra y son muy tisnada,
    Los que mas  Cabo Verde son cercanos,
    Y tienen en comun carniceria,
    De los negros haciendo anotoma.

      Tomse de estas islas bastimento,
    Tambien se refrescaron los soldados,
    Y dise con presteza vela al viento,
    Los nimos de todos bien osados.
    Mas Ay dolor! cuan presto  mas de ciento
    De poco prestar ser esforzados,
    Que la hambre pasando de la zona
    A roso ni velloso no perdona.

      Con prspero nordeste favorable
    Camina alegremente nuestra armada,
    Y el mar mas sosegado navegable,
    La lnea en breve tiempo fu pasada
    Con viento en popa prspero y amigable,
    De Cabo Frio la punta ya doblada,
    En costa del Brasil tierra tomaron,
    Y aun isla Santa Brbara nombraron.

      Del gran Carlos las armas le pusieron
    Y posesion por l all tomando,
    Y luego su viage prosiguieron,
    Y en el puerto de Vera le encerrando,
    Bien comiendo alegres estuvieron.
    Continu por la playa mariscando,
    Que hay en aquel puerto grande suma
    De hermosos pescados como espuma.

      Estando pues aqu, ha comenzado
    El demonio sus cosas tan usadas;
    Salazar que con otros se ha juntado
    A Juan de Osorio dan de pualadas.
    Envidia y cobardia lo han causado,[47]
    Por ser las obras dl tan sealadas:
    A don Pedro hicieron que creyese
    Que le iba en esta muerte el interese.

      Al principio el error, aunque pequeo,
    Grandsimo se hace al fin y cabo.
    Era este caballero halageo
    Con todos; y en aquesto mas le alabo,
    Que en verle sacudido y zahareo
    Con nobles, de lo cual le desalabo:
    Que al mas pobre soldado en mas tenia,
    Que diez de presumpcion de hidalguia.

      Fu causa, segun dicen, esta muerte
    Tan fuera de razon, contra justicia,
    Del funesto suceso, horrible, y fuerte
    Del infeliz D. Pedro y su milicia.
    Que echada esta envidiosa y cruda suerte
    Con tanta cobarda y gran malicia,
    Comenz  castigar Dios el armada,
    Con un grave flagelo y cruda espada.

      Desde que empieza el mundo est sabido
    El castigo que hace Dios eterno;
    Por vista de los ojos conocido,
    Est cuando la estima el Sempiterno:
    La muerte del que es justo y bien creido,
    Tenemos la castiga con infierno:
    Que la sangre de Abel el inocente
    Clamando est ante Dios omnipotente.

      Al fin de aquesta isla se ha pasado,
    Con algunos descuentos que no digo,
    Y el Rio de la Plata se ha tomado,
    Y el puerto San Gabriel de desabrigo.
    De all luego passe al otro lado,
    A Buenos Aires, que es de mas abrigo,
    A d fu el lastimoso acabamiento,
    De tanta bizarria, cual yo cuento.

      De ver era salir en aquel llano
    Al soldado valiente y caballero,
    De sedas y brocado muy galano,
    A guisa y parecer de perulero.
    Sala con contento muy ufano,
    Y hasta el pobrecito marinero
    Aquella bella tierra contemplaba,
    Y  Espaa no volver jamas juraba.

      A Juan de Oyolas hubo despachado
    Don Pedro el rio arriba, porque asombre
    Al indio. Va con l un buen soldado,
    Llamado Salazar, valiente y hombre.
    Don Pedro en este tiempo hubo enfermado
    Del morbo, que de Galia tiene nombre:
    Con miedo de morirse en aquel rio,
    A Castilla se vuelve en un navo.

      Volvia, pues, D. Pedro en su viage
    A Espaa sin haber puerto tomado:
    Empero  vueltas ya de aquel parage,
    Que llaman las Terceras, ha acabado.
    As no goz bien ni su linage,
    El tesoro que en Roma habia pillado.
    Dichoso el que atesora all en el cielo,
    Que es burla atesorar ac en el suelo.

      Qued por Capitan y por Teniente,
    Y en muerte sucesor de aquella tierra,
    Oyolas, que fu arriba con la gente:
    Ac Francisco Ruiz hace la guerra
    En Buenos Aires, y anda diligente,
    Mas poco le aprovecha, que la perra
    Pestfera cruel hambre canina,
    A todos abandona y los arruina.

      La gente ya comienza  enflaquecerse,
    Las raciones se acortan cada dia,
    No puede el padre al hijo socorrerse,
    Que cada cual su muerte mas temia;
    Y aunque es muy natural el condolerse,
    Y cada cual del otro se dolia,
    Empero mas su vida procuraba,
    Y caridad de s la comenzaba.

      Un hecho horrendo, digo lastimoso,
    Aqu sucede: estaban dos hermanos;
    De hambre el uno muere, y el rabioso
    Que vivo est, le saca los livianos
    Y bofes y asadura, y muy gozoso
    Los cuece en una olla por sus manos,
    Y cmelos; y cuerpo se comiera,
    Si la muerte del muerto se encubriera.

      Comienzan  morir todos rabiando,
    Los rostros y los ojos consumidos:
    A los nios que mueren sollozando
    Las madres les responden con gemidos.
    El pueblo sin ventura lamentando,
    A Dios envia suspiros doloridos:
    Gritan viejos y mozos, damas bellas,
    Perturban con clamores las estrellas.

      Es hambre enfermedad la mas rabiosa
    Que puede imaginar ningn cristiano:
    La mano est temblando temerosa,
    No quisiera de tal ser escribano.
    Mi Dios, por vuestra sangre tan preciosa,
    Libradme de este azote, que el tirano
    Que llegaba  tentaros, bien sabia
    Que es grave mal la hambre en demasia.

      Fu cierto celebrada all su saa,
    De aquesta matadora sin medida,
    Con tanta crueldad y tan estraa,
    Que no podr de alguno ser creida,
    No hizo ella jams tal otra hazaa
    En Roma, ni en Judea referida,
    Como esta: de dos mil que se contaron,
    Con la vida doscientos no escaparon.

      No quiero referir estraas cosas
    Causadas de esta perra y vil tirana,
    Que bien pudiera yo muy dolorosas.
    Una muger habia, llamada Ana,
    Entre otras damas bellas y hermosas;
    Tom paga del cuerpo una maana,
    Forzada de la hambre, y hecha iguala,
    Al pretensor envia en hora mala.

      Era el galan pretenso un marinero,
    El precio una cabeza de pescado;
    Acude  la posada muy ligero,
    Y viendo que la Dama le ha burlado,
    Al capitan Ruiz, buen justiciero,
    De la dama se habia querellado;
    El cual juzga que cumpla el prometido,
    O vuelva lo que tiene recibido.

      Maldito seas, juez, si no quisieras
    Mirar  nuestro Dios omnipotente,
    Y de esto  buen juzgar te conmovieras,
    Y  quitar el pecado subsecuente
    Por evitar la muerte, lo hicieras.
    Que claro est que el casto y continente
    Mejor pasa la hambre que el vicioso,
    Y dado al vicio y acto lujurioso.

      Sabemos, semejante  esta bajeza,
    Que causa otras dos mil esta traidora,
    Que aunque dice el refran, que no es vileza,
    Y ser con nuestro Dios merecedora
    Creemos la virtud de la pobreza:[48]
    Sin su favor la perra es causadora,
    De hambre, que es un mal tan sin medida,
    Que dar el padre al hijo por la vida.

      Mas volvamos  Oyolas y su gente,
    Que sube el rio arriba muy gozoso.
    El puerto Paraguay, que es al presente,
    Hallaron del caribe belicoso.
    Poblado estaba aqu el fuerte y valiente,
    Yanduazub, en la tierra poderoso
    Capitan, y cabeza que rega,
    Y toda la comarca le temia.

      Aqueste fu en favor de los cristianos,
    Y hizo  Salazar que all poblase.
    Oyolas pas el rio y los pantanos,
    Diciendo  Salazar que le aguardase.
    Lleg donde hinch muy bien las manos,
    Mas Dios no fu servido que tornase;
    Que Salazar no cumple el prometido,
    Por d el pobre de Oyolas se ha perdido.

      El Paraguay arriba poco trecho
    Habia Juan de Oyolas navegado;
    Salt en tierra, y camina bien derecho
    La vuelta del Per, y bien cargado
    De plata, y  su gusto satisfecho,
    Volvi d  Salazar habia dejado
    Con barcos y navios esperando,
    En tanto que la tierra iba talando.

      Salazar como viese que tardaba,
    Bajse al Paraguay d ya dijimos,
    El gran Yanduazubi-Rubicha estaba[49]
    Con el gran Lambar; y entrambos primos
    Le dicen, de lo cual mucho gustaba,
    "En tanto que nosotros dos vivimos,
    Ayuda te daremos como  hermano,
    A t y todo nombre de cristiano."

      En esto vuelve Oyolas diligente
    Con plata, mas no halla los navios.
    El hecho viendo el indio derrepente,
    La carga de la plata deja y lios,
    Y acude contra Oyolas y su gente:
    No puede escabullirse, que los ros
    Estan delante de l, y as murieron
    El pobre, y los demas que con l fueron.

      Los indios, que esta gente aqu mataron,
    Payaguaes se dicen, belicosos:
    A muchos en mi tiempo cautivaron,
    Y yo tambien lo fu de estos furiosos.
    Salazar, y los otros que bajaron
    Poblaron en el puerto muy gozosos.
    Las familias aumentan con sus hijos,
    Y se entregan  dulces regocijos.

      El guaran se huelga en gran manera
    De verse emparentar con los cristianos:
    A cada cual le dan su compaera
    Los padres, y parentes mas cercanos.
    O lstima de ver muy lastimera,
    Que de aquestas mancebas los hermanos,
    A todos los que estan amancebados,
    Les llaman hoy en dia sus cuados.

      A tal trmino llega aquesta cosa,
    Que cada cual vivia  su albedrio;
    Aquel que india tenia mas hermosa,
    Se juzga por mejor, y de mas brio.
    Y en siendole la india enfadosa
    Libello de repudio con desvio
    Concede, y toma  otra _mazacra_,
    Que manceba la llama  la clara.

      Mazacra es un pece muy sabroso,
    Y tanto que los indios cosa rica
    Le dicen, por ser pece tan gustoso;
    Y el nombre de este pece el indio aplica
    Al amiga que tiene, deseoso
    De siempre la gozar, que significa
    Mazacra la cosa que es amada,
    Que no enfada por ser muy estimada.

      No habia en este caso alguna enmienda,
    Por ser en general costumbre mala,
    Que aquel que convenia poner la rienda,
    Sin guarda de excepcion todo lo tala;
    Aprenden de la escuela y de la tienda
    En esto los demas todos de Irala;
    Que aunque era en muchas cosas concertado,
    En esto de la carne desfrenado.

      Y el mal era mayor y mas crecido:
    Que los gobernadores se han jactado
    De tener mazacras; y ha venido
    A terminos la cosa, que tratado
    Con ellas han,  hijos han tenido
    En pblico, y por suyos los han criado.
    Ved los pequeos tal que documento
    Habian de tomar de tal descuento!

      Cuanto convenga en tierra, cuando es nueva,
    Sembrar buena semilla, labradores,
    Era en los principios  dar prueba
    De virtud y bondad, predicadores.
    El dicho del poeta lo comprueba;
    Que el vaso en que una vez echan licores
    Guarda ben el sabor siendo reciente:
    As ni mas ni menos es la gente.

      Estando pues el pueblo muy ufano
    Al gusto, y paladar de su medida,
    Juzgaron por consejo bueno y sano
    A Irala obedecer toda su vida.
    Sobre esto muchos dicen ser tirano:
    Ser bien esta cosa conocida.
    De todo aquel curioso que leyere,
    El canto que tras este se siguiere.

      Que yo no he de juzgar aqu sus hechos,
    Decir lo bueno y malo me conviene.
    Confieso que hizo Irala mil provechos,[50]
    Por d en aquella tierra fama tiene.
    Algunos perseguidos y deshechos
    Por l fueron, y quiera Dios no pene
    En pago de sus culpas, y los males
    Que hizo  Diego de Abreu y leales.

      Mandando, pues, la tierra como digo
    Irala, y Buenos Aires despoblado,[51]
    Cesado habia la hambre, y mucho trigo
    Tenian, y otras cosas que han sembrado.
    A la Asumpcion se suben al abrigo,
    Los unos y los otros se han juntado:
    Que la virtud estando bien unida
    Mas fuerte vemos que es que desparcida.

      Estando as, cualquiera procuraba
    Hacer casas, estancias y hacienda:
    Y aunque la dulce Espaa deseaba,
    Y mas el que tenia alguna prenda,
    El imposible visto, trabajaba
    Cualquiera, por no haber plaza ni tienda:
    Por donde todos eran labradores,
    Monteros, hortelanos, pescadores.

      D. Carlos V. en esto ha proveido
    Por su Gobernador y Adelantado,
    A Cabeza de Vaca, que ha salido
    De all de la Florida, donde ha estado
    Cautivo de los indios, y metido
    La tierra adentro  fuerza de su grado.
    Diremos de l despues, en entretanto
    Cesemos hasta ver el quinto canto.




CANTO QUINTO.

     _En este canto se dice como vino Alvar Nuez Cabeza de Vaca al Rio
     de la Plata, y de su prision y trabajos que de ella sucedieron, y
     del gran Moxo, Seor del Paytit._


      Segura vida llaman la pobreza,[52]
    Y de santos, de santas es amada;
    Tambien la Magestad y sacra Alteza
    Amndola, le di suerte estimada.
    Aquel que en poco tiene la riqueza
    Por cierto vive vida sosegada;
    Y el que con su pobreza se contenta
    Mas rico es que el que tiene mucha renta.

      Las guerras y las grandes disenciones
    El interes las causa, como vemos.
    Motines y revueltas, rebeliones,
    Qu de mal por la plata padecemos!
    Autores de las santas religiones,
    Que amastes la pobreza por extremos,
    Decid, no es mas segura la pobreza,
    Pues por ella gozais de la riqueza?

      Cualquiera en la Asumpcion est gozoso,
    Con solo su comer vive contento:
    No andaba por la plata codicioso:
    Metido en su morada y aposento
    Labrado, muy pulido, muy costoso,
    Sin curar de tapiz  paramento.
    Y al fin por interes la furia ingrata,
    Discordia, su contento desbarata.

      Qu fuera si tuvieran plata y oro!
    Que aquesto mas conmueve en esta vida.
    Que al fin aquel que tiene gran tesoro
    Procura su contento sin medida,
    Aqueste fin le fuerza el triste lloro,
    Y llanto al navegante en su corrida,
    Y aquesta  veces causa en este mundo
    A muchos que desciendan al profundo.

      Mas oro, y plata es lo que lo vale:[53]
    Y bien es honra, mando, podero,
    Cualquiera de estas cosas equivale,
    Y trae al retortero, al albedrio.
    Que aunque no sea forzada, empero sale
    La voluntad de madre como rio,
    Y lleva  la razon tras s rendida,
    Y  su diccion y gusto sometida.

      Al fin, pues, interes les fuerza tanto
    En la Asumpcion sin plata ni dinero,
    Que su placer se vuelve en triste llanto,
    Los cuellos entregando al carnicero.
    Pensaron de salir de un gran quebranto,
    Y dieron en un hondo sumidero:
    Como ver cualquiera que est atento,
    A la historia presente que yo cuento.

      Habiendo aquel que al mundo di de mano
    En trueco del eterno y gran reposo,
    Dejndole primero todo llano
    Y en paz, al heredero muy dichoso,[54]
    Juzgado por consejo bueno y sano,
    De dar hombre valiente y belicoso,
    Al Argentino envia Adelantado,
    Que Cabeza de Vaca fu nombrado.

      Del cual su armada  prisa abastecida
    De todo el necesario, y sus pertrechos,
    De la ciudad de Cdiz fu partida,
    Y  las Canarias llegan bien derechos.
    Los mas de todos es gente lucida,
    Algunos con insignias en los pechos,
    De nobles y lutrosas encomiendas,
    Y muchos de valor y grandes prendas.

      Pasada la famosa y gran Canara,
    En Cabo Verde, que es de Lusitanos,
    Entraron; y aunque era tan contrara
    Entonces su nacion  Castellanos,
    No le fu  la nuestra all adversaria,
    Que  todos los reciben como  hermanos:
    Que al fin la diferencia es de tal guisa,
    Que para las mas veces todo en risa.

      Despues de haberse aqu ya refrescado,
    La gente del armada muy gozosa,
    Con algun bastimento que ha tomado
    Se embarca, por le ser muy deseosa
    La fin de su viage comenzado,
    Juzgndole por cosa provechosa:
    Que vemos que cualquier descubrimiento
    Es al tono de boda  casamiento.[55]

      La Torrida, que alguno inhabitable
    Escribe, traspasaron derrepente.
    No ser en todo tiempo navegable
    Sabemos, que el sol hiere crudamente.
    Un viento hace  veces amigable,
    Navgase con l al occidente:
    Despues de aquesta trrida doblada,
    Est casi ya hecha la jornada.[56]

      La costa del Brasil reconocida,
    Y un isla, Santa Brbara, tomada.
    Por la insignia imperial que de corrida
    All fu por D. Pedro bien fijada,
    Conocen que su armada fu surgida
    En ella, mas tocando de pasada,
    El rumbo enderezaron muy ana
    Al isla dicha Santa Catalina.

      De aqu el Gobernador ha despachado
    Con gente que descubran el camino,
    A Dorantes de Bejar, buen soldado;
    El cual fu, y con presteza mucha vino.
    Noticia del camino cierta ha dado;
    Por donde caminando con buen tino,
    La tierra adentro entraron muy gozosos,
    Mas de los naturales recelosos.

      No quiero referir la gran miseria,
    Trabajos, infortunios que sufrieron
    En aqueste camino, y su lazeria,
    Y hambre y sed que todos padecieron.
    Pues vemos no muri en aquella feria
    Alguno de trecientos que all fueron.
    Que aquesto de las hambres y su queja,
    Solo  Mendoza y  Zrate se deja.

      En tanto que Alvar Nuez caminaba
    Al Paraguay con guias muy derecho,
    Su gente con salud toda llevaba
    A manos el camino de indios hecho.
    Sabido por Irala que llegaba,
    Con maa, que la usaba en su provecho,
    Envia  cierta gente de corrida,
    Que el parabien le dn de su venida.

      Sobre cuarenta el quinto ao corria,
    Cuando el buen Alvar Nuez ha llegado,
    Y no el cuarenta y siete se cumplia,
    Cuando se v de grillos rodeado.
    La causa de este mal y tirania,
    Y de caer el pobre de su estado,
    Envidia fu, que suele, d se ofrece,[57]
    Aquello combatir que mas florece.

      Llegado al Paraguay se determina
    De ir el rio arriba descubriendo,
    Y sin hallar noticia de oro  mina,
    Con barcos y navos fu subiendo.
    Trecientas y mas leguas pues camina,
    Hasta saber de plata: pero viendo
    Que la rabiosa muerte andaba suelta,
    Por no perder su gente di la vuelta.

      San Fernando se dice este parage,
    D se tuvo notcia de riqueza:
    Mas era tan enfermo el estalage,
    Que cobran los soldados gran tibieza.
    Dejaron  esta causa su viage,
    Que promete sacarlos de pobreza:
    Que la piel por la piel el mentiroso,
    Nos dijo, que d el hombre y el reposo.

      Si la muerte no teme aquesta gente,
    El Argentino fuera mas somoso
    El dia de hoy, que nueva ciertamente,
    Se tuvo aqu de un indio belicoso.
    La plata y oro bello reluciente
    Se ha visto, no es negocio fabuloso,
    Que cntaros de oro  maravilla
    Tenia aqueste indio y gran vajilla.

      En una gran laguna este habitaba,
    Entorno de la cual estn poblados
    Los indios, que  su mano l sugetaba
    En pueblos por gran rden bien formados.
    En medio la laguna se formaba
    Un isla, de edificios fabricados,
    Con tal belleza y tanta hermosura,
    Que exceden  la humana compostura.

      Una casa el Seor tenia labrada[58]
    De piedra blanca toda hasta el techo,
    Con dos torres muy altas  la entrada,
    Habia del una al otra poco trecho.
    Y estaba en medio de ellas una grada
    Y un poste en la mitad della derecho,
    Y dos vivos leones  sus lados,
    Con sus cadenas de oro aherrojados.

      Encima de este poste y gran coluna,
    Que de alto veinte y cinco pies tenia,
    De plata estaba puesta una gran luna,
    Que en toda la laguna reluca.
    La sombra, que hacia en la laguna,
    Muy clara desde aparte pareca.
    Quien hay que no tomra una tajada
    De la luna, aunque fuera de menguada?

      Pasadas estas torres, se formaba
    Una pequea plaza bien cuadrada;
    En el mayor esto fresca estaba,
    Que de rboles est toda poblada,
    Los cuales una fuente los regaba,
    Que en medio de la plaza est sitiada,
    Con cuatro caos de oro gruesos, bellos,
    Que yo s quien holgra de tenellos.

      La pila de la fuente mas tenia
    De tres pasos en cuadra su hechura:
    De mas que de hombre mortal pareca
    En talle, perfeccion y compostura.
    En estremo la plata reluca
    Mostrando su fineza y hermosura.
    El agua diferencia no mostraba
    De la fuente y pilar d se arrojaba.

      La puerta del palacio era pequea,
    De cobre, pero fuerte y muy fornida:
    El quicio puesto, y firme en dura pea,
    Con fuertes edificios guarnecida.
    Seguro que del pelo y de la grea,
    Del viejo del portero, que es crecida,
    Pudieramos hacer un gran cabestro:
    Oid pues del viejazo el mal siniestro.

      Aquellos que por dicha ya han pasado
    Por medio de las torres y coluna,
    Habiendo las rodillas ya postrado,
    Levantando los ojos  la luna,
    Aqueste viejo as les ha hablado,
    Con una muy feroz voz importuna,
    Y dice: "A este adorad, que es solo uno
    El Sol, y fuera dl otro ninguno."

      En alto est un altar de fina plata,
    Con cuatro lamparillas  los lados
    Encendidas, y alguna no se mata,
    Que estan cuatro ministros diputados.
    Un sol bermejo mas que una escarlata,
    All est con sus rayos sealados:
    Es de oro fino el sol all adorado,
    Mas hay de quien l sea deshechado?

      Aqueste gran Seor de esta riqueza
    El gran Mojo se dice, y es sabido
    Muy cierto su valor y su nobleza:
    Su ser, y seoro enriquecido
    De sus vasallos, fuerzas, y destreza,
    Por nuestro mal habemos conocido:
    Que pocos tiempos ha que en cortas trechas,
    Probamos la fiereza de sus flechas.

      A que no fuerzas, hambre detestada
    Del oro, que los nimos perdidos
    Tras t llevas con nsia tan nefanda,
    Que ciega las potencias y sentidos!
    Con todo dsque ven que la muerte anda
    De priesa, con temor los doloridos,
    Que habian emprendido este viaje,
    Se vuelven para atras de este parage.

      Volviendo pues la gente de su entrada,
    Sucede en la Asumpcion una tormenta:
    Dos hombres la levantan, que escusada
    La tal  motin es, si no lo inventa
    El pecado, que cosa es muy usada.
    Lebron el uno es, el otro Armenta:
    Desde que el Gobernador preso tenia,
    Muy bueno ha andado Armenta, les decia.

      Sucede  prima noche el desbarate:
    El pobre caballero est durmiendo.
    Entrgales la puerta Juan Oate,
    Y as de golpe entraron con estruendo.
    A voces dicen todos ser dislate
    Que con la vida quede, que viviendo,
    Habr de causar mal, pues est cierto
    El hombre no hablar despues de muerto.

      Rasquin con un arpon enarbolado
    Le apunta amenazando que se diese.
    De la cama se ha el pobre levantado,
    Sin saber de este caso como fuese.
    La espada con gran nimo ha empuado;
    Mas quien era posible resistiese
    A tantos, pues que Hrcules el griego
    No pudo contra dos entrar en juego?

      Irala astuto, sabio, cauteloso,
    Del enfermo se hizo en este punto,
    Y por quedar l libre y ganancioso,
    Segun pude saber, y lo barrunto
    A Cceres agudo y bullicioso,
    Le dice, con Venegas vaya junto,
    Y Cabrera, del Rey tres oficiales,
    Principio y causadores de estos males.

      El pueblo conmovieron ignorante,
    Y en odio le encendieron como brasa.
    Acude  la prision, y en un instante
    Le sacan muy asido de su casa.
    Irala se ha hallado muy triunfante,
    Que cierne, hie, y masa aquesta masa,
    Y siendo el preso puesto en tal aprieto,
    Por caudillo de todos es electo.

      Comienza gobernando pues Irala
    Su negocio  entablar, y aficionaba
    A todos, y en mil cosas se seala,
    Y al pobre con mas veras ayudaba.
    Empero corta, abrasa, hiende, tala
    Al que el contrario bando acompaaba:
    De suerte, que el leal era tenido
    Por hombre vil, infame y abatido.

      A muchos ahorc de los leales,
    Diciendo que la tierra perturbaban.
    A tal punto se vino, que los tales
    En los montes y bosques habitaban.
    Los que eran causadores de estos males,
    Lo bueno de la tierra se gozaban;
    Los otros hambreaban suspirando,
    Y  Dios justa venganza suspirando.

      Entre otros que prendi fuera Vergara,
    Hermano de Ruy Diaz Melgarejo:
    Y  aqueste sino huye le ahorcra,
    Que voluntad no falta y aparejo.
    Al otro con su hija le casra;
    Ruy Diaz nunca fu de tal consejo,
    Y as con los leales se ha huido,
    Andando por los bosqus escondido.

      Haba Diego de Abreu tomado
    La mano en sealarse con cuadrilla,
    Contradiciendo  Irala por alzado.
    Son Abrego y Ruy Diaz de Sevilla:
    Consigo mucha gente han congregado;
    Irala ha procurado de seguilla,
    Y algunos los conmueve por regalo,
    Y  muchos cuelga y pnelos de un palo.

      Irala sale en esto con armada,
    Y el rio arriba yendo bien se aleja;
    Y porque la ciudad sea gobernada,
    A D. Francisco de Mendoza deja.
    Lazcano muy malvado de celada,
    Con nimo endiablado se le queja,
    Diciendo no conviene que tuviese
    Por un tirano el mando, y desistiese.

      Y que l con los leales tratara,
    Que en nombre del Gran Carlos se eligiese,
    Y aquesto facilmente lo hara,
    Sin que persona alguna lo impidiese.
    Tratlo de tal suerte, que hacia
    Que el triste D. Francisco le creyese:
    Con este engao y falso compellido,
    Mendoza de su mando ha desistido.

      Al punto que desiste luego viene
    La gente de leales de los sotos,
    Y el Abrego leal no se detiene,
    Que espera de tener aqu mas votos:
    El Lazcano malvado pues no tiene
    Los filos del intento, malos votos,
    Que con presteza  muchos sobornando,
    Al Abrego procura dn el mando.

      Malvado llamo  Lazcano yo en mi verso
    Por ser causa primera de un gran dao,
    Que nunca se perdiera el universo,
    Por Mendoza mandar siquiera un ao:
    Que si buen celo tuvo al fin fu adverso
    A Mendoza causando un mal tamao,
    Y al Abrego de muerte, y gran fatiga
    A todos cuantos eran de la liga.

      El Abrego por votos fu elegido,
    Que cdula real dispone de esto:
    Y siendo ya del pueblo recibido,
    Comienza de envidar todo su resto.
    El Mendoza se v tan afligido,
    Y acaso le fu Abrego muy molesto,
    Que no pudo sufrir verse burlado;
    Y oid en lo que para este nublado.

      Con sus pocos amigos, dicen, quizo
    Tratar de recobrar con nueva traza
    El mando. Mas este otro tiene aviso
    Del caso, y con presteza dle caza:
    Y prndele al punto de improviso,
    Y la cabeza cortnle en la plaza.[59]
    Al tiempo que cortar se la querian,
    A sus hijos habl que all venian.

      A D. Diego el mayor habl primero,
    Diciendo en alta voz: "Mira que seas
    Vasallo de tu Rey, muy verdadero,
    Porque en aqueste trance no te veas:
    Y pues, hijo, t ves como yo muero,
    As la gloria eterna tu poseas,
    Que cures de vivir siempre de suerte,
    Que no mueras tambien de aquesta muerte."

      El presagio del padre, que moria,
    Dejado por postrero testamento,
    Al D. Diego de poco le servia,
    Pues tuvo en Santa Cruz atrevimiento,
    Y pag en Potos su tirana.
    Dir en otro lugar este alzamiento:
    Al Abrego volvamos, que sabiendo
    Que Irala vuelve, al monte v huyendo.

      Irala habiendo tiempo navegado
    El Paraguay arriba con su gente,
    Y al buen Nuo de Chaves despachado
    A que salga al Per muy diligente,
    Se vuelve  la Asumpcion, que el que ha pecado
    No puede asegurar jams la mente:
    Que no puede hallarse mejor ciencia,
    Ni prueba, que le iguale  la conciencia.

      Llegando  la ciudad al fin Irala,
    Con grande regocijo es recibido;
    De Mendoza la muerte le desala
    El corazon, y entraas le ha rompido.
    Tras Abrego con priesa el monte tala,
    Y  Escaso aquesta causa ha cometido:
    Mas no le fu en el tiro de su mano,
    Que un tiro que tir no sale vano.

      Al Abrego  prender Irala envia,
    Porque l con los leales retirado
    Andaba por los bosques  porfia,
    Del remedio de Espaa confiado.
    El Escaso, que supo d dormia,
    Una noche le halla descuidado,
    Y al blanco pecho apunta, y fu tan cierto,
    Que el corazon le parte, y deja muerto.

      Muchos de los leales desmayaron,
    Por verse sin cabeza y perseguidos,
    Y algunos al Irala se pasaron,
    Y fueron con amor dl recibidos.
    Los otros, que mas tiempo porfiaron,
    Vinieron con dolor muy afligidos:
    Que el nombre de leal era nefando,
    Y en trisca le nombraban, y burlando.

      A tal punto lleg el atrevimiento,
    Del bando del Irala, que casando
    Su hija con Vergara, por contento
    Y placer, un soldado suspirando
    En una farsa sale descontento,
    Y roto y pobre, y otro preguntando,
    Y l responde, dicindole quien era?
    De los leales soy, que no debiera.

      Qu, de leales sois, le dice luego:
    Mirad pues bien el pago que sacado
    Habeis de esa contienda y triste juego,
    Que tan contra razon habeis jugado?
    Hermano, por ventura estais tan ciego,
    Que no veis que es andar de pi quebrado:
    El triste del leal dice temblando,
    Hermano, lo que s que estoy penando.

      El valeroso Chaves caminaba
    La vuelta del Per donde ha salido,
    Con trabajo sobrado que pasaba,
    De gente que el camino le ha impedido.
    A muchos fuertemente conquistaba,
    Y  su diccion y mando ha sometido,
    Rompiendo fuertes y altas palizadas,
    Con obras muy heroicas y afamadas.

      Conquist los Chiquitos, que es frontera
    Del gran Mojo, Seor de la Laguna:
    Y entiendo que si mas adentro fuera,
    A cuestas nos sacra la coluna;
    Y Hrcules segundo Chaves fuera,
    Y por mas le imitar, el sol y luna
    A cuestas sustentra, como al cielo
    El otro, por le dar  Atlas consuelo.

      Al fin sali al Per, donde ha hallado
    Al licenciado Gasca el venturoso.
    Despues de su negocio relatado,
    Procura de volverse muy gozoso.
    Un pueblo en el camino hubo poblado,
    Por extender su fama deseoso,
    Santa Cruz de la Sierra le nombraba,
    Que el sitio al de su tierra semejaba.

      A Cabeza de Vaca ya volviendo,
    Llevronle  Castilla aherrojado.
    Agora que lo estoy aqu escribiendo
    Me admiro, como nunca castigado
    Aqueste caso fu, atroz y horrendo,
    Y el gran levantamiento confirmado.
    En mi tiempo yo v se recelaba
    El pueblo del castigo que esperaba.

      Venegas y Cabrera, pues, al preso
    Llevaron  Castilla, y lo entregaron
    Al Consejo Real con gran proceso,
    Y causas, que  su gusto fulminaron.
    De aquestos dos el uno pierde el seso,
    Al otro en breve tiempo lo enterraron,
    El preso por sentencia fu privado
    Del ttulo y blason de Adelantado.

      En su lugar habiendo proveido
    A Sanabria el gobierno, va  Sevilla,[60]
    Casse, y el casamiento le ha impedido
    Que no pueda salir ya de Castilla:
    Que en breve se muri; y ha partido
    Con el resto de gente y la cuadrilla
    Que en armada Sanabria puesto habia,
    Entregada  la mar, Doa Menca.

      Tomaron de la costa  San Vicente
    Despus  San Francisco, d estuvieron
    Algun tiempo viviendo alegremente.
    Por tierra al Paraguay despues vinieron.
    La mas de toda aquesta poca gente,
    Que nombre del Socorro les pusieron,
    De Estremadura son, d influye Marte
    De sus sacros tesoros tan gran parte.

      Sanabria en Medellin nacido habia,
    Con hijos y muger all ha vivido,
    Viudo ya una vez, Doa Menca
    En Sevilla por suerte le ha cabido.
    Movida de su vana fantasa,
    Con sus hijas de Espaa se ha partido,
    Con fin de las casar; y as sucede,
    Que en la muger la honra vale y puede.

      Tambien Diego Sanabria, el heredero,
    Despues sali con gente en mala extrena;
    Que erraron dos pilotos su rotero,
    Y dieron en el puerto Cartagena.
    En Potos le v hecho minero,
    Mas nunca tuvo el pobre mina buena:
    Busquemos una agora en otro canto,
    Que ya cansa decir en este tanto.




CANTO SEXTO.

     _Viene Obispo al Paraguay. Muere Domingo de Irala. Eligen por
     Gobernador  Francisco Ortiz de Vergara, y sale con el Obispo al
     Per._


      Los hijos de este siglo, la Sapiencia
    Nos ensea, que son muy mas prudentes,
    Que no los muy dotados de inocencia,
    Para el vivir y trato de las gentes.
    Aquellos que no tienen tal prudencia
    Perecen con dos mil inconvenientes,
    Llevndoles ventaja los osados,
    Astutos y sagaces y treznados.

      Tan sbio era, y astuto y cauteloso
    En su trato y vivienda nuestro Irala,
    Que no tiene algun hombre dl quejoso,
    Que  todos en amor parece iguala.
    Con esto y con su pecho valeroso,
    Contrasta cualquier mal, y suerte mala,
    Y  su diccion y mando muy rendidos,
    A sus contraros tiene y sometidos.

      En paz tiene la tierra, gobernando
    Con gran sagacidad y seoro,
    La gente rebelada castigando
    Con fuerza, maa, y arte y podero.
    Los leales su causa ya juzgando
    Por vana presumpcion y desvaro,
    Por no tener de Espaa nueva cierta,
    Se le entran cada dia por la puerta.

      Filipo el Sbio, rey muy poderoso,
    Que en suerte el Nuevo Mundo le ha cabido,
    Del aumento cristiano codicioso,
    Al Paraguay obispo ha proveido,
    Del rden Franciscano religioso,
    D. Pedro de la Torre es su apellido:
    Urue por General v de la armada,
    Que fu para este efecto congregada.

      Aprstase el armada muy hermosa,
    Y sale de San Lucar, y se entrega
    A las ondas del mar brava y saosa;
    Y con un viento prspero navega.
    Ha sido en su viage tan dichosa,
    Que al Rio de la Plata presto llega,
    Sin refriega de mar y sin tormnta,
    Que al bueno Dios le ayuda y le sustenta.

      Desde Castilla al Rio de la Plata,
    Cuarenta dias solos se gastaban,
    Y no echaba el piloto en ello cata,
    Y el rio los navios embocaban.
    El General, llegando, desbarata
    De dos navios las obras que sobraban,
    Hermosos bergantines quedan hechos,
    Y en breve  la Asumpcion fueron derechos.

      No quiero aqu tratar el gran contento
    Que toda la ciudad ha recibido,
    Ni menos la tristeza y el lamento
    Del malo, que se v ya sometido.
    Y aunque esto de pasada yo lo cuento,
    Muy bien fu en el suceso conocido,
    Pues cualquiera rehusa ser mandado;
    Que el buey suelto se lame por el prado.

      Irala como v que est con miedo
    El triste del Obispo, y que la fria
    Por l corre, contento, alegre y ledo,
    Mudando muy en breve la materia,
    Le dice, mi Seor, en cuanto puedo
    Trabajo, que salgamos de lacria,
    Buscando si hay riquezas en la tierra,
    Mas tengo gran trabajo con la guerra.

      El santo del Obispo sonriendo,
    Con un blando semblante respondia
    A lo que Irala iba repartiendo,
    Que ya su condicion bien conocia:
    Bien  la propia suya resistiendo,
    Porque de Irala mucho se temia,
    Procura de sufrir, pues se v solo,
    Y todos contra l con fraude y dolo.

      En esto de Castilla, Dios eterno,
    Cuan grande es, y cuan alta tu sapiencia!
    Al Irala le envian el gobierno;
    Mas sobreviene luego una dolencia,
    Y no pudo durar solo un invierno:
    Que el que con fraude obtuvo la potencia
    Los veinticuatro aos con tal dao,
    No dura con derecho solo un ao.

      Despues de Irala muerto, se juntaron
    En una iglesia todos, y eligieron,
    De doce caballeros que nombraron,
    Los cuatro, cuyos nombres escriberon:
    Por opuestos aquestos sealaron,
    Los vecinos sus votos aqu dieron.
    Sali Francisco Ortiz, el de Vergara,
    Que con hija de Irala se casra.

      Su hermano, que es Rui Diaz, habitaba
    En Guayra en este tiempo, retirado
    De Irala, que con l mal se llevaba:
    All poblando se ha fortificado,
    Y de all con su gente conquistaba
    Los indios, y en la tierra apoderado
    Procura atravesar  San Vicente,
    Con nimo crecido y poca gente.

      La costa del Brasil est temblando,
    Sabiendo de Rui Diaz la venida,
    Que piensan que se viene apoderando
    De todo lo que halla de corrida:
    Pues saben como ha andado conquistando,
    Y que tiene la tierra as rendida;
    Y no sabe que quiere Melgarejo:
    Mas ved en que ha parado su consejo.

      Allega  San Vicente, d Cupido
    Desembraza cruel su flecha dira,
    Y hcele quedar preso y rendido
    Al rostro angelical de Doa Elvira.
    Quien indios y espaoles ha vencido,
    Vencido y muerto queda, porque mira.
    Y piensas t, Cupido, no lo fueras,
    Mirando  Doa Elvira de Contreras!

      De Medellin sali la dama bella,
    De conocida, casta y gente clara:
    Y aunque fu en hermosura linda estrella,
    Fortuna se mostr con ella avara.
    Procura el capitan luego con ella
    Casarse, mas la muerte la llevra
    Entonces, y no diera mala cuenta,
    Causndose  si misma tanta afrenta.

      Casse en mal punto, y en hora mala,
    Dios sabe lo que siento en escribillo.
    Amor, que con lo bajo lo alto iguala,
    La hace aficionarse  Juan Carrillo.
    Cojlos Melgarejo en una sala,
    Y como no es el caso de sufrillo,
    Aunque la dama es tal, y el galan viejo,
    A entrambos los ha muerto Melgarejo.

      Entrando el capitan en su aposento,
    Al adultero mat de una estocada:
    La dama viene al grito con lamento,
    La gente viene al grito alborotada:
    Ayudanla  matar,  crudo cuento,
    Qu no hay quien te defienda, desdichada!
    Fenece la extremada hermosura
    En el colmo de extrema desventura.

      Vergara y el Obispo se han movido,
    En esto de salir, que no debieran,
    Al Per: pero habiendo ya venido
    A Santa Cruz, d nunca ellos vinieran;
    All les fu por Chaves impedido
    El camino: yo creo que si pudieran
    Pasar, ellos pasran; mas yo hallo
    Que en propio muladar bien canta el gallo.

      El Chaves  los Charcas va y camina,
    Dejndose  los pobres muy llorosos.
    Tras l salen despues, y de una mina
    Llevaron grandes muestras muy gozosos.
    Ensayase el metal, y plata fina
    Se saca, que movi  los codiciosos;
    Y entre ellos Juan Ortiz Pica, pensando
    Ganar honra y dinero gobernando.

      El licenciado Castro gobernaba;
    Y vista la intencion del perulero,
    Y que en aqueste caso el importaba
    Por tener abundancia de dinero.
    El gobierno argentino le encargaba
    Quitndosele al pobre caballero:
    El cual como se vido descompuesto
    A Castilla se vino muy dispuesto.[61]

      Matienzo el Presidente no repugna
    En esto; que formando una quimera,
    En el cuerno le pone de la luna
    Al Argentino reino y su ribera:
    Y dice, que no puede haber alguna
    Provincia de riqueza en tal manera,
    Cual esta; aunque rodeen todo el mundo
    Entre el polo primero y el segundo.

      Y aun dice un dicho necio, y he de decillo,
    Pues v con juramento yo afirmarlo,
    Y promet yo  muchos de escribillo,
    Ni quiere mi Argentina aqu callarlo.
    "Si fuera yo Filipo,  ese Turquillo[62]
    Habia con Espaa de dejallo,
    Decia, por gozar de tanta tierra,
    Tan bella y apacible, y tan sin guerra."

      Con estos desatinos que decia,
    Que muy grande aficion al Argentino
    Mostraba el Presidente que tenia,
    Procuran de volverse en su camino
    El Obispo, y teniente que ponia
    En su lugar Ortiz el zaratino;
    Que es Cceres, un hombre bullicioso,
    Amigo de mandar y sedicioso.

      El Juan Ortiz se parte para Lima,
    Con ttulo y blason de Adelantado:
    De barras lleva hecha grande rima,
    Que sabe Dios cual l las ha juntado.
    Aquesto le causaba gran estima,
    Y ser de todo l mundo respetado:
    Que tanto de valor cualquiera abarca,
    Cuanto tiene dineros en el arca.

      De Lima se parti muy placentero
    Por ver que le es fortuna favorable;
    A Panam camina muy ligero,
    Con viento en popa suave y amigable
    Allega  Panam con su dinero,
    Y en breve lo vereis muy miserable:
    Que f ninguna tengo, ni confianza
    En fortuna, que es cierta su mudanza.

      En nombre de Dios parte  Cartagena,
    Y entrega su fortuna  una fragata.
    El Francs esto tiene  dicha buena,
    Que le ha sido la presa muy barata.
    Encuntrale, "y amaina vela, antena,
    Le dice, y deja, amigo, aqu la plata,
    Sino quieres dejar tambien la vida,
    A vueltas de la plata aqu perdida."

      Amainan  pesar vela y trinquete,
    Rendidos del Francs y su pujanza,
    Ni queda marinero ni grumete,
    Que no pierda del todo la esperanza.
    La vida  Juan Ortiz all promete,
    Mas pierde de la plata la confianza.
    La vela d el Francs, desque le quita
    La plata, y con placer picando grita.

      Quien vido  Juan Ortiz lo que hacia,
    Pudiera no moverse  crudo duelo.
    Los suspiros que daba los ponia
    Con gran sentimiento all en el suelo:
    Sus carnes tan heladas las tenia
    Como la pura nieve y duro yelo,
    Y dice: "Cuan en breve aqu he perdido,
    Lo que en tan largos aos he adquirido!"

      De mas de ochenta mil pesos pasaron
    Los que el Francs sac de aquesta feria.
    En Cartagena amigos ayudaron
    A Zarate  salir de su laceria:
    Qu muchos de su mal se constritaron,
    Por verle haber venido  tal miseria:
    Que para asar, cocer, freir, decia,
    Que en mucha cantidad barras tenia.

      Con este desastrado desbarate,
    Y desdichado fin y mal suceso,
    A Castilla se viene el de Zarate,
    Sin sacar de su plata un solo peso.
    No teme que el Francs le desbarate:
    Qu el pobre del ladron jamas es leso;
    Mas antes caminando  su albedrio,
    Delante del ladron canta vacio.

      Llegado  Espaa, el Rey le ha confirmado
    Lo que Castro le di, y por mas pago
    A Zarate vereis ya sealado
    En los pechos con cruz de Santiago.
    Habiendo mucha gente congregado,
    Se entregan al feroz y hondo lago.
    Dirse en su lugar de aquesta armada,
    Volvamos  la histria comenzada.

      Al Cceres y Obispo revolviendo,
    Llegan  Santa Cruz, que de la Sierra
    Se llama; d discordia, descogendo
    Sus velas, ha causado tanta guerra
    Entre los dos, que el odio ya creciendo,
    Los huesos uno al otro desentierra,
    Y mas que unas berceras en cantillo
    Se tratan, que es vergenza de escribillo.

      De Santa Cruz salieron, procurando
    Llegar al Paraguay con gran presteza;
    Y aunque las dos cabezas caminando
    Van juntos por la tierra de aspereza,
    No van cosa ninguna conversando,
    Que en mala voluntad tienen firmeza.
    Llegando  la Asumpcion muy brevemente
    Lo que pas dir el canto siguiente.




CANTO SEPTIMO.

     _Llegan  la Asumpcion el Obispo y General. Prende el General al
     Obispo, y despues el Obispo al General, y llevndole  Castilla,
     muere el Obispo._


      Sentencia es celebrada, llana y clara,
    Que todo hombre que anda en malos pasos
    Al fin de la jornada siempre pra
    En mal con desastrado fin y casos.[63]
    Con el mando, poder, y con la vara,
    El Cceres echaba contrapaso,
    Al santo del Obispo: mas tenia
    Un provisor que mal los recibia.

      Aunque el Obispo era mal sufrido,
    No era codicioso de venganza.
    Segovia, el provisor, no ha consentido
    A Cceres crecer en su pujanza;
    Mas antes con un odio encrudecido
    Le mete, como dicen, bien la lanza,
    Tomando informaciones y testigos:
    A Cceres lo dicen sus amigos.

      Un hombre, que Daroca se llamaba,
    Que del Per sac en su compaa
    El Obispo, en el pueblo publicaba
    Contra el Obispo mal en demasa:
    Mil cosas en escrito denunciaba
    Al Cceres, que bien las reciba:
    Con que publican todos por estenso,
    Que el bueno del Obispo est suspenso.

      Al provisor meti en un aposento
    El General, con grillos remachados,
    El comer al Obispo y el sustento
    Le quita; que no son hombres osados
    A darle un jarro de agua, que al momento
    El servicio y los indios son quitados:
    Y por mayor baldon y mas afrenta,
    Al Obispo le priva de su renta.

      A Pedro de Esquivel, un caballero
    De bella compostura y bella traza,
    Amigo del Obispo y compaero,
    (Por sola su pasion) le prende y caza.
    Con el Obispo ser particionero
    En su prisin afirma, y en la plaza
    Le corta la cabeza, y en picota
    La fija, y de traidor le reta y nota.

      La traicion de Esquivel est fundada
    En una informacion que ha fulminado,
    En que el Obispo y l, de mano armada
    Conciertan de prenderle: ha concertado
    Que el triste del Obispo en su posada
    Est sobre fianzas encerrado.
    En la iglesia el Obispo est rezando,
    Y oid lo que est el malo publicando.

      En pregon dice: "Pena de la vida,
    A la Iglesia mayor nadie se atreva
    Por hoy ir, porque es cosa conocida,
    Que el Obispo intencion muy mala lleva.
    Y pues que la tenemos ya sabida,
    No habernos menester, dice, mas prueba."
    Ayala su alguacil v prestamente
    Al templo para echar fuera la gente.

      O Marqus! destos casos escribano,
    En d toda maldad pura se encierra,
    Secriase primero aquesta mano,
    Que escribiera escriptura mala y perra.
    Mas ay! como el juicio soberano
    Para castigo tuyo envia  Guerra
    Obispo, que ponindote en cadena[64]
    A t, y tu hacienda lleva pena.

      Al fin, pues, ya del templo consagrado,
    Diciendo mil oprobios y baldones,
    Y falsos testimonios del Prelado,
    Por solos sus rencores y pasiones,
    Expelen al cristiano arrodillado,
    Hacindole que salga  rempujones.
    Forzndola  salir la puerta afuera,
    Una dama habl de esta manera.

      Pues no son poderosos los maridos!
    Pidamosles las armas, y volvamos
    Por la honra de Dios. Y con gemidos
    Deca:--no conviene consintamos
    Aquestos maleficios conocidos;
    Y todas al prelado defendamos.[65]
    Que mas vale morir honrosa muerte,
    Que un mal disimular de aquesta suerte.

      Poblado est de mrtires el cielo
    Que por honra de Dios han padecido;
    De su sangre est lleno todo el suelo,
    Que infieles y tiranos han vertido:
    Tomemos pues con esto gran consuelo,
    Que Dios d gloria  aquel que ha merecido.
    Y pues sabemos que este es un tirano,
    Volvamos por el nombre de cristiano.

      Con sobrado valor y pecho osado,
    Otra dma habl de esta manera:--
    De aqueste lugar santo consagrado,
    Nadie me har salir de aqu afuera;
    Ni consentir yo tengo que al Prelado
    Agravien, sin que yo primero muera:
    Que  m, que soy su oveja, su fatiga,
    A condolerme de ella bien me obliga.

      A mis padres, hablando de Castilla
    Y de santas histrias, tengo oido
    De la sbia Judith, si s decilla,
    Que bien veis que en la tierra soy nacida;
    Aquella grande hazaa y maravilla
    Que hizo, por d nombre ha merecido
    Tan alto, que la Iglesia la pregona
    Por dechado de fuertes y corona.

      Holofernes soberbio, crudo, altivo,
    Tenia la ciudad desta cercada;
    Al nombre hebraico era muy nocivo
    Con su fuerza, poder y cruda espada:
    Estaba al punto ya de ser cautivo
    El pueblo, y la ciudad desconsolada;
    Judith de remediarla deseosa
    Sali por el ejrcito animosa.

      La gente de Holofernes que la vido,
    Al punto se la hubo presentado,
    Diciendo,  buena parte hemos venido,
    Quien hay que no pelee muy de grado?
    Al Holofernes bien le ha parecido,
    Y cenando y bebiendo, se ha embriagado:
    La noche sobreviene, y se dormia
    Con el vino abundante que bebia.

      Judith, que esta ocasion consideraba,
    La cabeza le corta, y con secreto
    Sali con la criada que llevaba:
    Librando de esta suerte del aprieto
    A su pueblo, en que vi ella que estaba.
    El prmio ha recibido, mas perfecto;
    Y pues vemos que el prmio ya nos llama,
    Dejemos de nosotras grande fama.

      El triste doloroso del Prelado
    A su casa se vuelve, no cesando
    De gemir y llorar muy congojado,
    Por ver su oveja irse condenando.
    All le hace estar emparedado;
    Con barro las ventanas le tapando:
    Fianzas d el Obispo que estaria
    En su casa, y que de ella no saldria.

      Mas teniendo noticia que querian
    Echarle de la tierra, se ha salido
    Huyendo  media noche, y acudian
    Algunos en su busca, d escondido
    Estaba, y los mosquitos le comian,
    Que en toda aquella noche no ha dormido.
    A su casa le vuelven, d se queda,
    En tanto que fortuna vuelve y rueda.

      El Cceres estaba tan furioso,
    Tan altivo, soberbio y endiablado,
    Que no tiene en s mismo algun reposo,
    Ni puede estar momento reposado.
    Del Provisor estando receloso,
    Por ver que era sagaz y redoblado,
    Acuerda de embarcarle en un navo,
    Y l bajase as mismo por el rio.

      Baj con intencion de despacharle
    Al Per, por sacarle de la tierra;
    Mas no halla manera de enviarle:
    Por d su voluntad en esto cierra,
    Que dos  tres procuren de fiarle:
    Con esta condicion no lo destierra,
    Mas suelto el Provisor del crudo lazo,
    Sacude, como dicen, zapatazo.

      Teniendo, pues, la causa fulminada,
    Juntaron de mancebos gran canalla,
    Que es gente para todo aparejada,
    De espaoles tambien parte se halla,
    A quien noticia fu del caso dada:
    No hace Fray Francisco Ocampo falla,
    Que aunque al principio fu de la otra parte,
    Aqu lleva el guion y el estandarte.

      En casa de Segovia se juntaron
    De noche, con secreto sin ruido;
    Entre todos all se concertaron,
    Y el caso fu de breve concluido.
    Que Cceres se prenda concertaron,
    Y esperan  que sea amanecido.
    Una vision al punto que amanece
    Encima de la iglesia se aparece.

      A mirar la vision los que salieron
    A un patio d el Segovia reparaba,
    Un Angel relumbrando todos vieron,
    Que parece una espada desnudaba.
    Muchos aquesto mismo me dijeron;
    Y el Angel parecia que amagaba
    Con la espada desnuda que tenia,
    Y golpes hcia abajo sacudia.

      El Cceres venido pues  misa,
    Entr la turba multa muy derecha,
    Ech  Cceres mano muy  prisa,
    Y algunos de los suyos no aprovecha;
    Que el negocio segua ya de guisa,
    Que cada cual  puja mano le echa;
    Y al fin preso le llevan muy de vuelo,
    Sin dejarle llegar los pies al suelo.

      Con voz del Santo Oficio y apellido
    Le prenden, y eso suena su proceso:
    En un punto se v el pobre afligido,
    Con miserable fin del mal exceso.
    Quien duda que estaba arrepentido,
    En contemplar el triste aquel suceso!
    Que el solo conocer su grave culpa,
    Es lo que al pecador mas le disculpa.

      Su pompa, presuncion, y bizarria,
    Fenece con muy vl abatimiento:
    Que cosa cierta es que no podia
    Para siempre durar su ensalzamiento.
    Un negro que este Cceres tenia
    Habiendo visto aqueste acaecimiento,
    Tened dijo, Seor, la barba queda,
    Que el mundo de esta suerte corre y rueda.

      Tenindole pues preso y arecado,
    Nombrado otro teniente entra en consejo,
    Y tratan quien lo lleve aprisionado
    A Espaa con presteza y aparejo;
    Que vaya luego fu determinado
    El capitan Rui Diaz Melgarejo,
    Que no se huelga poco de este hecho,
    Y piensa sacar de ello algun provecho.

      El Obispo tambien se determina
    Con nimo de ver  nuestra Espaa:
    Y aunque dicen algunos desatina,
    Y que su ida  la tierra mucho daa,
    Empero dicen otros que lo atina,
    Porque l preso no use alguna maa,
    Con que se suelte y libre de cadena,
    Y cause al santo Obispo cruda pena.

      El teniente que nombran se decia
    Martin Suarez, noble caballero:
    Al Cceres muy mucho aborrecia,
    A as en le desechar es el primero.
    De presto un navichuelo componia,
    Y puesto brevemente en astillero
    Despacha al preso en este, procurando
    Quedarse por seor, y gobernando.

      Tambien en compaia fu ordenado
    Que saliese Garay que lo desea:
    Aqu tuvo principio, y ha probado
    En la guerra muy bien y en la pelea;
    Mas nunca supo ser considerado.
    Su tiempo le vendr, cuando se lea
    El fin en que par su desventura,
    Por quererse seguir por su locura.

      Sali de la Asumpcion la caravela
    Con otro bergantin acompaada,
    Izan antenas, dan al viento vela,
    La nave por el sur es gobernada.
    Con el viento y corriente tanto vuela
    Que en breve  S. Gabriel fuera llegada,
    A d se declar para Castilla,
    Con Cceres, Obispo y su cuadrilla.

      Garay el rio arriba se ha tornado,
    Y puebla  Santa F ciudad famosa:[66]
    La gente que est en torno ha conquistado,
    Que es de nimo costante y belicosa.
    Los Argentinos mozos han probado
    All su fuerza brava y rigurosa,
    Poblando con soberbia y fuerte mano
    La propia tierra y sitio del pagano.

      Estando Santa F ya bien poblada,
    Garay baj  Gaboto por el rio,
    Geronimo y su gente en la llanada[67]
    Estaban, que venian con gran pio
    De hacer en el rio su morada.
    Garay no osa salir de su navio,
    Aunque es de los de Crdoba rogado:
    Del agua y de la tierra se han hablado.

      Del una parte y de otra ha habido dones,
    Los nimos mostrando halagueos,
    Empero por quitarse de pasiones,
    No salen del batel los paragueos.
    Partieron sin mostrar los escuadrones,
    A nuestro parecer, torcidos ceos:
    Mas dejan los de Crdoba fijada,
    Por seal una cruz de su llegada.

      A Crdoba llegando el de Cabrera,
    La nueva le ha llegado que ha venido
    Abrego  gobernar, que no debiera,
    Pues tan mal  los dos ha sucedido.
    El Abreu como llega le prendiera,
    Y preso su negocio ha fenecido;
    De suerte, que quitandole la vida
    Le deja su memoria obscurecida.

      Garay quit la cruz de aquel asiento,
    D qued por Cabrera levantada,
    Que sabe que es su intento y fundamento
    Dejar la posesion all tomada.
    Con esto, l y su gente con contento
    Se vuelven  su asiento, y su morada,
    Que es dicho Santa F, tierra muy llana,
    Y  Tucuman y Crdoba cercana.

      El Obispo al Brasil en breve llega
    Con su preso, y la gente, aunque temieron
    En golfo y alta mar la gran refriega,
    En San Vicente alegres pues surgieron,
    A d al preso el Obispo da y entrega
    A gentes, que encerrado le tuvieron:
    El cual de la prision se ha escabullido,
    Y anduvo algunos dias escondido.

      De  poco, precediendo excomuniones,
    El Cceres ha sido descubierto,
    Y puesto en un navio con prisiones,
    Para Castilla sale de aquel puerto.
    De enfermedad, congojas y pasiones,
    Fray Pedro de la Torre ha sido muerto,
    Dejando grande fama en San Vicente,
    De grande religioso y continente.

      Muy pblico en la costa se decia,
    Que al tiempo que muri aqueste prelado
    La pieza y aposento mucho olia,[68]
    Y el sepulcro d fuera sepultado.
    Aquel que en la mortaja le envolvia,
    Conjuramento lo ha testificado,
    Y as lo dicen hoy los lusitanos,
    Que muerto, bien le olian pies y manos.

      Ya Juan Ortiz de Zrate est dando
    Gran priesa, y que me acuerde que ha partido,
    Me dice, y que ya viene navegando;
    Que cumpla lo que tengo prometido.
    De solo me acordar ya est temblando
    La mano; que en pensar que he padecido
    Calamidad tan grande y tal miseria,
    Temor tengo de verme en otra feria.

      Y as por no acordarme de tal llanto,
    De tan crudo dolor y triste suerte,
    Quisiera fenecer con este canto,
    Que dudo que mi pluma bota acierte.
    Que puesta la memoria en el quebranto,
    Cuando me v tan cerca de la muerte,
    Temo se ofuscar; pero digamos
    Las tristes desventuras que pasamos.




CANTO OCTAVO.

     _Sale Juan Ortiz de Castilla, llega  Canaria, y de ah  Cabo
     Verde, de adonde viene en demanda de la isla de Santa Catalina._


      Al tiempo que alas cobra la hormiga
    Le viene su remate y perdimiento.[69]
    Fortuna  Juan Ortiz ha sido amiga
    Desde el orgen suyo y nacimiento;
    Mas ya le comenz  ser enemiga,
    Al punto de su vano pensamiento:
    Que las altivas alas que tenia,
    Ya vimos que el francs las abata.

      Fortuna ac y all yendo y viniendo,
    En la corte le pone en tal estado,
    Que aunque  la sazon est rigendo,
    Le tiene al parecer desbaratado.
    Con todo, de sus maas se valiendo,
    Con ttulo y blason de Adelantado
    Del puerto de San Lucar se salia,
    Y el ao de setenta y dos corria.

      Con el ban solteros y casados,
    Casadas y doncellas de viage,
    En tres navios mal aderezados,
    Con una zabra mala y de mal trage.
    Al parecer  muerte condenados,
    Con otros quince  veinte en un patage.
    Mas estos mejor dicha al fin tuvieron,
    Que en tierra del Brasil libres surgieron.

      Camina pues la armada algunas leguas,
    Entregada  las ondas de Neptuno,
    Y engolfada en el golfo de las Yeguas,
    Sucede un vendaval tan importuno,
    Que si Dios no pusiera presto treguas,
    De todos no escapra ni solo uno:
    Y viendo andar el mar por las estrellas,
    De temor lloran hombres y doncellas.

      La noche muy obscura, la mar brava,
    El viento vendaval muy presuroso
    Soplaba y de temor cualquiera traba
    Del otro por valerse deseoso:
    Y mientras esta furia reposaba,
    Los pilotos amainan sin reposo.
    Las naves van volando ya sin guia,
    Mientras que cesa el viento su porfia.

      Y despues que ces la furia y viento,
    (Habiendo ya su trmino corrido)
    La gente alborotada, del tormento
    Temor y desconsuelo padecido,
    Decia con un ronco y flaco aliento,
    "Si habemos del peligro ya salido."
    All muchas promesas publicaron,
    Que en el temor pasado  Dios votaron.

      Despues, dando lugar el gran Neptuno
    A que fuesen sus ondas navegadas,
    Con muy prspero viento y oportuno,
    A cabo de cien leguas caminadas,
    Descubrimos del brbaro importuno
    La costa, con sus tierras malhadadas.
    Era una tierra larga, baja y llana,
    Que tiene por renombre Tafetana.

      Dejando aquesta costa  izquierda mano,
    Despues de veinte y cinco dias pasados
    De nuestro navegar por el Oceano,
    De vanas esperanzas confiados,
    A la Gomera un dia muy temprano
    Llegamos, los peligros olvidados:
    Que pasado el peligro, olvida luego
    El marchante el voto, prece y ruego.

      Aqu estuvo el armada reposando
    Tres dias no cabales, que corria
    Buen viento, que nos iba convidando
    A tener regocijo y alegra.
    Del puerto, pues,  prisa se levando,
    Navega  Cabo Verde recta via:
    Mas el viento y pilotos yerran tanto,
    Que el gozo se volvi muy presto en llanto.

      Andaban los navos sin concierto,
    Arando el importuno y largo lago;
    Ya caminan derecho, ya muy tuerto,
    Al fin toman la isla de Santiago.
    Es isla muy alegre con buen puerto;
    Mas yo  mi obligacion no satisfago,
    Si no fuerzo  escribir yo aqu mi pluma,
    Su temple y compostura en breve suma.

      El sitio es apacible y deleitoso,
    La gente muy lucida y muy galana,
    Por el ingles cosario y belicoso,
    En ronda suele andar cada maana.
    Enfermo es el asiento y peligroso,
    Por el calor la gente no est sana,
    Mas viven  placer los lusitanos,
    Contentos, muy alegres, muy ufanos.

      A mi posada vino un caballero
    De buena compostura y bien tratado,
    Alegre, conversable y placentero,
    Y con una encomienda sealado.
    Tiene una negra all mucho dinero,
    Con ella se cas el desventurado.
    Mirad pues el dinero  cuanto obliga!
    Que sufre este en sus ojos una viga.

      Partise de este puerto Santiago
    En breve con un prspero y buen viento:
    Mas entrando  la mar y grande lago,
    Calm, y todos perdieron el contento.
    Algunos lo tuvieran por buen pago
    A Espaa se tornar, porque el aliento
    Faltaba, desque entienden alargarse
    El tiempo, y la jornada no acabarse.

      A la lnea en aquesto se acercaron,
    A d (con aguaceros que tuvieron)
    Al pi de quince dias mal pasaron,
    Y algunos en la lnea se murieron.
    Despues de aqueste tiempo la doblaron,
    Y en demanda al Brasil las velas dieron.
    Mas no vieron la costa de sus ojos,
    Huyendo de no dar en los Abrojos.[70]

      Los diez eran de Marzo ya pasados,
    Cuando toman los campos nuevo trage,
    Y vuelve por sus pasos compasados
    El gran Apolo  Espaa su viage.
    En este tiempo fueron desviados
    Los unos de los otros, y el patage
    Con viento y aguaceros se apartaba,
    Y en costa del Brasil puerto tomaba.

      En San Vicente salta, d han hallado
    La gente del Obispo y Melgarejo,
    Del armada de Zrate han contado,
    De sus armas, pertrechos y aparejo:
    Rui Diaz les ha  todos convidado,
    Que se vuelvan con l: este consejo
    Algunos del patage lo tomaron,
    Mas otros en el puerto se quedaron.

      Pudieran bien decir los doloridos,
    Estando en San Vicente reposados,
    Si nosotros no fueramos perdidos,
    Por ser de nuestra flota ya apartados,
    O fueramos de hambre consumidos,
    O muertos de los indios y acabados;
    Y cierto para haber de guarecernos
    El medio mas seguro fu perdernos.

      El armada con pena navegando,
    A veinte y uno de Marzo una maana,
    Antes de aquella Pascua, en que llorando
    Buscaba al buen Jesus de Marta hermana,
    La tierra se descubre, y vela dando,
    En breve se lleg, que est cercana:
    Mas no se toma puerto, que buscaban
    A donde le tomar, y no le hallaban.

      Andando los pilotos vacilando
    En luengo de la costa, cada dia
    Sus cartas y roteros remirando,
    Por ver donde el armada surgiria:
    Sus grados y sus puntos cotejando,
    Anclaron en Abril tercero dia
    En una playa y puerto sin abrigo,
    Que es dicho por renombre D. Rodrigo.

      Su cara mostr Febo muy cubierta
    Aqu, cuando se entraba en occidente:
    La noche obscurecida como puerta
    De muy profunda cueva d no hay gente.
    Neptuno muy saoso se despierta,
    Y  las aguas comienza bravamente
    A mandar, que se muevan alteradas
    Del sur, y en altos montes levantadas.

      Ni el Puerto Pico,  Sierra Mariana,
    Ni Teide,  Potos, ni el Atumare,
    Ni el volcan de Arequipa, ni Lupana,
    Ni el alto monte  sierra de Lambare,
    Ni Villuerca, ni Sierra Verzocana,
    Se puede ya hallar que se compare
    A los montes y sierras que formaba
    En alta mar el viento que bramaba.

      Estaba el Almirante del armada
    Con solo un cable y ancla: el porfiado
    E importuno sur desamarrada
    La lleva, habiendo el cable reventado.
    La nave por la mar andaba errada,
    El piloto no acierta de turbado
    A decir ni mandar lo que conviene,
    Que en el alma metido el miedo tiene.

      Con este temporal tan peligroso
    La nave sobre tierra va volviendo:
    El viento con su impetu furioso,
    Las velas en un punto descojendo,
    Hace volver la popa sin reposo
    A tierra, y el mar adentro v corriendo.
    La gente alborotada sin consuelo,
    Levantan alaridos hasta el cielo.

      Quedan la capitana y vizcaina
    En gran peligro surtas junto  tierra:
    Mas luego en un momento muy ana
    La vizcaina el ancla desafierra:
    Agarrando dos leguas ya camina
    En luengo de una costa y de una sierra;
    Mas no se osa meter en la mar brava
    Con el temor de la agua que faltaba.

      El Almirante sale al mar saoso,
    Del importuno viento sacudido:
    La gente clama al Alto Poderoso
    Con voces, gritos, llantos y alarido.
    El sexo femenil mas doloroso,
    Causaba fuese el caso dolorido,
    Que tantos alaridos levantaban,
    Que la tormenta mas acrecentaban.

      En demanda del Rio de la Plata
    Se leva de este puerto que he contado
    La flota; mas el sur ya se desata
    Con un furor terrible acelerado:
    Y viendo que este viento desbarata,
    Y hace desandar lo que est andado,
    Procura de tomar puerto la flota,
    Con fin de desistir de su derrota.

      Y tanto el bravo viento los aqueja,
    Que se siguen tras l desconfiados
    De su recto viage, que se deja,
    Por ser del vendabal tan contrastados.
    La capitana un poco mas se aleja,
    Y surge con sus naves  los lados,
    Si no es el almiranta, que apartada
    Surgi en una baha no abrigada.

      Del almiranta  tierra sale luego
    Alguna gente, y halla las pisadas
    Del indio, por d siguen, aunque ciego
    El camino, y las yerbas mal holladas,
    A la seal, y humo de un gran fuego
    Descubren unas gentes congregadas
    De nacin Guaran, que recibieron
    A los nuestros muy bien, y les sirvieron.

      Las cosas, que tenian ofrecidas
    A los nuestros, con ellos se metieron
    En la barca con flechas muy crecidas,
    Y en trueco de rescates las vendieron.
    Sus carnes, de aire y sol ennegrecidas,
    Algunos espaoles las cubrieron;
    Que estima esta nacion mucho cubrirse,
    Y  nuestro modo y forma de vestirse.

      De aquestos se tom lengua y aviso,
    Mayormente de un indio ya muy viejo;
    A Santa Catalina de improviso,
    Que vayan les ha dado por consejo,
    Y l propio ir  mostrar el puerto quiso:
    Y viendo tal recado y aparejo,
    Las naves en un punto se levaron,
    Y en luengo de la costa navegaron.

      Surgieron en el puerto que es llamado
    Ayumir, que es boca angosta  chica,
    Del isla hacia el este; al otro lado
    Est la tierra firme en forma oblica.
    La flota procurando lo abrigado,
    Dejando el primer puesto all se aplica,
    Adonde hace el mar una ensenada
    En forma de la luna de menguada.

      Aqu puerto y lugar aparejado
    Para surgir mil naves est bueno:
    Entre la isla y la tierra va ensenado,
    Un golfo de pescados todo lleno;
    De una parte y otra reguardado
    De vientos, todo alegre y muy ameno.
    Empero del armada Zaratina
    Aqu fu la caida y grande ruina.

      Aqu reposaremos sin reposo.
    Que mal pueden tenerlo los hambrientos.
    Trataremos del trance doloroso
    De la infeliz armada, y sus descuentos:
    Hambre, muerte, tristeza, lacrimoso
    Planto, suspiros, gritos y lamentos,
    Darn subiecto cierto al nono canto,
    O por mejor decir al nono planto.




CANTO NONO.

     _En este canto se cuenta la grande hambre de la isla de Santa
     Catalina, con las desventuras lastimosas que en ella se
     padecieron._


      Od, las damas bellas, este canto,
    A quien ha repartido la natura
    De su grande valor, y bienes tanto,
    Que se huelga de ver ya su hechura;
    Causaros ha  vosotras mas espanto,
    Por ser de delicada compostura,
    Y llorareis con migo un mal tamao,
    De desastrado fin y crudo dao.

      El canto vuestro es, pues que contiene
    De damas y galanes la caida:
    Por tanto el ofrecerosle conviene,
    Porque de vuestro ser el tome vida.
    Haced con vuestra fuerza que no pene
    Aquel que le leyere, pues rendida
    De este siglo teneis la mayor parte,
    Con vuestra gran belleza, industria y arte.

      En el pasado canto recontamos
    Del puerto que tom el Zaratino:
    Escuchad pues agora que contamos
    El fin tan desastrado que le vino.
    En esta tierra, y puerto que tratamos,
    El triste Adelantado fu mohido,
    Que bien cierto est, el pobre procuraba
    El bien, mas la codicia le cegaba.

      Sali  tierra del isla, deseoso
    De dar remate y fin  su fatiga:
    Su hado le es contrario y envidioso,
    Y fortuna le fu muy enemiga.
    Por el tiempo contrario le es forzoso
    Tomar aquesta tierra, y aun se obliga
    A echar toda la gente un dia en tierra
    Al pi de una montuna y alta sierra.

      Celebraba la iglesia aqueste dia
    Del Corpus, fiesta santa sealada:
    Celebrse con gozo y alegria
    La fiesta del Seor tan celebrada.
    Por esta causa al puerto se ponia
    Por nombre _Corpus Christi_, y es nombrada.
    Santa Catalina: es isla sin ventura
    De tantos espaoles sepultura.

      De  poco se parti el Adelantado
    Con mas de ochenta hombres escogidos,
    Al puerto de Ibiac que est poblado,
    Dejando  los demas muy desabridos.
    Consejo fu cierto este mal guiado;
    Y as los que quedaron son perdidos,
    Que ni armas, ni comida les quedaba,
    Y la fuerza ya  todos les faltaba.

      Quedaron en la isla  buena cuenta
    Docientos y cincuenta,  mas soldados,
    Casadas y doncellas hay cincuenta,
    Sujetas  miseria y tristes hados.
    En ver que Juan Ortiz de alli se ausenta,
    Algunos de temor estan turbados,
    Y su temor se dicen y publican,
    Que cruda muerte y hambre pronostican.

      Qued por capitan aqu nombrado
    Un Pablo Santiago; pues camina
    Al puerto de Ibiac el Adelantado,
    Que es tierra muy cercana y bien vecina:
    Y as el propio dia hubo llegado,
    Sin suceder desastre ni mohina.
    Los indios salen presto  recibillos,
    Y danles de comer  dos carrillos.

      En el isla no comen tan  prisa,
    Que la racion se d por grande tasa:
    Seis onzas de harina solas guisa
    El pobre del soldado y las amasa.
    A nuestro Adelantado se le avisa
    Que la racion es corta y muy escasa:
    Mas el que est seguro en talanquera,
    Muy poco se le d que el otro muera.

      En este tiempo cinco se han huido.
    Gallegos de nacion, y un castellano
    De su negocio parte hubo sabido,
    Segun jur y depuso ante escribano.
    Aqueste, en esta culpa convencido,
    Alega su inocencia, mas en vano,
    Que en una horca luego le pusieron,
    Y los cinco isla adentro se metieron.

      Un portugues mulato marinero,
    Con otros tres grumetes y un soldado,
    Huyeron por la isla; mas empero
    El piloto mayor cuatro ha hallado:
    Entre ellos el mulato es el primero,
    Que alega ser de grados ordenado.
    A muerte les condenan, mas la muerte
    Previnele primero por su suerte.

      El soldado lleg casi ya muerto,
    Y as no se le hizo de esto cargo,
    Que el dia que lleg en aqueste puerto
    El ltimo remate de descargo
    Le vino de su bueno  mal concierto.
    El uno de los tres se hizo  largo;
    De suerte que jamas hueso ni pelo,
    Se supo dl por mar ni por el suelo.

      Los otros dos grumetes que quedaron,
    Por ser con el mulato en la huida,
    Y haber ya confesado la intentaron,
    Estando ya su causa fenecida,
    A muerte les condenan; y apelaron,
    Llamndose menores: concedida
    Les fu la apellacion, y que viviesen,
    Para que mas trabajos padeciesen.

      De los que una canoa habian tomado,
    La cual en tierra firme fu hallada,
    El uno aqueste puerto se ha tornado,
    El otro va siguiendo su jornada.
    Habianse dos meses sustentado
    Entreambos con palmitos; la tornada
    Del triste, que lleg muy flaco y malo,
    Se celebra, colgndole de un palo.

      Ay, inhumano juez, justicia dira,
    Que tal justicia quieres sin justicia
    Egecutar agora en quien suspira
    Por solo pan sin otra mas codicia!
    Si aquesto no te mueve, solo mira
    Que no ha pecado aqueste de malicia;
    Que solo por la isla ha caminado
    En busca de comida, y se ha tornado.

      Mas ay! que Juan Ortiz dej un flagelo
    Cortado muy al gusto y su medida,
    Que cierto no hallar en todo el suelo
    Alguna bestia tan descomedida
    Cual esta. O crudo mal,  triste duelo,
    Tristeza,  mil tristezas sometida,
    Pues vemos que de hambre estan muriendo
    Aquellos que en la horca estan poniendo!

      De los cinco soldados que huyeron,
    Por cuya causa uno fu ahorcado,
    A quien de su negocio parte dieron,
    Al cabo ya de dias se han hallado
    Los dos, y los demas dicen murieron,
    Y el uno de estos dos poco ha durado,
    Que luego se muri; mas tal venia
    Que solo figuraba anatomia.

      Pues los que estn ac, en crudo llanto
    Estn, y tan mudados y trocados,
    Que solo con mirarlos dan espanto,
    Y estn de verse tales admirados.
    A muchos el pellejo como manto
    Les cubre aquellos huesos descarnados,
    En otros agua, humor, corrupto viento,
    Entre pellejo y huesos han asiento.

      Hoy mueren diez, maana mueren veinte:
    No basta gentileza y bizarra,
    A contrastar el hado, ni el sapiente
    Al rustico ventaja le hacia.
    La gala y hermosura prestamente
    Fenece, y el aviso y cortesa,
    Que la tirana, cruel, rabiosa perra
    A barrisco lo lleva todo  tierra.

    As se van ya todos acabando,
    Que es lastima de ver ruina tamaa;
    Los galanes y damas suspirando,
    En ver la muerte andar con su guadaa,
    Los nios descaecidos sollozando,
    Tragedia representan muy estraa;
    Y las madres maldicen su ventura,
    Por verles padecer tal desventura.

    No fuera muy mejor, dicen, hijitos
    Que no os hubiera yo triste parido,
    O ya que yo os par, que de chiquitos
    El alto cielo os hubiera recibido:
    O dejaros all dando mil gritos,
    Que yo vine  pagar mi merecido:
    Y  vosotros, mi bien, es cosa cierta,
    Que no os faltra pan de puerta en puerta.

    Maldito seas honor, y honra mundana,
    Pues bastaste  sacarme de mi asiento.
    No me fuera mejor pasada llana,
    Que no buscar mejora con descuento!
    Vinierame la muerte muy temprana,
    Y nunca yo me viera en tal tormento:
    Mas quiso mi desdicha conservarme,
    Para con crudo golpe lastimarme.

    El triste lamentar y las endechas
    Que cada cual cantaba de su modo,
    A la falta del pan iban derechas,
    Que en tratar de comer estaba todo.
    Las carnes consumidas y deshechas,
    Los rostros de color de puro lodo,
    Perdi el amor su fuerza aqu de hecho,
    Que cada cual miraba su provecho.

    De dos quiero decir un caso extrao,
    (Que solo el referirlo me d pena)
    A quien el amor hizo tanto dao,
    Cuanto suele  quien prende en su cadena.
    En fama de casados habia un ao
    Que estaban, y, se dice,  boca llena
    El galan su muger deja  hijuelos,
    La dama su marido en hornachuelos.

    Aquestos  palmitos han salido,
    Como otros lo hacian cada dia,
    Y la montaa adentro se han metido,
    A d la oscura noche les cogia:
    En esto  nuestro amante dolorido
    Una espantosa fiebre suceda,
    La dama le consuela, aunque afligida,
    Por verse en la montaa tan metida.

    No quiero referir lo que trataron
    Los tristes dos amantes, y su llanto,
    Las voces y suspiros que formaron,
    Porque era necesario entero canto.
    Al fin su triste noche la pasaron,
    Envueltos en dolor y crudo planto,
    Quien duda que la dama no dira,
    En mal punto top tal compaia!

    Habiendo pues ya Febo caminado
    Su curso en redondez, de la cerea,
    Mostraba el rostro rojo y colorado,
    Cubriendo la montaa de librea.
    El sin ventura amante fatigado,
    El camino buscaba, mas pelea
    En vano; que no acierta con camino,
    Que el miedo y el temor le quita el tino.

    Salieron los dos juntos  la playa,
    Pensando que salieran al poblado:
    La dama sin ventura se desmaya,
    En ver como se habian alejado;
    Al galan le amonesta ella que vaya
    En busca de camino, y que hallado
    Se vuelva  aquel lugar: l ha partido,
    Mas presto el sin ventura anda perdido.

    Qued por esta causa all la dama
    De dolor, y congoja y pena llena,
    D la siguiente noche tuvo cama,
    Triste, sola, llorosa en el arena.
    El pobre por el bosque grita y clama,
    Al aire publicando su gran pena;
    Que por buscar camino, senda y via
    Sin su dama se v, y sin alegria.

      A s propio se odia y aborrece,
    Que en verse sin su luz y clara estrella,
    A la muerte de veras l se ofrece,
    Que mas quiere morir que estar sin ella.
    La noche no durmi y no amanece,
    En su busca camina por aquella,
    La dama un poco duerme, porque suele
    En ellas aflojar cuando mas duele.

      Un pece de espantable compostura
    Del mar sali reptando por el suelo,
    Subise ella huyendo en una altura
    Con gritos que ponia all en el cielo:
    El pece la sigui, la sin ventura
    Temblando est de miedo con gran duelo;
    El pece con sus ojos la miraba,
    Y al parecer gemidos arrojaba.

      Sali en esto el galan de la montaa,
    Y el pece se meti en la mar huyendo;
    Sus ojos el galan arrasa y baa,
    Con lgrimas, y  ella se viniendo
    Le dice: si la vista no me engaa,
    Camino tengo ya, venid corriendo.
    La dama le responde:  prisa vamos
    Al pueblo, porque mas no nos perdamos.

      Allegan al lugar muy destrozados,
    Hambrientos, amarillos, sin sentido:
    Mas uno de otro fueron apartados,
    Que su vivir y trato fu sabido.
    Entrambos de m fueron castigados,
    Que por suerte el oficio me ha cabido,
    Mas que castigo haber all podia,
    Igual  aquel que ya se padecia.

      En este tiempo andaba con presteza
    Juntando Juan Ortiz mucha comida:
    El Sargento mayor v sin pereza
    De los indios buscando la manida;
    Y tanto calor pone, y tal destreza,
    Que la miseria en breve fenecida,
    Que el indio tiene, deja y los buhos
    Barridos de alto  bajo, y muy vacios.

      A cual indio le toma la hamaca,
    A cual el pellejuelo que tenia,
    A cual, si le replica, all le saca
    La manta con que el triste se cubria.
    Al fin, en la pared no deja estaca,
    Que todo cuanto halla, destruia,
    Y no contento de esta tal destroza,
    Enojo d al que tiene muger moza.

      El Juan Ortiz aqu se regalaba,
    Y no tengais temor, pues que le duela
    Saber como su gente lo pasaba.
    Y aunque l de solo el indio se recela,
    Alguna de su gente se alteraba;
    El ardidoso Rocha, el bravo Vela,
    Con otros quince mozos concertaron
    Su remedio buscar, mas no acertaron.

      De d estaba el real ir pretendieron
    Por tierra al Paraguay: determinado
    El caso, con secreto, pues, salieron
    Siguiendo su camino despoblado.
    Al pi de treinta dias anduvieron,
    Al cabo del cual tiempo han acordado
    Volverse d primero ya salido
    Habian, por pagar su merecido.

      Los ncios, pues, traian confianza,
    De conseguir perdon de su delito:
    En vano les saliera su esperanza,
    Qu voz horrenda suena y crudo grito.
    De Juan Ortiz la gente con pujanza
    Les prende, y el negocio por escrito
    Se pone, y  los tres luego cortaron
    Las cabezas, y en alto las fijaron.

      Tambien all en la isla pretendieron
    Llevar de la Almiranta unos soldados
    La barca, con la cual ir se quisieron
    Al puerto San Vicente encaminados.
    En este caso, pues, entrevieron
    Mugeres por huir los tristes hados;
    Mas no pudo quajarse este concierto,
    Que fu por las mugeres descubierto.

      Huirse todos, se, lo deseaban,
    Que el temor de morir les incitaba,
    Y algunos v que all lo procuraban,
    Aunque el posible  todos les faltaba:
    Sobre esto muchas juntas se efectuaban,
    Y  algunos el juntar vida costaba.
    Era dolor, tristezas y tormentos,
    El ver poblar las horcas de hambrientos.

      Aquellos que el huirse no han certado,
    Juzgaban por no ver camino cierto;
    Y al perro que hallaban desmandado
    Mataban: y aun  penas era muerto,
    Cuando estando cocido  mal asado,
    En el hambriento vientre era encubierto,
    Temiendo que si el dueo lo supiera,
    La presa de las manos les cogiera.

      Culebras quien hallaba era dichoso,
    Y de padres y hermanos envidiado,
    Lagartijas pequeas yo bien oso
    Decir, que las com mal de mi grado:
    Y s que me hallaba deseoso
    De tener abundancia, que probado
    Su sabor ricamente me sabia,
    Y mas que de cabritos parecia.

      Algunos en cazar de los ratones
    Tan diestros y tan hbiles estaban,
    Que en trueco de una,  dos,  mas raciones,
    Un nmero tasado concertaban:
    Tambien habia una especie de lirones,
    Que al modo de conejos se guisaban,
    Y aunque faltaba aceite y vino aejo,
    La gran hambre prestaba salmorejo.

      Los sapos ponzoosos  hinchados,
    Con escuerzos nocivos, por muy sanas
    Comidas se juzgaban; que forzados
    Los hombres de su rabia y fuertes ganas,
    Estando los escuerzos desollados,
    Juzgaban ser en todo puras ranas:
    Y aun el sabor decian que excedia
    A las ranas en grande demasa.

      La cosa  tal extremo hubo llegado,
    Que carne humana v que se comia:
    Hambre canina fuerza all  un soldado,
    Pensando que su hecho nadie via.
    Las tripas le sacra  un ahorcado,
    Y al medio del cocer se las comia:
    Los huesos se roian de finados,
    Quien no llora estos casos desastrados?

      Un mozo, que atambor fu de la armada,
    En esta cruda, horrenda y grande ruina,
    Sabiendo se guardaba en la posada
    De Florentina y Doa Catalina,
    El resto de raciones, ya pasada
    La media noche,  priesa va y camina;
    Y entrando en la chozuela le sentian
    Las damas, y al encuentro le salian.

      La una dama y otra le cogieron,
    Sin que pudiese el pobre escabullirse:
    A piedad ninguna se movieron,
    Que de ellas con verdad no ha de escribirse.
    La oreja de su rostro desprendieron,
    Y al pobre sin curarle dejan irse,
    Y por mas presumir de su mal hecho,
    La oreja abscisa clavan en su techo.

      La prenda de este triste ya perdida,
    Y abscisa de su rostro ha recobrado,
    Y en prenda muchas veces de comida,
    A gentes en la isla la ha empeado;
    Y apartase del pleito que pedida
    Tenia su justicia el desdichado,
    En trueco de que el reo all le diese
    Algun maiz  raices que comiese.

      Las damas que hicieron este aleve,
    Haciendose justicia sin justicia,
    Eran de bajo ser; que bien se debe
    Aquesto presumir de su malicia.
    Ninguna de valor  tal se atreve,
    Aunque es de las mugeres sin justicia,
    Ingratitud, maldad, lgrimas, lloro,
    Mentiras, y venganzas su tesoro.

      Pregunten  Aristoteles qu sentia
    De la muger? Pues dice en su escritura,
    A lgrimas, y llanto en demasa,
    Inclinada bien es de su natura,
    Envidia y querimonia la seguia,
    Flojedad, y pereza y detractura:
    Mas dice de ella un bien; que se contenta
    Con muy poco manjar y se sustenta.

      Al fin,  aquestas damas el teniente
    Las prende, y les tom sus confesiones:
    Despues todo se hizo buenamente,
    Aunque hubo de este caso informaciones:
    Al triste sin oreja mal paciente
    Le dieron por concierto diez raciones.[71]
    Decia un mentecato, que mugeres
    Podian mucho mas que los haberes.

      Es tanto su poder y maa fuerte,
    Que todo el mundo tienen ya rendido,
    Procuran de tomar primera suerte
    A su gusto del bien mas conocido:
    Hambre, ni desventura, ni la muerte
    Contrastar su poder nunca han podido.
    Mirad lo que en la isla padecieron,
    Y al fin todas con vida escabulleron.

      Es cierto de notar su gran ventura
    Con ser un dbil ser tan imperfecto:
    Cuanto hoy tiene criado la natura,
    Las mugeres lo tienen muy sujeto.
    Decid, no es de llorar tal desventura,
    Que rindan las mugeres al perfecto,
    Al sbio, al necio, al pobre y al que es rico,
    Al Rey, y caballero y pastorcico.

      Dejemoslas, pues ya que es escusado
    Querer con flacas fuerzas conquistarlas,
    La fuerza el homenage ya han tomado,
    Ser al mundo imposible debelarlas.
    Y pues en su servicio hemos cantado
    Aqueste canto, yo quiero rogarlas
    Para el siguiente dn favor y ayuda
    A nuestra lengua tosca, torpe y muda.




CANTO DECIMO.

     _En este canto se cuenta como vuelto el Adelantado de Ibiaza, fu
     al Rio de la Plata, y de la venida del capitan Rui Diaz en su
     demanda._


      O msero contento de esta vida,
    Aguado con sobrados descontentos!
    Tras el deleite siempre viene asida
    La pena, los disgustos y tormentos:
    Que no hace en un ser jams manida
    Fortuna, sin tener mil mudamientos.
    Mas qu digo fortuna, la miseria
    Del hombre est sugeta  tal laceria.

      En tanto que uno es hombre, est obligado
    A dos mil infortunios y flaquezas,
    Qu del primero padre se ha heredado
    Dolor, pena, congojas y tristezas;
    Que todas son reliquias del pecado,
    Con otros mil defectos y vilezas,
    Que juntos en Adam los recibimos,
    Cuando por el pecado en l morimos.

      En el Ibiaza, pues, se ha recogido,
    Como digimos, maiz y frijoles,
    Y habiendo los huidos convencido,
    Apresta Juan Ortiz sus espaoles
    Para salir de all; y no ha partido,
    Cuando un gran temporal vereis, y diles
    En medio una laguna que pasaban,
    A donde seis soldados se ahogaban.

      Embrcanse en canoas los soldados,
    Y al tiempo del pasar andaba brava
    La mar, que all desagua d los hados,
    Y el crudo vendabal que resoplaba,
    Se juntan, y al pasar son anegados
    Delante Juan Ortiz, que los miraba,
    Seis hombres; y mas que estos, se ahogran,
    Si los indios socorro no prestran.

      Pasada la laguna, se metieron
    Los soldados, y gente que venia,
    Por la montaa adentro, y padecieron
    Trabajo caminando en demasia.
    Al fin al puerto, pues, todos vinieron,
    Pasado en caminar el cuarto dia:
    Juan Ortiz por la mar viene, y navega
    Dos dias, y tambien al puerto allega.

      Llegado, con placer es recibido,
    Y luego determina de partirse;
    Y  aquellos que digimos, pretendido
    Habian en la barca escabullirse,
    En mas grave prision los ha metido:
    Porque jamas intenten de huirse.
    Con un Sotomayor fenece presto,
    Dejndole en un palo y horca puesto.

      Al tiempo que el verdugo ya queria
    Quitarle la escalera, as hablaba:
    "Oid un poco ahora: yo solia
    Una oracion rezar, y acostumbraba
    Aquesto mucho tiempo cada dia,
    Y hoy, por mi desdicha, la olvidaba:
    Dejdmela decir:"--mas no ha acabado,
    Cuando el sayon la escala le ha quitado.

      El armada sali de aqueste puerto,
    En demanda del Rio de la Plata:
    Ningun piloto lleva que est cierto
    A donde seguir; mas ya desata
    A los vientos Eolo, y bien abierto
    Habiendo sus cavernas, disparata
    Con ellos por el aire de tal modo,
    Que parece acabarlo quiere todo.

      La mar sube por cima las estrellas;
    Los cielos hcia abajo se bajaban;
    Las olas parecia que centellas
    Por cima de las aguas arrojaban.
    Lloraban las mugeres y doncellas;
    Los hombres grande grita levantaban;
    De sola contricion ya se procura,
    Que al mar tienen por cierta sepultura.

      Anduvo algunos das el Armada
    Fortuna ac y all yendo y viniendo;
    Despues, la mar estando sosegada,
    Navega, en breve tiempo descubriendo
    La tierra tan de todos deseada.
    Y sin saber d estn, yendo diciendo,
    Qu tierra puede ser la que se via?
    Par el Armada all, que anocheca.

      Al tiempo, pues, que Febo matizando
    Venia de colores la maana,
    Entraron por el rio, costeando
    La banda del Brasil que es mas cercana.
    La via  San Gabriel enderezando,
    Llevando de llegar crecida gana,
    A cabo de tres dias, medio  tiento,
    Tom puerto el Armada con contento.

      Surgiendo en San Gabriel, que as se llama
    El puerto  donde surge aquesta Armada,
    Los indios acudieron  la fama.
    Mas Ay dolor! la noche ya cerrada,
    El viento sur sacude, y hiere y brama,
    Y tanto se embravece, que en nonada
    La Capitana corta rbol y antena,
    Y el Almiranta asienta en el arena.

      Al dia de contento y alegria
    El triste corresponde y es vecino;
    La gente sin ventura, pues tenia
    Contento, mas tristeza sobrevino.
    Dolor, angustia, aprieto y agonia,
    Aguas y huracn, mar, torbellino,
    Las naves traen en torno condenadas,
    Al fondo y en la costa desrumbadas.

      Pilotos y maestres, marineros,
    Grumetes, pages, frailes y soldados,
    Mugeres y muchachos, pasageros,
    Andaban dando voces muy turbados.
    Los gritos y alaridos mensageros
    All son de una nave  otra enviados,
    Y cada cual socorro demandaba,
    Que igual era el dolor que se pasaba.

      Librnos nuestro Dios de aquel tormento,
    De aquel trance y dolor tan doloroso,
    Desistiendo el feroz y crudo viento,
    Y viniendo bonanza con reposo.
    Mas Ay! que en acordarme del tal cuento,
    Temblando estoy, confuso y temeroso:
    Que tales cosas v, que parecia
    Que el juicio final llegado habia.

      Quien duda que el demonio no procure
    Impedir cuanto puede  los cristianos
    A que la F no cresca, porque dure
    El reino que l obtiene en los paganos?
    Pues no est claro ya, sin que se jure,
    Cuan estendida est entre los indianos,
    Y con cuanto fervor se han bautizado,
    Y sus malditos ritos renunciado?

      Pues esta causa tengo yo por clara,
    Por donde Satans tanto procura,
    Con su mala intencion inicua avara,
    Que nuestra Armada nunca est segura.
    Que en su tanto le quita el cetro y vara,
    Y viendo su reinado poco dura,
    Movido de rencor y crudo duelo,
    Con las ondas del mar enturbia el cielo.

      Gran Dios, Seor inmenso y soberano,
    Que permits azote, como vemos,
    Aqueste Satans con cruda mano!
    El secreto tan alto no entendemos;
    Sabemos pero bien, que nos es sano
    El mal que muchas veces padecemos,
    Que son por los pecados cometidos,
    Los males muchas veces infligidos.

      El freno, que le pone Dios eterno,
    Le hace estar  raya; que si fuera
    En manos del demonio, en el infierno
    Al humano linaje ya tuviera.
    Es tan malo de aqueste su gobierno,
    Que en sus penas  todos ver quisiera,
    Con saber que de aquesto la ganancia
    Que le viese, es tormento en abundancia.

      Y as dice San Pedro, que rodea,
    Buscando  quien tragar muy presuroso,
    El adversario diablo, y que pelea
    Contra el linage humano riguroso:
    Incita, mueve al hombre y le grangea
    Con sus maas y artes, (que es maoso)
    Y cuando mas no puede con sus tretas,
    Contntase en hacerle mil burletas.

      Qu diremos de aquel gran marinero
    Carreo, que en tres dias vino  Espaa
    De las Indias, trayendo mal tempero,
    Huracanes, tormenta muy estraa?
    Ni gente de la mar, ni pasagero
    En pi estaba, y andaba gran compaa
    De diablos, que las velas marinaban
    Y la nave con fuerza se llevaban.

      _Larga escota_, el piloto les decia,
    Y cavan el trinquete y la mesana;
    Y si les dice, _aiza_, con porfia
    Amainan los traidores con gran gana.
    Y viendo que al contrario se hacia,
    Al contrario mand: y as fu sana
    Su nave por los diablos marinada;
    Y quien duda que fu de Dios guardada!

      Mil cuentos semejantes yo pudiera
    Decir aqu, mas solo por aviso
    A todos doy por cosa verdadera,
    Que si quieren gozar del Paraiso,
    No traten con Satn. Uno dijera,
    _Desclzame aqu, diablo_: de improviso
    Un diablo de la bota le tiraba,
    Y la pierna  las vueltas le arrancaba.

      Al Armada volviendo:--habia quedado
    La Capitana en seco, y sin antena,
    Sin rbol, que ya dije fu cortado
    Un dia de bonanza con mar llena:
    Por el consejo, y rden y mandado
    De Juan Ortiz, zaborda en el arena;
    Y as, quedando hecha fortaleza,
    La gente sale  tierra sin pereza.

      El Almiranta en floto estuvo dias,
    Mas torna  dar en seco, y desrumbada
    Ha sido, entrndole agua por mil vias:
    Procrase que luego sea varada,
    Sus fuerzas conociendo ya ser frias,
    La gente fuera apenas de ella echada,
    Cuando yendo la mar y agua menguando,
    La nave cae, el un lado recostando.

      Estando Capitana y Almiranta
    Entrambas al traves, sale la gente
    A tierra, d se aloja alegre y planta
    Haciendo sus chozuelas prestamente.
    El Zapicano ejrcito se espanta,
    De ver tantos cristianos de presente,
    Y acuden con gran copia de venados,
    Avestruces y sbalos, dorados.

      La gente que aqu habita en esta parte
    Charruahas se dicen, de gran brio,
    A quien ha repartido el fiero Marte
    Su fuerza, su valor y poderio.
    Lleva entre esta gente el estandarte,
    Delante del Cacique, que es su tio,
    Abayub, mancebo muy lozano,
    Y el Cacique se nombra Zapicano.

      Es gente muy crecida y animosa,
    Empero sin labranza y sementera:
    En guerras y batallas, belicosa,
    Osada y atrevida en gran manera.
    En sindoles la parte ya enfadosa
    D viven, la desechan, que de estera
    La casa solamente es fabricada,
    Y as presto d quieren es mudada.

      Tan sueltos y ligeros son, que alcanzan
    Corriendo por los campos los venados;
    Tras fuertes avestruces se abalanzan,
    Hasta dellos se ver apoderados;
    Con unas bolas que usan, los alcanzan,
    Si vn que estn  lejos apartados;
    Y tienen en la mano tal destreza,
    Que aciertan con la bola en la cabeza.

      A cien pasos (que es cosa monstruosa)
    Apunta el Charruaha  donde quiere,
    Y no yerra ni un punto aquella cosa
    Que tira; que d apunta all la hiere.
    Entre ellos aquel es de fama honrosa,
    A cuyas manos gente mucha muere,
    Y tantas, cuantos mata, cuchilladas
    En su cuerpo se deja sealadas.

      Mas no por eso deja de quitarle
    Al cuerpo del que mata algun despojo:
    No solo se contenta con llevarle
    Las armas  vestidos  que echa el ojo,
    Que el pellejo acostumbra desollarle
    Del rostro: Qu maldito y crudo antojo!
    Que en muestra de que sale con victoria
    La piel lleva, y la guarda por memoria.

      Otra costumbre tienen aun mas mala
    Aquestos Charruahaes, que en muriendo
    Algun pariente, hacen luego cala
    En s propios, su carne dividiendo;
    Que de manos y pies se corta y tala
    El nmero de dedos, que perdiendo
    De propincuos parientes v en su vida,
    El Charruaha por rden y medida.

      Parceme que ya me he detenido
    Con esta gente tanto, que olvidado
    Dirn que tengo al campo, que tendido
    Pint en el arenal desabrigado.
    Con su memoria estoy tan afligido,
    Que temo de me ver en tal estado:
    Esprenme  otro canto de amargura,
    Y ayuden  llorar tal desventura.

      Agora  Melgarejo con su gente
    Volvamos: como supo que pasado
    Habia Juan Ortiz, muy prestamente
    La vuelta el Argentino se ha tornado:
    El caso se le cuenta en San Vicente
    Por los que del patax han arribado,
    Con l vienen algunos de su hecho,
    Pretendiendo sacar algun provecho.

      Saliendo, pues, en nuestro seguimiento,
    La isla d estuvimos han tomado,
    En los sepulcros vieron el descuento,
    De la terrible ruina y triste hado:
    La horca di tambien su documento,
    Y muestra de temor y mal sobrado:
    Con todo al Ibiaza pasan derechos,
    A donde son de todo satisfechos.

      Mas quiero yo contar aqu primero
    De monos una cosa muy galana,
    Que cierto me cont este caballero,
    Diciendo: que l lo vido una maana,
    Estando en esta isla muy entero
    Su juicio, y razon muy libre y sana:
    De monos vi juntarse gran canalla,
    Y l psose  escondidas  miralla.

      Un mono grande, viejo como alano,
    Estaba  la cuadrilla predicando:
    Heria y apuntaba con la mano,
    Mudando el tono  veces, y gritando:
    El auditorio estaba por el llano,
    Atento  maravilla y escuchando,
    Y l subido en un alto y seco tronco,
    De dar gritos y voces est ronco.

      A su lado en el tronco dos estaban,
    A la banda siniestra y la derecha:
    Aquestos la saliva le quitaban,
    Que gritando el monazo vierte y echa.
    Concluso su sermon, todos gritaban,
    Y la cuadrilla y junta ya deshecha,
    Aprieta cada cual dando mil gritos,
    Y despacio v el mono y pagecitos.

      Rui Diaz muy confuso contemplaba
    El bruto razonar de aquel monazo,
    Y como el arcabuz presto llevaba,
    Tirando le mat de un pelotazo.
    Los dos monillos pages que llevaba,
    Oyendo aquel terrible arcabuzazo,
    Aprietan por el monte, dando gritos,
    Mas en breve acudieron infinitos.

      Fu tanta multitud la que venia
    De monos  la muerte de aquel viejo,
    Que la tierra d estaba se cubria,
    Y huye de temor el Melgarejo.
    Un Indio del Brasil que all venia,
    Con sobrado dolor y sobrecejo,
    Le dice, y embebido en cruda saa:
    "Porqu has muerto al Seor de la montaa?"

      Entre los indios era conocido
    Aquel monazo viejo, y respetado,
    Y por seor y rey era tenido
    De aquel spero monte, y despoblado.
    Rui Diaz de esta isla fu partido,
    El rumbo al Argentino enderezado,
    La costa y tierra firme van bojando,
    Y con los Guaranies rescatando.

      En tanto que camina lo que queda
    Al rio de la Plata, quiero agora
    Volver  mi real. Quiera Dios pueda
    Segun el corazon lo siente y llora!
    Quien quisiere saber cual di  la rueda
    Su vuelta la fortuna burladora,
    Comienze con _requiescant_ en la gloria
    El infelice canto de esta histria.




CANTO UNDECIMO.

     _Estando en tierra firme poblada la gente, son muertos y cautivos
     de indios cien hombres. Retrense los que quedan  la isla de San
     Gabriel, donde mueren muchos de hambre_.


      Al enhornar, decimos, que se entuertan
    Los panes; y as vemos que parece,
    Que cuando en el principio no conciertan
    Las cosas con prudencia, que acontece,
    Que al fin de todo punto desconciertan;
    Y el caso mal guiado en mal fenece:
    Lo cual se muestra claro en este canto,
    Que bien podria mejor llamarle llanto.

      Estaba, como dije, rancheada
    La gente sin ventura en aquel llano,
    De paja cada cual hecha morada.
    La inexorable Parca, con tirano,
    Desapiadado curso desfrenada,
    Con las tijeras crudas en su mano,
    Comienza de cortar las tristes vidas,
    Que estaban  la vista mas floridas.

      Dijimos, que el Cacique de esta gente,
    Llamada Charruaha, es Zapicano,
    Y que tiene un sobrino muy valiente,
    Abayub, mancebo may galano,
    De gran disposicion y diligente,
    Discreto al parecer y muy lozano;
    Valor en su persona bien mostraba,
    Por donde Zapican mucho le amaba.

      Al real en mal punto fue traido
    Por ciertos capitanes, y llegado
    El Juan Ortiz le prende, que ha sabido
    Que entre los indios era respetado.
    En su busca veinte indios han venido;
    Un Guaran, que entre ellos se ha criado,
    Y de lengua servia, ha sido preso,
    Y oid de estas prisiones el suceso.

      El un preso del otro no sabia,
    Que as se diera la rden y la traza:
    Mas presto Zapican triste venia,
    Que miedo, ni temor no le embaraza.
    El preso  Juan Ortiz pide y envia
    A su gente que traiga mucha caza,
    Y l queda con el preso; y mas valiera,
    Que vivo del real jamas saliera.

      Consulta Juan Ortiz como le pide
    El Cacique al sobrino: aconsejaba
    Vergara no se d, y aun que lo impide
    Por causas muy urgentes que mostraba.
    Por sola voluntad suya se mide
    El Juan Ortiz, que  pocos escuchaba;
    Una canoa pide  Zapicano
    Le traiga por rescate y un cristiano.

      Habia  un marinero maltratado,
    Por donde entre los indios se ha huido:
    Aquel y la canoa presto ha dado
    En trueco de Abayuba su querido:
    La caza que los indios han sacado,
    Por precios y rescates la han vendido;
    El tio y el sobrino van ufanos,
    Jurando de vengarse por sus manos.

      Los nuestros, por la falta de comida,
    A yerbas como suelen vn un dia:
    Los indios al encuentro de corrida
    Les salen, y mataron  porfia
    Cuarenta, y el que escapa con la vida,
    Es porque al enemigo se rendia.
    A pura pata dos se escabulleron,
    Y el caso de esta forma refirieron.

      As como llegaron, los paganos
    En dos alas en torno se pusieron,
    Desmayaron de miedo los cristianos,
    Cuando en medio los indios los cogieron.
    Con los indios vinieron  las manos,
    Que de los arcabuces no pudieron
    Aprovecharse, cosa que la mecha
    Y plvora que llevan, no aprovecha.

      La plvora mojada, los caones
    Tenia Juan Ortiz enmohecidos:
    Vencido de sus vanas pretensiones,
    No tiene los soldados guarnecidos;
    Las armas les quit, y en ocasiones
    Las vuelve, que no son favorecidos
    Con ellas, que no son ya de provecho.
    Que el moho y el orin las ha deshecho.

      La mas gente que  yerbas ha salido,
    Sin armas, y sin fuerzas y sin brio,
    Con solos los costales han partido,
    Los mas casi desnudos y con frio.
    Pues llega el Abayuba encrudecido,
    A su lado con l viene su tio,
    Y entrambos tal estrago van haciendo,
    Que las yerbas del campo van tiendo.

      La grita y alarido levantaban,
    Diciendo el capitan echa prisiones:
    Los nuestros defenderse procuraban,
    Los indios vuelan mas que unos halcones;
    Y  cuantos con las bolas alcanzaban,
    No basta  defenderles morriones.
    Al fin muertos y presos todos fueron,
    Sino fueron los dos que se huyeron.

      Venidos al real estos huidos,
    Despacha Juan Ortiz  priesa gentes:
    Con Pablo Santiago son partidos
    Diez  doce soldados diligentes.
    Aquestos en un cerro estan subidos
    A vista del real,  d valientes
    Y astutos en la guerra, y muy cursados,
    Estan con el temor acobardados.

      El Sargento Mayor Martin Pinedo,
    Con cincuenta soldados ha partido,
    El Pablo Santiago estaba quedo
    Con sus doce, y los mas que han acudido.
    El Sargento Mayor no tiene miedo,
    Segun dice,  Roldan que haya venido.
    Con su gente camina; y llegado
    D estaba Santiago, as le ha hablado.

      "Conviene que marchemos todos luego,
    Ninguno de seguirme tenga escusa."
    El Pablo Santiago como fuego
    Camina, mas de  poco lo rehusa,
    Diciendo: "alto hagamos aqu ruego."
    Pinedo de cobarde all le acusa:
    Con estos pareceres discordados,
    Bast para que fuesen desolados.

      El Sargento Mayor dice "marchemos:"
    El otro del peligro se temiendo,
    "Hagamos alto, dice, pues que vemos
    Que indios se vienen descubriendo."
    El sargento replica "caminemos,
    Que el indio viene  priesa acometiendo:"
    "Volvamos las espaldas:" "Santiago,
    No es tiempo ya: haced como yo hago."

      Embraza su rodela, y con la espada
    Resiste  los cristianos que querian
    Volver atras: mas viendo que de nada
    Les sirve, y que los indios le herian,
    Con solos cinco  seis de camarada
    Espera; que los otros, que huyan
    Tras el sargento, iban tan lijeros,
    Cual suelen ir tras uno mil carneros.

      El zapicano ejrcito venia
    Con trompas y bocinas resonando;
    Al sol la polvareda obscurecia,
    La tierra del tropel est temblando:
    De sangre el suelo todo se cubria,
    Y el zapicano ejrcito gritando,
    Cantaba la victoria lastimosa
    Contra la gente triste y dolorosa.

      Los enemigos, viendo el campo roto,
    Siguieron la victoria tan gozosos,
    Cual suele el cazador ir por el coto,
    Matando los conejos temerosos.
    Cual indio espada, alfange lleva boto
    De herir y matar, cual los mohosos
    Caones de arcabuz lleva baados
    De sangre con los sesos misturados.

      Cual toma el alabarda muy lucida,
    Y comienza  jugar con ambas manos,
    Quitando al que la tiene all la vida,
    Despues  los demas pobres cristianos.
    El Sargento Mayor v de corrida,
    Echando la rodela por los llanos,
    Caytua le sigui, indio de brio,
    Y alcnzale  matar dentro del rio.

      El viejo Zapican con grande maa
    El escuadron y gente bien regia,
    Abayuba el sobrino con gran saa
    En seguimiento va del que huya.
    Su grande lijereza es tan estraa,
    Que nadie por los pies le escabulla,
    Cheliplo y Melibon, que son hermanos,
    Pretenden hoy dar fin de los cristianos.

      A Taboba le cabe aquella parte,
    A d est con los cinco Santiago:
    Aqueste es en la guerra un fiero Marte,
    Y as hizo este dia crudo estrago.
    A Canillo por medio el cuerpo parte,
    Un brazo derroc  Pedro Gago:
    Buenrostro el Cordoves, y un Arellano,
    Fenecen  los pies de este pagano.

      El Capitan y el otro compaero
    Habian grande rato peleado,
    Y el Taboba, muy crudo carnicero,
    Estaba muy sangriento y muy llagado.
    Y as vino  su lado muy ligero,
    Y en esto ha disparado un mal soldado,
    Y al Capitan la espada atravesaba.
    Aunque su muerte presto l esperaba.

      El Capitan cay muerto en la tierra,
    Benito, segun dicen, lo matra:
    Movile  lo matar la pasion perra
    Que con el capitan este tomara.
    Jurado lo tenia, que en la guerra
    Se habia de vengar, que le injuriara:
    Y as le di el castigo de este hecho,
    Metindole una flecha por el pecho.

      Aqu Domingo Larez, valeroso
    En sangre, y en valor y valenta,
    Anduvo con esfuerzo y animoso,
    Reprimiendo del indio la osada:
    Y viendole ya andar tan orgulloso,
    Los indios acudieron  porfia,
    Y  puja,  cual mas puede, le hirieron,
    Y quebrndole un brazo, le prendieron.

      Cansados los contrarios de la guerra,
    O por mejor decir, de la matanza,
    Y viendo que la noche ya se cierra,
    No curan de llegar  nuestra estanza.
    Del fuerte se les tira, mas di en tierra
    Un tiro culebrina, que no alcanza.
    Por eso, y por la noche  los cristianos
    Dejaron de seguir los Zapicanos.

      El despojo que llevan son espadas,
    Alfanges, alabardas, morriones,
    Rodelas, salmatinas muy doradas,
    Sombreros, capas, sayos y jubones.
    Las cajas de arcabuces, ya quebradas,
    Llevaban solamente los caones:
    Con que, dando la vuelta, vn matando
    Aquellos que hallaban boqueando.

      Y al que hallan en pi ya levantado
    Del sueo de la muerte que ha dormido,
    Del peligro librarse confiado,
    Por ver como ya ha vuelto en su sentido,
    En un punto le tienen amarrado,
    Quitandole primero su vestido.
    Con armas y cautivos vn triunfando,
    Y la gente en el fuerte lamentando.

      Cual dice: O desventura,  caso estrao,
    O msero suceso de esta armada!
    Cual dice: "no viniera tanto dao,
    Si fuera aquesta cosa bien pensada:"
    Cual dice, que la causa de este engao
    Procede de la hambre acobardada:
    Cual dice, que la suerte de esta vida
    Est  aquestas caidas sometida.

      Pues, quien perdi el amigo y el hermano
    Levanta hasta el cielo los gemidos,
    Y dice con dolor!: "Pueblo cristiano
    En manos de los lobos desambridos!
    Volved con piedad, Seor, la mano,
    Dolos de los tristes afligidos,
    Dolos de los nios inocentes
    Que gritan, con sus ojos hechos fuentes.

      Dolos de las tristes afligidas
    Que quedan sin abrigo y compaa;
    Tambien de las doncellas doloridas
    Que pierden  sus padres y alegra:
    De las madres, Seor, enternecidas,
    Que pierden  quien sombra les hacia,
    De todos os doled, Dios poderoso
    Y socorred al pueblo doloroso.

      Mas quiero las dejar, que bien les queda
    Para poder llorar el tiempo largo,
    Mas no al que salir del fuerte veda,
    Que aquesto tom entonces  su cargo.
    Y quiera Dios consuelo tomar pueda,
    (Que tiene el corazon triste y amargo)
    El buen Capitan Pueyo, que al hermano
    Tendido vido muerto en aquel llano.

      Aqueste Capitan, aunque miraba
    De lejos al hermano que v muerto,
    Al fuerte  grande priesa procuraba
    Que todos se recojan, que es lo cierto.
    El Juan Ortiz  priesa caminaba
    A donde estn los indios sin concierto,
    Y si el desventurado all llegra,
    El resto del Armada se acabra.

      Pues ido el enemigo ya, y venida
    La triste de la noche temerosa,
    La miserable hacienda ya metida
    En el fuerte con priesa presurosa;
    Nuestra gente sin fuerzas y rendida
    A la tirana muerte dolorosa,
    Por la frigida arena est tendida,
    Y de puro desmayo, amortecida.

      El Juan Ortiz su ropa con presteza
    Embarca aquella noche; que temia
    No diese Zapicn con ligereza
    Sobre el fuerte y real antes del dia:
    Y no tard que vino sin pereza
    Al punto que el aurora descubria;
    Y piedras  menudo al fuerte tira,
    Mas en tocando al arma se retira.

      Pues viendo como al fuerte hubo venido
    El enemigo  ver lo que pasaba,
    En la Capitana todos se han metido,
    Que cerca de la tierra en seco estaba.
    All con gran dolor se ha recogido
    El resto sin ventura que quedaba.
    La noche tristemente se ha pasado,
    Y el ltimo remate se ha esperado.

      Cuando el Sol aun apenas descubria,
    Un indio por la playa caminando
    Bajaba, y el semblante que traia
    Parece de espaol: de cuando en cuando
    Paraba; con la priesa que traia
    A d estamos se viene ya acercando:
    De su trage y manera bien parece
    Que alguna cosa nueva nos ofrece.

      Llegando donde estaba el despoblado,
    Sin tener  las chozas advertencia,
    Contra el navio el paso enderezado,
    Desde la playa hizo reverencia:
    Con un sombrero seas ha formado,
    Con gran placer y grande continencia.
    Saliendo pues por l, viene contento,
    Y dice de su caso el fundamento.

      Yamand, dice el perro que se llama,
    Que arriba ya tratamos su manera,
    Y que Juan de Garay le quiere y ama,
    Por donde le encarg aquesta ligera.
    Que de nuestra venida tiene fama,
    Y que con la respuesta all le espera,
    Para venir con balsas y comida,
    Sabiendo que el armada ya es venida.

      Por seal el vestido representa
    Un sayo de algodon con un sombrero,
    Y  muchos Espaoles nombra y menta,
    Por d su embuste pinta verdadero.
    Aquel que se v puesto en una afrenta,
    Bien vemos que se cre muy de ligero:
    Con la primera nueva que ha venido
    El nimo dudoso es compelido.

      Con este Yamand se escribe luego,
    Y  Garay Juan Ortiz d cuenta larga
    De la prdida grande, y sin sosiego
    En que la gente queda, y cuan amarga:
    Y que venga volando como fuego
    Le manda, y de comida traiga carga.
    Mas Yamand malvado no saliera
    Cuando Zapican viene  la ribera.

      Sus indios piedras tiran, aun allegan
    Con ellas  la nave, d temblando
    La gente est. En la plvora no pegan
    Las mechas, aunque estan mas refregando.
    Los indios por las yerbas se refriegan,
    Motin, perneta hacen muy gritando;
    Al fin dejan el campo ya venida
    La noche horrible, triste, obscurecida.

      Apenas amanece, cuando viene
    Un indio de endiablada catadura,
    Y muy poco en la playa se detiene,
    Hasta que el agua llega  su cintura
    De all dice, que gana grande tiene
    De probar en el campo su ventura,
    Que salga aquel cristiano del navio,
    Que quisiere aceptar el desafio.

      "De parte de la Luna  quien adoro,
    Est diciendo el indio, yo prometo
    Guardar la f que diere; que el tesoro
    Que estimare mayor de aqueste rieto,
    Ser que en estas tierras donde moro
    De Zapican un indio su subiecto,
    Sin otra ayuda alguna en este llano,
    Se atreva  combatir con un cristiano."

      Estando aqueste indio razonando
    Con superbas palabras y blasones,
    En breve de mi lado retumbando,
    Un tiro le ha acortado sus razones:
    De entre las yerbas salen bojeando
    Del indio Zapican dos escuadrones,
    Que estaban  la mira en emboscada.
    Por dar fin y remate del Armada.

      Comienzan  hacer gran alboroto,
    En luengo de la playa ya corriendo,
    Ya al fuerte, que tenia todo roto,
    Las paredes y chozas abatiendo:
    Y viendo  los cristianos como en coto
    Estan, aunque gran pena padeciendo,
    Y no pueden hacerles mal alguno,
    Comienzan  acogerse de consuno.

      Con todo aquesto viene cada dia
    A vista el enemigo Zapicano,
    Por ver en el estado que estaria
    El encogido ejrcito cristiano.
    En tanto Juan Ortiz  tierra enva,
    Por una media barca que en el llano
    Estaba, con la cual presto es mudada
    Al isla San Gabriel la triste Armada.

      Despues que aquesta isla se tomaba,
    Un dia noticia cierta se ha tenido,
    Que Zapican su ejrcito mudaba
    Al Uruguay, que es rio muy crecido.
    Al tiempo que el cristiano reposaba
    Con su gente y canoas ha subido;
    De aquesto dan noticia los cristianos,
    Que se escapan huyendo de sus manos.

      Vinieron seis soldados fugitivos,
    Y no pudieron mas, porque los atan
    De noche, y dicen quedan treinta vivos,
    Que despues que una vez prenden, no matan.
    Con ellos no se muestran muy esquivos,
    Y si les sirven bien, no los maltratan;
    Pero si sirven mal,  rempujones
    Les fuerzan  que salgan de harones.

      Aunque esto se le puso por delante
    A Alonso Ontiveros, no aprovecha
    A que deje de obrar cosa que espante,
    Pues no puede tenerse por bien hecha.
    Aqueste en el hablar era elegante,
    Mas no lo fu en hacer esta deshecha,
    Pues bien claro descubre en el remate
    El ser cualquiera cosa y su quilate.

      Estaba en un navio aprisionado,
    Que en parte del delito se hallra
    Por d Sotomayor fuera ahorcado,
    Cuando huirse con l se concertra.
    Habinle los grillos ya quitado,
    Y creese tambien que se librra:
    Mas l al enemigo va huyendo
    Por mas seguro medio le escojendo.

      Del Zapicano fu bien recibido,
    Y luego se mud el nombre cristiano;
    De las costumbres de indio se ha vestido,
    Usando de los ritos de pagano.
    En confusion aqueste me ha metido,
    Que por amigo tvole y hermano;
    Huyndo de la muerte ha apostado,
    Despues se arepinti de su pecado.

      No quiero mas decir que estoy cansado,
    Y temo de cansar  quien me oyere,
    Mayormente que el canto desastrado
    Ha sido, y de llorar: mas quien quisiere
    Saber de Juan Ortiz Adelantado
    Su suerte; si leerla le plugiere,
    Espreme  otro canto, que ya siento,
    Que da Rodrigo Diaz vela al viento.




CANTO DUODECIMO.

     _Viene Rui Diaz Melgarejo; mdase el Armada  la isla de Martin
     Garcia; baja Garay con socorro; sucede la muerte de los dos firmes
     amantes Yanduballo y Liropeya._


      Fortuna, por hablar de esta manera,
    O hado, bien tomndolo sin dolo,
    Favorece  Rodrigo, porque espera
    La sin ventura gente en ese solo.
    Ayudale con prspera carrera,
    Y con tus largos vientos, gran Eolo,
    Que el zaratino ejrcito penando
    Est, y  Dios suspiros enviando.

      Y t sosiega al mar, viejo Neptuno,
    Y haz que su carrera llana sea,
    Que toda aquesta Armada de consuno
    A brazos con la muerte ya pelea:
    Y dudo ya que escape ni solo uno,
    De hambre no se halla ya quien vea.
    Remdielo, pues, Dios, que l solo puede,
    Y aquel  quien l solo lo concede.

      El capitan Rui Diaz aprestado,
    Sali de San Vicente y tom puerto
    En Yumir, que habemos ya tratado,
    D vido del Armada el desconcierto.
    Al Rio de la Plata enderezado,
    El rumbo lleva  prisa, que est cierto,
    Que Juan Ortiz padece; con su gente
    Allega, pues, un dia prestamente.

      El triste lamentar que all hicieron,
    Ds que en tanta miseria nos hallaron,
    Aquel dolor y pena que sintieron,
    Las lgrimas que todos derramaron,
    No quiero referir: mas que vinieron
    A tiempo que  llorar nos ayudaron;
    Tambien con sus regalos ayudaban
    A muchos, que la vida ya dejaban.

      Con su venida todos resucitan,
    Que viendo la miseria tan crecida,
    A dar de lo que tienen bien se incitan,
    Por volver de la muerte  alguno  vida:
    Con esto ya las fuerzas se habiltan
    De aquellos que la muerte de vencida
    Llevaba, y si Rodrigo no viniera,
    Sin duda todo el resto pereciera.

      Del isla San Gabriel sale el Armada,
    Con nuestro buen Rodrigo en la demanda,
    De la Martin Garca, as nombrada,
    Que est por cima de esta y  su banda.
    En breve y poco espacio fu tomada,
    A d el Adelantado luego manda
    Salir  tierra  todos, porque quiere
    Poblar en esta isla si pudiere.

      El capitan Rui Diaz Melgarejo,
    Porque de la rabiosa se recela,
    A nuestro Adelantado por consejo
    Que le despache d en la caravela.
    Con ella, y con un mal bergantinejo,
    Se hace el buen Rui Diaz  la vela,
    Al preso Abaror lleva consigo,
    Que promete guiarle como amigo.

      A mi me cupo en suerte esta jornada,
    Que de saber y ver muy deseoso,
    Jamas dej de entrar cualquiera entrada,
    Aunque fuese el peligro temeroso.
    En una isla muy frtil y poblada
    Abaror nos mete muy gozoso:
    Entramos por un brazo, no calando
    Los remos, que las yerbas van tocando.

      Salieron  nosotros embijados
    Catorce  quince indios diligentes,
    Con arcos y con flechas denodados,
    Mostrndose gallardos y valientes.
    Por tierra entre las yerbas emboscados,
    Pintados de colores diferentes.
    Andaban levantado voceria,
    Cubiertos de muy rica plumeria.

      Por este brazo estrecho, y chico rio
    Llegamos con favor de la marea
    A la primera casa, y al buhio,
    Que es dicho Tabob, de paja y nea.
    Los indios luego salen con gran brio,
    Con arcos y con flechas de pelea,
    Y viendo los rescates acudieron,
    Y mucho bastimento nos vendieron.

      De  poco dicen, vamos adelante,
    Que todo lo de aqu ya est gastado.
    Diciendo aquesto muestran tal semblante,
    Que encubren lo que tienen ordenado.
    Estaba el enemigo tan pujante,
    Que dudo del cristiano acobardado,
    Por su fuerza tener tan consumida,
    Que pueda escabullir libre con vida.

      En esto de la casa hubo salido
    Desnudo macilento por el llano,
    Un mozo del Armada conocido,
    Que Vargas se llamaba, trugillano.
    Sali  la baraunda y al rudo;
    Trajeronle al navo por la mano,
    A d le confes, y en aquel dia
    Entr al universal camino y via.

      Cristoval, indio amigo, que viniera
    De all del Yumir en nuestra Armada,
    Cautivo estaba aqu, y cuenta diera
    De la traicion que entre estos est armada.
    De seis cautivos que hay, este dijera:
    Y siendoles la paga ya entregada,
    Trajeronlos, y fueles prometido
    Que el precio  mas traer ser subido.

      Entre ellos fu este dia rescatado
    El buen Domingo Larez, muy prudente,
    Hombre de gran juicio y recatado,
    De Huete natural, de noble gente.
    Dinos aviso l, que est ordenado
    De hacernos la guerra el dia siguiente:
    Nosotros estuvimos contratando
    Con los indios, y en vela siempre estando.

      Salmonos de aqu, que se temia
    Que el indio se pusiese en emboscada,
    Diciendo que  las bocas estara.
    Y cierto fu la cosa bien pensada:
    Que  no salir muy mal sucedera,
    Pues siendo la maana ya llegada,
    Los indios  d estabamos vinieron,
    Y  Mora y  Loria nos trajeron.

      En el barco pequeo se ha metido
    El maiz, y captivos referidos;
    En breve  nuestra Armada se ha venido,
    A d de hambre estan desflaquecidos:
    Y  haberse esta comida detenido,
    De hambre fueran todos perecidos.
    Mas Dios remedia el tiempo peligroso,
    Con mano de Seor tan poderoso.

      Pues llega la comida y los cautivos,
    Y salen al encuentro luego todos:
    Estaban ya diez menos de los vivos,
    Y aquestos de dos mil suertes y modos.
    Los padres con los hijos son esquivos,
    Los unos y los otros como lodos
    Los rostros; manos, pies, todos temblando,
    Los ojos hcia el cielo levantando.

      Algun vigor cobraron dsque vieron
    El socorro que viene de comida;
    Con lgrimas los presos recibieron,
    Que su vida juzgaban por perdida.
    En el pequeo barco se volvieron,
    Y dice Juan Ortiz, que por la vida
    Conviene aventurar vida de suerte,
    Que no ponga temor la misma muerte.

      Mas visto no conviene se acometa
    Aquello que hacerse es imposible,
    Y que el lugar y tiempo nos aprieta
    A tomar el consejo convenible:
    El buen Rodrigo  todos se sujeta,
    Y dice: "Juan Ortiz cosa terrible
    Nos manda, mas yo cierto aqu prometo
    De estar  vuestro gusto muy sujeto."

      Unnime y conforme es la sentencia
    De todos, que no se entre al Riachuelo:
    Que bien se tiene cierta y firme ciencia,
    Que todo ha de acabar con crudo duelo.
    Esto nos ense ya la experiencia,
    Pos d se determina, que de vuelo
    A los Timbs se vaya: con contento,
    De aqu tendimos vela presto al viento.

      Trabajo no pequeo se pasaba,
    Que la gente sin fuerzas no poda
    Tomar remo, que el viento nos faltaba,
    Y  veces por la proa sacudia.
    El temor de la hambre apresuraba,
    Esfurzase quien fuerzas no tenia:
    Navegando una noche  la maana
    Llegamos  una gente Cherandiana.

      Salieron  nosotros prestamente,
    Que en esto del rescate estan cursados.
    Delante de nosotros diligente,
    Pescaba cada cual muchos pescados:
    Ninguno en los vender era inocente,
    Que son en el vender muy porfiados.
    Despues mucho maiz en abundancia
    Trajeron por gozar de la ganancia.

      Beguas de la otra banda conocieron
    La cosa del rescate que pasaba,
    A gran priesa  nosotros acudieron,
    Temiendo que el rescate se acababa.
    Rescatan todo aquello que trajeron,
    Y mas, dicen, en casa les quedaba:
    A Gaboto de aqu presto se llega,
    Por d el Carcara se estiende y riega.

      Pasando de Gaboto,  poco trecho
    El rio Juan de Oyolas se ha tomado:
    Por l se entr, que es rio muy estrecho,
    De vientos y tormentas resguardado.
    Atraviesa este rio bien derecho
    Al Paran; y las islas que ha formado
    Habitan los Timbs, gente amorosa,
    Sagaz, astuta, fuerte y bellicosa.

      Al Paran saliendo caudaloso,
    Tres leguas se camina bien cabales:
    El Paran venia muy furioso,
    Los tristes navegantes muy mortales.
    Del soldado pequeo y del grandioso
    Las fuerzas eran todas casi iguales,
    Y aun cierto que  la clara bien se va,
    Que el pequeo mas nimo tenia.

      Del capitan Garay certificaron
    Los indios, que aqu vino con su gente,
    Las huellas de caballos nos mostraron,
    Por d dimos la vuelta prestamente;
    Y en tierra los soldados que saltaron,
    Cojeron la comida que al presente
    Hallaron, que aun no estaba sazonada,
    Y apenas con la espiga bien formada.

      Volver quiero  tratar un poco agora
    Del falso Yamand, nuestro cartero.
    Sali de San Gabriel con la traidora
    Y mala condicion de carnicero:
    Adonde el Zapicano est de mora
    Se v, por ser con l particionero;
    Aunque no se hall en la triste guerra,
    Que al venir se ha tardado de su tierra.

      Este indio, ya hemos dicho, que es sabido,
    Astuto, muy sagaz y hechicero;
    En todas las naciones es tenido
    Por lumbre, por espejo y por lucero.
    A mis prpios oidos yo le he oido
    Decir  este lenguaz y gran parlero:
    "El sol alumbra  oriente y occidente,
    As yo Yamand, toda la gente."

      Pues siendo con las cartas despachado,
    Trat con Zapican, que las tenia
    Guardadas, hasta ver en que ha parado
    Un negocio que arriba pretendia:
    El cual era, que tiene concertado
    Con un indio Ter, el cual vendria
    A dar en Santa-F con otras manos,
    Queriendose vengar de los cristianos.

      E hzolo el Ter, que con su gente
    Haciendo para aquesto llamamiento,
    Se fu  Santa-F: mas de repente
    Volvi huyendo en busca de su asiento.
    Los mancebos pelean fuertemente,
    Los indios llevan de ello el escarmiento,
    Y viendo Yamand que nada ha hecho,
    Con las cartas se va  Garay derecho.

      Del capitan Garay fu recibido
    Mejor el mensagero, que lo fuera,
    Si hubiera sin las cartas parecido,
    Aunque l por no culpado se fingiera:
    Mas viendo el Capitan como ha venido,
    Y que puede volver  d saliera,
    Tratle bien  hzole gran fiesta,
    Y trnale  enviar con la respuesta.

      Ya vuelve Yamand con mas cuidado,
    Que tuvo con las cartas, pues pensaba
    Guardarlas para s: mas ha acordado
    Urdir otra, pues esta no cuajaba.
    En tanto que la urde este malvado,
    Tratemos de Garay, que procuraba
    Bajar con muchas balsas y comida,
    Dejando  Santa-F bien guarnecida.

      Parti con treinta mozos valerosos,
    Y veinte y un caballos, y servicio
    En balsas: y los mozos deseosos
    De guerra, que la tienen por oficio,
    Procuran, que en los indios enojosos,
    Se ofresca al crudo Marte sacrificio,
    De aquel Ter vengando la osadia,
    Con triste y carnicera anatomia.

      Son islas, por aqu en este parage,
    De grandes bastimentos abastadas,
    De muy hermosas tierras y boscage,
    Y de indios Guaranies bien pobladas
    El falso Yamand de mal corage:
    Aqu tienen sus gentes rancheadas,
    Ter, Aanguazu, Maracop,
    Y en otras mas abajo, Tabob.

      Entraron por las islas: entendiendo
    Poder hacer la guerra, los caballos
    Metieron: mas los indios van huyendo,
    Que no pueden los mozos alcanzallos.
    Entre los verdes bosques se ascondiendo
    Se meten, que imposible es el hallallos,
    Sino es al sin ventura, que guardada
    La suerte le est ahora desdichada.

      Con gran solicitud en su caballo
    Entre aquestos mancebos se seala
    En andar por las islas Caravallo,
    Y as por las espesura hiende y tala
    En medio de una selva, y Yanduballo
    Hall con Liropeya, su zagala:
    La bella Liropeya reposaba
    Y el bravo Yanduballo la guardaba.

      El mozo, que no vi  la doncella,
    En el indio enristr su fuerte lanza,
    El cual se levant como centella,
    Un salto d y el golpe no le alcanza.
    Afierra con el mozo, y aun perdella
    La lanza pienza el mozo, que abalanza
    El indio sobre l, por d al ruido
    La moza despert, y pone partido.

      Al punto que  la lanza mano echaba
    El indio, Liropeya ha recordado;
    Mirando  Yanduballo, as hablaba:
    "Deja, por Dios amigo, ese soldado,
    Un solo vencimiento te quedaba,
    Mas ha de ser de un indio sealado,
    Que muy diferente es aquesa empresa,
    Para cumplir con migo la promesa."

      Diciendo Liropeya estas razones,
    El bravo Yanduballo muy modesto
    Solt la lanza, y hace las acciones,
    Y  Caraballo ruega baje presto.
    El mozo conoci las ocasiones,
    Y muvele tambien el bello gesto
    De Liropeya, y baja del caballo,
    Y sintase  la par de Yanduballo.

      El indio le cont que un ao habia
    Que andaba  Liropeya tan rendido,
    Que libertad ni seso no tenia,
    Y que le ha la doncella prometido,
    Que si cinco caciques le vencia,
    Que al punto ser luego su marido.
    El tener de espaol una centella
    No quiere, por quedar con la doncella.

      Mas viendo el firme amor de estos amantes,
    Licencia les pidi para irse luego,
    Dejndoles muy firmes y costantes
    En las brasas de amor, y vivo fuego.
    Dos tiros de herron no fu distantes,
    Con furia revolvi, de amores ciego;
    Pensando de llevar por dama esclava,
    Al indio con la lanza cruda clava.

      Yanduballo cayra en tierra frio,
    La triste Liropeya desmayada;
    El mozo con crecido desvario
    A la moza habl, que est turbada:
    "Volved en vos, le dice, ya amor mio,
    Que esta ventura estaba  mi guardada,
    Que ser tan lindo, bello y soberano,
    No habia de gozarlo aquel pagano."

      La moza, con ardid y fingimiento,
    Al cristiano rog no se apartase
    De all, si la queria dar contento,
    Sin que primero al muerto sepultase;
    Y que concluso ya el enterramiento
    Con l en el caballo la llevase.
    Procurando el mancebo placer darle,
    Al muerto determina de enterrarle.

      El hoyo no tenia medio hecho,
    Cuando la Liropeya con la espada
    Del mozo se ha herido por el pecho;
    De suerte que la media atravesada,
    Qued diciendo: "haz tambien el lecho
    En que est juntamente sepultada
    Con Yanduballo aquesta sin ventura,
    En una misma huesa y sepultura."

      Lo que el triste mancebo sentiria
    Contemple cada cual de amor herido.
    Estaba muy suspenso qu haria,
    Y cien veces matarse all ha querido.
    En esto oy sonar gran gritera:
    Dejando al uno y otro all tendido,
    A la grita acudi con grande priesa,
    Y sale de la selva verde espesa.

      Aquesta Liropeya en hermosura
    En toda aquesta tierra era estremada:
    Al vivo retratada su figura
    De pluma vide yo muy apropiada:
    Y vide lamentar su desventura,
    Conclusa Caravallo su jornada
    Diciendo, que aunque muerta estaba bella,
    Y tal, como un lucero y clara estrella.

      Mil veces se maldijo el desdichado,
    Por ver que fu la causa de la muerte
    De Liropeya, andando tan penado,
    Que mal siempre decia de su suerte.
    "Ay triste! por saber que fu culpado
    De un caso tan extrao, triste y fuerte,
    Tendr, hasta morir, pavor y espanto,
    Y siempre vivir en amargo llanto."

      Sali pues de la selva Caravallo
    A la grita y estruendo que sonaba,
    Y vido que la gente de  caballo
    A gran priesa en las balsas se embarcaba.
    No curan ya mas tiempo de esperallo,
    Que de su vida ya no se esperaba,
    Teniendo por muy cierto que habia sido
    Cautivo de los indios, y comido.

      Mas viendole venir, alegremente
    El capitan y gente le esperaron:
    Allega, y embarcse con la gente,
    Y  priesa de aquel sitio se levaron.
    Entrse por un rio que de frente
    Est, y  tierra firme atravesaron,
    A d est de Gaboto la gran torre,
    Por d el Carcara se estiende y corre.

      En tanto que Garay aqu esperaba,
    Y en tierra sus caballos saca, y gente,
    El capitan Rui Diaz se levaba
    De donde le dejamos prestamente.
    Volviendo hcia abajo, atravesaba
    Acaso Yamand que est de frente:
    All nos dieron nueva muy entera,
    Que en el Carcara Garay espera.

      Con esta nueva cierta,  grande priesa
    Bajamos hcia el rio Juan de Ayolas:
    No se tiene temor de la traviesa
    Del gran rio Paran, ni de sus olas:
    Que el bien, que en la tornada se interesa,
    Lo facilita todo: mas no  solas
    Nos vemos, cuando viene anocheciendo,
    Que los Timbues vienen muy corriendo.

      Despues cuando ya Febo caminando
    Volvia con sus carros presuroso,
    Los campos con sus rayos matizando
    De rojo, verde, y blanco luminoso,
    Llegaron los Timbues pregonando,
    "Comprad de mi, que vendo mas gracioso."
    Y tanto regatean, que en Sevilla
    Podrian imprimir nueva cartilla.

      En tanto que la cosa as pasaba,
    Desde el Carcara nos ha enviado
    Una carta Garay, en que avisaba
    Que estaba en _Sancti Spiritus_ parado.
    Al viento vela en popa se entregaba,
    Y no se ha  _Sancti Spiritus_ llegado,
    Cuando Garay por tierra y  caballo
    Asoma, y aqu un poco he de dejallo.




CANTO DECIMO-TERCIO.

     _Entra Rui Diaz en el Carcara, baja  Martin Garcia, pretende
     Yamand dar en la isla, padece Garay naufragio en el Uruguay._


      Jamas fortuna di contentamiento
    Que no fuese mezclado con dolores;
    De  donde el disfavor es fundamento
    De todo buen suceso de favores.
    Tambien el favorido pensamiento,
    Por fin muy cierto tiene disfavores,
    Por lo cual Salomon, sigue, decia,
    El dia de tristeza al de alegra.

      Cuanto dolor, tristeza y amargura,
    Y cuanto sobresalto ha pasado
    La gente zaratina sin ventura!
    Pues quien con atencion bien lo ha notado
    Ver, que al mayor mal en coyuntura
    Un buen suceso  gusto ha acompaado:
    Que no haber de esta suerte sucedido,
    Hubiera el resto Zrate perdido.

      Qu pena, qu dolor no mitigra
    El ver al buen Garay por aquel llano!
    La barbara nacion que se juntaba,
    No pudiera escaparse de su mano.
    Si el bravo y crudo Marte se hallra
    Con tal gente de guerra, tan ufano
    Y altivo se sintiera, que en la tierra
    A todos los mortales diera guerra.

      La trompa y atambor les ayudaba,
    Los caballos calor iban tomando:
    Contento grande, cierto, que causaba
    Aquesta gente all escaramuzando.
    Rui Diaz con los suyos lo miraba,
    Viniendo su viage navegando;
    Y llegando d aquesto se hacia
    Mand soltar la flaca artillera.

      Al fin tomaron puerto, y recontada
    La cosa de una parte  otra pedida,
    La carga de las balsas descargada,
    Caray parte en demanda de comida.
    El Melgarejo sale desplegada
    Con gran placer su vela y descogida.
    En tanto que uno baja y otro queda
    Me fuerza Yamand vuelva la rueda.

      Llegado este tacao con las cartas
    Al isla, con placer fu recibido;
    El Juan Ortiz le di cuchillos, sartas,
    Y de pao de grana un buen vestido.
    De ddivas y dones fueron hartas
    Sus manos, por pensar lo ha merecido,
    Y l pretende entregarse  suelta rienda
    En vida del cristiano y de hacienda.

      Pues tiene la traicion as ordenada,
    Que dadas estas cartas, vuelva luego
    Al rio Igapop, que es la morada
    De un indio, que se dice _Grande Fuego_,
    Y de otros que all viven de coplada,
    Con Aguaz, que es guia de este juego.
    All tiene la cosa de ordenarse
    Por d el cartero d priesa  tornarse.

      Y dice: "volver yo con comida,
    Que as con mis amigos lo he ordenado,
    Aquesta cosa quiero sea sabida,
    Porque en vernos ninguno sea alterado:
    Que aquesta tierra toda est rendida
    A mi diccion,  yo la he sujetado."
    Con esto Yamand se suelta en breve,
    Y con mas brevedad volver se atreve.

      Con diez  once canoas esquifadas
    La vuelta d el malvado, procurando
    Que no esten las personas recatadas,
    Mas antes las ocupa rescatando.
    No quiero referir, pues, cuan turbadas
    Lo estaban, segun supe, y cuan temblando:
    Mas con todo se dieron tanta maa,
    Que no quaj el cartero su maraa.

      En un fuerte la gente recogida,
    Porque de esta traicion tienen aviso,
    De todo lo posible guarnecida,
    Sali el indio que estaba ya arrepiso.
    De humos gran seal ha parecido
    El rio arriba, y luego de improviso
    Los indios que en la gente dar pensaban,
    Con gran priesa  su isla se tornaban.

      Quedaron los cristianos, como cuando
    Levanta un huracan muy espantoso
    Las olas en la mar, y v bufando
    El viento con un impetu furioso:
    El piloto sagaz est temblando,
    Vencido del trabajo y temeroso:
    Mas viendo que el peligro est pasado,
    Verisle presumir del esforzado.

      O como aquel mancebo que ha cogido
    El toro furibundo entre sus manos,
    Que siendo de la muerte escabullido,
    Huyendo  pura pata por los llanos,
    Blasona de la maa que ha tenido,
    Y hace en talanquera fieros vanos.
    No menos nuestras gentes aqu estaban,
    Y al moro muerto gran lanzada daban.

      Rui Diaz, como dije, navegando
    Sali de _Sancti Spiritus_, y viene
    En breve d le estaban esperando.
    A mi me ha parecido me conviene
    Quedarme con Garay que v triunfando,
    Y Zrate que hambre siempre tiene.
    Rui Diaz Melgarejo, pues, allega
    Al isla, y la comida les entrega.

      Garay de  d digimos sale  priesa
    Con su gente, y las balsas que llevaba,
    Lo que en esta salida le interesa
    Es el buscar comida que faltaba.
    Tambien se procuraba hacer presa
    En el falso Ter que all moraba:
    Y oid lo que sucede un dia de Ramos,
    Que de vista es el cuento que contamos.

      Por un pequeo rio de boscage
    Las balsas y la barca caminaban,
    Cuando vimos venir un gran salvage.
    La canoa en que viene gobernaban,
    Al parecer, dos ninfas de buen trage;
    En vindonos  priesa se tornaba:
    Y dsque al Paran grande llegaron,
    En medio de un remanso se pararon.

      All nos esperaron grande pieza;
    Y as como la barca hubo llegado,
    El salvage se estira y endereza,
    Y un escudo grandsimo ha embrazado:
    Por yelmo un cuero de anta en la cabeza,
    El escudo era concha de pescado,
    Y el baston que este brbaro tenia,
    Servir de antena en nave bien podia.

      Hablando con soberbia encrudecida,
    Pregunta por aquel que tiene cargo
    Del Armada, que dice que la vida
    Le tiene de quitar con fin amargo:
    Y dice: "no penseis que fu huida
    La mia, por salir aqu  lo largo,
    Que quise aqu sacaros al anchura,
    Por dar  todos ancha sepultura."

      Queria arremeter el can rabioso,
    Y en esto dos pelotas le tiraron;
    La popa nos volvieron sin reposo
    Las faunas, y espantados nos dejaron,
    Que con un dulce canto armonioso
    A priesa de nosotros se apartaron,
    Y  muchos el sentido enternecieron,
    Y en un punto de vista se perdieron.

      En esto un bergantin vimos venia,
    El cual  Santa F ha descendido,
    Y viendo que Garay bajado habia,
    En seguimiento suyo habia venido.
    Con socorro el Teniente se le envia
    De la Asumpcion, que aquesto hubo subido:
    Juntse con nosotros el navio,
    Y dimos en un hondo y chico rio.

      El navo  la boca se ha quedado
    Con toda la mas gente del Armada:
    El Capitan con veinte dentro ha entrado
    En la barca de todo pertrechada:
    Por tierra los caballos hubo echado,
    Del gran Ter se busca la morada:
    Hallse, mas sus indios, al estruendo,
    Con mugeres  hijos van huyendo.

      Las balsas aqu cargan de comida;
    La gente de  caballo v por tierra
    Siguiendo la victoria conocida,
    Con nimo y codicia de la guerra.
    Abscndese la gente dolorida,
    Que el temor del caballo la destierra:
    Saquea el Espaol all las casas,
    Y en un punto verislas hechas brasas.

      El Capitan de aqu presto saliendo
    Penoso, por no haberle indio parado,
    Sus balsas y su gente recogiendo,
    A Aanguaz acomete, indio afamado.
    Los indios son valientes, y al estruendo
    Salieron con esfuerzo denodado,
    Y siendo preguntados porque huyen:?
    Con la razon del uno as concluyen.

      "Dejadnos ya, que estamos temerosos,
    Y contra vuestras fuerzas no podemos:
    Y vosotros, sobrinos animosos,
    A los mancebos dicen, qu os hacemos?
    Mirad que  nuestros hijos amorosos
    Criar, ni sustentar ya no podemos,
    Pues carga de mugeres tan penosa
    No espera  vuestra diestra poderosa."

      Diciendo aquesto, estaban muy metidos
    En un atolladar y gran pantano:
    Garay no permiti fuesen heridos,
    Que mas de uno probar quiso la mano.
    Causaban gran dolor los doloridos,
    Que mugeres  hijos por el llano
    Sin rden,  gran priesa, iban huyendo,
    So tierra lo que tienen abscondiendo.

      De aqu el rio abajo navegando,
    El Armada se sale  remo y vela:
    Un temporal se viene levantando,
    Que las yerbas del campo arranca y vuela.
    Del isla grande priesa me estan dando,
    Que parece la gente se recela.
    Pues vamos all agora, que esta Armada
    Aqu queda segura rancheada.

      El isla parecia que se hundia,
    Y el cielo que venia de caida.
    El sud-oeste, viento que corria
    Con una fuerza grande desmedida,
    Los rboles y piedras conmovia
    Por d la gente andaba dolorida:
    Porque tanto ruido levantaba
    El viento, que al infierno figuraba.

      De dos naves que habia del Armada,
    No quiere perdonar esta tormenta
    A alguna; que  la zabra que cargada
    Est de la comida, la revienta,
    Y la abre por cien partes: mas varada
    Aquesta fu en el isla; la otra avienta
    A tierra firme, y tan metida queda,
    Que dudo en algun tiempo salir pueda.

      Pues dime, Juan Ortiz: no te conmueve
    El ver aquestos trances peligrosos!
    O duro corazon!  quien no mueve
    El temor de los fines sospechosos.
    No vemos ser prudente el que se atreve
    A perder lo ganado en los dudosos
    Y peligrosos casos: lo mas cierto
    Es ir siempre  buscar seguro puerto.

      A nuestra Armada vuelvo, que metida
    Quedaba en un juncal y una ensenada,
    La cual hall segura su guarida:
    Y el bergantin, tomando una enconada,
    Del otra banda est, que de caida,
    All, por se abrigar, hizo parada,
    A d con Cherandies ha tratado,
    Y el tiempo que all estuvo, rescatado.

      Garay con los Beaguas de otra banda
    Muy gran trato y rescates ha tenido:
    A Caytu, cacique, dice y manda,
    (Pues, para aqueste fin ha descendido)
    Que diga  los Beguaes, como l anda
    En busca de cristianos, que ha sabido
    Que tienen muchos ellos en su tierra,
    Habidos de rescate, y no de guerra.

      Aqueste Caytu es comarcano
    Al pueblo Santa F, y muy vecino:
    Garay le trata bien como  su hermano,
    Y as con gran contento con l vino.
    El cacique no anduvo paso en vano,
    Que yendo  los Beguaes de camino,
    Cuatro cristianos trajo rescatados
    Por anzuelos y espejos muy quebrados.

      De aqu sali Garay: con el navio,
    Que est de la otra banda, se ha juntado.
    Despchale  la isla por el rio,
    Que dicen de las Palmas, afamado.
    No v de bastimentos tan vacio,
    Que al fin le han de decir: "bien seais venido:"
    Que estn como los pollos ya piando,
    Y solo por comida suspirando.

      El Armada se v por un estero
    Que llaman de Beguaes, que no lleva
    La fuerza y la corriente del primero,
    A quien l v  buscar  que le beba:
    Y tanto v sin l  cual postrero,
    Que en mas de veinte leguas no le prueba;
    Al cabo, porque en breve yo me sume,
    Aqueste el Paran se le consume.

      Yendo por este estero navegando
    Diez dias, que los tiempos no ayudaban,
    Por tierra los soldados van cazando,
    Que muy poco las balsas caminaban.
    De noche estan con lias esperando,
    Pescando de los peces que picaban:
    Aqu pica el Pat, all el Armado,
    Aqu tambien el Blanco y el Dorado.

      En una bella noche muy serena,
    Habiendo el sueo dado ya sus puertas
    A los que nuestra cama era el arena,
    Estando centinelas muy alertas,
    Con grande dulcedumbre una Sirena
    Comenz de cantar; y cierto, ciertas
    Y humanas parecian sus canciones,
    Bastantes  mover mil corazones.

      Es tan ameno y bello este parage,
    Que las hijas de Pierio bien podrian
    Dejar de Tracia el monte y su boscage,
    Que aqu mas soledad cierto tendrian.
    Y aquellos que siguiesen su lenguage
    En breve de sus ciencias mas sabrian,
    Y en metro y dulce verso el casto coro
    Al mundo descubriera su tesoro.

      Aqu la gran maldad la Filomena
    Lamenta de Teseo, su cuado,
    Con su lengua arpada bien resuena,
    Y con canto suave y agraciado
    Publica  todo el mundo su gran pena,
    Y dice: "pues la lengua me has cortado,
    Aquesta gran maldad, cruda tirana,
    Labrando contar toda  mi hermana."

      Aqu la sacra fuente cabalina
    Sus cristalinas aguas vierte y riega:
    Aqu la gran Minerva  la contina
    Sus tesoros reparte y los entrega
    A todos con largueza muy benina;
    Y aqu muy de ordinario en esta vega
    La bella y casta Diosa se pasea,
    Y con sus compaeras se recrea.

      Mas al isla conviene dar la vuelta,
    Dejando aquesta Armada en este punto.
    Pasada la tormenta y revuelta,
    Segun digimos ya en breve trasunto,
    El bergantin que fuera  vela suelta,
    Llegando toma puerto luego junto,
    Y dando de nosotros nueva cierta,
    La cosa de esta suerte se concierta.

      En busca de Garay luego volvieron
    Aqueste bergantin y Melgarejo,
    Y aquellos que al presente adolecieron
    Llevaron, y mugeres, y es consejo,
    Que all en el Uruguay (adonde fueron)
    Se pueble, donde hubiere el aparejo;
    Que para los navios est cierto,
    Que muy cerca hallar seguro puerto.

      Llegados  la punta de este rio,
    Quedse el bergantin grande esperando;
    El otro atraves, que v vacio,
    Garay en esto viene navegando.
    En breve se encontr con el navio,
    Que estaba en una vuelta ya esperando:
    La noche se apresura, el viejo Apolo
    Nos huye, y viene airado el grande Eolo.

      En un punto vereis que se levanta
    Un sur tan riguroso, que atormenta
    Con su grave furor cualquiera planta,
    Y fuera del lugar propio la abrenta.
    El Armada se afierra bien y planta,
    El bergantin del lado no se absenta,
    Con cabos, guindaletas amarrados,
    Estan todos del viento contrastados.

      El otro que esperando habia quedado,
    Cargado de mugeres, como vido,
    El cielo todo andar alborotado,
    Camina el rio arriba, y ha tenido
    Ventura en se mudar; que haber tardado,
    La carga hubiera toda sumergido:
    Mas no pudiera ser, que en el Armada
    Jamas vide muger ser mal parada.

      En tanto que venia el sur bravoso,
    Huyendo con presteza su fiereza,
    El capitan Rui Diaz valeroso
    Caminaba el rio arriba sin pereza.
    Lloraran las mugeres sin reposo,
    Pensando ya fenece su belleza,
    Y que ha de ser  peces entregada,
    Y en vida s las aguas sepultada.

      Garay en una isla empantanada,
    Que dicen por renombre _de la Espera_,
    Tenia ya su gente rancheada;
    Del bergantin no sale gente fuera.
    La enojosa tormenta, pues, pasada,
    Al punto que la noche se viniera,
    Las balsas desamparan este puesto,
    Y oid lo que sucede, pues, de aquesto.

      Desta isla d digo que salieron
    Las balsas, se atraviesa la corriente
    Del rio, que Uruguay, indios pusieron
    Por nombre: tierra firme est de frente;
    Las balsas all van, mas no pudieron
    Las olas contrastar, que no consiente
    La fuerza del canal remo ni pala,
    Que todo lo abandona y lo desvala.

      El sur se ha levantado en este punto,
    Y hace que el canal ande alterado,
    El corriente con fuerza viene junto,
    Y el sur, lo que corre encontra, ha hinchado,
    Ay Dios! que en este punto yo barrunto,
    Que el dia de mi fin es ya llegado.
    La barca se nos iba trastornando,
    Las balsas todas siete trabucando.

      Al dia del postrer juicio figuraba
    Aquel naufragio nuestro doloroso.
    Cual indio de la balsa se arrojaba
    Por ir nadando  tierra codicioso;
    Cual vuelve d la balsa se anegaba
    En busca del Seor que est lloroso.
    Las indias dicen todas que llamemos
    A nuestro Dios, pues todos perecemos.

      Los caballos ya sueltos van nadando.
    Y no tienen peligro, sino afierra
    El cabo en parte alguna, que colgando
    Le llevan por el agua hasta tierra.
    La barca sale en salvo, y descargando
    La ropa y aderentes de la guerra,
    En busca de las balsas torna  prisa,
    A donde todos andan sin camisa.

    El que es buen nadador, aunque con miedo,
    Al agua desnudandose se arroja:
    Quien no sabe nadar estse quedo,
    Y en la balsa metido bien se moja.
    Mas ya yo de nadar hablar no puedo:
    La gente sale  tierra d se aloja,
    Tendida por la fria y dura arena:
    Dejemoslos, que entiendan en su cena.




CANTO DECIMO-CUARTO.

     _En este canto se cuenta la batalla que hubo entre los de Garay y
     los Charruas, y como fu herido Garay en los pechos, y su caballo
     muerto, y muchos indios muertos y heridos._


    A quien he de llamar que me d aliento?
    O quien podr acertar, que estoy enseado
    A tratar de tristezas y lamento,
    Y poco de placeres he gustado?
    Pues esto de la guerra hago  tiento,
    Que menos de las armas he probado:
    A vos, Seor, favor pido y demando,
    Que vuestra ayuda sola voy buscando.

    Dej, si os acordais, en la marina,
    Pasado ya el naufragio,  nuestra gente;
    El Aurora nos viene ya vecina,
    Apolo muestra ya su roja frente;
    El bergantin navega  la bolina,
    Subiendo el rio arriba diligente;
    El Zapican ejrcito, marchando
    En siete escuadras, viene ya gritando.

    El bergantin le vido, mas primero
    Le habian descubierto tres soldados,
    Aquestos dieron arma muy ligero,
    Los arcabuces fueron bien cargados.
    No vide que queria ser postrero
    Alguno, porque todos aprestados
    En un punto salieron muy gozosos,
    Por dar fin al Charrua codiciosos.

    Doce caballos solos se ensillaron,
    El Capitan con once compaeros,
    (Que muchas de las sillas se mojaron)
    Salieron veintidos arcabuceros.
    Los brbaros  vista se llegaron
    Con rden y aparato de guerreros,
    Con trompas, y bocinas y atambores,
    Hundiendo todo el campo y rededores.

    El Capitan mand que se emboscasen
    Los once de  caballo, hasta tanto
    Que los alegres brbaros llegasen
    A tiro de arcabuz, porque de espanto
    De ver  los caballos, no tornasen:
    Y el Capitan se puso al otro canto
    Con sus arcabuceros, atendiendo
    Se fuese el enemigo introduciendo.

    Llegado  poco trecho, hacen alto,
    El Capitan procura de cebarles,
    Un poco retirndose en un alto,
    Por mas  su placer escopetarles.
    El brbaro de seso no est falto,
    Que entiende ser aquesto asegurarles,
    Por d hace parar sus escuadrones,
    Y dice con gran grita estas razones.

    "Estamos de esperaros ya cansados,
    Que h dias que tenemos entendido
    Que sois hombres valientes y esforzados,
    Agora ser el caso conocido.
    Salid los mas valientes y alentados,
    Riendo uno con otro este partido,
    Salid, que tardar tanto es cobardia;
    Veremos vuestro esfuerzo y valentia.

    Con solo matar veinte de vosotros,
    Pues sois de tanta fama y nombradia,
    La vida por bien dada de nosotros
    Tenemos todos juntos este dia:
    Podeis ser mas valientes que los otros,
    Cuyo valor poco h que feneca?
    Salid  los vengar, acobardados,
    Cornudos, mugeriles y apocados."

    Mas cosas les o por mis oidos,
    Que un poco de su lengua ya entendia,
    Gritaban, daban voces, alaridos,
    Con su grita la tierra estremecia.
    Cual indio la perneta, cual fingidos
    Motines y ademanes, cual hacia
    Que cae en tierra triste y desmayado,
    Y en un punto verisle levantado.

    Llamaban con las mantas que traian
    Ceidas  los cuerpos, no cesando
    De dar voces, diciendo, que queran
    Ponerse nuevos nombres peleando.
    Mas viendo que los nuestros ya salan,
    Al alto se volvian retirando,
    Juzgando por mejor un alto cerro,
    Y el sueo, como dicen, fu del perro.

    Saliendo al alto, y siendo traspasado
    Un poco de pantano que all estaba,
    El Capitan  priesa ha caminado;
    Los once de  caballo que llevaba
    Siguieron con esfuerzo denodado:
    La trompa con presteza resonaba
    En ellos, _Santiago_, _Santiago_,
    Y oid un bello lance y gran estrago.

    Seguanle los once de tal suerte,
    Que juntos se metieron, y mezclaron
    En medio el enemigo, dando muerte
    A todos cuantos indios encontraron.
    Rompieron una esquadra grande y fuerte,
    En que de setecientos se pasaron;
    Salieron de otra banda cien flecheros
    Con nimo gallardo muy lejeros.

    Sobre estos nuestra gente revolviendo
    Pelea, y ellos rostro y cara hacen:
    Los otros al socorro muy corriendo
    Acuden, mas los nuestros los deshacen.
    Volvieron  romperlos, y rompiendo
    Los mozos sus deseos satisfacen,
    Que tantos por el suelo van rodando,
    Cuantos caballo y lanza van tocando.

    Aqu vereis el indio atravesado
    Por medio la garganta, y all junto
    El otro todo el casco barrenado,
    Salindole los sesos luego al punto.
    Por medio de los pechos traspasado
    Estaba Tabob, y casi difunto,
    Y tanto de la lanza se aferraba,
    Que ya perderla Leiva imaginaba.

    Allega Menialvo con su espada,
    Y dle un golpe tal que desafierra
    La lanza el enemigo, y aun pegada
    La lanza con la mano deja en tierra.
    El indio v su mano destroncada,
    Y quiere escabullirse de la guerra,
    Mas no le dn lugar, que tras su mano
    Tendido le dej Leiva en el llano.

    Y como recobr Leiva su lanza,
    Habiendo  Tabob muerto, con priesa
    Revuelve Abayub sobre l, y lanza
    El mozo un bote tal que le atraviesa
    El ombligo, y el indio se abalanza
    Por la lanza adelante, y hace presa
    Con el diente en la rienda, de tal suerte,
    Que la corta, y fenece con la muerte.

    El viejo Zapican, que v tendido
    A su sobrino en tierra, bien quisiera
    En Leiva se vengar, mas ha acudido
    El bravo Menialvo, que le diera
    Un golpe tan terrible, que partido
    Por medio, por encima la cadera,
    En dos partes qued: fu cuchillada
    De brazo poderoso, y fuerte espada.

    Aagualpo, que estaba muy pujante,
    En suerte le ha cabido  Vizcaino:
    El bravo indio se puso de delante
    Con pica que parece un grande pino.
    El mozo le encontr luego al instante
    Con su lanza, y aun hizo tal camino
    Por medio de los pechos de aquel perro,
    Que la espalda pas su fino hierro.

    Su lanza sac tal y tan bermeja,
    Que el hierro pura sangre parecia:
    Dos pasos de este puesto no se aleja,
    Cuando un indio de fama le seguia:
    A esperarle el mancebo se apareja,
    Que es indio muy gallardo y de vala,
    Al mozo ha acometido Yandinoca,
    Y l mtele su lanza por la boca.

    Arevalo gallardo v hiriendo
    La gente que jamas fue conquistada;
    El hierro de su lanza va tiendo
    En sangre con los sesos mixturada.
    Con fuerza v Aguilera descubriendo
    Aqu, y ac y all de una lanzada:
    Al indio deja tal, que parecia
    Que el indio s la tierra se hundia.

    El buen Mateo Gil, soldado viejo,
    Con esfuerzo y valor de Trugillano;
    Nacido en el lugar de Xarahicejo,
    Andaba por el campo muy lozano.
    Parcele que mata algun conejo,
    Matando algun soldado Zapicano,
    Y as tan gran estrago va haciendo,
    Que las yerbas del campo va tiendo.

    Hernan Ruiz pelea sin pereza,
    De Crdova heredando la osadia:
    Ac y all acude con destreza,
    Con nimo y esfuerzo y valentia.
    Un indio le encontr con gran fiereza,
    Y quitarle la lanza pretendia:
    Camelo le ayud, perdi la vida
    El indio, con la mano bien asida.

    Con gran fuerza por medio Magaluna
    De cinco  seis soldados se metia:
    Al encuentro le sale Juan de Osuna
    Con su espada, que lanza no traia.
    Al mozo favorece la fortuna,
    Que el indio con su pica tal venia,
    Que si el caballo un brinco no pegra,
    Por medio de los pechos le pasra.

    La pica suelta el indio muy corrido,
    Y al pecho del caballo se ase y garra:
    El mozo, que lo vido tan asido,
    La daga de la cinta desamarra:
    Con ella fuertemente le ha herido,
    Y tanto las entraas le desgarra,
    Que Magaluna altivo, bravo y fuerte
    Cay en tierra herido de la muerte.[72]

      Tiene el campo Juan Sanchez ya poblado
    De zapicanos muertos con su espada;
    Un indio le acomete sealado,
    Con una espada inserta y enhastada.
    Un bote le tir por un costado,
    Y el mozo le responde de estocada,
    Y acirtale por medio de la frente,
    Y da con l en tierra derrepente.

      Rasquin piensa ya hoy hacer remate
    Del ejrcito todo zapicano:
    Mas veis otro que viene en el combate,
    Que quiere en general probar la mano,
    De encuentro, de reves, d jaque y mate
    Al indio sin dejarle un hueso sano,
    Con la fuerza que pone en su caballo,
    El fuerte y animoso Caraballo.

      Fortuna, si quisieres estar queda,
    Cuan presto el Charruaha se acabaria:
    Si el capitan Garay viera tu rueda,
    Bien con su lanza audaz la clavaria.
    En un cerro una esquadra estaba queda
    De indios,  la mira que haria,
    El Capitan por ellos va rompiendo,
    Y en l todos  puja rebatiendo.

      Rompolos, y al romperlos fu herido:
    Mirronle los indios si caa,
    Y viendo como en tierra no ha caido,
    Sin rden cada cual all hua.
    El Capitan tras ellos ha corrido;
    En esto su caballo se tenda,
    Y muerto fenecise la pelea,
    De que el indio no poco se recrea.

      Acuden los soldados, como vieron
    Caer su Capitan con el caballo;
    De presto en otro al punto le pusieron;
    Procuran al real luego llevallo.
    Los brbaros al punto se huyeron;
    La trompa  recoger toca: dejallo
    Conviene al enemigo. En estos cuentos
    Murieron, segun v, mas de doscientos.

    Recgese la gente muy gozosa
    De ver quedar el campo muy poblado
    De la soberbia sangre belicosa
    Del indio, en estas partes sealado.
    Era cierto esta gente muy famosa,
    Su fuerza y su valor tan estimado,
    Que toda la provincia la temia,
    Y muy grande respeto le tenia.

    El Capitan, que  todos gobernaba,
    Fortsimo y valiente era en la guerra:
    Por aquesta razon le respetaba,
    Sin su gente, gran parte de la tierra:
    Y aunque l en estos llanos habitaba,
    Tenia alguna gente all en la sierra,
    Los cuales  su tiempo le servian,
    Y  su mano y diccion siempre acudian.

    Con esto estaba el perro tan pujante,
    Que  todo el mundo junto no temia,
    Juzgndose asi solo por bastante
    Contra la tierra toda y monarqua.
    El nombre de cristiano, y lo restante
    Pensaba de acabar solo en un dia,
    Y no le falta ayuda de paganos,
    Que vienen de los pueblos mas cercanos.

    En tanto que nosotros celebramos
    El triunfo de victoria muy gozosos,
    Y aquel siguiente dia reposamos,
    Los indios despoblando temerosos
    La tierra adentro huyen: despues vamos
    En busca de Rui Diaz muy gozosos,
    Que huyendo del tiempo adverso y duro,
    Tom en San Salvador puerto seguro.

    Adonde en su ribera deleitosa,
    De todos los desastres olvidados,
    Nos tuvimos por gente muy dichosa,
    En vernos ya de asiento all poblados;
    Con gozo celebrando la famosa
    Victoria de mancebos esforzados
    Contra el soberbio indio belicoso,
    Y en todo el Argentino mas famoso.

      A priesa cada cual hace morada,
    Que de maderos hay gran aparejo,
    Y teniendo su carga descargada,
    Por Juan Ortiz se parte Melgarejo.
    No siento le da pena la tornada,
    Que aunque es el Capitan ya cano y viejo,
    A trabajos est tan avezado,
    Que no se halla bien si est parado.

      Aqu, pues, los dejemos, descansando
    Los unos y los otros muy gozosos,
    El tiempo en regocijos empleando
    Por los campos y prados deleitosos:
    A Juan Ortiz volvamos, que penando
    Est con sus soldados lastimosos:
    Al que quisiere ser bien informado,
    Serle en otro canto relatado.




CANTO DECIMO-QUINTO.

     _En este canto se trata de las crueles y terribles muertes que los
     indios daban  los cristianos cautivos._


      De aquello que una vez se hubo estrenado
    El vaso nuevo guarda, como vemos,
    El gusto y el olor: lo que es usado
    Por largo tiempo en hbito tenemos,
    Y tanto en natural se ha transformado,
    Que siempre con lo tal bien nos habemos:
    Y as dejar costumbre muy usada
    Es cosa muy dificil y acabada.

      O, cierto, una cosa muy galana
    De un hombre cuartanario, que decia,
    Teniendo ya salud entera y sana,
    Que sin gusto y contento ya vivia:
    Estaba ya tan hecho  su cuartana,
    Que por falta su absencia la tenia.
    Mirad qu es la costumbre, y de qu suerte,
    Que dicen, que mudarla es par de muerte.

      Estoy ya tan cursado en esta historia
    En males infortunios y descuentos,
    Que aquello que tuviera otro por gloria,
    Tratar del enemigo y sus lamentos,
    No daba tanto gusto  mi memoria;
    Y as me pareca los acentos
    Faltaban por tratar yo de alegra,
    Por d vuelvo  cantar como sola.

      La gente desdichada zaratina,
    De la esperanza estaba muy colgada:
    El que esperando est siempre imagina
    La cosa que le est mas apropiada;
    Y cuando v mudanza repentina,
    Tras ella su memoria v guiada:
    Que el nimo dudoso tiene aquesto,
    Que ac y all se muda muy de presto.

      Estaban congojosos, esperando
    Que vuelvan los navios al concierto:
    Ya viene Melgarejo navegando,
    Dejando la mas gente all en el puerto.
    El buen Capitan entra pregonando,
    Que el perro zapican quedaba muerto,
    Y que iba ya huyendo de corrida,
    Su ejrcito y su gente de vencida.

      Con placer le reciben de alegria,
    Y todos con la nueva se alegraron,
    El roto campo y gente, artillera,
    En la zabra y bajeles embarcaron.
    La zabra el Uruguay entrado habia,
    El canal los pilotos no acertaron:
    Ni basta izar trinquete, ni el antena,
    Que fuertemente encalla en el arena.

      Los bergantines suben prestamente
    A descargar el hato que llevaban,
    El Guaran acudiera diligente
    A ver que los cristianos esperaban.
    Recibidos de paz, y prestamente
    Los indios  su casa se tornaban;
    Y en breve  dos cristianos han traido,
    Y que otros dos traern han prometido.

      Venidos los bajeles, y buen viento,
    La zabra desencalla del bajio,
    Sin recibir de aquesto algun tormento,
    Que piedras por aqu no tiene el rio.
    Al puerto se lleg con gran contento,
    A donde el Guaran volvi con pio
    De haber de los rescates castellanos,
    Y trajo por rescate dos cristianos.

      El capitan Garay hecha tenia
    A Juan Ortiz la casa en que viviese,
    Y cada cual la suya se hacia,
    Por tener un rincon d se metiese.
    El Juan Ortiz en este proveia,
    Que de hoy en adelante se dijese
    Y nombrase _Vizcaya_ el Argentino;
    Mirad el ambicion del Vizcayno!

      Despues al Paraguay determinaba
    Que vayan  traer mucha comida:
    Al capitan Garay acompaaba
    Rui Diaz, que procuran la manida
    De Cay, que en las islas habitaba.
    All los dos caminan de corrida,
    Primero con Chanaes encontraron,
    Y de ellos, dos  tres aprisionaron.

      De aqu los dos pasaron adelante
    En busca de comida, y en el rio,
    Que dije Igeipop; d est triunfante
    El indio Guaran, que es un gento,
    Como hemos dicho ya, en maa pujante.
    Sin otra presumpcion ni desafio,
    En los indios asalto dan bravoso,
    Cuando el sol asomaba luminoso.

      Habian estos indios abscondido
    Sus hijos y mugeres, y pensaban,
    En viendo algo seguro su partido,
    En nuestra gente dar, y as hablaban,
    Diciendo, pocos son: mas fu sabido
    El falso que en secreto concertaban;
    Y as salen huyendo por las vegas,
    Dejando de maiz muchas hanegas.

      Tres casas y buhios se dejaron,
    Con docientas hanegas bien colmadas
    De maiz, y otras cosas que se hallaron,
    Y estaban s la tierra sepultadas.
    Los soldados las casas les quemaron,
    Y fueran con los nuestros ya quemadas,
    De un indio que lo andaba maquinando,
    Si no estuviera Arevalo velando.

      El capitan Garay con sus soldados
    Camina  la Asumpcion con mucha priesa;
    El capitan Rui Diaz, (bien cargados
    Los suyos de comida y de la presa,
    Que fueron cuatro indios sealados,
    Y entre ellos de Cay un hijo), atraviesa
    A donde est el real, y en breve allega,
    Y la comida y presa toda entrega.

      La nave vizcayna se me aqueja,
    Que de ella no me acuerdo: est plantada
    All en un arenal,  d la deja
    Juan Ortiz, de gente mal poblada.
    Parceme que queda como oveja
    A lobos desambridos entregada:
    De cuando en cuando van  visitarla,
    Mas la gente se teme de guardarla.

      Y no quiero culparles, pues que tiene
    Cualquiera, ac d estamos, sobresalto,
    Pensando cada cual que le conviene
    Rogar  nuestro Dios, que de lo alto
    Envie su socorro: que si viene
    A dar el enemigo algun asalto,
    Sin duda perecemos, porque vana
    La guarda es sin la guarda soberana.

      Un caso contar, que manifiesta
    En su tanto y manera esta sentencia,
    De como humana guarda poco presta,
    Si est encontra divina Providencia.
    Sucede  media noche una molesta
    Y triste desventura, diligencia
    No basta  le impedir, porque la casa
    De Juan Ortiz se torna hecha brasa.

      Al punto que la gente reposaba,
    Un fuego se emprendi, el Adelantado,
    Segun pareci ser, despierto estaba,
    A priesa sin parar se ha levantado:
    El viento al fuego fuerza acrecentaba,
    La casa y cuanto tiene se ha abrasado,
    Que mientras mas va, el fuego mas se atiza,
    Y vuelve todo en polvo y en ceniza.

      Eterno Dios!, que azotas y castigas
    Los hombres por razones esquisitas,
    Que de tormentas, hambre, sed, fatigas,
    Trabajos, guerras, cosas infinitas
    He visto? Y s Seor, que mas obligas
    Aquel  quien castigas, y le incitas
    A que ande entero siempre en tu servicio:
    Mas no conoce el malo el beneficio.

      Metise Juan Ortiz en su navio,
    Adonde su hacienda est guardada;
    No cura de hacer ya mas buhio,
    Que la zabra la tiene por morada.
    La guarda se le hace junto al rio,
    La gente por el campo est poblada
    En sus chozas de paja, sin abrigo,
    Con no poco temor del enemigo.

      Al arma un dia se toca: alborotados
    A todos los vereis, porque asomaban
    El piloto mayor y los soldados,
    Que la nave sin guarda la dejaban.
    A todos los vereis amedrentados,
    Las damas y doncellas lamentaban,
    Los hombres desmayados, suspirando
    Andaban por la plaza divagando.

      Lleg, pues, esta gente que guardaba
    La nave vizcaina, y en llegando
    Al piloto unos grillos luego echaba
    El Juan Ortiz la cosa exagerando.
    El preso su venida disculpaba,
    El miedo por escusa presentando,
    Diciendo: "que en la nave  la ventura
    Estaba, y beneficio de natura."

      Aquel Cay, que dije, que huyendo
    Sali con los demas, y que dejra
    Captivo el hijo, vuelve ya corriendo,
    El rio Uruguay atravesra.
    Algunos de los suyos le siguiendo
    A Juan Ortiz pescados presentra,
    Con lgrimas y ruego significa
    Lo que con alma y vida le suplica.

      Que en rescate del hijo una graciosa
    Mozuela tome, pide; as pensando
    Cumplir su voluntad tan deseosa,
    Su rostro y hermosura exagerando:
    Y dcele: la tome por esposa,
    Y mientras, l est aquesto tratando,
    El Juan Ortiz la moza recibia,
    Y al indio sin su hijo en paz envia.

      En este tiempo O cosa lastimera!
    Flecharon al dichoso Chavarria:
    Aqueste  los Chanaes les cupiera,
    Al tiempo que la presa se partia:
    Ordenado de grados supe que era,
    Versado en natural filosofia,
    Discreto, sbio y muy caritativo,
    De mucha habilidad y seso vivo.

      Es justo deste quede gran memoria,
    Que su fin lo merece lastimoso,
    Y pues llev la palma de victoria,
    Gozoso le nombremos y dichoso.
    Yo espero nuestro Dios le di la gloria,
    Que yo le conoc por virtuoso,
    Y oidme aquesta grande maravilla,
    Que mas me mueve  envidia que  mancilla.

      Sacronle los indios del poblado
    En un pantano grande anegadizo,
    Y en un palo le ponen amarrado,
    Y flechas dn en l como granizo.
    Qued en breve tiempo tan cuajado,
    Cual vemos el pellejo del herizo
    De sus agudas puas, tal estaba,
    Y con esfuerzo grande as hablaba.

      "Eterno Dios, el alma te encomiendo,
    Que el cuerpo miserable que padece,
    (Aunque est este tormento padeciendo)
    Mayor por mis pecados l merece."
    Estando estas palabras l diciendo,
    El brbaro cruel mas se embravece,
    Y Chavarria en Cristo contemplando,
    El _Miserere mei_ est cantando.

      Cual suelen cazadores por el Soto
    Con perros y sbuesos voceria
    Alzar, as hiriendo  este devoto,
    El crudo barbarismo lo hacia.
    Estaba ya su cuerpo todo roto,
    La sangre hilo  hilo dl corria,
    Mas l no deja el canto de consuelo,
    Que espera de tener paga en el cielo.

      Y oid, mi buen Seor, aqu otra cosa,
    Que tiene en confusion  estos paganos,
    Por ser  vista de ojos espantosa,
    Segun lo refirieron tres cristianos.
    Captiva uno esta gente perniciosa,
    Y scanle los ojos, pies y manos
    Le cortan con malvada y gran fiereza
    Y dicen que est vivo. Qu grandeza!

      Juan Gago este cautivo se decia:
    De Guadalupe mozo virtuoso,
    En Logrosan, mi patria, me servia
    Al tiempo que dejra yo el reposo.
    A la Virgen pursima Maria
    De Guadalupe, dice este dichoso:
    "En este punto sed vos mi abogada,"
    Y acude  su costumbre tan usada.

      Dios sabe cuanto yo lo he procurado
    Sacar de cautiverio por mil vias,
    Y el trabajo y las hambres que he pasado,
    Andando tras los indios muchos dias.
    En muy grandes trabajos me he arrojado
    Por mi propia persona, y con espias,
    Y nunca he sido en ello de provecho:
    Acaso Dios har con l su hecho.

      Juan Barros de los indios fu cautivo,
    En tiempo de D. Pedro, en los Beguaes:
    Mataron otros, mas aqueste vivo
    Criaron, que era nio, y  Chanaes
    Le venden (aqueste hombre de que escribo
    Algun tiempo trat): Chiriguanaes
    Le cautivan, y tiempo mucho estuvo
    Entre ellos, y muger  hijos tuvo.[73]

      Aqueste Juan de Barros cierto vide
    Que hizo gran provecho  los cristianos:
    Que Dios todas sus cosas siempre mide
    Con divinos secretos soberanos.
    No sabe el triste hombre lo que pide,
    Lo mas cierto es dejrselo en sus manos:
    Esta consideracion en verdad hago,
    En el negocio siempre de Juan Gago.

      Estaban, sin los dichos, mas cautivos,
    Que asimismo mataron estos perros,
    Empalando y flechndolos aun vivos,
    Y tambien desgarrndolos con hierros;
    Y por mostrarse crudos y nocivos,
    En vida  muchos meten en entierros,
    A d mueren de hambre, cruda, perra,
    Y vivos sepultados s la tierra.

      Aqu quiero no quede por olvido
    Un caso que me viene  la memoria.
    Del grande Patriarca enriquecido
    De bienes duraderos en la gloria,
    Serfico Francisco ha merecido
    Un hijo suyo palma de victoria,
    En tiempo de D. Pedro le mataron,
    Y el caso de esta suerte me contaron.

      Estando este bendito religioso
    Hincado de rodillas en el suelo
    Con grande devocion, el envidioso
    Agaz, tirano indio, sin recelo
    Le flecha: mas al punto un luminoso
    Nublado descender se v del cielo,
    Y en el subir  todos parecia
    Una doncella, bella en demasia.[74]

      Los indios con aquesto se espantaron
    De suerte, que  l con otros compaeros
    Que habian muerto,  todos enterraron,
    Llorando porque fueron carniceros
    De aquel bendito fraile que mataron.
    Y estn en su temor hoy tan enteros
    Los descendientes de ellos, que recelo
    Tienen que les venga fuego del Cielo.

      A nuestra historia, pues, dando la vuelta,
    Cay de su hijuelo deseoso,
    Tras el Garay se fu, que  vela suelta
    El rio arriba iba sin reposo:
    Y cuenta como al hijo no le suelta
    El Juan Ortiz, y pdele lloroso
    Que le escriba una carta, en que le ruegue
    Que su querido hijo se le entregue.

      Es Yamand en aquesto el trujamante,
    Que es primo del Cay; muy confiado
    Est, porque ponindose delante
    De nuestro Juan Ortiz, Adelantado,
    Har con su saber y buen semblante,
    Que quede Juan Ortiz bien engaado:
    Mas uno piensa el bayo (all en Castilla
    Se dice) y otro es l que le ensilla.

      Con priesa Cay vuelve en compaia
    Del falso Yamand, que confiaba
    Que muy presto al sobrino llevaria,
    Que Garay en sus cartas lo rogaba.
    Con nimo gallardo y alegria,
    Al Capitan el preso demandaba;
    La gente dice toda, pues tenemos
    El pajaro en la mano, qu hacemos?

      No quiero referir las opiniones,
    Juicios y pareceres diferentes,
    Que habia en el real, y locuciones,
    Coloquios y corrillos entre gentes,
    Todos daban sus causas y razones,
    Al parecer de muchos suficientes:
    De Yamand se trata, si conviene
    Se prenda,  que se vuelva como viene.

      El Yamand, como hombre cauteloso,
    Procurando librar  su sobrino,
    Mostrse muy alegre y muy gozoso,
    Y dice  Cay vuelva su camino,
    Porque l est ya h dias deseoso,
    De estar entre cristianos, y as vino
    Con fin de bautizarse y ser cristiano;
    Y desta suerte habla al primo-hermano.

      "Cay, bien vs cual quedo entre cristianos,
    Y tu hijo tambien: tn buena cuenta,
    Que guardes de malicia bien tus manos,
    Y cosa contra aquesto no se sienta:
    Que tratas con los indios Zapicanos,
    Ni Guaran por pienso en tal consienta,
    Que al punto que haya tal, entrambas vidas,
    De tu hijo y de m, sern cumplidas."

      "Yo quedo con contento y alegria,
    Asi se lo decid  mis parientes:
    Mirad que mucho h que yo os decia,
    Que habian de venir de lejos gentes.
    Dejados de esa vana fantasia,
    Mirad que no podeis ser tan valientes
    Que deis cabo de tantos: sed ya buenos,
    Poned  vuestras almas duros frenos."

      Con esto y otras cosas que hablaba,
    El falso Yamand disimulando
    Su pretension fingida procuraba,
    Diciendo desear ser bautizado:
    Y tanto esta ficcion suya duraba,
    Cuanto de la Asumpcion se hubo llegado,
    Como dir despues, que agora siento
    En Santa Cruz un mal levantamiento.

      Tratemos dl agora, que sucede
    En tanto que lo pasa el zaratino
    Muy mal, y yo aseguro que bien puede
    Ponerse l de Toledo ya en camino,
    Sino quiere ser causa de que ruede
    Don Diego con su gente al Argentino,
    Y con su rueda d tal estampida,
    Que el Per venga todo de caida.




CANTO DECIMO-SEXTO.

     _Levntase D. Diego de Mendoza en Santa Cruz de la Sierra; sale el
     Virey D. Francisco de Toledo del Per, con gran ejrcito en su
     demanda._


      Con su saber astuto y cauteloso,
    Sintiendo la pujanza que Adam lleva,
    Y vindose no ser tan poderoso,
    Que pueda entrar con l en lucha y prueba,
    En el jardin de vida deleitoso,
    Satan tom por medio  nuestra Eva,
    Que vencerle, sabia, no pudiera
    Si solo la batalla acometiera.

      Contra el hombre qued Satan tan diestro
    Que si vencerle quiere con pujanza,
    Como viejo, sagaz y gran maestro,
    En una muger pone confianza;
    Y el caso que no puede muy siniestro,
    Por medio de muger puede y alcanza:
    De modo que de diez partes de males,
    Los nueve con muger causa cabales.

      Cuan claro aquesto vemos en el cuento
    Del pobre de D. Diego y de Zurita,
    Pues solo por poner muger asiento
    En el iglesia, y que otro se lo quita,
    Se comenz tan gran levantamiento,
    Que al reyno del Per plata infinita
    Le cuesta, y aun buen triunfo le costra
    Se l de Toledo no lo remedira.

      Las mugeres de aquestos dos trabadas,
    Comienzan de sembrar tan gran zizaa,
    Que yendo ya las cosas mal guiadas,
    Se fragua en poco tiempo gran maraa.
    El Zurita tenia desganadas
    Las gentes, y  D. Diego el diablo engaa:
    Al Zurita que manda all, prendia,
    Y al Audiencia Real preso le envia.

      Un Diego Gomez, hombre marinero,
    Con su pretension mala le traa
    Al pobre de D. Diego al retortero;
    El Cabildo en aquesto le elegia,
    En el lugar que estaba de primero,
    Zurita, que  los Charcas habia ido:
    Pues veis Gobernador D. Diego alzado,
    Y el propio del gobierno despojado.

      Don Diego  los alcaldes prende luego,
    Con otros que condenar su designo,
    Y viendo alborotado andar el juego,
    Los Salazares salen de camino.
    La nueva al Per vuela como fuego,
    Y el D. Diego con grande desatino
    Mat  los Salazares, procurando
    Quedarse para siempre gobernando.

      Don Francisco, virey de tanta fama,
    Y en servicio del Rey muy estimado,
    Sabido este negocio, echa de rama,
    Y en breve grande ejrcito ha juntado.
    A gente de valor y suerte llama,
    Y el hecho con presteza concertado:
    La cordillera se entra muy pujante,
    Echando un caballero de delante.

      Aqueste es D. Gabriel, que de su tierra
    Y sangre hereda esfuerzo Placentino:[75]
    A Santa Cruz le envia de la Sierra
    Con gente de la suerte que convino,
    A que rompa por paces  por guerra
    Del triste de D. Diego su destino,
    Despues, dando la vuelta, que pretenda
    En Ibitupu ganar hacienda.

      Don Francisco se v por otra parte,
    Por Presidente queda el de Quiones:
    Aqueste caballero con gran arte
    El Audiencia regia y escuadrones,
    Temiendo de su industria el fiero Marte,
    De su sagacidad y discreciones:
    Que tanto era el ardid que all mostraba,
    Que en la guerra las letras encumbraba.

      A Don Diego la nueva llega en esto,
    Que de parte del Rey se hace gente,
    De Santa Cruz se sale muy de presto
    A las horcas de Chaves diligente:
    En llegando despacha muy de presto
    En casa Ibitupu, indio valiente,
    Dicindoles, se junten mano armada,
    Y no dn al Virey paso ni entrada.

      Que si el Virey se le entra por la tierra,
    Que vivir en eterna servidumbre;
    Que habr de conquistar toda la Sierra,
    Sin dejar lo mas alto de la cumbre:
    Que ahora podr bien darle la guerra,
    Para librarse de esta pesadumbre;
    Que perfecta prudencia es y cordura,
    Gozar en la ocasion la coyuntura:

      El indio le responde, que guardase
    Su tierra, y que jamas no pretendiese,
    Que en cosa con los suyos le ayudase,
    Que all D. Diego solo se lo hubiese.
    Que no tiene temor que nadie entrase
    En su tierra, por fuerza que trajese,
    Que de nimos constantes tiene un muro,
    Y fuerza, con que vive muy seguro.

      Ibitupu,  _viento levantado_,
    Aqueste indio se llama, es de gran brio,
    Magnnimo, valiente y esforzado,
    De muy grande valor y seorio:
    En grande rectitud tiene su estado
    Sujeto por su esfuerzo y poderio:
    En toda la comarca es muy temido,
    Y muchos favorecen su partido.

      Entre los suyos hizo llamamiento,
    Y dsque  todos juntos los tenia,
    Les hizo un concertado parlamento,
    Dicindoles el fin que pretendia.
    "Aquesta tierra, dice, es nuestro asiento,
    A nadie de derecho otro venia;
    Por tanto el nuestro propio defendamos,
    Y la vida por l todos pongamos."

      "Yo he puesto diligencia en mis agueros
    Y hallo buen presagio en cuanto veo,
    Y espero que saldrn bien verdaderos,
    Cortados  medida del deseo:
    Y veros tan valientes y guerreros,
    Cual s lo sois, y siempre yo lo veo,
    Me pone nuevas fuerzas y me anima
    A conquistar los Charcas, Cuzco y Lima."

      "Noticia tengo ya de como viene
    El soberbio cristiano, mano armada:
    En las horcas de Chaves se detiene
    Don Diego con su gente levantada,
    De todos el resguardo nos conviene,
    Y guardar nuestra tierra libertada;
    Que si cualquiera de ellos nos venciere,
    De nosotros har lo que quisiere."

      Bebiendo de la chicha y del brevage,
    Que habia para ello el aparejo,
    Celebrado con grita y con corage
    De todos fu el acuerdo y el consejo.
    En medio de la junta, de buen trage
    Un indio se levanta, cano, viejo,
    Con manta que parece fina grana,
    Y en el brazo de plata una chipana.

      Aqueste con muy grande reverencia
    Al gran Cacique dijo, convenia
    Despachase con mucha diligencia
    A Condurillo.--Izoca: "mas valdria,
    Responde muy soberbio, sin paciencia,
    Matar toda la sangre vieja y fria,
    Pues quita  los osados corazones
    La causa de venganza y ocasiones."

      El viejo Tabob con pecho fiero,
    A Izoca respondi: "mal has hablado,
    Contino la tuviste ser parlero,
    Sin seso, sin verguenza, deslenguado:
    A ti junto con otro compaero
    Har entender quien soy en estacado."
    Izoca acude al arco que traa,
    De presto Ibitupu los despartia.

      Las tazas andan tales y los mates,
    Que el acuerdo se vuelve en voceria;
    All se disputaban mil debates,
    Y cada cual su caso difera.
    Con borradas razones y dislates,
    El uno al otro dice vencera,
    Aunque traiga consigo por ayuda
    La isla Jamaca y la Bermuda.

      Una India que las tazas ministraba,
    Muy vieja lagaosa y colmilluda,
    A todos los mancebos animaba
    Con su lengua mordaz y tartamuda:
    Entre otras muchas cosas que hablaba,
    Aquesta razon dice la barbuda:
    "En medio el Paraguay y Per estamos
    Aquestos y  los otros resistamos."

      Gran grita y alarido levantaron
    Los indios en le oir estas razones:
    El dicho con aplauso celebraron,
    Cesaron diferentes opiniones.
    El consejo con gozo consumaron
    Conformes en el alma y corazones,
    Sujetndose al dicho de la vieja
    Y as cada cual dellos se apareja.

      El nuestro Paniagua placentino,
    Con gente muy lustrosa y muy lucida,
    Con nimo de fuerte paladino
    Comenz, como dije, su partida.
    Y tan pujante fu, que de camino
    La tierra  su diccion qued rendida.
    Don Diego de esperarle ya cansado,
    A Santa Cruz, enfermo, se ha tornado.

      De manos y de pies Dios le ha tullido;
    Que es lstima de ver al caballero,
    Que aun obras naturales no ha podido
    Sin ayuda hacer de otro tercero.
    A Santa Cruz de vuelta ya venido,
    De D. Gabriel le viene un mensagero
    Con cartas del Virrey, y prometidas
    Del propio, y Gomez y Avila las vidas.

      Llegando D. Gabriel  aqueste puesto,
    Que las horcas de Chaves es llamado,
    Hall como D. Diego con el resto
    De su gente ya habia caminado.
    Las cartas despachando muy de presto,
    Con los suyos se queda all alojado,
    Que adelante pasar no se podia,
    Que la tierra de aguas se cubria.

      A Santa Cruz las cartas llegan breve;
    El Avila ha ayudado en esta parte,
    Causando que se haga lo que debe
    Hacerse, aunque siguiera el estandarte
    Contrario: mas agora no se atreve,
    Por ver del de Toledo la grande arte,
    Y que el D. Diego est sin pies y manos,
    Y aquellos que le siguen son tiranos.

      El rden que se di, que desistiese
    Del mando y del gobierno que tenia,
    Y al Cabildo y Consejo se le diese,
    Que aquestos dicen todos convenia.
    El Gomez, que fu causa que hiciese
    Don Diego la contada demasia,
    Y fuera al parecer su grande amigo,
    En vindole sin mando, fu enemigo.

      Desiste, pues, D. Diego de su mando,
    Y deja que el Cabildo gobernase,
    Por aquesta manera procurando
    Que el Virrey su delito perdonase.
    Algunos de su parte y de su bando
    Le dicen al Virrey se presentase:
    Que en ver su poca culpa y su inocencia,
    Sin duda que usaria de clemencia.

      El Cabildo enviar procura luego
    A D. Gabriel la nueva de este hecho:
    Salgado sale ya sin grande ruego,
    Mas no sin gran doblez de inicuo pecho.
    De Santa Cruz, saliendo como fuego,
    A las horcas de Chaves v derecho;
    Veinte mancebos lleva arcabuceros,
    Y mas cincuenta infantes muy guerreros.

      Don Diego del negocio ya arrepiso,
    Pensando de volver el juego en maa,
    A Salgado le ha dado por aviso,
    Que mate  D. Gabriel con su compaa.
    El indio Chiriguana nunca quiso
    Venir en el concierto y la maraa;
    Que si el indio en el concierto consintiera,
    Don Gabriel con su gente pereciera.

      El hecho de esta suerte se guiaba,
    Que llegado Salgado con su gente
    A donde D. Gabriel y el campo estaba,
    Seria recibido alegremente,
    Por el socorro y nuevas que llevaba:
    Y que despues, un dia de repente
    Marchando con los suyos el Salgado
    Revuelta sobre el campo descuidado.

      Con sus arcabuceros de delante
    Habia de ir Salgado y sus flecheros:
    Paniagua tras l con el restante
    En dos tercios, y que l con los primeros
    Revolviese  traicion, con tal semblante
    Que pensasen ser indios los postreros:
    Hicieran desta suerte todos alto,
    Y as Salgado diera un crudo asalto.

      Llegado, pues, Salgado donde estaban
    Paniagua y los suyos alojados,
    De todos con la nueva se holgaban,
    Por ver ir los negocios bien guiados:
    Y con esto de presto se aprestaban
    Para dar en los indios no domados:
    De Ibitupu, digo, el valeroso,
    Valiente, astuto, sbio y belicoso.

      Salgado se ofreci que con su gente
    Ir en la delantera de contino,
    Recbese su oferta alegremente,
    Que D. Gabriel no sabe su destino.
    Mas el malvado piensa prestamente
    En efecto poner su desatino;
    Y as para efectuar el crudo hecho
    Descubre con los suyos su mal pecho.

      Al tiempo, pues, que ya lo concertaba
    De dar en D. Gabriel que v marchando,
    El indio guaran lo revelaba,
    Que con Salgado iba caminando.
    Y aunque el Salgado bien se lo rogaba,
    No quiere el guaran seguir su bando,
    Que dice, que de andar est cansado
    Tras D. Diego, que siempre le ha burlado.

      A D. Gabriel el caso refiriendo
    El guaran con pecho y osadia,
    Y toda la maraa descubriendo,
    Que trabada Salgado ya tenia,
    Al tiempo que la iba mal tejiendo,
    El hilo conocido descubria
    El triste de Salgado, de tal suerte,
    Que vino  fenecerse con la muerte.

      Colgle D. Gabriel y prestamente,
    Despacha  Santa Cruz de aquel paraje
    Los indios Guaranies, y la gente
    Que dije que vinieron, y un mensage
    A D. Diego le envia diligente,
    La palabra le dando y homenaje,
    Que venga, que al Virey har servicio,
    Y que l le ser en todo muy propicio.

      Don Diego en esto, y Avila pensando,
    Que en su negocio hacen mucho hecho,
    A los Charcas caminan, procurando
    Llevar siempre camino muy derecho.
    A D. Diego el temor le v acusando,
    Aunque Avila le pone alegre pecho;
    Las aguas con gran fuerza le apuntaban,
    Y volverse por esto procuraban.

      Sabiendo en Santa Cruz como querian
    Volverse, porque el Gomez lo ha tratado,
    Diciendo que las aguas ya venian,
    Y no estaba el camino aparejado:
    A Diego Gomez presto le prendian
    Y al Audiencia le envian  recado.
    Don Diego no desiste del camino,
    Que tullido y enfermo  Mizque vino.

      Ibitupu, que estaba muy pujante,
    Espera  Don Gabriel con pecho fiero:
    No viene el Placentino muy triunfante
    Que le quita la fuerza el mal tempero:
    Las aguas tambien mira de delante,
    Y el importuno tiempo venidero,
    Y viendo como todo le adversaba,
    Batalla solamente presentaba.

      Y aunque nunca romper ha procurado,
    Con todo, el enemigo se mostrando
    Tan fuerte, que  los nuestros ha apretado,
    Y del todo  romper les obligando
    Algunos rompimientos ha formado,
    En que lo mas seguro se llevando
    El Espaol, el brbaro moria
    Cantando la victoria que perdia.

      Al fin, porque convino as hacerlo,
    Retranse los nuestros, que imposible
    Al brbaro ser en breve vencerlo,
    Que habita en una tierra muy terrible:
    Lo que es mas principal para cogerlo,
    Y es cosa hacedera y muy posible,
    Prenderles las mugeres, que prendidas
    Darn en trueco dellas dos mil vidas.

      Es cosa de notar de aquesta gente
    En como  su muger ama el marido,
    Que ni hijos, ni padres, ni pariente
    En tanto tiene: y s que ha sucedido
    Venir tras su muger muy diligente,
    Y dar en trueco un hijo muy querido
    El indio con tristeza lastimera,
    Por verse sin su dulce compaera.

      Zeloso suele ser y recatado
    El indio con la india que es su amada,
    Y d quiera que va la lleva al lado
    En tanto que no ve que est preada:
    Despues suele decir; ya est ocupado
    El vientre, y ocupada la posada,
    Si mi muger no hubiere de guardarse
    Mi obra ya no puede despintarse.

      Sali pues D. Gabriel de entre esta gente
    Sin hacer el efecto pretendido,
    Que el invierno le estaba ya presente,
    Por d dejar la guerra ha convenido.
    De Chuquisaca en esto el Presidente
    Quiones con socorro se ha partido,
    En busca del Virrey va caminando,
    Que  Condurillo viene atravesando.

      Al tiempo que el Virrey entr en la Sierra
    Con cuatrocientos hombres bien armados,
    Con otra mucha gente de la tierra
    De todos aderentes pertrechados,
    Con fin de reducir por paz,  guerra
    Al indio guaran con sus estados,
    La tierra considera, y la demarca
    Desde un pueblo que llaman Chalamarca.

      De aqu por su mandado  priesa fueron
    Tres hombres con despachos y recados
    A Tucuman, d en breve se pusieron,
    Que en el camino estaban bien cursados.
    Con esto en Tucuman presto tuvieron
    Noticia de Don Diego y de sus hados.
    Al Paraguay tambien la nueva viene
    Al tiempo que velarse le conviene.

      En tal trmino y punto est la cosa,
    Que si Don Diego  caso all bajra,
    Hallra nuestra gente deseosa
    De cualquiera revuelta y se holgra.
    Mas quiso con su mano poderosa
    El Alto remediar; que si la alzra,
    El Argentino todo se perdiera
    Y en aprieto al Per todo pusiera.

      Alguna vez o  mis odos,
    Que Don Diego venia levantado,
    Y v que se holgaban los nacidos
    En la tierra del caso relatado.
    Los pechos de estos fueron conocidos
    Cuando despues se hubieron rebelado
    En Santa-F, en aquel levantamiento,
    De que yo en su lugar la verdad cuento.

      De all de Chalamarca pues envia
    Despachos el Virrey, como contamos,
    Al Rio de la Plata, que tema
    El mal que en esta historia ya apuntamos.
    A Zrate despacha recta va,
    En busca de unos indios Comogamos;
    En Condurillo habita aquesta gente,
    Y as es dicho el cacique, muy valiente.

      Tambien sali el Virrey  la otra mano,
    Por sierras cordilleras de boscage:
    En partes pocas hay camino llano,
    Que todo es cordillera este parage.
    El asiento de Manso est cercano:
    Seguro estoy si fuera all el bagage
    Y pueblo, el buen Virrey all poblra,
    Que mucho  su pretenso le importra.

      Con gran pujanza v el Virrey siguiendo
    Su derrota y camino comenzado:
    El indio guaran se est riendo,
    Por ver que el aparato es escusado;
    Y en viendo al Espaol, tira huyendo
    De lejos, el motin haciendo usado:
    Don Francisco y su campo van marchando
    La vuelta del Per ya deseando.

      Aqu quedan cansados los carneros,
    All desmaya ya y muere el caballo,
    Desean muchos hombres verse en cueros
    El hato dejan ya por no llevallo.
    A los Charcas salieron mensageros,
    Quiones se d priesa, que encontrallo
    Al Virrey con socorro determina
    En el asiento y pueblo de Tomina.

      Marucare en aquesto muy furioso,
    Huyendo de su asiento y de su casa,
    Porque en quemarla nadie est gozoso,
    El propio la ha dejado hecha una brasa.
    Con Taboba el valiente y ardidoso,
    Sus mugeres y chusma presto pasa
    De all, y tan adentro se ha metido,
    Que no podr jamas ser ofendido.

      El buen capitan Zrate bajando
    En busca del asiento Condurillo,
    Con tan grande trabajo atravesando
    La tierra, qu temor me d escribillo,
    Los dias y las noches caminando,
    Al fin el indio hubo de sentillo;
    Y aunque de sobresalto los cogieron,
    La mugeres  hijos escondieron.

      Tres casas y buhios muy crecidos
    Aqu Zrate halla, d su gente
    Aloja: que los indios escondidos
    Vacios los dejaron prestamente.
    De  poco con cautela son venidos,
    Con cruces en las manos de repente,
    Diciendo, que huyeron temerosos,
    Y de la cruda muerte recelosos.

      Al Capitan decan y culpaban,
    Porque nunca avis de su venida,
    Que dias h que todos deseaban
    A los cristianos ver, que conocida
    Su bondad y valor, determinaban
    La tierra est al cristiano sometida;
    Y porque ellos esto conocian,
    Las cruces en seal de ello traian.

      Al Capitan con esto procuraban
    Entretener los indios, pretendiendo
    Hacer as mejor lo que ordenaban,
    Y andaban con gran priesa y maa urdiendo.
    En tanto que la junta concertaban,
    El Capitan su farsa conociendo,
    Un fuerte ha fabricado muy aina
    De brava palizada, y de fagina.

      Apenas est el fuerte fabricado,
    Y las paredes del no medio hechas
    Estaban, cuando el campo se ha quajado
    De los indios, que vienen por sus trechas,
    Gran grita y alarido han levantado,
    El aire y tierra cubren con las flechas.
    La guerra fu sangrienta y bien reida,
    Mas huye, al fin, el indio de vencida.

      Los muertos y heridos muchos fueron
    De parte de los indios, porque habia
    Ochenta arcabuceros que hicieron
    Como gente espaola de vala.
    De tres  cuatro vivos que cogieron,
    Traidos ac al fuerte, se saba
    Que los indios llevaban en los brazos
    A sus casas los hechos ya pedazos.

      De los nuestros quedaron mal heridos
    Algunos, pero pocos de esta guerra:
    Los indios  gran priesa son metidos
    Por la espesura grande de la sierra.
    De  pocos dias fueron descendidos,
    Bajando el capitan  ver la tierra;
    Y  quince que en el fuerte se quedaron,
    Las cabras, como dice, acorralaron.

      La tierra toda junta se ha juntado
    Haciendo para el caso llamamiento,
    A los quince del fuerte han apretado
    Y puesto en confusion y gran tormento:
    Muy grandes baterias les han dado,
    La cosa andaba en mucho rompimiento,
    Cuando dando la vuelta los cristianos
    Del fuerte se retiran los Paganos.

      El Capitan estuvo all tres dias
    Rehaciendo su gente; y como viese
    Que el estar mas all, por todas vias,
    Daoso era, ordense que se fuese
    En busca del Virrey y compaas,
    Que no se sabe de l  d estuviese.
    Mas l, tan gran camino v haciendo,
    Que sin poder errar le van siguiendo.

      De presto todos juntos se juntaron,
    Y dando ya la vuelta presurosos
    Con el buen Presidente se encontraron,
    De que todos se hallan muy gozosos.
    A sus casas alegres se tornaron,
    Aunque todos venian perdidosos:
    D. Diego de Mendoza tambien viene,
    Y oid en otro canto el fin que tiene.




CANTO DECIMO-SEPTIMO.

     _En este canto se trata de la muerte y justicia que hizo el Virrey
     D. Francisco de Toledo, de D. Diego de Mendoza en Potos, y del
     gran Seor Topamaro en el Cuzco._


      Aquel es de valor y grande estima
    Que sabe con prudencia gobernarse:
    Diremos con razon tener la prima
    Aquel que vemos sabe resguardarse
    Con gran maa en el arte de la esgrima,
    Y  su tiempo procura sealarse:
    Aqu apuntando el golpe por lindo arte,
    Y al fin haciendo el lance en otra parte.

      Aunque el Virrey la causa publicaba
    De su salida ser el Chiriguana,
    Y al principio de aquesto se trataba,
    En Don Diego de dar tiene mas gana.
    Y as al punto luego se tornaba,
    Sabiendo Santa Cruz estaba llana;
    Que no estando la causa sosegada
    All fuera el Virrey de mano armada.

      Bien claro se mostr, pues prevenia
    Al Per, y  las demas gobernaciones,
    Que  priesa  todas partes escribia
    De Don Diego las vanas pretensiones.
    La nueva  Tucuman presto venia,
    Que mas vuelan los tres que unos halcones:
    Tambien allega al Rio de la Plata
    D Juan Ortiz echaba la bravata.

      Responde con soberbia al mensagero,
    Mostrandole desnudo el viejo pecho,
    Que diga  Don Francisco, que harnero
    Lo tiene por servir al Rey, bien hecho:
    Y que tiene de ser siempre el primero
    D fuere menester ser de provecho:
    Que estan muy enseadas ya sus manos
    A derramar la sangre de tiranos.

      Mas no fueran bastantes, si bajra
    Don Diego, sus bravatas y sus fieros,
    Que mucha gente moza le ayudra,
    Que al fin eran antiguos compaeros:
    Y as la cosa acaso le obligra
    A buscar su remedio, y agujeros
    A donde se meter  priesa listo,
    Que no estaba en la tierra muy bien quisto.

      Mas no tuvo Don Diego tal designo,
    Que puso en el Virrey toda esperanza,
    Que habr de perdonar su desatino,
    Y as sale con esta confianza:
    Y no ha bien concluido su camino,
    Y  Diego Gomez vido que le alcanza;
    Que preso le traan, y  recado,
    De que  Don Diego mucho le ha pesado.

      D. Francisco saliendo de la guerra,
    A Potos se fu, que deseaba
    Juntar los naturales de la tierra,
    Porque esto al Gran Filipo le importaba:
    De los valles los trajo, y de la sierra,
    Y en breve mucho nmero ha juntado,
    Y pneles la tasa en los jornales
    Del trabajo y labor de los metales.

      Los indios son en grande muchedumbre,
    Que nunca acabaremos describillos:
    Difieren en los trajes y costumbre,
    Y as se diferencian sus aillos;
    Subidos en los altos de la cumbre
    Del cerro, ac parecen pajarillos:
    Sacando all el metal de sus mineros,
    Ac al pueblo lo bajan en carneros.

      Los ingnios los muelen muy aina,
    Por muy graciosa traza y artificio;
    Y hecho ya el metal cual pura harina,
    Se hace con azogue el beneficio.
    En breve sale pia y plata fina,
    Y muchas veces hace bien su oficio
    El azogue, quedando tan entero
    Segun y como estaba de primero.

      El grande laberinto, que de Creta
    Es dicho, con razon puede llamarse
    El cerro Potos,  d una veta
    A muchos enriquece; y engaarse
    A otro fuerza tanto, que te meta
    En ella hasta vivo sepultarse;
    Quedando s la tierra sepultado
    A vueltas de la plata que ha buscado.

      Estando aqu el Virrey, D. Diego viene
    Al asiento llamado de Tomina,
    A d un Corregidor, que el pueblo tiene,
    Al punto que lo v con l camina,
    Prendiendole, que quiere que se suene
    Que l mismo  le prender se determina:
    A Potos lo lleva diligente,
    Y el pobre de D. Diego v doliente.

      A las casas reales fu llevado,
    A d est la Real Hacienda, y plata;
    All lo tienen preso, y  recado,
    En tanto que su causa se v y trata.
    No estuvo muchos dias, que acabado
    En breve su negocio, no dilata
    D. Francisco el castigo que queria
    Hacer, segun entiende convenia.

      La villa Potos alborotada
    Vereis andar la gente dolorosa;
    Sabido la sentencia estaba dada,
    Y que la ejecucion era forzosa,
    Decian "Ha de ser ejecutada
    La sentencia de muerte rigurosa!"
    Algunos se metieron de por medio,
    Mas nunca pudo darse algun remedio.

      Al fin, pues, en la plaza fabricaron
    Un famoso cadalso muy de presto,
    Y al pobre de D. Diego le sacaron
    Subido en una mula muy de presto.
    Al tablado llegando, celebraron
    Su muerte, con dolor y luto puesto;
    Sintiendo pena de ello y gran mancilla
    Los galanes y damas de la Villa.

      Tambien  Diego Gomez, el que habia
    Al triste caballero aconsejado,
    Colgaron; y lo mismo aqueste dia
    Al Avila hicieran, que sacado
    Con estos tambien fu, y ya queria
    El verdugo colgarle: encaramado
    Estuvo en los postreros escalones,
    Y  grande priesa viene el de Quiones.

      A no llegar con priesa y diligencia
    Perdiera sin falta Avila la vida;
    Que el verdugo ejecuta la sentencia
    Si no viene Quiones de corrida.
    Por seal el bordon de Su Excelencia
    Traia, que es seal muy conocida;
    Perdonan al que est medio difunto,
    Y parece nacer en aquel punto.

      En su tnica y soga muy revuelto,
    Pensando ser vision y que soaba,
    A la crcel ha sido luego vuelto
    En tanto que su causa se trataba:
    Al fin sali de  poco libre y suelto,
    Y de gozo y placer no se hallaba;
    Que es burla muy pesada y que espanta
    Verse un hombre la soga  la garganta.

      Si solo imaginar un sentenciado
    Que habia de morir al otro dia,
    Le hizo que el cabello sea tornado
    De negro, blanco, luego encaneca:[76]
    Quien se vido en la escala levantado,
    Y al verdugo que echarle ya queria,
    Diremos que ha probado el trago fuerte
    De la descomunal y cruda muerte.

      O muerte, cuan amarga es tu memoria!
    Al hombre que en sus varios bienes fia,
    De Reyes, y no Reyes has victoria.
    De noche nos combates y de dia,
    En esta vida triste transitoria,
    Que al tiempo mas florido se desvia.
    Habiamos de tenerte por espejo,
    Por regla, por medida, y por consejo.

      Aquel santo consejo celebrado,
    Que dice, del morir nos acordemos
    En todas nuestras obras bien notado,
    Seguro que _in ternum_ no pequemos,
    En nuestro cristianismo consagrado,
    Creido, y aun sabido bien tenemos,
    Que ataja la memoria del tormento
    Y muerte, y gloria al malo pensamiento.

      No finjo santidad ni hipocresa,
    Que s soy pecador desconocido:
    Mas digo que en el tiempo que tena
    La muerte al ojo, siendo muy sabido,
    Que de hambre morian cada dia,
    En la parte que arriba he referido,
    Tenia la conciencia tan medida,
    Cual nunca jamas tuve yo en mi vida.

      La muerte de si tiene dar tristeza,
    Por no saber el hombre el paradero:
    Que si deste se tiene la certeza
    Alegre es aquel trance y placentero:
    Dejar un mundo tal, y tal vileza
    Habia de dar gozo muy entero,
    Y en lugar de tristeza gran consuelo,
    Pues vemos que salimos de este suelo.

      Una generacion muestra contento
    Al tiempo de la muerte, y hace fiesta,
    En lugar del funesto sentimiento,
    Que hace la espaola gente mesta.
    Si se tuviese el buen conocimiento
    De aquesta triste vida tan funesta,
    Con la muerte contento se tenia
    Tomndola por gozo y alegria.

      Julio Solino cuenta una costumbre
    De aquellos hiperbreos tan nombrados;
    Empero estos carecen de la lumbre
    De F: aquestos, dice, que cansados
    De vivir, y teniendo pesadumbre
    De ver tardar la muerte, muy untados
    Con cierta uncion, habiendo bien comido,
    Pecando as, se dan fin dolorido.

      En Tomahavi vide una estraeza,
    Que es digna de contarse de camino:
    En un pantano grande de llaneza
    De tierra, est temblando de contino,
    A d llegando perros, sin pereza
    Bailando como recio torbellino,
    Se arrojan en la fuente d se cuecen,
    Y vivos con su baile alli perecen.

      Parece que el morir les d contento,
    Y as muestran querer aquella muerte,
    Y vemos frecuentarse aquel asiento
    De perros, y morir de aquella suerte.
    Yo vide aquesto propio que aqu cuento,
    Que por juzgar el caso yo por fuerte,
    A verlo fu, y los perros que all fueron
    Bailando v, en la fuente perecieron.

      El cisne, blanco, bello, dicen; suele
    Cantar cuando la muerte le es vecina,
    Que dejar esta vida no le duele,
    Tenindola por triste y por maligna.
    Razon es, pues, mas justa se consuele
    El hombre racional, que  Dios se inclina,
    A quien, si vive bien, tiene guardada
    All en el cielo Dios mejor posada.[77]

      Pues vemos que no es cierta y duradera
    La ciudad que habitamos sin firmeza,
    Busquemos la que es firme y verdadera,
    Que dure para siempre en gran alteza.
    La muerte viene  priesa muy ligera,
    No es justo espante al bueno su fiereza.
    Temerla es natural, mas sea de suerte
    La vida, que no pese de la muerte.

      Saba bien la vida que habia hecho
    El vaso de eleccion, y deseoso
    De ver  Jesu-Cristo satisfecho,
    Que muriendo tenia gran reposo:
    Pedia con instancia ser desecho,
    Y disuelto del cuerpo trabajoso,
    Creyendo gozaria en guadio eterno
    A Cristo, sumo bien, con fin superno.

      Pero, aquel que no sabe ni est cierto,
    Mas antes con razon muy temeroso
    Lo que ha de ser de si despues de muerto,
    Con la vida se halla muy gozoso.
    As lo experimenta quien concierto
    No tiene en su vivienda: el virtuoso
    No huye de la muerte, cuando entiende
    Que en ella hallar lo que pretende.

      Pregunten  los Mrtires gloriosos
    De los falsos tiranos afligidos,
    Si iban  la muerte muy gozosos
    En verse por Jesus ser perseguidos.
    No estaban de su prmio recelosos,
    Mas con firme esperanza guarnecidos,
    Creian les estaba aparejada
    La corona de gloria consumada.

      Esta hizo al pastor, aunque primero
    Por divino secreto fu librado
    De la crcel, que est como cordero
    Humilde  aquel nernico mandado:
    La misma  su querido compaero
    Le convida  que sea degollado;
    Y como ac en su vida ellos se amaron
    En la muerte tampoco se apartaron.

      Esta  Bartolom hizo que diese
    Por su Seor la vida y el pellejo:
    Esta al buen Andres hizo muriese
    En una cruz, con ser ya cano y viejo:
    Esta hizo  Santiago que volviese
    Otra vez  Judea, donde aparejo
    Hall de conseguir la merecida
    Corona que tenia prometida.

      Aquesta  los Apstoles gloriosos
    Les hizo que sufriesen con contento
    La muerte, y  los monges religiosos
    Haca se privasen del sustento.
    Qu de santos estn ahora gozosos
    Que por esta sufrieron gran tormento!
    Que d muy gran esfuerzo  la buena alma
    Tener all en la gloria prmio y palma.

      El indio Topamaro no sabia
    Despues de muerto el fin de su jornada,
    Y tanto de la muerte se temia,
    Que diera al de Toledo sugetada
    La vida  servidumbre, aunque tenia
    En otro tiempo fuerza sealada.
    Mas el proverbio, y vulgo dice y grita,
    Que viva la gallina con pepita.

      Aqueste en Vilcabamba residia
    Con Incas, y valientes compaeros;
    Y como por Seor l se tenia,
    Formaba all sus leyes y sus fueros.
    A cristianos jamas l ofendia,
    Ni supe que hiciese desafueros:
    En sus tierras se estaba retirado,
    Y de los suyos era respetado.

      Algunos de los cuales acudian
    Al reino del Per y sus poblados:
    Con ellos muchos indios se metian
    En Vilcabamba, siendo maltratados
    De aquellos espaoles que servian:
    Que muchos suelen ser desatinados
    De tal suerte en mandarles lo que quieren,
    Que hacen que los indios desesperen.

      D. Francisco, que siempre procuraba
    En el real servicio sealarse:
    Como supo que este indio se jactaba
    De ser Seor, acuerda de tornarse
    De Potos, y al Cuzco se bajaba;
    Y sabiendo podia confiarse
    De Loyola, esta empresa le ha nombrado,
    Y en breve mucha gente le ha entregado.

      Martin Garca Loyola, caballero
    Era del hbito de Calatraba,
    Discreto, afable, sbio, compaero:
    En cosas de justicia se mostraba
    Con grande rectitud muy justiciero;
    De remiso ninguno le notaba,
    Porque, de mas de ser sabio y prudente,
    Es vivo como azogue y diligente.

      Saliendo  la conquista ha padecido
    Grandsimos trabajos y fatigas:
    En gran tiempo no hubieron parecido
    Los indios, aunque son mas que hormigas.
    Loyola, porque v el campo afligido,[78]
    Siguiendo aquestas gentes enemigas,
    Con solos dos soldados parte un dia,
    Con un esfuerzo grande y osadia.

      En luengo un grande rio caudaloso
    Con sus dos compaeros fu bajando
    Tres dias, y en un prado verde umbroso
    Que el rio con sosiego va baando,
    Metido en una choza al valeroso
    Topamaro le ha hallado reposando,
    Sin gente, que no saben la venida
    Del Capitan Loyola  su guarida.

      Una cadena le echa  la garganta
    De fino oro, muy rica y bien labrada:
    El Inca luego al punto se levanta,
    Sintiendo de esto pena muy sobrada.
    Loyola con sus dos victoria canta,
    Juzgando por dichosa tal entrada:
    Rio arriba se vuelve placentero,
    Triunfando del cautivo y prisionero.

      Sali de Vilcabamba victorioso,
    Y en la ciudad del Cuzco entra triunfando
    Del triste Topamaro doloroso,
    Que su miseria viene lamentando.
    Hallse l de Toledo tan gozoso,
    Y el caso de tal suerte exagerando,
    Que al licenciado Polo, su teniente,
    Le dice le deguelle prestamente.

      El licenciado Polo le responde,
    Que no quiere l hacer esa torpeza:
    Que no halla derecho, ni por donde
    A aquel Inca cortarle la cabeza;
    Y que si causa l tiene, y no la absconde,
    Se la muestre, y harlo sin pereza:
    Mas sin otro recado, que no quiere
    Ponerse al riesgo y mal que le viniere.

      El Virrey replic, que lo hiciese
    Como justicia suya, y su teniente:
    El Polo se resume en que escribiese
    De su mano el mandato, y que se asiente;
    Que no quiere algun tiempo le pidiese
    Del Inca aquella muerte algun pariente.
    El Virrey orden luego un escrito
    Del Inca publicando su delito.

      Al punto que se supo de su muerte,
    Que ejecutarse manda, se juntaron
    En breve tanta gente de su suerte,
    Que toda la ciudad alborotaron.
    Y aunque fu rogado, estuvo fuerte
    El Virrey, que con l no aprovecharon
    Los frailes, y un Obispo que decia,
    Que  Espaa  Topamaro llevaria.

      Al fin en una mula le sacaron,
    Con un pregon su culpa publicando,
    Que los indios por l se levantaron,
    Aquesto iba el verdugo pregonando.
    Tantos indios en esto se juntaron,
    El Cuzco de tal suerte alborotando,
    Que necesario fu que le rogasen
    Al Inca que mandase que callasen.

      All en el cadalso pues subido,
    El Inca en alto levant la mano,
    Al punto el alboroto y el ruido
    Ces: porque veais si aquel pagano
    De sus indios sera bien temido.
    En esto determina ser cristiano:
    Bautzale un Obispo que est al lado,
    Y al punto la cabeza le han cortado.

      Fu tanto el alarido y vocera
    Que los indios entonces levantaban,
    Que el mundo pareca se hunda
    Y las cosas ya todas se acababan.
    En tanto este negocio suceda.
    Los tristes zaratinos lo pasaban
    All en nuestro Argentino de tal suerte,
    Que el mal all menor era la muerte.

      De su hambre y desastres trataremos,
    Siquiera porque alguno haga memoria
    De piedad, y  Dios le rogaremos,
    Que tenga  los finados en su gloria;
    Y en esto de esta hambre hablaremos,
    Como  quien cupo parte de la historia;
    Que tal me vide  veces, que rabiaba
    Por comer, mas comida no hallaba.

      Y as prob manjares, y guisados
    Jamas de hombres humanos conocidos.
    All fueron los monos celebrados
    Por cabritos, y mas enternecidos,
    Tigres, osos, leones, desusados
    Manjares, de la hambre convencidos.
    Comiamos: empero tal me via,
    Que con la hambre pura no dorma.

      Viniendo de la iglesia una maana,
    Que habia sacrificio celebrado,
    Una comadre mia, Mariana,
    De su pequea choza me ha llamado,
    En una isla d antes la tirana
    Le habia  su marido sepultado,
    Y oid lo que me dice muy gozosa,
    Aunque del hecho suyo recelosa.

      Un solo perro habia en el Armada
    De gran precio y valor para su dueo,
    Llamado entr ese dia en su posada,
    Mas nunca mas sali de aquel empeo;
    Porque ella le mat de una porrada,
    Al tiempo del entrar, con un gran leo:
    Mostrndolo me dice: "qu haremos?"
    Yo dije: "asad, Seora, y comeremos."

      Commonos el perro con secreto,
    Aunque ella su negocio exageraba
    Por malo: mas yo dije, que el precepto
    De no hurtar, jamas se quebrantaba
    En casos semejantes; que el concepto
    Muy bien en la escritura se esplicaba;
    Que entre los sabios es muy ordinario
    Carecer de la ley lo necesario.




CANTO DECIMO-OCTAVO.

     _En este canto se trata cuan mal lo pasaba la gente de Juan Ortiz
     en San Salvador, y como, ido al Paraguay, muri, dejando por
     Gobernador  su sobrino Diego de Mendieta._


    Pobreza, dice el vulgo, no es vileza,
    Ni menos hambre  de otros bienes falta
    Mas hace venga el hombre en tal bajeza,
    Y mas cuando la gracia de Dios falta,
    Que no basta el valor y la nobleza,
    Que sobre el bajo cobre mal se esmalta:
    El pobre jamas halla en cosa abrigo,
    Y as, dice el refran, no tiene amigo.

    Quien vido bizarria y gentileza,
    Crianza, polica y buen donaire
    De galanes, y damas tal belleza,
    Postrada por el suelo con desaire?
    Al fin todo este mundo, y su braveza,
    Su vana presumpcion, es humo y aire,
    Y todo es burlera prestamente,
    Sino servir  Dios Omnipotente.

    La gente sin ventura zaratina,
    Que digimos estaba rancheada,
    La muerte cada paso por vecina
    Tenia con la vida muy tasada.
    Seis onzas dan escasas de harina
    Hedionda, sin virtud, y mal pesada:
    As se v la gente consumiendo,
    Hoy diez, maana veinte, se muriendo.

    Sin esto Juan Ortiz daba baldones
    A todos, con denuestos en la cara,
    Al tiempo del partir de las raciones,
    Por d era la racion doblada cara.
    "Malditos, endiablados comilones,
    Tragones, apocados, gente avara,
    Que os trage yo de Espaa  sustentaros,
    Qu os debo? estoy  punto por dejaros."

    Oh! cuantas veces, dijo un tesorero,
    (Hernando de Montalvo se decia)
    Si Dios llevase aqueste vocinglero,
    El miserable pueblo quedaria
    Alegre, muy contento y placentero,
    Y luego nuestro mal se acabaria:
    Mas suelen durar mucho aquestos tales,
    Para enmienda y castigo de mortales.

    Con esta falta estando de comida,
    Lleg del Paraguay socorro y gente,
    Que habiendo all llegado de corrida.
    Garay, la despach muy prestamente.
    Celebrse con gozo tal venida,
    Porque era necesaria de presente,
    Que  tal punto lleg nuestra miseria,
    Que vide  un religioso en tal laceria.

    Al bosque yendo un dia desganado,
    Muy falto de consuelo y de alegria,
    Encontr con un fraile muy honrado,
    Fray Alonso La-Torre se decia.
    De letras y virtud era dotado,
    A su Padre Serfico servia:
    Preguntndole yo Qu estais haciendo?
    Al punto este me dice respondiendo.

    "Entiendo que en muy breve he de acabarme
    Y he salido  cortar, y no aprovecho,
    Madera: si os plugiese de ayudarme
    Har para morir un candelecho,
    Que no espero jamas de levantarme,
    Segun estoy sin fuerzas y deshecho.
    Aquesto me diciendo, hcia el cielo
    Los ojos levantando, di en el suelo.

    Yo viendo su fatiga, muy lloroso
    Y triste, que le amaba en sumo grado,
    De presto de aquel prado, verde, umbroso,
    Cort para su lecho buen recado.
    Del suelo se levanta algo gozoso
    Por verme  m, de varas bien cargado;
    Llevselas  cuestas que el tal iba,
    Que ya no figuraba cosa viva.

    Algunos otros vide en este estado,
    Soldados, sacerdotes, religiosos:
    Que no tiene respeto al esforzado
    La vil hambre, ni teme poderosos;
    Ni mira al que es filsofo  letrado,
    Ni menos  los nobles generosos;
    Que al Papa, Rey, y bajo zapatero,
    A todos los iguala por rasero.

    El socorro que digo, pues, venido
    Alegra nuestro ejrcito hambriento,
    Y en gozo y en placer es convertido,
    El pasado dolor y gran lamento:
    Mas nuestro Yamand ya arrepentido,
    De estarse con nosotros tan de asiento,
    En una tenebrosa noche y prieta,
    Sin nadie lo sentir, huyendo aprieta.

    No se tiene esperanza que parezca,
    Ni que vuelva  nosotros de su grado,
    Sino es para causar alguna gresca
    Conforme  las demas que l ha forjado.
    Roguemos, pues,  Dios que no se ofresca
    En que el haga su oficio tan usado,
    Porque l en hacer mal est tan diestro,
    Que puede en el infierno ser maestro.

    Gran priesa Juan Ortiz para partirse
    En este tiempo tiene, el rio arriba;
    Mas no podr aqu Trejo escabullirse,
    Pues materia nos d que de l se escriba.
    Por cierto que l que no sabe medirse
    En su lengua, no siente en que se estriba:
    Hablar, muy muchas veces ha pesado
    A muchos; mas callar nunca ha daado.

    En el Per sabemos que acontece
    Perder por el hablar muchos la vida,
    Y l que  hablar se atreve, mal padece;
    Y escapa quien obr, y merecida
    La muerte bien tenia, que se ofrece
    A veces tropezon en la corrida.
    Gran cosa es el secreto y de gran precio,
    Pues vemos no le tiene el hombre necio.

    A Trejo, Juan Ortiz bien respetaba,
    Y por vicario puesto le tenia,
    En tanto que de arriba se enviaba
    El recado que en esto convenia:
    Es cierto (que yo lo vi) le regalaba,
    Con ser la falta grande en demasia,
    Al Trejo no falt jamas comida,
    Mas l suelta su lengua desmedida.

    En pblico est un dia entre soldados
    Hablando de las cosas que hacia
    El Juan Ortiz: trat descompasados
    Negocios este Trejo en demasia;
    De suerte que ya tuvo amotinados
    A muchas con las cosas que decia:
    Entre ellas, dice, aqueste es mal cristiano,
    Conviene muy en breve echarle mano.

    Hacer informacion que roba  todos,
    Que nunca hace cosa en buenos puntos,
    Habindonos robado por mil modos
    A cada uno por si, y  todos juntos:
    Que trata  todos mal, y por los lados
    A todos echa; y de esto los trasuntos
    A nuestro Rey enven en proceso,
    Y  vueltas en cadenas, l, y preso.

    El Juan Ortiz, que supo esta maraa,
    Comienza de hacer informaciones;
    Convirtese el amor en pura saa,
    Y dice del vicario mil baldones:
    Al fin se d en la cosa tanta maa,
    Que sube Trejo arriba con prisiones,
    Dejando en este puerto mal parada
    La gente que ha quedado de la Armada.

    Partido Juan Ortiz, y comenzando
    A caminar por brazos, por esteros
    Que el rio por all lleva, formando
    Mil islas de onsas, tigres, osos fieros
    Pobladas: mas no salen rescatando
    Los indios, como suelen, con sus cueros
    Ni carnes, ni pescado; que es indicio,
    Que quieren intentar otro ejercicio.

    Sospchase de cierto, pues no vienen
    Los indios al rescate acostumbrado,
    Que guerra concertada alguna tienen,
    Y el falso Yamand la habr forjado:
    Pues ya seguro estoy, por cierto, suenen
    Muy pocos arcabuces, que el soldado
    Desnudo, desarmado y desembrido,
    Cansado de remar, est dormido.

    Al fin  Santa-F, tiempo gastando,
    Se llega, d poco antes los vecinos
    Salieron  nosotros navegando
    En balsas, y canoas los Calchinos,
    Mepenes, Chiloazas voceando;
    Tambien salen por tierra  los caminos,
    Celebrando con gozo la venida
    A quien quitar quisieran alma y vida.

    Estaba esta ciudad edificada
    Encima la barranca, sobre el rio,
    De tapias, no muy altas, rodeada,
    Segura de la fuerza del gento.
    De mancebos est fortificada:
    Procura el indio de ellos el desvo,
    Que son diestros y bravos en la guerra
    Los mancebos nacidos en la tierra.

    Subiendo, pues, el Rio de la Plata,
    Al Paraguay se llegua muy ameno,
    El cual con menos furia se desata,
    Y en su corriente viene mas sereno.
    Por sus riberas caza bien se mata.
    Que el campo de venados est lleno,
    Y en l muchos dorados y pates,
    Corvinas, palometas, y mandes.

    Con esto  la Asumpcion llega la gente
    Con gran placer, contento y alegra,
    Y con mucho socorro, que el teniente
    Al camino enviado nos habia.
    La gente paraguense alegremente
    A nuestro Adelantado reciba,
    El cual de  poco tiempo que ha llegado
    Abajo bastimentos ha enviado.

    Holg la gente, en ver que el bastimento
    Llegase  tan buen tiempo, que tenan
    Gran falta de comida y de sustento,
    Y mucha hambre todos padecian.
    Dejmoslos ahora en su contento
    Pues ha tan poco tiempo que plaian
    Que no durar mas el alegria,
    Que suele, al que es tahur, en su porfia.

    La nao vizcayna, que plantada
    Dejamos en la tierra  su aventura,
    Habiendo sido de indios visitada,
    Con fuego la consumen su hechura.
    Mirad si fu la cosa bien pensada,
    En no dejar en ella criatura,
    Que alli fuera del fuego consumida,
    Sin poder escapar libre la vida.

    El Juan Ortiz arriba con presteza
    Su oficio de justicia gobernaba,
    Con gran solicitud, y sin pereza,
    Quimeras nunca oidas inventaba.
    Aquel haberse visto en gran riqueza,
    Y verse de ella ageno, le cegaba
    Su razon de manera, que tropieza
    Por esto,  hiere siempre de cabeza.

    No quiere sujetarse  otro consejo;
    El suyo, dice, que es el mas seguro.
    Un dia le hall con sobrecejo,
    Pregntole, qu hace? Dice, juro
    Por Dios, que si me viese en aparejo,
    Y  punto de perderme, y un maduro
    Me diese algun consejo, mas querria
    Perderme, que hacer lo que l decia.

    Los reyes, yo le dige, que tomaban
    Consejo y parecer de sus letrados,
    Las ciudades tambien se gobernaban,
    Por hombres en las cosas mas versados:
    Y que solos aquellos acertaban,
    Que de consejo bueno son guiados.
    Antes, dice, querr se pierda todo,
    Que no tomar consejo de un beodo.

    Vivi en el Paraguay algunos meses,
    Poniendo  muchos malos duro freno:
    Mas tuvo mil dislates y reveses,
    Que fu de caridad quito y ageno.
    De ver por cierto es, tucumaneses
    Nunca gobernador hallaron bueno;
    Los nuestros Paraguenses cosa mala
    Jams confesarn que hizo Irala.

    Y no lo tengo cierto  maravilla,
    Que aquesto del gobierno est en ventura,
    Y mas cuando no acierta la cuadrilla
    A ser de buena masa y compostura;
    Que no basta razon para regilla,
    Pues que carece della y de cordura:
    Bien claro est que mal ser regida
    La cosa que no tiene en s medida.

    Los soberbios y vanos, los altivos,
    Muy mal vemos que dejan gobernarse;
    Los hombres zahareos, los esquivos,
    Que no quieren  yugo sugetarse;
    Aquestos son muy malos y nocivos,
    Y no puede con ellos bien tratarse.
    Pues qu har quien manda con tal gente
    Que de toda razon es careciente?

    Habr de armarse el tal con un escudo
    De gran paciencia y grande sufrimiento;
    Pedir  Dios favor muy  menudo;
    Mostrar con un sagaz contentamiento
    Amor  cada cual, por torpe y rudo
    Que sea, procurando que su intento
    Con el divino sea regulado,
    Con que en el gobernar ser acertado.

    En la Escritura vemos claramente
    Constar esta verdad muy  la larga,
    Cuando para regir Moiss su gente
    Ayuda pide  Dios, y le descarga
    De la carga pesada; en consiguiente
    A aquellos buenos viejos se la encarga:
    De Moyss y su espirtu quitando
    Aquello que  los viejos Dios fu dando.

    Aunque el Adelantado procuraba
    Guardar cuanto podia la justicia,
    Y al malo con presteza castigaba,
    Se veia que pecaba de malicia:
    Con todo en gran manera le cegaba
    Al tiempo el menester, mas su codicia;
    Por donde vimos todos claramente,
    Que estaba muy malquisto entre la gente.

    El vulgo, en general, mal le quera,
    Y su vivir les daba grande pena;
    Y viendo que en la cama adoleca,
    Lo tuvieron los mas  dicha buena.
    El Santo Sacramento reciba
    En un dia, y estando casi agena
    El alma de su cuerpo, por gran ruego
    Test, y apenas firma, y muere luego.

    Muri con mucho nimo y con brio,
    Diciendo, si podremos con la muerte!
    Yo mismo se lo o, y desafio
    Haceis, entonces dige, con el fuerte?
    Mas ella di con l al traves frio,
    Tomando contrayerba de esta suerte
    En el caldo deshecha, por huylla,
    Y hllala mas presto en la escudilla.

    Habia Pedernera, un hombre viejo
    Rogdole la tome, que seria
    Remedio saludable y aparejo
    Para sanar del mal que padecia.
    Pues quiere aprovecharse del consejo
    Al punto que su vida fenecia,
    Quien de consejo en vida no curaba,
    Segun l poco antes blasonaba.

    Dej en su testamento declarado,
    Que sea su legtimo heredero
    La hija que en los Charcas ha dejado,
    Y aquel que fuere esposo y compaero
    Suceda en el gobierno y el estado,
    Segun como lo tuvo l de primero:
    Y mande y rija, en tanto que ella viene,
    Su sobrino Mendieta que all tiene.

    El cabildo y ciudad le han recibido,
    Comienzan  llamarle _Seoria_;
    Es mozo que veinte aos no ha cumplido
    Y en seso mayor falta padecia.
    Dsque se v en su trono ya subido
    A todos hace agravio y demasia:
    Al tio yo le o pronosticarlo,
    Y harto duro estuvo de nombrarlo.

    Nombrle coadjutor que le ayudase,
    Que fu Martin Dur: mas el Mendieta
    Dice  Martin Dur no le pasase
    Por pensamiento tal, ni se intrometa
    En cosa que hiciese l  mandase;
    Que en el punto que tal cota acometa,
    Sin duda le har tan crudo juego,
    Que tenga menester ageno ruego.

    Quedando con poder solo absoluto,
    Comienza de enfrascarse en desatinos,
    En obras y palabras disoluto,
    Haciendo mucho agravio  los vecinos.
    Por verle en sus costumbres tan corrupto
    Buscaban todos ya nuevos caminos,
    Y yo quiero buscarle en canto nuevo,
    Que ya en este decir mas no me atrevo.




CANTO DECIMO-NONO.

     _Trtase del mal gobierno de Diego de Mendieta, y de como fu preso
     en Santa F, y de como sali Garay al Per, y volvi huyendo, y en
     su seguimiento el capitan Valero._


    Refran es muy antiguo y muy usado,
    Que el malo que tras otro sucediere
    Har bueno al que fuere ya pasado.
    Al que el presente canto bien leyere
    Serle aquesto bien manifestado:
    Que si notarlo un poco bien quisiere,
    Ver que Juan Ortiz era un bendito,
    Mendieta, su sobrino, muy maldito.

    Al tiempo que la muerte le apretaba
    A Juan Ortiz, le o que conocia
    Que el pueblo su salud no deseaba:
    "Yo soy malo, mas cierto que algun dia
    Me haga alguno bueno." Si rogaba
    La vieja por aquel que mal rega
    En Roma, si  Mendieta conociera,
    Mentarlo un solo punto no quisiera.[79]

    Subido ya en la cumbre de su gloria,
    De toda cosa buena descuidado,
    Juicio, voluntad, y la memoria,
    En solas sus pasiones ha fundado.
    Y aunque esto demandaba nueva historia,
    Ir tan solamente aqu cifrado,
    Que no quiero contar por las parejas
    Sus cosas, que ofendiera las orejas.

    Comienza, pues, Mendieta de cegarse,
    Vencido de zelillos y locura,
    De malos procurando acompaarse,
    Hallando en ellos corte  su hechura.
    No osaba de los buenos confiarse,
    Por ser de diferente compostura:
    A cuatro caballeros aprisiona,
    Y con mil vituperios los baldona.

    En grillos y colleras los pona,
    Y as los desterr por malhechores:
    Y el pobre no conoce que se va
    Que todo lo causaban sus amores.
    A cumplir su destierro los enva,
    Mas oye Jesu-Cristo sus clamores:
    Volvieron del camino, y as presos
    Estan en tanto que hay nuevos sucesos.

    Vicencio  esta sazon, dicen, dijera:
    "Mal hace de prender Mendieta gentes
    Sin culpa, y sin razon." Mas quien lo oyera
    Denuncia con palabras diferentes.
    Al fin vino la cosa en tal manera
    Que encarta  los que estaban inocentes.
    Vencido del tormento, y engaado,
    Por d fu luego  muerte condenado.

    Al tiempo que en la horca esta subido,
    De su conciencia y alma temeroso,
    Pblica como en todo habia mentido
    Por medio del tormento riguroso,
    A voces testimonio fu pedido
    De aquello que all dice, y el furioso
    Verdugo le colg, que est compuesto
    Que hiciese el oficio muy de presto.

    Garay, que en Santa-F est teniente,
    Con la muerte de nuestro Adelantado
    Al Per se sali con Pedro Puente,
    Aunque Abrego impedirlo ha procurado.
    A los Charcas llegando incontinente,
    Habiendo su negocio relatado,
    Procuran Doa Juana se casase
    Con persona que bien les gobernase.[80]

    Por suerte  Doa Juana le caba
    El Licenciado Vera por marido:
    Por Oidor en los Charcas resida;
    La misma plaza en Chile hubo tenido;
    Y en su tiempo el Arauco le tema,
    Que  vueltas de las letras ha servido
    A nuestro gran Filipo con la espada,
    Andando tras la gente rebelada.

    D. Francisco el Virrey, dicen, quisiera
    Casar  Doa Juana de su mano:
    A Garay le escribi que  Lima fuera.
    Las cartas del Virrey fueron en vano,
    Que el Licenciado Torres y de Vera
    Habia madrugado mas temprano;
    A Juan Garay hace su teniente,
    Y vulvele  enviar muy brevemente.

    Matienzo en este tiempo presida,
    Y tiene del Virrey ya mandamiento
    Contra Garay, que  priesa resida,
    Temiendose de algun impedimento.
    Tras l el Presidente al punto enva
    A Valero, que sale como un viento,
    Y con las provisiones le requiere,
    Mas l, obedecerlas nunca quiere.

    El buen Torres de Vera como entiende
    Aquesto, determina de partirse
    Al Rio de la Plata, que pretende
    Del Virrey y su ira escabullirse.
    Tras l saliendo Cspedes, le prende,
    Que no le aprovech con priesa el irse.
    Triunf Loyola de l con mucha estima,
    Y luego le despacha para Lima.

    D. Francisco le tuvo aprisionado,
    En l ejecutando puras saas;
    A cabo ya de dias se ha librado,
    Que el tiempo vemos cura mil maraas.
    A su plaza despues que se ha tornado,
    A cabo ya de dias tuvo maas;
    Como se vuelve  estar, aunque le quita
    D. Diego cuando vuelve  la visita.[81]

    Mendieta pensar ya que le olvido,
    Por ver que en el Per ando olvidado;
    Habindole yo mismo prometido
    Decir aqu cuan mal se ha gobernado.
    Andaba el sin ventura tan metido,
    Y en fuego del amor tan abrasado,
    Que las brasas de amor, y vivo fuego
    Le tienen convertido en nio ciego.

    Antiguos, que  Cupido celebrastes
    Por Dios de amor, con arco y con saeta,
    Y nio rapacejo le pintastes,
    Con venda que la vista bien le aprieta;
    No dudo sino que nos acordastes
    Que habia de nacer este Mendieta:
    Que si es ciego el amor y sin sentido,
    No teneis que buscar otro Cupido.

    Aunque  muchas mugeres requestaba,
    Y  su gusto y mandado las tenia,
    A una mas que  todas l amaba,
    Que en hermosura  todas excedia.
    Por esta de muy muchos se celaba,
    Por esta  todo el mundo aborrecia,
    Por esta tuvo orgen su locura,
    Por esta feneci su desventura.

    Por esta muchas fiestas se hicieron,
    Por esta se jug sortija y caas,
    Por esta toros bravos se corrieron,
    Por esta se hicieron mil hazaas:
    Por esta algunos justos padecieron,
    Por esta vide yo muchas maraas,
    Por esta andaba el pueblo alborotado,
    Por esta se han los cuatro desterrado.

    Por esta, una muger que fu nacida
    En el Brasil, muy vieja, con gran saa
    Me dijo "Ay, mi seor, como perdida
    En otro tiempo, dice, que fu Espaa
    Por la Cava, esta tierra dolorida
    Por est lo ser; y pues que daa
    La tierra tanto esta, procuremos
    Que salga presto della y sus extremos."

    Y aunque al Mendieta  veces sucedian
    Disgustos, pesadumbres  manojos,
    Y  l por esta causa aborrecian
    Algunos, y le daban mil enojos,
    Muy poco aquestas cosas le empecian,
    Que mas amaba aquesta que  sus ojos.
    Y as buen rostro  todos males hace,
    Y en su gusto  su gusto satisface.

    En una noche un page hubo hallado
    Un papel bien cerrado, en que decia,
    Que mal  todas gentes ha tratado,
    Y agravia con molestia en demasia;
    Y que no siendo en esto moderado,
    El pago le dar Dios algun dia:
    El pobre con enojo loco y ciego
    Publica lo que dice el papel luego.

    Comienza de hacer informaciones,
    Y prende  los que estaban inocentes,
    Y con algunas falsas relaciones,
    Con prision atormenta  muchas gentes.
    No sale con sus vanas pretensiones,
    Aunque pone calor y grandes dientes;
    Y as confuso deja la pesquisa
    Del libello, diciendo que era risa.

    Tambien prendi  una dama, porque habia
    De la crcel sacado  su marido,
    Con crudo corazon y tirania,
    En muy brava prision la hubo metido.
    La triste con dolor as decia,
    Su rostro de llorar muy consumido:
    "Adonde ests, Filipo Ay desdichada!
    Doliraste de verme maltratada."

    "Sabrslo, pues, Rey mio, si plugiere
    Al alto Rey de reyes, y sabido
    El castigo hars que mereciere,
    Quien con tanta crudeza me ha oprimido."--
    "En tanto yo har lo que quisiere,
    Mendieta la responde embravecido,
    Y vos prestad los pies  aquestos grillos,
    Que habeis, por mas que os pese, de sufrillos."

    Su marido de aquesta preso estaba,
    Con dos pares de grillos y cadena,
    Y aunque el Mendieta culpas publicaba,
    La mayor no pesaba como avena:
    Y como la muger se recelaba,
    El alma de temor y miedo llena,
    Al marido  sus cuestas ha sacado,
    Y en la iglesia y sagrado lo ha encerrado.

    A personas muy muchas oprimia,
    A viejos Espaoles muy honrados,
    Que  los mozos traviesos consentia
    En sus vicios andar muy desmandados.
    Con esto y otras cosas que hacia,
    Estaban los juicios ofuscados
    De todos, el remedio no esperando,
    Si no morir con pena suspirando.

    Andaba la Asumpcion tan temerosa,
    Que padres  los hijos no hablaban,
    La muger del marido recelosa,
    Las madres de las hijas se guardaban.
    Justicia del Seor muy rigurosa,
    Las cosas de Mendieta figuraban
    Castigo en recompensa de pecados,
    De los presentes vivos y pasados.

    Los Espaoles viejos muy ancianos,
    Con su cabello blanco y barbas canas,
    A la importuna muerte ya cercanos,
    Cansados de sufrir cosas tiranas,
    Echaban  monton juicios vanos,
    Y fingiendo esperanzas muy cercanas,
    Formaban el remedio deseado,
    Y as crecia la pena y el cuidado.

    Los clrigos y frailes muy  prisa
    Avisos para Espaa despachaban.
    Mendieta en esto pone gran pesquisa,
    Las cartas en zapatos despachaban:
    El falso mensagero se lo avisa,
    Y como en los zapatos se hallaban,
    En callar se resumen suspirando,
    Que el hablar se juzgaba por nefando.

    En esto  Santa F quiso bajarse
    Con vana presumpcion y bizarria,
    Que es vspera cercana de acabarse
    Sus quimras y loca fantasa.
    De mucha gente hizo acompaarse,
    Que  fuerza de su grado le seguia,
    Apenas, como dicen, ha llegado,
    Y vse de prisiones rodeado.

    La causa no pensada cierto ha sido,
    Que no pudo hallarse fundamento,
    Sino solo sentir como ha venido
    De arriba del supremo firmamento.
    Con Francisco de Sierra hubo tenido
    Palabras, atencion pido  mi cuento,
    Que no fu aquesta cosa fabulosa,
    Antes la juzgo yo por milagrosa.

    Aqueste Sierra era muy honrado,
    Y de los naturales muy querido,
    Hombre de presumpcion y muy soldado,
    Por donde era de todos muy temido.
    Despues que las palabras han pasado,
    Mendieta le llam, mas no ha querido
    A su mando ir, que se recela,
    Que Mendieta le llama con cautela.

    A la iglesia se v huyendo luego,
    Que al fin bien vale mas salto de mata,
    Que no de los amigos buenos ruego,
    Segun el comun dicho dice y trata.
    Mendieta sale al punto como fuego,
    Y cuando nuestro Sierra no se cata,
    De la iglesia le sacan sin recelo,
    Sin dejarle llegar los pies al suelo.

    Como sacan del templo consagrado
    A Sierra con aquella pesadumbre,
    El pueblo todo junto alborotado
    Acude, y de mancebos muchedumbre.
    Sali gritando  voces un soldado
    Sin saber lo que es; que de costumbre
    Tenia de gritar; sueltan  Sierra,
    Y  Mendieta la gente toda afierra.

    El pobre desque vi como aferraba
    La chusma de l, procura escabullirse
    Con una poca gente que llevaba,
    Que con l determina de huirse.
    Como Sierra sinti que le dejaba,
    Apenas acab de desasirse,
    Cuando con furia ech mano  la espada,
    La chusma le acudi de mano armada.

    Juntse el pueblo todo con l luego,
    Y viendo que Mendieta fu huyendo,
    Cercronle la casa, y pegar fuego
    Querian; mas sintiendo el gran estruendo
    Mendieta, con temor pide  gran ruego
    Le dejen: la canalla le est oyendo,
    Que dice, "por amor de Jesu-Cristo
    Cesad, que de mandar yo me desisto."

    El pueblo soseg de aquel bullicio,
    Y piden que d f un escribano
    Como Mendieta cede de su oficio
    Que aquesto dicen ser  todo sano.
    Nuestro Rey lo tendr por gran servicio;
    El pueblo dice que este es un tirano;
    Hgase aqu de todo buen proceso,
    Y vaya este traidor  Espaa preso.

    Con l se habian, huyendo, retraido
    Galiano de Meira, el bullicioso,
    Y Ochoa vizcaino, su querido;
    No s cual de ellos era mas vicioso.
    El pueblo con instancia le ha pedido
    Que si quiere tener algun reposo
    Aquestos eche fuera de la casa,
    Sino que le harn en breve brasa.

    Su perdicion el pobre conocida,
    Hablndoles est de esta manera:
    "Muy bien sabeis, amigos, por la vida
    Se ha de aventurar cosa cualquiera:
    Salid, porque pasada esta corrida,
    Y vuelto yo  me ver en talanquera,
    Yo os juro que de aquestas opresiones
    Muy largo vengareis los corazones.

    Salieron, que el salir era forzado:
    Los alcaldes los prenden. A Mendieta
    Dejronle salir acompaado
    De guardas, porque temen no acometa
    Hacer apellidando mal recado,
    Que alguna gente viene, aunque secreta,
    Que le puede ayudar; mas el famoso
    De Tebas, contra dos no es provechoso.

    Con las guardas sala  pasearse
    Al campo, por tomar algun consuelo:
    No deja con lamentos de quejarse
    De su triste ventura, y crudo duelo.
    "Habr algun tiempo, dice, de acabarse
    Mi pena, mi dolor y desconsuelo!
    Tendrn cabo mis males algun dia,
    Pues lo tuvo mi gozo, y mi alegra!"

    A que duro diamante no ablandra!
    A que leon cruel no conmoviera!
    A que hircana tigre no amansra!
    A que pecho mortal no enterneciera,
    Si el principio y el fin considerra
    De aqueste sin ventura, su quimera!
    Aquel verle en su trono colocado,
    Y ahora por el suelo derrocado.

    Maldita seas, Fortuna, loca, insana,
    Ingrata, desleal y fementida,
    Cruel, injusta, prfida, profana,
    Invida, desleal, desconocida,
    Traidora, sin verdad, perra, tirana;
    Mudable, sin compas, descomedida;
    Seguid de la Seora sus preceptos
    Que mas tiene de aquestos epitetos.

    Anduvo, pues, el triste y afligido
    Mendieta, algunos dias de esta suerte,
    Confuso, sin favor, aborrecido,
    Y aun temeroso mucho de la muerte.
    En esto su proceso concluido,
    Echronle en prision segura y fuerte,
    Con fin de despacharle preso  Espaa:
    Y oid de aqueste hecho una maraa.

    Despchanle con gente y marineros
    En una muy hermosa caravela:
    El alcalde Espinosa con mil fieros,
    Con su gente le hace centinela:
    Sin pasar veinte dias bien enteros
    A San Gabriel llegaron, porque vuela
    La nave, como un vivo pajarito,
    Tambien con Espinosa su barquito.

    Espinosa se vuelve dsque habia
    Llegado con Mendieta  aquel parage;
    Su gente le ha rogado convenia,
    Que un poco retorciese su viage,
    Y que  San Salvador lleve la via:
    Hicironlo: Mendieta con corage
    Bajaba por el rio suspirando,
    Y  Dios venganza de esto demandando.

    Garay, que del Per viene huyendo,
    Habindole Valero con presteza
    Seguido, y estorbarle pretendiendo
    La entrada, al Argentino sin pereza
    Camina: mas Valero le siguiendo,
    Sentido ha sido dl. Cuanta tristeza
    El pobre de Valero ha recibido,
    Por ver que de Garay fuera sentido!

    Valero una jornada atras camina,
    Garay envia por l con tres soldados.
    Preso, delante dl se determina
    De un rbol le colgar; apiadados
    Los que con l estn, de aquella ruina,
    Y de aquellos negocios mal guiados,
    Rogaron  Garay le perdonase,
    Y vivo por entonces le dejase.

    La vida le concede muy rogado,
    Aunque muerte civil all le diera,
    Habindole de boca deshonrado
    Que mucho mas, decia, lo sintiera
    Que haberle dado muerte y ahorcado.
    Aquesto  m Valero me digera,
    Tambien Garay del hecho se jactaba,
    Y en la Asumpcion  m me lo contaba.

    Dejle all llorando su ventura,
    Y para que no pueda ir adelante
    La cosa asegurar as procura.
    Arrebata un agudo pujavante,
    Y jurando cumpli luego la jura.
    Desplmale la mula en un instante;
    La mula con dolor est gimiendo,
    Y Garay con los suyos v riendo.

    Allega  Tucuman de mano armada:
    El Abrego que estaba gobernando,
    Nunca supo de aquesta melonada,
    Passe en breve  priesa caminando:
    Que si la cosa fuera revelada,
    El Abrego papeles ordenando,
    Al Per  Garay preso envira,
    De que el Virrey muy mucho se holgra.

    Aunque es verdad Garay se defendiera
    Y as con sus soldados lo ha tratado;
    Con todo, yo bien creo no pudiera,
    Que habia de quedar muerto  ligado.
    A cencerros tapados sale fuera,
    Y con razon se juzga bien librado:
    A Santa-F endereza su camino;
    Valero  Tucuman en esto vino.

    De lo pasado dando larga cuenta
    Al Abrego, que estaba arrepentido,
    Con ansias y dolor casi revienta,
    Perdiendo la memoria y el sentido.
    Por escrito muy largo, bien lo asienta,
    Y  los Charcas el caso ha referido,
    A d Matienzo en breve ha despachado
    Y al Virrey el negocio ha recontado.

    En gran manera siente la huida
    De Garay el Virrey; y se sonaba
    Que corriera peligro de la vida
    Si el Virrey le cogiera, y procuraba
    Vengar la desverguenza cometida,
    Que por tal, se decia, la juzgaba:
    Que quieren los seores, segun veo,
    Los sirvan  medida del deseo.

    Garay  Santa-F lleg contento,
    Y en breve  la Asumpcion ha procurado
    Subir  remo y vela con el viento;
    Sali de mucha gente acompaado:
    Que esto de estar un hombre en grande asiento,
    Y prspera fortuna colocado,
    Aumenta los amigos, y los criados;
    Los pobres luego son desamparados.

    Camina el rio arriba diligente,
    Que fu muy ayudado de les vientos,
    Y as bien se venca la corriente,
    Por d se satisfacen sus intentos.
    La ciudad le recibe incontinente,
    Y algun tiempo estuvieron muy contentos:
    Mas presto de otra suerte suceda,
    Que no puede durar el alegria.

    Mendieta, que bajaba navegando,
    Antes de salir al mar ha procurado
    Tomar tierra, en la gente confiando
    Que tiene el postrer pueblo all poblado.
    Por bajo Santa F v atravesando,
    Por medio de la tierra ya llegado;
    Quirs, que all mandaba, le recibe,
    Mas luego al Espinosa se lo exhibe.

    Espinosa le vuelve con presteza
    A embarcar desde all en la caravela;
    El triste de Mendieta con tristeza,
    En demanda de Espaa d la vela:
    El Piloto, que fia en su destreza,
    Con muy grande esperanza le consuela
    Diciendo, que darn en San Vicente,
    De  d podr volver con fuerza y gente.

    Con temporal deshecho,  de su grado
    La costa del Brasil luego tomaron,
    Y habiendo todos ya desembarcado
    En el Rio Janeiro d aportaron,
    Mendieta su negocio recontado,
    Los Lusitanos todos le ayudaron:
    Determina volver, y fu de suerte,
    Que de ello no sac menos que muerte.

    Rehechos, pues, de pocos adherentes,
    Salieron del Brasil en su navo,
    Al Ibiaza llegaron diligentes,
    Con vana presumpcion y desvario.
    Juicios, parecres diferentes,
    Dividen todo el reino y seorio;
    Pues esto fu la causa feneciese
    Mendieta, y su soberbia pereciese.

    As como tomaron puerto ana,
    Mendieta en tierra salta, procurando
    A todos maltratar con su maligna
    Y brava condicion tiranizando.
    La gente comarcana all, y vecina,
    De ver su crueldad est temblando,
    Y los que con l vienen lo aborrecen,
    Que sus cosas y hechos lo merecen.

    Habase con l desembarcado
    Alguna de la gente que venia
    En el navo  vueltas: un soldado,
    Por no s que temor, de l se huia:
    Por engao y palabras ya tornado,
    En dos partes por medio le partia,
    Y cuelga la mitad con la cabeza
    En un palo, y en otro la otra pieza.

    El piloto mayor, y marineros
    Al viento dan las velas, temerosos
    De ver aquestos locos desafueros,
    Y al Paran se vienen recelosos.
    Dejronle con siete compaeros,
    Entre indios bautizados y amorosos.
    En el navo dando vela al viento,
    A Santa-F llegaron  contento.

    Garay, que en la Asumpcion estaba, arruina
    A todos por el suelo, sin derecho
    Guardar, si no lo que l solo imagina
    Que puede convenir  su provecho:
    Y con una soberbia cruel, maligna
    Encumbra su negocio hasta el techo,
    Y pobre del que l hiere con su mano,
    Que no hay pollo  quien hiera as el milano.

    En esto se acord hacer conquista
    Al Nuara, que es indio muy mentado;
    Hizo de los soldados una lista,
    Y al pi de ciento treinta se han juntado.
    Garay con mucha priesa pues se alista,
    Que piensa en la conquista ser medrado;
    Y el fin que se publica es, hacer guerra
    Al indio levantado por la tierra.

    Los indios Guaranes rebelados
    No acuden  servir como solian,
    Y siendo, como son, ya bautizados
    En ritos y abluciones se metian.
    Sern aquestos cuentos relatados
    En su lugar, y cosas que hacian:
    Con este calor salen, pues, ligeros
    Garay, y ciento treinta arcabuceros:

    El rio arriba yendo navegando
    Al Jeju, muy hondo, rio pasaron;
    Despues la tierra adentro van cortando,
    Y al Ipaneme grande atravesaron.
    En luengo dl arriba caminando,
    A la Fuente de Lirios allegaron,
    D nace el Ipan tan afamado,
    A quien el indio llama _Desdichado_.

    El piloto mayor con el navo,
    Llegando  Santa F, sali gozoso:
    Alaban los de all su desvario,
    Dicindole que ha sido venturoso.
    Mendieta qued all sin el navo;
    D presto feneci, triste y lloroso:
    Estotros placenteros con contento
    De Santa F salieron con buen viento.

    A la Asumpcion llegaron victoriosos,
    Pensando que hicieron grande hazaa,
    A donde los recibe muy gozosos,
    Como si vueltos fueran ya de Espaa.
    En referir su cuento estan dudosos,
    Que no saben cual cosa es buena  daa;
    Mas poco les cost, que es cosa usada
    En las Indias costar lo malo nada.

    El bueno all padece cruda pena,
    Y siempre le vereis andar corrido,
    Y tinelo  ventura, y dicha buena
    Estarse en su rincon solo metido.
    Al malo, mal suceso no le pena,
    Que si hoy dos mil desastres le han venido,
    Maana le vereis con triunfo y gloria,
    Perdida de sus males la memoria.

    La causa de este mal es el anchura,
    Y libertad tan grande permitida,
    Que vemos una grande desventura,
    Que la muy baja gente es tan tenida,
    Como la que es mas noble de natura.
    Es esta cosa all tan conocida,
    Que el zapatero vil y el calcetero
    Se iguala con el noble caballero.

    Pregunt un caballero Trugillano,
    Llamado Luis de Chaves, ceceoso,
    A Hernando Pizarro, cuyo hermano
    Vencido fu de Gasca, el gran maoso:
    Que si all en el Per, al que es villano
    Y al que es hidalgo y hombre generoso,
    Les daban sus medidas bien cabales;
    Pizarro respondi, que eran iguales.

    Buen siglo, dijo el Chaves: all tenga
    En el Cielo mi padre, que ha dejado
    Hacienda en esta tierra; all se avenga
    Aquel que por la plata all ha pasado;
    Que en mas estimo yo se desavenga
    Conmigo aquel que en sangre no ha igualado;
    Que la plata con esas confesiones
    No es para quien tiene presumpciones.

    Dejemos esto ahora, y revolvamos
    A Garay, que se siente con pujanza:
    Y porque por extenso lo digamos,
    Hagamos aqu fin de aquesta estanza.
    Y mas que en la siguiente recontamos
    Del furioso arcabuz y de la lanza,
    Conviene cosas nuevas y de espanto
    Comenzar  contar en nuevo canto.




CANTO VIGESIMO.

     _Cuntase en este canto como un indio llamado Obera se intitulaba
     hijo de Dios, y  un hijo suyo, Papa, y  otro Emperador; y como
     Garay entr en los Nuaras, y de vuelta rompi la palizada de
     Yaguatat._


    El abeja convierte, como vemos,
    Las flores en la miel dulce y sabrosa,
    Del araa y la vbora leemos,
    Que en ponzoa las vuelve ponzoosa.
    En nuestra santa f bien conocemos
    Que pasa desta suerte aquesta cosa;
    Pues el hereje y malo, de las flores
    Del Escritura torna en sus errores.

    Cuanto deba tratarse con llaneza
    A los indios la F, vemos muy claro,
    Que no se le ha de dar pan con corteza,
    Al nio, dice Pablo muy preclaro.
    Y pues que se conoce la rudeza
    Del indio, y su juicio tan avaro,
    Conviene como  nios darles leche,
    Porque en ellos la f santa aproveche.

    Martin Gonzalez, clrigo idiota,
    Que  _musa_ solamente no sabia,
    Al indio predicaba que fu rota
    La torre de Babel, y que vencia
    David al gran Goliath con su cota,
    Con sola una hondilla que traa.
    Sin esto otros misterios, altos, bellos,
    Que al indio no se sufre tratar dellos.

    Un Obera qued tan doctrinado
    De los sermones deste, que fu parte
    Por donde el Paraguay arrinconado
    Estuvo mucho tiempo, y de mal arte.
    Despues que aqueste indio levantado
    En sus tierras ha sido, luego parte
    Con mucha gente  indios que traa
    A sembrar los errores que tenia.

    Con este la nacion ruda, indiscreta
    Del Guaran andaba perturbada,
    Que introducir pensaba nueva seta
    Este indio que la tiene levantada.
    La espantosa seal y gran cometa
    Que se vido al ocaso levantada,
    Les dice, cuando fu desparecida,
    Que la tiene en un cntaro escondida.

    Y que  su tiempo habia de sacarla,
    Con fin de destruir  los cristianos;
    Que  aquesta causa l quiso fabricarla,
    Teniendo compasion de sus hermanos.
    Tenia aqueste perro grande garla,
    Y como son los indios tan livianos,
    Y amigos de seguir nuevos caminos,
    Forzles  creer sus desatinos.

    Obera, como digo, se llamaba,
    Que suena _resplandor_ en castellano:
    En el Paran Grande este habitaba,
    El bautismo tenia de cristiano:
    Mas la F prometida no guardaba,
    Que con bestial designo  Dios, tirano,
    Su hijo dice ser, y concebido
    De Virgen, y que Virgen lo ha parido.

    La mano est temblando de escribillo,
    Mas cuento con verdad lo que decia
    Con loca presumpcion aquel diablillo,
    Que mas que diablo en todo parecia.
    Los indios comenzaron de seguillo
    Por todas las comarcas d venia,
    Atrajo mucha gente as de guerra,
    Con que daos hacia por la tierra.

    Dejando, pues, su tierra y propio asiento,
    La tierra adentro vino predicando:
    No queda de indio algun repartimiento,
    Que no siga su voz y crudo mando.
    Con este impio pregon y mal descuento
    La tierra se v toda levantando,
    No acude ya al servicio que solia,
    Que libertad  todos prometia.

    Mandles que cantasen y bailasen,
    De suerte que otra cosa no hacian,
    Y como los pobretes ya dejasen
    De sembrar y cojer como solian,
    Y solo en los cantres se ocupasen,
    En los bailes de hambre se morian,
    Cantndoles loores y alabanzas
    Del Obera maldito y sus pujanzas.[82]

    Un hijo que este tiene, se llamaba
    Por nombre Guirar, que es _palo amargo_.
    Del nombre Papa aqueste se jactaba.
    Con este el padre, dice, "yo descargo
    La grande obligacion que  m tocaba,
    Con darle de pontfice el encargo."
    Aqueste es el que viene bautizando,
    Y los nombres  todos trasmutando.

    No quiero mas decir de sus errores
    De que andaba la tierra alborotada
    En todo el Paran, y sus rededores;
    Y as se fu tras l de mano armada.
    Mas como este tenia corredores,
    Y gente puesta siempre en gran celada,
    En viendo la pujanza conocida
    Del enemigo, pnese en huida.

    Aqueste fu la causa que estuviese
    La tierra levantada, como estaba,
    Y que  servir al pueblo no viniese.
    Tambien Garay, digimos, publicaba
    La guerra contra este, aunque tuviese
    Otro designio, al fin, pues, caminaba,
    Cuando Fuente los Lirios ha tomado,
    D nace el Ipaneme desdichado.

    Tomando los soldados esta fuente,
    Sus tiendas y sus toldos asentaron;
    Entorno de la cual, alegremente
    Del prolijo camino descansaron.
    De un bosque muy cercano de repente
    Dos indios salen fuertes, y llegaron
    D estaba nuestra gente reposando,
    Y de los dos, el uno est hablando.

    "A tan altivo, dice, atrevimiento
    No habia de ofrecerse desafio,
    Mas castigo hacer para escarmiento
    De vuestra presuncion y desvaro.
    Porqu os osais meter en este asiento,
    Con tan flaca pujanza, y podero?
    Salid, con lanza, espada, y con escudo,
    Que me basta esta pica, aunque desnudo.

    "Pudiramos traer arcos y flechas,
    Mas quiere el gran Cacique sean probados
    De vosotros ahora estas derechas,
    Que tienen mil cervices quebrantadas.
    Por tanto apagareis tambien las mechas,
    Que son armas al fin aventajadas,
    Y con lanza y espada,   los brazos
    Hagamonos de presto aqu pedazos.

    "Dos somos, salgan dos, tres, cuatro, luego
    De aquellos que presumen ser valientes,
    Que por temor  miedo, ni por ruego
    No habernos de afrentar  los parientes."
    Al punto que esto oyeron, como un fuego
    Saltaron dos mancebos diligentes,
    Inciso y Espeluca, sus espadas
    En las bravosas manos empuadas.

    Pitum y Corac, como los vieron
    Salir con tal esfuerzo y gallarda,
    Con rabia y con furor arremetieron,
    Y las picas calaron  porfia.
    Los gallardos mancebos acudieron
    Con tal ardid y maa y osada,
    Que traban en un punto tal batalla
    Que Marte no cansra de miralla.

    Al Inciso Pitum le cupo en suerte,
    Que en el aire parece salta y vuela,
    Con su pica tostada, grande y fuerte,
    Por cien partes le rompe la rodela:
    Y aunque parece darle ya la muerte,
    De tal suerte el cristiano se desvela,
    Que pierde Pitum toda su esperanza,
    Que el cristiano le corta media lanza.

    El bravo Corac al Espeluca,
    Con nimo bestial encrudecido,
    Le tiene  mal traer, y  la boruca,
    El suelo su tropel ha ennegrecido.
    Con fuerza con la pica le trabuca,
    El cristiano con maa, guarecido
    Se tuvo, porque estando de rodillas
    A Corac ha herido en las megillas.

    Inciso, como v que le faltaba
    La media de la pica  su enemigo,
    Con nimo mayor mas se arrojaba,
    Y un golpe le tir junto al ombligo.
    Pitum, del corazon fuerzas sacaba,
    Que no las tiene todas ya consigo,
    Y vindose sin fuerzas y acosado,
    A los brazos venia denodado.

    El cristiano, que siente lo que quiere,
    Por ver como se estira y endereza,
    Con fuerza de alto abajo bien le hiere;
    Y aunque el golpe arrojaba  la cabeza,
    La mano le cort. Si no huyere
    Pitum ha de morir en breve pieza;
    Mas l est tan ciego en no huirse
    Que mas quiere morir que escabullirse.

    Al fin, como se v sin una mano,
    Y el dolor que padece le atormenta,
    Volviendo las espaldas al cristiano,
    El resto de la pica al suelo abienta.
    Huyendo v  gran priesa por el llano,
    Que ya no se le acuerda del afrenta;
    El otro, que se vi sin Pitum, solo,
    Aprieta con mas fuerza que el Eolo.

    Inciso y Espeluca, mal heridos
    Quedaron, y confusos de este trance,
    Por ver los enemigos ya huidos,
    Sin que ellos puedan irles en alcance;
    Que el Capitan prohibe sean seguidos,
    Diciendo que bastaba el bello lance,
    Y que del hecho suyo, fama y gloria
    Merecen, pues quedaron con victoria.

    Pitum y Corac van sin pereza
    Huyendo, como suelen, de los lazos
    Las zorras escaparse, con destreza,
    Haciendo los cordeles cien pedazos.
    A no tener tal maa y ligereza,
    Quedran hechos piezas, pies y brazos:
    Mas juzgan por mas sana la huida,
    A trueco de escapar libre la vida.

    Llegados  su estancia relataron
    La batalla, y rencuentro que tuvieron;
    A su cacique bien representaron
    El peligro notable en que se vieron.
    Los golpes y heridas demostraron,
    La mucha roja sangre que vertieron,
    Pitum, perd mi mano la derecha,
    Dice, y estotra nada me aprovecha.

    El Corac, con ansia dolorosa,
    Echad, dice, Seores, en remojo
    Las barbas, pues que veis cual v la cosa,
    Que me cuesta el rencuentro el diestro ojo:
    No he visto gente yo tan bellicosa,
    Les dice: no penseis que esto es antojo,
    Que son hijos del Sol estos varones,
    Y mas bravos que tigres y leones.

    El gran Tapuy Guazu con pecho fiero
    Soltando la voz triste y lastimera,
    Mi fin, dice, se llega ya postrero,
    La hora se me acerca postrimera:
    Mas conviene la vuestra aqu primero
    Se cumpla, y encendida una hoguera
    A Corac y Pitum, porque tornaron
    Con tal nueva, all vivos los quemaron.

    Y junta luego al punto all su gente
    Y desta forma  todos ha hablado:
    "Amigos, cosa es muy conveniente
    Que aqueste caso sea bien mirado;
    Que las cosas tratadas de repente
    No suelen suceder en buen estado:
    Por tanto el parecer de cada uno
    Es justo que se escuche de consuno."

    Primero  Urambia dijo que hablase,
    Y aunque l con discrecion lo rehusaba,
    Porque Tapuy Guazu no se enojase,
    Al fin con ronca voz as hablaba:
    "Antes que nuestras tierras ocupase
    El espaol soberbio, se sonaba
    Que habia de perderse nuestro estado,
    Y ser de nuevas gentes conquistado."

    "Yo puse en este caso diligencia
    Mirando las estrellas y planetas;
    Tambien tuve gran cuenta y advertencia
    En ver andar errando los cometas,
    Y enseame tambien ya la experiencia,
    Por ver otras naciones ya sujetas,
    Que no han de bastar fuerzas ya de manos
    Contra el poder soberbio de cristianos."

    "As que, me parece, que conviene
    Con gozo recibir al enemigo,
    Y pues que con poder y fuerza viene
    Tommosle por fiel y buen amigo.
    Y es justo que en la tierra no se suene
    Que al espaol no damos buen abrigo,
    Que al punto le darn contrarias gentes,
    De  d resultarn inconvenientes."

    Muy duro les parece este consejo
    A todos los que estaban congregados;
    Mas tienen reverencia al cano viejo
    Y  sus hechos hericos y afamados.
    Curemo, con muy grande sobrecejo,
    Se sale con sus hijos  los lados
    Oyendo esto, y no dice cosa alguna,
    Y con su gente entr en una laguna.

    Tapuy Guaz mand, pena de muerte,
    Que de la junta nadie se saliese,
    Y que todos hablasen por su suerte,
    Y el caso con amor se decidiese.
    Ber, de gran valor, indio muy fuerte,
    Al cacique le dijo le plugiese
    A Curemo llamar, pues conocia
    Su suerte, su valor y valentia.

    Dos indios  llamarlo se partieron
    Per rden del cacique y mandamiento:
    Por la laguna adentro se metieron,
    A d el padre  los hijos juramento
    Les toma (de cumplirlo prometieron)
    Que mueren en defensa de su asiento,
    Les dice, pues mejor es buena muerte,
    Que vil, y desastrada y triste suerte.

    Los mensageros dieron su recado,
    Curemo respondi modestamente,
    Que estaba en la laguna ya alojado,
    Y que quiere meter all su gente,
    Por no dar ocasion  que el soldado
    Le haga mal: que luego incontinente
    Ir al consejo y junta con presteza;
    Y su gente recoje sin pereza.

    Sus mugeres  hijos ha metido
    En la laguna adentro, y gran pantano,
    Y como los demas lo han entendido
    Juzgaron su consejo por muy sano.
    Y en tanto todos ya se han resumido,
    Que de paz recibiesen al cristiano;
    Mas que mugeres, hijos se metiesen
    A donde los cristianos no los viesen.

    Curemo all sali disimulando
    El juramento hecho que tenia:
    Garay se llega  priesa, caminando
    Con gran estruendo, grita y vocera.
    Los indios que le estaban esperando,
    Vencidos de temor y cobarda,
    Tras la chusma se fueron, mas Curemo
    Mostrado ha su valor por gran estremo.

    Al espaol espera, y con gran brio
    Le dice, que no pare en este asiento;
    Que veinte leguas mas, hay gran gento
    D satisfacer puede bien su intento.
    Pasado el Yaguar, famoso rio,
    Los soldados irn con gran contento,
    Y  veinte leguas, poco mas  menos,
    Los campos hallarn de gente llenos.

    Curemo, que esto dice, les ofrece
    La guia, que les guie bien derecho;
    Su concejo tomar bien les parece,
    Sintiendo que vendr de ello provecho.
    El indio se retira, que anochece,
    Y vuelve  la maana con despecho,
    Porque al alma le llega  este pagano
    De ver nuestro real en aquel llano.

    Gran priesa d  Garay para que salga,
    Diciendo, que la priesa le conviene,
    Que della cuanto pueda bien se valga,
    Que corre gran peligro si detiene
    La partida; y en viendo que cabalga
    Garay, nuestro Curemo placer tiene,
    Y dice  voces altas, la victoria
    Espero que ha de ser con grande gloria.

    Los cristianos saliendo caminaron
    Llevando guias, dadas por Curemo:
    El rio Yaguar atravesaron,
    Que entre otros rios vemos ser supremo.
    A los Tapu Miries allegaron
    De que placer reciben por extremo;
    Asalto dan al tiempo que amanece,
    Por d la triste gente mal padece.

    Estaban estas gentes con contento:
    De cristianos no piensan la venida;
    El subito temor y sentimiento
    Les hace huyan todos de corrida.
    Oblgales  muchos el lamento
    De hijos y muger  perder vida;
    Acude cada cual al arco y flecha,
    Con ver venir la muerte muy derecha.

    Al fin, en cuatro pueblos que se ha dado,
    Algunos que defensa procuraban,
    La vida entre las lanzas han dejado.
    Aquellos que  prisiones se entregaban,
    Por ver ya su negocio mal parado,
    Con vida por cautivos se quedaban.
    Quinientas y mas piezas fu la presa,
    Que vino desta vez cautiva y presa.

    La vuelta d Garay, con gran recelo
    Que venga el enemigo con pujanza:
    Lamentan los cautivos aquel duelo,
    Y suerte miserable y mala andanza,
    Al gran Tapui Guaz llega de un vuelo
    A d sale de viejas una danza,
    La victoria con cantos celebrando,
    Y la gente vencida lamentando.

    Alegre y apacible y muy graciosa
    La tierra por aqu vimos, poblada
    De frescas arboledas, y abundosa
    De caza, y nunca ha sido conquistada.
    La gente es labradora, y codiciosa
    De guerra, y es en ella muy versada;
    Mas tmalos Garay muy descuidados,
    Y as pudieron ser desbaratados.

    Tapui Guaz holg de la venganza,
    Que vido en su enemigo aherrojado:
    Mas pone con los suyos vigilanza,
    Que no les haga mal algun soldado.
    Al fin de paz qued con la esperanza
    Que di, con prometer que de su grado
    Queria al Espaol ser repartido,
    Por no ser de otros indios ofendido.

    Uramba y Curemo se han asido
    En esto, y mal revuelto que decia;
    Uramba la causa solo ha sido,
    Que sin hacerles mal Garay salia.
    Curemo le ha sobre esto desmentido,
    Remtese este caso, y la porfia
    A la prueba mas cierta en estacado:
    El campo les fu  entrambos sealado.

    Uramba las armas sealaba,
    Que son pica, macana y palometa,[83]
    A cada cual padrino acompaaba:
    Con Uramba sale Urambieta,
    Xiantombia  Curemo se llevaba,
    Y al son de una ronquisima corneta,
    Metidos en su fuerte palizada.
    La batalla feroz fu comenzada.

    No creo ao se llevan los guerreros,
    Que entrambos son muy viejos y muy canos
    Los golpes que se dan terribles, fieros,
    No dejan, donde aciertan, huesos sanos:
    Andan sanguinolentos carniceros,
    Como de Irlanda suelen los alanos,
    Y mas que hircanos tigres espantosos,
    Y en ver su propia sangre muy gozosos.

    De ver era los dos con el concierto
    Y nimo feroz que combatian;
    Sin falta,  cada cual dellos por muerto
    Los que mirando estaban, le tenian.
    Estaba cada cual dellos tan cierto
    En el herir, que entrambos parecian
    Ser uno: mas Curemo hubo perdido
    La pica, que en dos piezas se ha partido.

    La macana con furia fuerte afierra,
    Y espera con esfuerzo al enemigo:
    Uramba la pica cala y cierra,
    Y dirale por medio del ombligo;
    Mas Curemo di un salto de la tierra,
    Y con tan grande maa di consigo
    A un lado, que pas la pica en vano,
    Y as qued Curemo desta sano.

    Con la pica le lleva gran ventaja
    Uramba; mas es tan animoso,
    Que los golpes y botes le baraja,
    Con un ardid y esfuerzo valeroso.
    De sangre el verde prado ya se cuaja,
    El Sol encubre el rostro luminoso,
    Viniendo ya la noche obscurecida,
    Y no vemos victoria conocida.

    Los Jueces los ven  la maana,
    Y por igual los hallan mal heridos:
    De combatir entrambos tienen gana,
    Y defender con fuerza sus partidos.
    Juzgse por mejor cosa y mas sana,
    Que fuesen por sentencia convencidos,
    Que cierta es  los dos ambos la muerte,
    Volviendo  la batalla cruda y fuerte.

    Contra alguno juzgar nadie se atreve;
    Y sindoles juez ya sealado,
    A entrambos, dice, honra igual se debe,
    Y que es cualquiera dellos buen soldado.
    Ninguno hay que el decreto desapruebe,
    Y asi dice el Juez muy denodado,
    "Lo que he dicho, pronuncio y lo sentencio,
    Y pongo al caso fin aqu y silencio."

    En tanto que esto pasa, presuroso,
    Juntando en Ipaneme mucha gente,
    Andaba Guayrac muy valeroso,
    Astuto, sbio, artero y muy valiente.
    En un espeso bosque, deseoso
    De librar del cristiano bien su gente,
    Compuso una terrible palizada,
    De aguas y comidas abastada.

    El fuerte fu con maa fabricado;
    A los lados con muchos torreones
    Estaba  todas partes resguardado
    Con sus trincheas, fosas y bastiones.
    Sin duda Satans ha revelado
    A Guayrac el modelo  invenciones,
    Que nunca estuvo en Africa ni Italia,
    Ni menos en Castilla ni Vandalia.

    Junt para este fin toda la tierra,
    E hizo grande junta y llamamiento,
    Publica  fuego y sangre cruda guerra,
    Celebra del cristiano el finamiento,
    Ofrece en sacrificio una becerra,
    Y las cenizas della por el viento
    Desparce, por seal y por memoria,
    Que contra el Espaol habr victoria.

    Yaguatat de presto se le ofrece
    Con mas de dos mil indios de su mano:
    Por alferez, le nombra, y lo merece.
    Con mil indios acude Tanimbano,
    El gran Cayapey no desfallece;
    Ibiriy, tambien mozo galano,
    Acude aquel con mil menos ochenta,
    Estotro con doscientos y cincuenta.

    Yacar y Tapucagn no se quedaron,
    Que cada uno trescientos y cincuenta
    Traia: de esta suerte se juntaron
    Al pi de cinco mil  buena cuenta.
    En la estacada y fuerte se encerraron,
    Sin que salir alguno se consienta:
    Y si salen algunos, muy ana
    Acuden  la trompa y la bocina.

    As con gran contento deseaban
    Que venga el espaol para probarse;
    El tiempo, noche y dia lo gastaban
    En su estacada, y fuerza y repararse.
    La flecha, pica y dardo ejercitaban,
    A sus solas procuran ensayarse.
    El marac, bocina, y atambores
    Resuenan por el bosque y rededores.[84]

    Garay que caminaba, desque llega
    D se siente esta grita y alboroto,
    Atraviesa por medio de una vega,
    Hasta dar en un verde y grande soto.
    La gente guayracana estaba ciega,
    En un momento el campo les fu roto,
    Mas viendo las mugeres les llevaban,
    Con fuerzas defenderlas procuraban.

    De temor de la trompa que sonaba,
    Y el tropel y ruido del caballo,
    La chusma el fuerte ya desamparaba,
    Que al espaol no quieren esperallo.
    El Guayraca  los indios animaba,
    El espaol comienza  escopetallo;
    Mas tiene tal destreza el perro viejo,
    Que  su defensa hall buen aparejo.

    Desde un tronco muy grande desembraza
    El Guayraca una flecha, y la ha fijado
    En un rbol, pensando que hizo caza
    En Garay: una voz ha levantado,
    Diciendo, Capitan, desembaraza
    El campo, pues ya ves que te he clavado;
    Mas Inciso di al perro por la frente,
    Y cae Guayraca luego de repente.

    Yaguatat en un punto embravecido
    Como toro muy bravo de Xarama,
    Entre los espaoles se ha metido,
    Y slele al encuentro Valderrama,
    Y Osuna, de los cuales mal herido
    Los dientes rechinando, bufa y brama,
    Y dice: por matarme satisfechos
    No vais; y mete el dardo por su pecho.

    Luis Martin, con nimo lozano
    Encuentra  Mayray, y de estocada
    Por los pechos le hiere, y d en el llano
    El indio, y al caer quebr la espada;
    Que no pudo sacarla el trugillano,
    Segun estaba fija y enclavada;
    La macana del indio toma presto,
    Con que piensa vencer  todo el resto.

    Castillo, con su espada, y la rodela,
    A diestro y  siniestro v hiriendo;
    Cuyapei en herirle se desvela,
    Y viendo que le acierta, v huyendo.
    As como lo vido Valenzuela,
    Tras el indio con furia fu corriendo:
    El trueco le di luego del flechazo,
    Y en tierra le tendi de un pelotazo.

    Bauelos de esta hecha, y Espinosa,
    El infierno poblaron de paganos,
    Y viendo que la gente temerosa
    Discurre sin consuelo por los llanos,
    Viniendo ya la noche tenebrosa,
    Volvieron al real libres y sanos;
    Empero de la sangre que han vertido
    Teido el rostro, manos y vestido.

    Este dia vi un indio que llegaba
    A mi: con una cruz viene en su mano;
    Con muy grandes sollozos me hablaba.
    "Por Dios que muri en esta Soberano,
    Me dice, ya me val, pues te obligaba
    El ser tu mi Seor Arcediano."
    Diciendo estas razones se me llega,
    Y al caballo y estribo se me pega.

    Aqueste en la Asumpcion habia servido
    A Bartolom Barco de Amarilla;
    Despues con otros indios se ha huido
    Al Obera siguiendo y su cuadrilla;
    Y viendose en peligro, ya vencido,
    A mi lado se pega y  la silla.
    Valile el escogerme por padrino,
    Que el tiempo le ense lo que convino.

    El Obera, maldito, dado habia
    La cruz  aqueste indio y deputado:
    Por sacerdote, y santo le tenia;
    Despues de aqueste fui bien informado
    De aquellas ceremonias que hacia
    Aquel maldito indio y endiablado;
    Y como Papa  un hijo intitulaba,
    Y al otro Emperador y Rey nombraba.

    El uno bautizaba, trastrocando
    Los nombres que los indios ya tenian:
    El otro los delitos castigando
    Andaba, que los indios cometian:
    El Obera, su padre, predicando,
    Yo v que unos mestizos le seguian,
    Y puse gran calor yo por haberlos,
    Y al fin hube con maa de cojerlos.

    Con un muchacho mio, conocido,
    Ladino en gran manera y ardidoso,
    Enviando  decir como habia ido
    De remediarlos estando deseoso:
    De Logroo un mestizo fu creido,
    Y  mi toldo se vino muy gozoso;
    Trat de perdonarle si traa
    Los otros dos, y al punto lo hacia.

    Otro mestizo andaba levantado,
    De nacion portugues, y publicaba
    Contra el Misterio Santo consagrado
    Formadas heregias, que hablaba.
    Oyndole, le dijo otro soldado
    Que mirase muy bien lo que trataba,
    El cual me di noticia de este caso,
    Y yo sal de casa muy de paso.

    De blanco me vest, y con sombrero
    De paja, en mi caballo  la gineta,
    Llevando solamente un compaero,
    Y cada cual  punto una escopeta:
    Espias y le puse, tan lijero.
    Que venida la noche muy secreta,
    En un bosque le prendo, y amarrado
    A la ciudad le traigo  buen recado.

    El que finga ser Papa, y compaeros,
    Jamas nos esperaron en la guerra;
    Que aunque suele traer muchos flecheros
    Y sale muchas veces de su tierra,
    Por saber ya que son arcabuceros,
    En los bosques, y montes bien se encierra.
    El Guayraca, que hizo palizada,
    Qued muerto, y su tierra desolada.

    Doscientas,  mas piezas se sacaron
    De aqueste asalto, y guerra Guayracana;
    Algun tanto con esto reposaron
    Los indios de la tierra comarcana:
    Los nuestros con contento celebraron
    El triunfo de victoria tan galana,
    Y  la Asumpcion volvieron victoriosos,
    Alegres, placenteros y gozosos.

    Mas no puede durar el alegria,
    Que nunca puede haber gozo cumplido:
    Pues vemos que al placer dolor seguia,
    Y al dolor el placer se le ha seguido.
    Decir quiero un motin que suceda,
    De mestizos malvados mal urdido.
    Descanse pues un poco aqu mi pluma,
    Y luego lo pondr en muy breve suma.




CANTO VIGESIMO-PRIMERO.

     _Puebla Garay  Buenos Aires: levantase en Santa-F los Mestizos y
     eligen por su General  Cristoval de Arevalo; el cual alumbrado de
     Dios, cort las cabezas  los principales del motin, y restituy al
     Rey su tierra._


    Mi ronca voz desmaya, desque siento
    El bravo laberinto en que me meto,
    Habiendo de escribir el alzamiento
    De la gente soberbia; que prometo,
    Que si durra aquel levantamiento
    Un mes, todo el Per fuera sujeto
    A la diccion y mando de tiranos,
    Con solo la ocasion de estos livianos.

    Habiendo de la guerra descendido,
    Poblar  Buenos Aires fu acordado:
    De la Asumpcion Garay hubo salido,
    De todos adherentes aprestado;
    Con l muchos soldados han venido,
    Y habiendo en Santa-F desembarcado,
    All estuvieron dias esperando,
    Los caballos, que vienen caminando.

    Rehecha en Santa-F aquesta armada,
    Camina  Buenos Aires por el rio,
    Tambien por tierra va gran cabalgada
    De gente, que no teme sol ni frio:
    Y siendo ya la cosa bien guiada,
    A pesar de la tierra y su gento,
    Los unos y los otros allegaron
    Al puerto Buenos Aires, y poblaron.

    El guaran penoso est mirando
    La cosa como pasa, y determina
    En l, pasado tiempo, imaginando
    El pueblo deshacer con cruda ruina,
    La guerra por la tierra pregonando,
    La gente se junt circunvecina,
    Y dieron  los nuestros grande guerra,
    Los unos por la mar, otros por tierra.

    En el puerto el navio surto estaba,
    Con balsas y canoas  los lados;
    La parte por aqu bien se guardaba,
    Que todos bien estaban aprestados.
    La gente que por tierra caminaba,
    A media noche llega: los soldados,
    Que estaban sobre aviso en centinela,
    Salieron, y escuchad la escarapela.

    Al punto que los indios grita dieron,
    Soltaron mucha fuerza de flechazos
    Con fuego, y las flechas encendieron
    Las tiendas de algodon y caamazo.
    Con presteza los mozos acudieron,
    Tirando tan terribles caonazos,
    Que cierto figuraba por el llano
    Andar furioso y listo el dios Vulcano.

    Tabob, el valiente y animoso,
    Por General venia de esta gente;
    Andaba por el campo muy furioso.
    A caballo sali muy de repente
    Inciso, que en amores venturoso
    Ha sido, y en la guerra muy valiente:
    A su suegro imitando, en breve pieza
    A Tabob ha cortado la cabeza.

    Los indios, como vieron que faltaba
    El Capitan que fuerzas les ponia,
    Y que el cristiano mucho mas ganaba,
    Y su partido de ellos falleca,
    Al son de una bocina que sonaba,
    En rden cada cual se retraia:
    Mas viendo que los nuestros les seguian
    Sin rden, y con priesa, ya huian.

    Habindose los indios, pues, huido,
    Los nuestros han quedado sosegados;
    Las tierras entre s han repartido,
    Contentos de se ver que estn poblados.
    A Castilla el navio se ha partido,
    Llevando de estas cosas los recados;
    De muchos sus maldades y sus tratos
    All fueron metidos en zapatos.

    La nave se parti muy presurosa,
    De cueros y de azucar bien cargada;
    La gente que v en ella, va gozosa
    Con fin de dar la vuelta apresurada.
    No v de ingles corsario temerosa,
    Que en el aire parece que es llevada:
    Con viento sur en popa navegando,
    Por cima de las aguas va volando.

    La gente, con su pueblo, que ha poblado,
    Est contenta, alegre y placentera;
    El fuerte tienen hecho torreado,
    Muy cerca de la playa y la ribera.
    Alegre est este sitio, acomodado,
    De vista y parecer en gran manera:
    Las cosas se dan todas de Castilla,
    Que el temple se semeja al de Sevilla.

    Estando la ciudad as poblada,
    La Trinidad por nombre le pusieron,
    Y la gente en cabildo congregada,
    Alcaldes ordinarios eligieron.
    En esto en Santa F gran melonada
    Se junta de mestizos, y escribieron
    A Tucuman, al Abrego, diciendo
    Lo que entre ellos andaban mal urdiendo.

    Noticia los mancebos han tenido
    De aquellas provisiones con que vino
    Valero  Cotagayta, cuando ha sido
    Despalmada su mula en el camino.
    Pues esto, y otras cosas que han sabido,
    Les mueven  emprender un desatino,
    Tan fuera de razon y tan tirano,
    Urdido de un juicio muy liviano.

    Venialvo, Gallego, Ruiz Romero,
    Y el gallardo de Leiva, muy valiente,
    Villalta con Mosquera, compaero,
    A su opinion trageron mucha gente;
    El camino, decian, carretero
    Es atajar el mal  inconveniente,
    Que estamos de Garay muy oprimidos,
    Conviene abrir los ojos y sentidos.

    Servicio al gran Virrey, dicen, haremos
    En prender  Garay malo y travieso,
    Y libres deste caso quedaremos,
    Si al Virrey le enviamos presto preso.
    Del caso  Tucuman avisaremos,
    Que no puede venirnos mal suceso:
    A Villalta y Ruiz por mensageros
    Al Abrego despachan muy ligeros.

    Por dos veces  tres se han carteado,
    Y en breve se ha forjado la maraa:
    Lo que Abrego con ellos ha tratado
    No s decir, que us siempre de maa.
    Una noche con cartas han llegado,
    Y al punto con tirana y cruda saa
    Prendieron al teniente, y  Olivera
    Alcalde, y  un sobrino del buen Vera.

    En casa de Venialvo se juntaron
    Con cotas, arcabuces, morriones:
    A la gente plebeya convocaron,
    Con sus fingidas causas y razones.
    Su maldito designo confirmaron,
    Vencidos de livianas pretensiones,
    Su muger al de Leiva le decia,
    Que su pescuezo  esparto ya le olia.

    El dice: "como Reyna, espera bella,
    Muy rica, muy contenta, y gran seora."
    "Al menos no ser, dice la bella,
    Contra nuestro Filipo yo traidora,
    Muger de traidor, s: maldita estrella
    La vuestra, y desdichada y triste hora,
    En que fuistes conmigo desposado,
    Pues contra nuestro Rey sois levantados."

    Estando de esta suerte rebelados,
    Eligen capitan que gobernase,
    Y mandan que saliesen desterrados
    Los espaoles luego, sin que osase
    Quedar alguno, trminos pasados:
    Y el que tiene muger se la llevase,
    Que solos poseer quieren la tierra,
    Pues solos la ganaron en la guerra.

    Arevalo por todos fu elegido
    Por General, caudillo desta hecha;
    Y aunque lo recusaba, no ha podido
    Dejar de lo aceptar. Si fu desecha,
    No s: mas v que, el cargo recibido,
    Un bando general y pregon echa,
    En que manda que todos se juntasen,
    Y municion con armas registrasen.

    Acude Venialvo, que lo oyera,
    Y con soberbia grande y arrogancia
    Al General hablando, as dijera:
    "En eso pongo yo gran vigilancia,
    Por ser cosa que  mi perteneciera,
    Pues soy Maese de Campo, y la ganancia
    O prdida del campo se me fia,
    Como  quien, bien sabeis, pertenecia."

    El General responde: "aquel que tiene
    Tal cargo, hacer todo lo posible,
    En su tanto y manera le conviene."
    "Harse lo que fuere convenible,
    Le dice Venialvo, y no le pene;
    Y pues que es cortesano y apacible
    El vulgo popular, en paz me tenga,
    Que contra el Taborlan bast que venga."

    En su falso contento mal habido
    Estaban estos tristes, procurando
    Sustentar el tirnico partido
    Contra quien lo impidiese, batallando.
    El inmenso Seor ha socorrido
    Con su favor, en muchos inspirando
    A conocer el yerro y el engao
    De su gran perdicion y triste dao.

    El General con otros, de secreto
    Conciertan, y cualquiera bien le ayuda,
    Que el remedio se busque mas perfeto,
    Con que al real servicio bien se acuda:
    Santa Cruz, un hombre muy discreto,
    Ramirez, Aguilera, gran ayuda,
    Con Juan Martin, y otros compaeros,
    En este caso fueron muy lijeros.

    De dos en dos,  un punto, concertaron,
    Que acudan  herir  cada uno
    De aquellos mas valientes que forjaron
    Aqueste rebelion tan importuno:
    Y todos juramento se tomaron
    Sobre un libro misal, muy de consuno,
    De morir,  matar con propias manos
    Al bravo Venialbo, y los tiranos.

    Allega el General  la posada
    De Venialbo, que estaba descuidado,
    Y sale sonriendo  la parada:
    Acude Santa Cruz muy denodado,
    Y en el cuello le d una pualada:
    Palabra Venialbo no ha hablado,
    Que volviendo los ojos hcia el cielo,
    Al punto se tendi muerto en el suelo.

    La voz del Rey son muy prestamente:
    Gallego con temor dice  Aguilera,
    "Ayudame, compadre, diligente."
    Responde, ayudar de esta manera:
    La cabeza le hiende por la frente;
    Los sesos salen fuera la mollera;
    Y dice: "no no hay compadre en tirana,
    Que el Rey es mi compadre en demasa."

    Ramirez acudi y la parentela
    Al bravo Leiva: el jven que dormia
    En camisa sali, que  estar en vela
    Mostrra su valor y valentia.
    El hilo le cortaron de la tela
    Que el triste sin ventura mal tegia.
    Su esposa con dolor est llorando,
    Y sus rubios cabellos arrancando.

    Diego Ruiz, que estaba descuidado,
    Oyendo la gran grita y el mormollo,
    A la plaza sali, y despedazado
    El un punto le ponen en el rollo.
    Era, cierto, valiente y esforzado,
    Y bello sin ventara este criollo:
    Dale al fin la mala compaa,
    Que natural muy bueno le tenia.

    A Romero en aquesto mal herido,
    Al pi del rollo estaban confesando,
    Y en breve fu del rollo suspendido,
    Y  priesa  todos juntos cuarteando.
    Por el campo y caminos repartido
    Los cuartos sean, la causa publicando
    Las letras que en los palos se ponian,
    Que bien los que pasaban las lean.

    El General solt luego los presos,
    Y al teniente le entrega la bandera,
    Y hcele, que forme los procesos,
    De como sucedi de esta manera.
    Mosquera, como vi tales sucesos,
    A Crdoba camina  la lijera.
    Rubira  la sazon all mandaba
    Y prndele, y muy presto le soltaba.

    Villalta vide yo que se ha escapado,
    El que hizo oficio de cartero;
    Acjese  los pies, y en emboscado
    Dej pasar el tiempo carnicero:
    Despues en San Francisco se ha encerrado
    Tomando al Guardian por su tercero;
    Su causa entre compadres fenecida,
    Escapa por entonces con la vida.

    Algunos mas mancebos presos fueron
    Que en aqueste motin fueron culpados;
    Procesos contra todos se hicieron,
    Mas fueron sobre peine fulminados.
    Mosquera, y el Villalta, que huyeron
    A Santiago, en mal punto ya llegados,
    De su triste desastre dieron nueva,
    Y  Lerma de su intento dieron prueba.

    El Licenciado Lerma en este punto
    Entraba  gobernar en Santiago.
    Su venida no saben, y est junto
    Con su gente haciendo grande estrago.
    De amigos, y favor est disjunto
    El Abrego en aqueste fuerte trago,
    Y el Lerma pretenda as cojerle
    Porque intencion traa de prenderle.

    En el Per la fama habia volado,
    Con falsa presumpcion,  verdadera,
    Que aqueste Abrego estaba medio alzado;
    Por tanto viene Lerma  la ligera.
    Tomle de improviso y descuidado,
    Que no s de otra suerte lo que fuera;
    Envia seis soldados con su hermano
    Antonio Mirabal, el sevillano.

    De parte de su hermano le deca,
    Que viene  le servir ya proveido
    Por mandado del Rey, que ac le enva
    Por su Gobernador. Mal lo ha sentido
    El Abrego, que  Lerma conoca:
    En clera los dos se han encendido,
    Y mientras algun tiempo se gastaba,
    El Lerma con su gente ya llegaba.

    Sinti, como lleg, que andaba estruendo,
    Sonido de arcabuces y gran grita,
    Al Abrego prenderle pretendiendo,
    El Mirabal, vereis tanto se incita:
    El Abrego la fuerza resistiendo,
    Que se mete ya en colera infinita;
    Estaba el sin ventura ya tan ciego,
    Que poco aprovechaba con el ruego.

    El Lerma le prendi, y puso prisiones,
    Y  aquellos que al presente le ayudaron;
    Que poco aprovecharon las razones,
    Que en su defensa al Lerma presentaron.
    De aqueste trance, bregas, y pasiones,
    Algunas pesadumbres se inventaron:
    Hernn Msia y Sotelo aprisionados
    Aqu fueron, que dicen ser culpados.

    A tal punto, sazon, y coyuntura,
    (Que cierto es de notar) llegando nueva
    Del motin paragueo y su locura,
    Tom Lerma el principio de su prueba.
    Moviles  venir su desventura
    A Villalta y Mosquera. Cuanto deba
    Huir de la ocasin quien ha pecado,
    A todos la experiencia ya ha mostrado.

    Para huir la pena del delito
    Que d Dios al que peca en la otra vida,
    Conviene al pecador est contrito,
    Se culpa en confesion sacra plaida.
    Mas suele otro castigo: ser inflto
    Por temporal justicia la huida,
    Y salto de la mata es el remedio
    Mejor, que no meter buenos en medio.

    Mosquera se escap bien de la ira
    Y furioso tropel de sus parientes;
    Y el triste de Villalta de la dira
    Y brava confusion  inconvenientes
    Mas ninguno de aquestos ambos mira,
    Que huye el peregil, y que en las frentes
    De entrambos nacer con tal cogollo,
    Y presto se ver puesto en el rollo.

    De Lerma no huyeron la presencia,
    Pensando recibir merced cumplida;
    El pone en los guardar gran diligencia,
    Y su causa y su culpa conocida,
    Contra los dos pronuncia tal sentencia:
    Que luego les privasen de la vida,
    En el rollo fijando sus cabezas,
    Y los cuerpos en palos hechos piezas.

    Por indicios y causas que no cuento,
    Que de estos los procesos estan llenos,
    Al Abrego d Lerma gran tormento
    Con otros que no estaban muy agenos
    De saber sus secretos: mas no siento
    Los secretos si malos son  buenos,
    De Santa-F el motin bien impidiera,
    El Abrego, se dice, si quisiera.

    Muri  cabo de dias, y no habia
    El Lerma su negocio fenecido;
    Despues que muerto fu, se feneca,
    Y el negocio  los Charcas h salido,
    El Audiencia lo hecho rescinda.
    Hernan Mesa y Rubira han recibido
    Contento con Sotelo, y se holgaban,
    Por ver como por libres ya les daban.

    Yo, cierto, que entend de esta reyerta
    De Santa-F algun tanto, y de aquel hecho
    Por cosa averiguada tengo y cierta,
    Que hizo Lerma en ir grande provecho:
    Que en ver all que estaba all  la puerta,
    Quien guardar procuraba el fil derecho;
    La canalla Argentina reposaba,
    Y el nombre de Flipo celebraba.

    Verdad es, que hay tambien otros quejosos,
    Que dicen, por se ver muy afligidos,
    Negocios de este Lerma escandalosos;
    Mas eran enemigos conocidos,
    Y  veces suele haber casos forzosos,
    Que obligan  los hombres entendidos
    A dar en Scyla de ojos, procurando
    A Caribdis huir, que est esperando.[85]

    Victoria en esto viene, por prelado
    Enva  su Dean que administrase,
    (En tanto que el entraba) el obispado,
    Y  Lerma le encarg le regalase.
    El hcelo. Cuan poco que ha durado!
    Que no quiso el Dean mucho durase;
    Que cierto el Lerma bien le regalaba
    En su casa, y con honra le trataba.

    En breve comenzaron de trabarse
    Con chismes, y otras muchas nierias;
    El Dean deseaba sealarse
    Con grande presumpcion y boberias;
    Mas no le deja Lerma aventajarse:
    "No es justo que suframos demasias,
    Le dice: Padre, tenga sufrimiento,
    No haga salga el hombre de su tiento."

    Y luego, dice: "muestre los recados,
    Que tiene por d firma Licenciado,
    Y de Dean tambien, pues prebendados
    Nombrar solo  s el Rey se lo ha dejado."
    Estando sobre aquestos muy trabados,
    La cosa  tal estremo hubo llegado,
    Que por fuerza el Dean se determina
    Partir para el Per, y ya camina.

    A Esteco se parti con gran enojo,
    Que  su partir la fuerza le obligaba;
    El Bachiller Garca diera un ojo
    En trueco, por no ver lo que pasaba.
    La barba, como dicen, en remojo
    Ech, por ver la de otro se quemaba;
    Con el Dean se v, porque tema
    Que lo propio ser de l otro dia.

    Dejemoslos hacer, que yo bien fio,
    Que presto pagarn cierto el escote,
    Que es gente aparejada  desvario,
    Y andan, como vemos, muy de trote:
    Y tratemos ahora del gran brio
    Del capitan Francisco, crudo azote,
    Que viniendo siguiendo su camino,
    Del estrecho ha tomado el Argentino.

    Y pues se han de contar maravillosas
    Hazaas del cosario mas grandioso
    Que escriben las historias mas famosas,
    Y mas determinado y venturoso,
    Conviene que pongamos tales cosas
    En un canto por si maravilloso,
    Pues puso en maravilla  nuestra Espaa
    El capitan Francisco y su hazaa.




CANTO VIGESIMO-SEGUNDO.

     _Viene y atraviesa el Estrecho el capitan Francisco Drake. Prende
     Lerma al Dean y religiosos en Tucuman. Tiembla, y hndese Arequipa.
     Sucede la dolorossima muerte de Gil Gonzalez en Mizque._


    No es justo al enemigo que tenemos
    Celarle sus hazaas y sus hechos,
    Ni dejar de decir lo que sabemos,
    Que envidia es quitarle sus derechos:
    Y mas que en esta historia pretendemos
    A la verdad mirar, no  los provechos,
    Ni vanas pretensiones; pues la nuestra
    Es daros, mi Seor, de verdad muestra.

    Y as justo ser que por olvido
    No deje yo  Francisco y su gran hecho,
    Pues que en aquestos tiempos ha venido
    Al Per de su tierra muy derecho,
    Y como el Argentino conocido,
    La vuelta v siguiendo del Estrecho;
    Contando en breve suma esta hazaa,
    Que es digna de contarse por estraa.

    Aqueste ingls y noble caballero
    Al arte de la mar era inclinado,
    Mas era que piloto y marinero,
    Porque era caballero y buen soldado.
    Astuto era, sagaz y muy artero,
    Discreto, cortesano y bien criado,
    Magnnimo, valiente y animoso,
    Afable, y amigable y generoso.

    Mas, como lo mejor y necesario
    Le falta, que es amor de Jesu-Cristo,
    Emprende de hacerse gran cosario,
    Y felo tal cual nunca se hubo visto.
    De su tierra sali este adversario
    Con armada muy fuerte, y vino listo
    Por nuestra mar del norte navegando,
    El Magallano estrecho demandando.

    El Argentino toma, pretendiendo
    En l hacer aguage de camino:
    Del Estrecho la vuelta va siguiendo;
    Un temporal deshecho sobrevino,
    Con fuerza sus navos sacudiendo:
    El huracan, tormenta, torbellino,
    A la costa una nave sin antena
    Entregan desrumbada en el arena.

    Tomando, pues, su gente el Luterano
    En una sola nave, con osado
    Y valeroso pecho, y viento sano
    Al puerto de Leones ha llegado.
    Sintiendo en su favor su suerte y hado,
    El Estrecho emboc con buena mano,
    Y en breve al mar del sur sale triunfando,
    La tierra firme en Chile costeando.

    La costa y tierra toda estremeca,
    Las nuevas por los aires retumbaban,
    La gente de los indios se tema,
    Que muy mal se sonaba que hablaban.
    Francisco con gran gozo y alegra
    Navega, que los vientos le ayudaban:
    A dos navios pequeos ha encontrado,
    Y aquello les quit que le ha agradado.

    En Arica llegando placentero
    A Roca le tom su navichuelo;
    Al triste que perdiera su dinero
    Yo le v lamentar con grande duelo.
    El navo del Rey sali primero
    Con la plata,  Arequipa va de vuelo,
    Pues  Valencia, Arica cupo en parte;
    Y oid del Trugillano su buen arte.

    En Arica regia este la costa,
    D viendo que el Ingles viene con brio,
    A Arequipa despacha por la posta,
    A que saquen las barras del navo.
    Si no hacen aquesto entrar en costa,
    Que Francisco lleg con grande po,
    Y entrando en el navo no ha hallado
    Las barras, que en el agua se han echado.

    El navo de Arica habia partido
    Con las barras del Rey: con el aviso,
    De Valencia en el agua se ha metido,
    De que el Ingles se halla all  repiso:
    Y como en el secreto no ha caido,
    De Arequipa se parte de improviso,
    Al viento dando velas, porque estima
    En gran precio tomar puerto de Lima.

    A Lima se despacha mensagero
    Por tierra  Arequipa: mas allega
    El Ingles al Callao de primero,
    Sin combate de mar y sin refriega:
    El puerto reconoce placentero,
    Y  las naves y barcos bien se pega,
    A vista se nos pone y hace fieros,
    Y en tierra algunos buscan agujeros.

    En breve se conoce ser cosario.
    Don Francisco Manrique  caso estaba
    Aqu con su muger; el adversario
    A media noche en punto se llegaba
    Al puerto, donde fu muy necesario
    Un caso, que dir que all pasaba,
    Que mechas de sus tocas v hicieron
    Las damas, y en lo alto las pusieron.

    Doa Mara Cepeda con Mencia,
    Su bella hermana, dicen  Manrique,
    Que mechas encendidas convenia
    Se muestren, y campana se repique.
    El buen factor lo hace, y luego envia
    Persona que al Virrey lo signifique,
    Que tienen enemigos en el puerto,
    Sin saber quienes son cosa de cierto.

    El de Toledo  priesa hace gente,
    Tocbanse las cajas y campanas,
    Y con temor y miedo al mas valiente
    Vereis cargar de hierro y partesanas.
    El subito temor tan de repente,
    Causaba andar las gentes como insanas:
    Y como de este caso en duda estaban,
    Con pequeo momento vacilaban.

    La turbacion y priesa yo decilla,
    Aunque quiera hacer un largo canto,
    No podr: cabalgaba uno sin silla,
    El otro aunque con silla con espanto,
    El otro iba sin freno en su baquilla,
    El pecador tema, y el mas santo:
    Al fin todos estaban temerosos,
    Y de futuros males recelosos.

    Los negros la ocasion consideraron,
    Y acuerdan entre s un ardid famoso:
    Los frenos  sus amos les hurtaron,
    Ardid sutil de guerra y peligroso.
    Entre ellos el concierto fabricaron,
    Con animo maldito y alevoso,
    Pensando que Francisca all viniera,
    Y en libertad  todos les pusiera.

    Sus amos los caballos ensillaban
    A gran priesa, de miedo todos llenos,
    Y las espuelas calzan, y tomaban
    Las lanzas en las manos: mas los frenos
    No hallan, aunque mas los procuraban;
    Que fu concierto hecho de morenos,
    Que al blanco tienen tantos desamores,
    Cuanto son diferentes las colores.

    San Juan de Outon, navio muy nombrado,
    Con la plata del Rey habia salido;
    En breve el Luterano le ha alcanzado,
    Y como de improviso le ha cogido,
    Y el viento en aquel punto le ha faltado,
    De su fuerza escaparse no ha podido:
    A su diccion y mando le sujeta,
    Y tomando la plata luego aprieta.

    Aquesta fu la presa mas famosa,
    Y robo que jamas hizo cosario:
    Su hambre, tan canina y tan rabiosa,
    De plata bien hart aqueste adversario.
    Que es cosa de decir muy mostruosa,
    El nmero de plata, y temerario
    Negocio nunca visto ni leido,
    Que  cosario jams ha sucedido.

    Sin aquestos navios que he contado
    De Chile, y en Arica al de la Roca,
    Otros tom tambien, que hubo encontrado
    En los puertos sin gente y fuerza poca.
    Despues  los Malucos engolfado,
    A Tidore y Ternate presto toca,
    Y junto  Gilo Gilo toma puerto,
    Que llena su navo todo abierto.

    En una isla pequea despoblada
    Saltando, un fuerte hace de repente:
    La gente Lusitana congregada
    Le enva  ofrecer alegremente,
    Que de ellos ha de ser muy regalada,
    Que lleve donde estan toda su gente.
    No quiere sus regalos, les responde,
    Y la plata s tierra bien la esconde.

    El Rey de Gilo Gilo, el de Ternate,
    Y Tidore con otros comarcanos,
    Tuvieron con Francisco gran rescate;
    De Seta aquestos son Mahometanos,
    Tenian por entonces gran combate
    Y guerra contra nuestros Lusitanos:
    Ayuda les ofrece el Luterano,
    De all de la Inglaterra por su mano.

    Con esto en breve pone en astillero,
    En esta isla que he dicho, un buen navo.
    Sali recio, veloz y muy velero,
    En todo le ayudando aquel gento.
    De como all lleg, al mes tercero
    Di velas  su nave con gran brio;
    La costa de la India va bojando,
    Y al mar del norte el rumbo enderezando.

    En l entrando rico y poderoso,
    En s mismo pensando su ventura,
    Con nimo gallardo y valeroso,
    Que cierto le tenia de natura,
    Navega muy alegre y muy gozoso,
    Sin miedo que le venga desventura,
    Que va de su ventura confiado,
    Y el navo de barras bien lastrado.

    Sarmiento en este tiempo se ha ofrecido
    A embocar el Estrecho hcia Espaa,
    De Don Francisco fu favorecido,
    Que se juzga esta cosa por estraa.
    En su lugar y tiempo referido
    Ser aqueste negocio, y la maraa,
    Que sin concierto y rden mal urdia,
    Por donde mucha gente se perda.

    Volver  Lerma quiero. Tiene aviso
    Que en Esteco el teniente mal se habia
    Con el Dean; por tanto de improviso
    A Mirabal su hermano luego enva.
    El Mirabal aquesto solo quiso
    Por achaque tomar, que aborreca
    Al pobre del Dean, de quien es fama,
    Que toda la revuelta forja y trama.

    En la Merced estaba recogido
    El Dean D. Francisco de Salcedo,
    De d con dos  tres hubo salido
    En busca del teniente. No est quedo
    El bachiller Garca, que ha venido
    Con grita, barahunda, y mal denuedo;
    Mas no hallando en casa al Benavente,
    A la Merced se vuelve aquesta gente.

    De los de la revuelta un conocido,
    Que por nombre Felipe se decia,
    A quien la justicia hubo querido
    A Castilla enviar, pues convenia;
    La culpa principal aqu ha tenido,
    Que por costumbre vieja lo tenia;
    Y de su mal vivir quiera dolerse
    Nuestro gran Redentor, y l condolerse.

    Al de Toledo aqueste, falseado
    La firma, dicen, hubo con gran maa;
    Y siendo su negocio comprobado,
    Embarcarle quisieron para Espaa.
    A galeras estaba condenado,
    Que fu su culpa en forma muy estraa:
    Mas tuvo tal industria este mestizo,
    Que el juego, como dicen, maa hizo.

    Al Audiencia de Charcas despachados,
    Por Lerma fueron presto ya los presos,
    Con papeles y causas y recados,
    Formados  la larga los procesos.
    Tambien salieron otros condenados
    A galeras, por ser hombres traviesos:
    Hernan Mesia, Sotelo con Rubira;
    Su causa en el Audiencia bien se mira.

    De ver era en la Plata las dicciones
    Que habia de este caso, y pareceres:
    Aqu vereis juntar conversaciones
    De toda suerte de hombres y mugeres,
    Soldados y vecinos en cantones,
    Ni se trata de plata ni de haberes,
    De solo Lerma v tantas sentencias,
    Cuanto eran de cabezas diferencias.

    Tardme yo en venir algunos dias,
    Y estaba ya el negocio reposado,
    Con todo algunos tienen sus porfias,
    Que no les era el caso bien contado.
    Que aunque hubo en el negocio demasias,
    En parte fu muy bueno y acertado,
    Que obligan los delitos muchas veces
    A salir de medida  los jueces.

    En Arequipa en esto ha sucedido
    Una cosa muy triste y repentina,
    Y tanto, que yo vide conmovido
    Al Per con dolor de tan gran ruina.
    Y pues de lamentar tanto ha sabido
    Desde su fundacion nuestra Argentina,
    Lamente aqueste caso lastimero,
    Que por famoso aqu contar le quiero.

    Habia un gran presagio sucedido,
    Que oyeron por los aires tintinando
    De cajas y atambores gran ruido,
    Que en concertado son iban sonando.
    Cometas por el cielo han parecido,
    Que ac y all contino andan errando:
    El aire obscurecido y tenebroso,
    Promete fin horrible y espantoso.

    Estando el pueblo alegre y descuidado,
    En sus casas comiendo cada uno,
    Con un furor horrible desfrenado,
    Se forma un tal temblor tan importuno,
    Que sale cada cual desatinado,
    El remedio buscaban oportuno:
    Y huyen, no esperando el hijo al padre,
    Ni al hijo su querida y dulce madre.

    Amigos  otros fueron muy propicios
    En este aprieto, dandoles ayuda:
    Caanse los fuertes edificios,
    Que muy poco el cimiento les ayuda.
    Con la puerta, que queda sobre quicios,
    Aquel que mas no puede bien se escuda,
    En tanto que el umbral no se hunda,
    Y viene todo all de Romana.

    El triste, que procura de la tienda
    Librar lo que ha ganado con trabajo,
    Perece con su msera hacienda,
    Quedando por sacarla de debajo.
    Muy larga se le hace aqu la senda
    Al que es gordo y pesado, y tiene bajo;
    Que el mas suelto y ligero mas corria,
    Y de su ligereza se vala.

    Trecientas y mas casas se cayeron,
    Y templos muy lucidos y labrados,
    Y mas de treinta hombres perecieron,
    Sin indios s la tierra sepultados.
    De espanto y miedo algunos se murieron,
    Cayendo de su estado desmayados;
    Que viendo se hundia tierra y suelo
    Pensaban se venia abajo el cielo.

    A mediodia sucede; que si fuera
    De noche aquesta ruina dolorida,
    Sin duda mucha gente pereciera
    Sin poder escaparse con la vida.
    De su casa salir nadie pudiera,
    Que le fuera imposible la salida:
    Pues era tan dificil con luz clara,
    Qu fuera, si de noche les tomra?

    Una boca terrible y espantosa
    Est junto  Arequipa,  Dios Eterno!
    Que vos hicisteis cosa tan mostruosa,
    Que bien se dice boca del infierno.
    Aquesta dicen fu causa forzosa
    De aqueste terremoto, y que el caverno
    Con furia levant la gran tormenta;
    Aquel volcan azufre y fuego avienta.

    Pues no bast el temblor tan espantoso
    Para que una mestiza se enmendase,
    Que fraguado tenia un mal famoso,
    Que quiso de su mal fama durase.
    La triste, no pudiendo ver su esposo,
    El Diablo la aconseja le matase,
    Pensando desposar ella consigo
    A un mozo que tenia por amigo.

    Al cual de su propsito maligno
    La moza le d parte placentera:
    El mozo en el concierto luego vino,
    Que amaba  la mestiza en gran manera.
    En una huerta est junto  un camino,
    En medio de un vallado, una higuera:
    Aqu, despues de muerto, le han colgado,
    Fingiendo que muri desesperado.

    La moza le ahog, cuando dormia,
    Con un lazo y cordel muy corredizo:
    Con ella est presente, que lo via,
    El nuevo sucesor, y mal mestizo,
    El cual al muerto luego suspenda.
    El ruido que forman es hechizo,
    Celando, y encubriendo su contento
    Con un fingido y falso sentimiento.

    Al tono de este caso doloroso,
    Diremos otro aqu mas lamentable.
    En Mizque, valle fertil, provechoso,
    D Baco tiene asiento favorable,
    Estaba Gil Gonzalez, hombre honroso,
    A su esposa y muger muy amigable:
    Al parecer tambien ella le amaba,
    Y como  su marido regalaba.

    Catalina, verdugo sin consejo,
    Ingrata  tanto bien como tenia,
    Habiendo muerto el padre, como viejo,
    Con el marido  veces mal se habia.
    Matarle determina: el aparejo
    En un mozuelo halla,  quien quera
    En un supremo grado; de tal suerte,
    Que  todos tres caus su querer, muerte.

    En casa le tenian hospedado,
    Nacido era en la villa de Oropesa;
    Del pobre Gil Gonzalez regalado,
    Comiendo de ordinario en propia mesa;
    Empero de sus padres mal criado,
    Y as de condicion mala y aviesa,
    Por sus grandes delitos y malicia
    Desterrado le habia la justicia.

    Conciertan, pues, los dos quitar la vida
    Al pobre, que vivia sin recelo:
    El Juan Rodriguez dile una herida,
    De que cay el Gonzalez en el suelo.
    La maldita verdugo, luego asida
    Del triste que la pide  ella consuelo:
    "No es tiempo ya, le dice, perro perro."
    Y el mozo por la llaga mete hierro.

    Espira el sin ventura sollozando,
    Diciendo: "muger mia, qu os he hecho?"
    La verdugo cruel le est araando
    El rostro y el pescuezo con el pecho.
    Fingiendo que se duele, esta gritando,
    Y su marido, dice, que del lecho
    Cay, con un dolor crudo muy fuerte,
    Con ansias revolcando de la muerte.

    Los lutos se sacaron con contento,
    Las lgrimas son risas de heredero
    Y muy de presto ordenan casamiento,
    Por mas presto venir  pagadero.
    A penas se acab el enterramiento
    Desposanse los dos: el paradero
    Fu muerte acabadora de contentos,
    De bienes y de males, y tormentos.

    O cruda ingratitud, tan celebrada
    De hembras por el mundo, como vemos:
    Es posible, que siendo tan usada,
    Jamas de su rigor huir podernos!
    La culpa nuestra bien est probada,
    Pues de muger sabido ya tenemos,
    Que no puede regirse por consejo,
    Pues tiene de razon poco aparejo.

    Vereis que al parecer muy tiernamente
    Os aman por extremo sin medida,
    Y al contrario vereis muy de repente,
    Que sois la cosa mas aborrecida
    Que se puede hallar entre la gente.
    Aquesta usanza bien es conocida.
    Por d decir podremos, de la hembra
    Mudanza cojer quien amor siembra.

    Fiad de la muger, por vida mia,
    Vereis cuan mal acude la fianza.
    Si acaso es principal y de valia,
    Contino est pensando en su mudanza:
    Siendo de baja suerte, noche y dia.
    Pues quien tenda en muger ya confianza,
    Sabiendo que en su pecho est estampada
    Y al vivo la mudanza retratada?

    Y si alguna excepcion hallar queremos,
    No es justo la busquemos en la tierra,
    Que no se hallar, aunque trabajemos,
    Que  firmeza interes presto destierra.
    En el Per aquesto bien podemos,
    Probar, que rbol alguno no sotierra
    Sus raices, aunque sea de grandeza;
    Pues, como la muger tendr firmeza?

    Catolica y beata gran corona
    De exemplo y de virtud, Reina Isabela,
    De quien su eterna fama bien pregona,
    Que sobre el candelero fu candela:
    Dijistes, gran Seora,  una persona
    (Quien hay que de tal cosa no se duela)
    De firmeza no habr solos matices,
    A d el rbol no cubre sus raices.[86]

    No es justo ya tratar mas de firmeza,
    Mayormente de damas, pues por gala
    Ya tienen la mudansa, y por bajeza
    Entre ellas ya se juzga, y cosa mala
    Guardar la f al galan, que es gran proeza,
    Echarle al mejor tiempo en hora mala:
    Que en remedio de amores han leido,
    Que al amor, nuevo amor ha socorrido.

    Y porque disgustudas mas no sean
    Las damas de este canto y de mi rima,
    El siguiente les pido yo que lean,
    Que en l he de tratar cosas de Lima.
    A vueltas del Concilio quiero vean,
    Que hay en el Per damas de estima;
    Que no es en esta historia mi designo
    Quitar de su valor al rub fino.




CANTO VIGESIMO-TERCIO.

     _Trtase del Concilio que se congreg en Lima, y de las galas de
     aquella ciudad, y de dos temblores gravsimos que en ella
     sucedieron._


    Quisiera que el estilo de mi rima
    Subiera de repente de su punto,
    Al Cielo levantando bien la prima
    En solo este brevsimo trasunto.
    Por poder escribir lo que v en Lima,
    Al tiempo que el concilio estaba junto,
    De siete Obispos graves de consejo,
    Y el Arzobispo Alfonso Mogrovejo.

    Como por nuestro Rey se desease
    El bien de la Repblica Cristiana,
    Por que el negocio bien se reformase
    En este nuevo orbe, y tierra indiana,
    Orden que concilio se juntase,
    Premisa autoridad, santa, romana,
    De tierras muy longincuas los prelados
    En breve tiempo fueron congregados.

    El muy docto Lartaun ha venido
    Del Cuzco, y de Quito el sbio Pea;
    De Santiago de Chile, uno nacido
    En Medellin, lugar, tierra estremea.
    El grave San Miguel, muy entendido,
    De la rica imperial ciudad Chilena;
    De Tucuman, Victoria lusitano,
    A quien fortuna di en breve su mano.

    D. Alonso Granero, muy prudente,
    Que de antiguos Toledos descenda,
    Tambien se halla en Lima, aunque doliente,
    Que listado de gota, se sentia.
    Del Paraguay electo de presente
    Obispo est, que Guerra se deca:
    En este consistorio congregado
    Preside el Arzobispo ya nombrado.

    Edictos se publican, que viniesen
    A pedir su justicia todas gentes,
    Y que en Concilio luego pareciesen
    Cualesquiera que fuesen delincuentes,
    De estado eclesistico, si fuesen,
    Y tuviesen tambien inconvenientes,
    De religion dejada,  dimisoria,
    A todos se despacha compulsoria.

    Parecen en Concilio, demandando
    Del Cuzco, con algunas ocasiones,
    Contra el Obispo algunos, informando
    De su justicia, causas y razones.
    Ibase este negocio encadenando
    Por muchos que los guian sus pasiones:
    De aqu nace discordia entre prelados,
    Y falsas opiniones de letrados.

    Un Lucio, en los derechos graduado,
    Amigo mas del tuerto que el derecho,
    Al Arzobispo trajo alborotado,
    Con su mala intencion y duro pecho.
    Del Cabildo del Cuzco es abogado,
    Y piensa mejor hacer as su hecho:
    El Concilio rescinda, le decia
    Al Arzobispo, que as le convenia.

    Con este parecer muy conmovido,
    Procura el Arzobispo que cesase
    El Concilio, diciendo que ha perdido
    Al Virrey, que esperaba le ayudase.
    Don Martin en aquesto fenecido
    Habia, que Dios quiso que llegase
    Su fin, digno de lgrimas y lloro,
    Porque perdi el Per grande tesoro.

    Tenia en el Virrey gran confianza
    La gente, que al del Cuzco perseguia;
    Temiendo del de Cuzco la pujanza,
    Al Arzobispo el Lucio le traia
    Muy ciego, por tener de l confianza;
    Y as cuanto le dice lo creia.
    Por su mal parecer y mal consejo,
    Al Concilio no viene Mogrovejo.

    Los Obispos aqu le requirieron,
    Que al Concilio presida, como suele,
    A la iglesia los cuatro se vinieron:
    Al Lucio le conviene ahora que vele;
    Entre l y el Arzobispo respondieron.
    El alma y corazon  todos duele,
    Por ver tal disencion as trabada
    Entre Obispos, por Lucio encadenada.

    En contra  San Miguel bien se mostraba
    Del parecer de todos los prelados:
    Al Arzobispo l solo se juntaba;
    Mas  aquellos que fueron congregados,
    El Arzobispo presto excomulgaba,
    Y en tablillas los pone declarados.
    En aquesto el de Quito muerto habia,
    Y Granero de gota padecia.

    Quien vido la ciudad alborotada,
    Metida en pareceres diferentes,
    Al Audiencia la causa fu llevada,
    Para cortar el hilo  inconvenientes.
    El Audiencia Real, bien informada,
    Y letrados famosos y sapientes,
    Rescindieron los autos actuados,
    Y as presto ya han sido congregados.

    Tornronse  juntar como solian,
    Hacindose Concilio cada dia:
    En tanto que negocios fenecian,
    La ciudad del comer se encarecia,
    Porque de todas partes acudian,
    Segun  cada cual le convenia:
    Los unos, sin llamarles, son venidos,
    Los otros  mal grado son traidos.

    Las damas v que estaban muy quejosas,
    Diciendo, que con ellas se ha mostrado
    El Concilio con leyes rigurosas,
    Que el uso de rebozos ha quitado.
    En Lima vereis damas muy costosas
    De sedas, tramasirgos y brocados
    En las fiestas, y juegos arreadas,
    Mas los rostros y caras muy tapadas.

    Por las calles y plaza  las ventanas
    Se ponen, que es contento de mirarlas:
    Con ricos aderezos, muy galanas,
    Y pueden los que quieren bien hablarlas,
    No se muestran esquivas, ni tiranas,
    Que escuchan  quien quiere requebrarlas,
    Y dicen s el rebozo chistecillos,
    Con que engaan  veces  bobillos.

    De aquesta libertad y gran soltura
    El Limense Concilio fu informado:
    Queriendo reformar esta locura,
    Y abuso tan pestifero y malvado,
    Publica con rigor una censura
    S pena de la cual les fu mandado,
    A las damas sus rostros descubriesen,
    A al menos  las fiestas no saliesen.

    No fu poca la pena que sintieron
    Las damas, de se ver as privadas
    Del rebozo, por donde se estuvieron
    En sus casas algunas encerradas.
    Al fin de aquesta suerte obedecieron
    Las unas, mas las otras destapadas
    Salieron  las fiestas muy costosas,
    Pulidas, y galanas y hermosas.

    Tan bien aderezadas y vestidas,
    Y con tanto primor y bizarria
    En Lima andan las damas, y pulidas,
    Que en corte de Castilla se tenia
    En estima, basquias guarnecidas
    De mucho oro, y de fina pedreria.
    Doa Bernarda Nio una bordada
    Sac, que en tres mil pesos fu apreciada.

    Aquesta sobre todas se seala
    En costoso aderezo de vestido,
    De Aliaga, Beatriz, lleva la gala
    En discrecion, aviso y buen sentido:
    Tambien la que no tiene cosa mala,
    Ni menos bueno que ella, su marido,
    D lustre, con su lustre en toda Lima,
    Doa Maria Cepeda, de alta estima.

    Estaba con la lrica Diana,
    Doa Mariana bella, muy gozosa
    La corte de los Reyes, y aun ufana;
    Mas la muerte con ella fu envidiosa.
    Dejnos otra ninfa, tan galana,
    Discreta, buena, rica, y tan hermosa,
    Que puede all en el cielo ser lucero,
    Doa Juliana es Puerto Carrero.

    Doa Beatriz la Coya en esto ha ido
    A Lima, d se halla gran Seora,
    Por haber el bautismo recibido:
    Bien muestra ser del Inca sucesora.
    Al muy sbio Loyola por marido
    Le cupo, de quien es merecedora.
    Doa Luisa estaba cerca de ella,
    De Ulloa compaera, clara estrella.

    Dejemos de contarlas una  una,
    Porque era menester un largo canto,
    Y mas que en todas ellas no hay alguna,
    Que no tenga mil gracias; y esto tanto,
    Que pra  media noche all la luna,
    Y el sol  medio dia, tanto cuanto
    Por cobrar nueva luz y resplandores
    De las damas de Lima y sus primores.

    Pues oigan los galanes amorosos,
    Y templen su contento. En Chuquiago
    Sucedi en estos tiempos tan gozosos,
    Un estrao prodigio y gran estrago.
    Por cima de unos cerros barrancosos,
    Arrancando del todo un grande lago,
    Un terremoto sbito lo avienta,
    Y en otro lugar nuevo lo aposenta.

    La tierra, por tres partes diferentes,
    Se abri con espantable fortaleza,
    Y por las aberturas y vertientes
    Sala con furor gran espeseza
    De polvo, y de pedrisco, que  las gentes
    Mataba sin piedad esta maleza:
    Un indio se salv de este pedrisco,
    Quedando sin lesion encima un risco.

    Por una parte y otra el terremoto
    Con gran furia pas, quedando aislado
    El indio de rodillas, muy devoto,
    Sin ser del terremoto maculado.
    Cual suele temeroso por el soto
    La huida buscar ciervo  venado
    Cuando oye el arcabuz, as buscaba
    El indio por donde ir, mas no lo hallaba.

    Librle al fin el risco y el barranco,
    O por mejor hablar, el Poderoso;
    De la muerte  la vida di un gran tranco,
    Contndose despues por muy dichoso.
    Mas un pueblo que llaman Anco Anco,
    Aqu hizo su fin muy lastimoso,
    Que un cerro encima dl vino cayendo,
    Y debajo la gente de l cogiendo.

    Murieron cuatrocientos naturales
    En solo aqueste pueblo, en despoblado
    Murieron otros muchos, y animales
    Silvestres, y domstico ganado.
    Con estos terremotos y seales,
    Al pueblo y Per v desconsolado,
    Y muchos dicen, ya quiere acabarse
    El mundo, y el juicio apresurarse.

    Y no se qued Lima sin su suerte
    De pena en este tiempo semejante,
    Que un terremoto grande, crudo y fuerte
    Sucede una maana en un instante:
    No hay hombre que  salir de casa acierte,
    Y aquel que corre mas sale delante;
    No espera la muger  su marido,
    La madre deja al hijo muy querido.

    De casa habia salido muy temprano,
    Porque en diciendo misa me ocupaba
    En concilio, por ser Arcediano.
    Mi mula de repente apresuraba,
    Corriendo, y en pararla me era en vano,
    Que el miedo del temblor la desquitaba:
    Corri con las orejas aguzadas,
    Y ainas me quebrra las quijadas.

    Un ruido el temblor caus tamao,
    Que los cabellos todos erizaban:
    Negocio de contarse por estrao,
    Que las paredes v se meneaban;
    Y sin que recibiesen algun dao,
    Temblando de tal suerte, al fin quedaban
    En su ser, aunque algunas se cayeron,
    Y  sus dueos debajo los cogeron.

    Un caso contar yo verdadero,
    Que casi me re, que aqueste dia
    Corriendo por la calle vi un barbero,
    Que al punto del temblor sangrado habia
    A un hombre, que tras l sali ligero,
    Aunque la sangre roja le salia:
    El barbero perdi aqu su lanceta,
    Y al enfermo el temblor la vena aprieta.

    De ver era mirar como salian,
    Con mil disfraces hombres y las damas,
    Que aquel punto los indios se vestian,
    Los otros aun se estaban en sus camas.
    Algunas sus afeites se ponian,
    Sirviendo estaban mozas  sus amas,
    Y dejarlas huyendose  la calle
    A d salen tras ellas de mal talle.

    Las unas en camisa, desgreadas,
    Las otras dando gritos, mal cubiertas;
    Las otras medias caras afeitadas,
    Caidas, desmayadas  las puertas:
    Las otras con sus hijos abrazadas,
    Vencidas del temor, y medio muertas.
    Al fin pas el temblor, aunque turbada
    Qued la gente toda y espantada.

    En este tiempo, dia sealado
    De la Asumpcion sagrada de Mara,
    El Snodo Limense, que ha durado
    Un ao, que se cumple en este dia,
    Con gran solemnidad ha publicado
    Una sesion, que en suma contena,
    Que el Snodo pasado se tuviese
    Por rato, y como tal se obedeciese.

    Y que los indios todos, doctrinados
    Con gran solicitud y diligencia,
    De aqu adelante fuesen, y enseados
    Aquello que conviene  su conciencia.
    Los sacramentos sean ministrados
    Segun capacidad  inteligencia;
    Al indio procurando dar comida,
    Que pueda conformar con su medida.

    Tambien otra sesion fu publicada
    En el mes de Setiembre, octavo dia,
    En que fu la desorden reformada
    De tratos y contratos que ante habia.
    Aquesta sesion toda fu apelada,
    Que aquesto, y otras cosas contena,
    Que no daban buen gusto  los granjeros
    Que escuecen los negocios verdaderos.

    A veinte dos del mismo publicaron
    Otra sesion de cosas provechosas,
    Tambien de todas ellas apelaron,
    Diciendo ser sus penas rigurosas.
    Mil dares y tomares se pasaron
    En este tiempo, y cosas trabajosas,
    Que el pueblo deseaba se acabase
    El Concilio, y mas tiempo no durase.

    En el siguiente mes fu rescindido
    El Concilio, que gran tiempo ha durado.
    Apelado por todos luego ha sido,
    Que contra s lo juzgan agravado;
    Y pues que  nuestra Espaa fu venido,
    No quiero mas decir que estoy enfadado,
    Dejando sus sesiones y conceptos
    Al juicio de buenos intelectos.

    Gran consuelo recibe Lima toda
    En ver que ya el Concilio se acabase,
    Que d quiera la gente se acomoda
    Mejor, si menos es, y que faltase
    Temian cada rato, como en boda
    D mucha gente hay, y se gastase
    El pan, y vino y carne, que mil gentes
    Acuden al Concilio diferentes.

    Y no holgu yo menos de esta feria
    Salir, que me cabia mucha parte,
    Y as en el Concilio mi miseria
    Gast con mi pequea industria y arte:
    Por d me v en pobreza, y gran laceria,
    Mas nunca jamas pude yo olvidarte
    Espaa, dulce amiga, cuyo hipo,
    Me trajo sin sosiego, y el Filipo.

    Y viendo mi pretenso se alejaba,
    Por no tener con que volver  verte,
    De mi poca ventura me quejaba,
    Y  veces deseaba ver la muerte.
    Cuando mas descuidado y triste estaba
    De ver algun remedio de mi suerte
    La Inquisicion me hizo comisario,
    Y el Obispo de Charcas su Vicario.

    Con esto subo arriba, d veremos,
    Lo que en el Argentino ha sucedido,
    Y  nuestra musa ruda lo diremos
    No diga le entregamos ya al olvido.
    Del buen Sotomayor recontaremos,
    Como con Don Diego Flores ha venido,
    Del sin ventura pobre de Sarmiento,
    Y de su vano y loco pensamiento.




CANTO VIGESIMO-CUARTO.

     _En este canto se cuenta de la ida de Sarmiento  Castilla por el
     Estrecho de Magallanes, y de la venida de Diego Flores al Brasil, y
     D. Alonso de Sotomayor  Chile por el Argentino; y de la muerte del
     capitan Garay, y del Gobernador Mendieta._


    De escarmentados, dicen, los arteros
    Se hacen: nuestra madre la experiencia
    Nos presenta los casos verdaderos,
    Que muchos no alcanzaron por su ciencia.
    Pilotos, y muy buenos marineros
    Tenian entre s gran diferencia;
    Del Magallan Estrecho el Per estaba
    Seguro de pensar se navegaba.

    Francisco, como dije, la atraviesa,
    Y en Lima di rebate al de Toledo:
    El descuido no di lugar  priesa;
    Caus tambien su parte el grave miedo
    De aquella gran desdicha tan aviesa:
    Si lo que se sonaba decir puedo,
    Francisco all la vida bien dejra,
    Si de otra suerte el caso se guira.

    Pues ido de las manos el conejo,
    Tomando de Francisco el escarmiento,
    Juzgse por maduro y buen consejo
    Del Estrecho hacer descubrimiento:
    Ofrcese, que dndole aparejo,
    A Castilla pos l ir derecho:
    Despchale el Virrey, que no debiera,
    Movido de Sarmiento y su quimera.

    Al fin Sarmiento sale pertrechado
    De Lima, de lo que era necesario,
    De su saber y estrellas confiado,
    Sin temor  recelo de corsario.
    El Magallan Estrecho ya embocado,
    Con un nimo cierto, temerario,
    Al mar del norte sale temeroso,
    Teniendose en aquesto por dichoso.

    Trat con los gigantes de Pancaldo,
    Que estn por cima el Puerto de Leones.
    Acurdome yo ahora que Gibaldo,
    Soldado genovs, entre razones
    Que conmigo trataba, y con Grimaldo
    De su nacion, discretos dos varones,
    Me dijo muchas veces que los viera
    Desde el navo llegar  la ribera.

    Pancaldo fu el primero que los vido,
    Un genovs, astuto marinero:
    Uno de ellos, decia, que metido
    Habia por de dentro del garguero
    Una muy larga flecha, y no rompido,
    Segun que la sacaba: hechicero
    El Pancaldo le juzga, y Pier Antonio
    Decia ser por arte del demonio.

    A este Pier Antonio, que de Aquino
    Se llamaba, le o aquestas cosas;
    De buen entendimiento, buen latino
    Era, y me contaba milagrosas
    E increbles cosas del camino
    Que Pancaldo llev, cuando preciosas
    Y ricas joyas di  mal despecho,
    Pensando de pasar aquel Estrecho.

    Mas venturoso fu nuestro Sarmiento
    Con llevar una pobre navecilla;
    En atravesar, digo, que lamento
    Tendr despues al fin con su cuadrilla.
    Lleg Sarmiento en paz, rico y contento,
    Del orbe nuevo al viejo de Castilla,
    Y di cuenta de s, y de su camino,
    Y la causa motriz de su designo.

    Holgronse en Espaa con la nueva
    De ver que ya el Estrecho navegaban,
    Y que hay sin Magallanes quien se atreva.
    Con esto la tornada procuraban;
    Y queriendo hacerse de esto prueba,
    Las cosas de esta suerte se trazaban,
    Que salga Diego Flores con Armada,
    Que vaya  nuestro Estrecho enderezada.

    Muchas armas se juntan y pertrechos,
    Proveyndose todo el necesario,
    Que estaban los autores satisfechos
    De dar en la cabeza al adversario.
    Mas vemos que los fines y los hechos
    Suceden las mas veces al contrario:
    Al fin Diego de Flores ha partido,
    Y  Sarmiento consigo se ha traido.

    Tambien Sotomayor  Chile viene,
    Con rden de pasar  Magallanes:
    Y tanto aquesta armada se detiene,
    Pasando mil fortunas y desmanes,
    Que  la costa braslica conviene
    Venir el general, y capitanes.
    Al rio de Jeniero han aportado;
    Y oid aquesta Armada en qu ha parado.

    Salen de aqu contentos los que cuento,
    Diego Flores, Valds y el Trugillano,
    El buen Sotomayor, por cognomento
    Chaves, y de la madre voz, Mediano.
    Con ellos, como digo, v Sarmiento,
    Cuya quimera vana sali en vano;
    Al Yumiri llegaron, boca angosta,[87]
    Y del reino argentino tierra y costa.

    Tomaron la una boca de la banda
    Del norte, que la otra se endereza
    Al sur, como se diera suda y tanda
    All; y aun le quebrran la cabeza
    Al Ingles, que en la boca del sur anda,
    Y estuvo all surgido grande pieza.
    Sucesos son de mar, y aun de la tierra,
    Que vemos que suceden en la guerra.

    Al fin sali el Ingles de all primero,
    Sin que de nuestra Armada fu sentido.
    Un navio, en aquesto del Jenro
    Al Rio de la Plata hubo partido.
    Encuntrale el Ingles, por prisionero
    Un piloto llev muy conocido,
    Robando lo que halla en coyuntura,
    Dej el navio y gente  su aventura.[88]

    Del Yumir saliendo nuestra Armada,
    Con los del navio encuentra, que dijeron
    Lo que el Ingles les hizo: la tornada
    Procura Diego Flores, d salieron
    A dar carena, dice, maltratada
    Que v la Armada, presto se volvieron;
    Que  seguir el Ingles yo cierto creo,
    Que en l satisfacieran su deseo.

    El Ingles su derrota y su camino
    Sigui, sin que persona le impidiera:
    Despues Diego de Flores tras l vino,
    Y viendo ser ya tarde se volviera;
    Tom Sotomayor el Argentino.
    Sarmiento camin, que no debiera:
    Al Estrecho lleg, d pretendia,
    Mas poco le ha durado su alegria.

    Tomando el Argentino el Trugillano,
    La mas gente que trae es estremea,
    Salieron con gran gozo en aquel llano:
    La gente les recibe paraguea
    Con placer y contento soberano,
    Que es gente muy afable y halagea:
    De all atraviesa  Chile alegremente,
    Aunque se le ha quedado alguna gente.


    Alegre est Garay con la venida
    De aquesta armada al puerto paragueo,
    Y puede por aqu ser socorrida
    La gente y el gobierno del Chileo.
    De ser esta carrera mas seguida
    La gloria se le debe al Estremeo,
    Que aunque en lengua de muchos esto estaba,
    El fu quien  la obra mano echaba.

    Garay de Buenos Aires ha salido
    El ro arriba, dicen, con mal pecho:
    Que desque uno se ve en glora subido,
    A tuerto ha de subir su casa al techo.
    Y como en todo bien le ha sucedido,
    De su ventura estaba satisfecho;
    De guarda  centinela no se cura,
    Que fu causa de triste desventura.

    As estando una noche descansando
    En tierra el capitan con mucha gente,
    Algunos de temor se recelando,
    Temian el suceso subsecuente:
    Y el nimo presago adivinando,
    En lo futuro mal inconveniente,
    El Capitan el sueo prometia,
    Como en Madrid, seguro en demasa.

    Mas al revs sucede de su voto,
    Que el Mau, sin nombre ni valia,
    Sali con poca fuerza de un gran soto,
    Al tiempo que el aurora descubria.
    Vereis en breve espacio el campo roto,
    Y  Garay, que el seguro prometia,
    Envuelto le dejaron en olvido
    Del sueo que el habia prometido.

    Garay fu de prudencia siempre falto,
    Y as por no tenerla, feneciendo
    En esta desventura y triste asalto,
    Fu causa de este caso tan horrendo.
    Los Mauaes descienden por un alto
    Con gran solicitud y sin estruendo,
    Al capitan mataron el primero,
    Que nadie ha de fiar de buen tempero.

    Comienzan de hacer cruda matanza,
    En los que en sueo estaban sumergidos.
    Maldita sea la loca confianza!
    Quien soldados en guerra vi dormidos?
    Desque el indio sinti su gran pujanza,
    Levanta grandes voces y alaridos,
    Y  diestro y  siniestro va hiriendo
    A cristiano que al rio v huyendo.

    Con bolas, flechas, dardos y macanas,
    La guerra aqu se hizo lacrimosa:
    El Cristiano que v sus fuerzas vanas,
    Y ser la resistencia peligrosa.
    Dejando su miseria en las sabanas,
    Los pies pone el que puede en polvorosa,
    Y al bergantin se acoge de corrida,
    Por escapar si puede con la vida.

    Murieron con Garay justo cuarenta
    De la gente escogida paraguea;
    Los indios eran solos ciento y treinta:
    Iba con el Garay gente estremea,
    Y entre ella algunos iban de gran cuenta.
    Aqu muri Valverde, bella duea,
    Que en quitarla la muerte, al mundo quita
    Tesoro, y el contento  Piedra Hita.

    Llore mi musa y verso con ternura
    La muerte de esta dama generosa,
    Y llrela mi tierra Extremadura,
    Y Castilla la Vieja perdidosa:
    Y llore Logrosan la hermosura,
    De aquesta dama bella, tan hermosa
    Cual entre espinas, rosa y azucena,
    De honra y de virtudes tambien llena.

    Las Argentinas ninfas, conociendo
    De aquesta Ana Valverde la belleza,
    Sus dorados cabellos descojendo,
    Envueltas en dolor y gran tristeza,
    Estan  la fortuna maldiciendo,
    Las flechas, y los dardos, la crueza
    Del indio Mau, que as ha robado
    Al mundo de virtudes un dechado.

    Aqu Miguel Simon, el Logrosano,
    Mostrado ha su valor y grande brio,
    Librando de la muerte por su mano
    A su muger, que en brazos al navio
    La trajo. Mas herido del pagano,
    Est para ahogarse ya en el rio,
    Vereis  Cuevas triste y doloroso,
    Por salvar su muger muy congojoso.

    En el agua cay, cuando subia
    El bergantin arriba la cuitada,
    Y viendo que ya casi se hundia,
    Su marida la juzga ya ahogada.
    "O Virgen," ella dice, "en este dia,
    Valedme, mi Seora y abogada
    De Guadalupe, en este gran aprieto,
    Que servir esta obra yo prometo."

    La turbacion que habia, no refiero,
    Las lgrimas, los gritos, el lamento:
    El enemigo andaba carnicero,
    Por la cristiana sangre muy sediento.
    Al bergantin afierra crudo, fiero:
    El cristiano que vido tal descuento,
    Sacando vivas fuerzas de flaqueza,
    Resiste al enemigo su fiereza.

    Pero Alonso de Cuevas ha ayudado
    Muy bien al bergantin en el combate,
    Como valiente, fuerte y esforzado,
    Temiendo su muger el indio mate.
    Al fin nuestro Seor los ha librado,
    Huyendo el bergantin: de este dislate
    Naci en la tierra un bravo atrevimiento,
    Y oid con atencion el alzamiento.

    El Mau, quedando victorioso,
    Aunque era indio sin cuenta y no valiente,
    Mas de ganar gran nombre codicioso,
    Levanta al Guaran muy de repente,
    Y al Querand, que es indio belicoso.
    Acude cada cual muy diligente,
    Juntndose gran parte de la tierra,
    Alegres en oir cosa de guerra.

    El Yamand, que arriba su memoria
    Tenemos muchas veces celebrada,
    Es el que lleva aqu la palma y gloria;
    Por l va aquesta cosa gobernada:
    Su voz despacha  guerra citatoria,
    En toda la comarca publicada,
    En breve muchos indios se han juntado,
    Y en su junta la guerra concertado.

    Dejamos de contar cosas graciosas
    Que en este ayuntamiento han sucedido,
    Que  muchos les sern dificultosas:
    Mas no puedo callar de que han reido
    Dos indias de unas fuerzas espantosas,
    Que  espanto en este tiempo han conmovido;
    Que en ser de dos mugeres la pelea,
    Placer dar al discreto que la lea.

    Tupaayqu, la primera se decia,
    De gran valor y esfuerzo y animosa;
    La segunda se llama Tabolia,
    Astuta, muy gallarda y belicosa.
    Entre estas dos se traba una porfia
    En la junta, por cierto muy graciosa:
    Tupaayqu su marido mas bebiera
    A Tabolia que el suyo, le dijera.

    Sobre esto entre las dos se han desmentido,
    Y  los arcos las manos luego echaron:
    Mas entremedias muchos se han metido,
    Y el caso de esta suerte concertaron;
    Que en un palenque fuerte, muy fornido,
    Con dos padrinos, que ambas sealaron,
    De buena  buena rian la pendencia,
    Con que cese el rencor y diferencia.

    De ver era las dos fuertes, membrudas,
    De solas sus macanas arreadas,
    Que no tienen mas armas, que desnudas,
    Al fin en el palenque ya encerradas,
    Comienzan de herir sus carnes crudas,
    Y dndose muy bravas cuchilladas,
    En sangre convertian tierra y suelo,
    Y sus golpes sonaban hasta el cielo.

    Los dos maridos, vista la hazaa,
    Y el peligro presente de sus vidas,
    Metidos en furor y cruda saa,
    Con voces y palabras doloridas.
    Que cese, piden ambos, la maraa:
    Por los padrinos fueron despartidas,
    Y dndoles del vino y del brevage,
    Ces la diferencia y el corage.

    En la junta concluyen, que conviene
    Que guerra  Buenos Aires hagan luego,
    Que si un punto la guerra se detiene,
    Sugetos quedarn  pecho y ruego.
    El Yamand les dice, porque suene
    En Espaa la fama,  sangre y fuego,
    "Perezca la memoria del Cristiano,
    Sin que dejemos dl un hueso sano."

    De aqueste parecer es Querandelo,
    Con el valiente viejo Tanimbalo,
    Ayuda les ofrece Tabolelo,
    Yaguatat, Ter con Manoncalo.
    La grita y alarido hasta el cielo
    Levantan, y nombrando  Guazuialo
    Por general, del campo se han partido,
    Y en breve  Buenos Aires descendido.

    La gente que aqu baja es en gran suma;
    Chiloazas, Beguaes, Querandies
    Vienen creciendo siempre como espuma:
    La flor de todos son los Guaranies;
    Mil galas y lindezas de bel pluma
    Encima traen de s: mas no confies
    En gala, gentileza y hermosura,
    Que la verdura fresca poco dura.

    Al puerto y fuerte llegan voceando,
    Con trompas, y bocinas y atambores;
    Las centinelas andan rodeando
    El fuerte, y el poblado y rededores.
    Tocan arma; en un punto peleando
    Con esfuerzo vereis los pobladores:
    Rodrigo Ortiz de Zrate es teniente,
    Hombre de presumpcion y muy valiente.

    No quieren que se suelte artilleria,
    Que el una escuadra y otra anda mezclada;
    Parece resonar caldereria,
    O la fragua vulcana tan nombrada.
    El tiempo la victoria entretenia;
    La gente desflaquece de cansada:
    A priesa viene ya aquella doncella,
    Que  Titon di su queja siendo bella.

    El enemigo viendo que amanece,
    Temiendo la pujanza del Cristiano,
    Y que su gente toda desfallece,
    Procura retirarse por el llano.
    El General Guazuialo perece
    Con parte del ejrcito pagano;
    Nuestra gente se queda victoriosa,
    Y la contraria huye muy medrosa.

    Ac los de Garay, vindole muerto,
    Sigueron su viage comenzado:
    Llegando  Sante F, seguro puerto,
    El caso con dolor es celebrado.
    La causa dste mal y desconcierto,
    Los mas dicen Garay haber causado:
    Perdnele quien puede, que provecho
    Sabemos que en la tierra mucho ha hecho.

    Al Paraguay camina aquesta gente
    En tres barcas, dejando all el navo.
    Una barca, vencida del corriente,
    Que lleva muy veloz el ancho rio,
    Perdido el gobernalle, de repente
    Se vuelca, no bastando podero
    Humano  remediarla. Perecieron
    Cuarenta, y solos cuatro escabulleron.

    De aquestos cuatro, dos, el uno Luna,
    El otro Cosme, juntos han salido
    A tierra, y travesando una laguna,
    Al fin  la Asumpcion Luna ha venido
    De rabiosa cruel hambre importuna,
    El Cosme sin ventura ha perecido:
    Al Luna, que escap de aquesta suerte,
    Un caballo le di despues la muerte.

    Mendieta, que dijimos, fu dejado
    Del piloto mayor y marineros,
    Como era mozo mal considerado,
    Caus la muerte  s, y sus compaeros.
    Un mestizo, que estaba amancebado
    Con una india, por celos mensageros
    Del falso Dios de amor, que mal aprieta,
    A siete di la muerte con Mendieta.

    Del cacique Martin, un indio tuerto,
    Era hija la india, y muy hermosa:
    Por muger se la di, que andaba muerto
    Por ella: A quien no mata aquella Diosa?
    El mozo, como siente el grave tuerto
    De Mendieta, que es burla muy penosa
    El cuerno al ojo, hizo  los paganos
    Matasen  Mendieta, y sus cristianos.

    De Sarmiento tratar no quiero agora,
    Que, como refer, pobl el Estrecho.
    Poblando, la fortuna burladora,
    No fu muy favorable de su hecho;
    Que habiendo de crecer siempre en mejora,
    Mengu muy de repente  su despecho:
    Comienza  perseguirle de tal suerte,
    Que nunca le dej hasta la muerte.

    Mas parceme que es historia agena:
    No quiero mas decir, ni del famoso,
    Y buen Sotomayor, que enhorabuena
    Le cupo por marido y por esposo,
    Aquella que, de todos bienes llena,
    Procede de un linage generoso.
    No conviene yo trate, pues Arcila
    En Chile con primor se despabila.

    Y pues que  Chile cupo tal belleza
    De pluma, de valor, de cortesia,
    No es justo, que se atreva mi rudeza
    Decir de Chile cosa, que seria
    Muy loca presumpcion y gran simpleza
    Meter hoz en la mies, no sendo mia.
    Volver quiero el estilo al Chiriguana,
    Y  su costumbre perra y muy tirana.




CANTO VIGESIMO-QUINTO.

     _En que se trata de la junta que hizo Ibitupu, y asaltos que los
     suyos dieron en tierra del Per: del acuerdo del Audiencia de los
     Charcas, y de un temblor terrible en Lima._


    No vemos ser seguro  lo presente
    Curar de proveer sin advertencia
    A lo futuro y tiempo subsecuente;
    Mayormente que vemos en presencia
    Pronosticarse el caso que est ausente:
    Y as mirarlo todo es providencia
    A nuestro Dios Eterno atribuida,
    Que de un fin toca al otro sin medida.

    El de Toledo, dije, como habia
    Por coger  D. Diego hecho guerra
    Al indio guaran, que residia
    Metido en la aspereza de la Sierra.
    Saliendo con su intento se volvia,
    Sin dejar sosegada aquella tierra,
    Mas antes con razon mas levantada,
    Por ver aquesta parte acobardada.

    Ibitupu, el astuto y cauteloso,
    Con nimo feroz junta, pregona,
    Y manda, como hombre poderoso,
    Que venga en general toda persona.
    El ser tenido ya por dadivoso,
    Y que  trabajo alguno no perdona,
    Le hace al guaran venga contento
    A la presente junta y llamamiento.

    Con gente acompaado, y pecho fiero
    A la junta ha venido Condurillo,
    El viejo Tabob, gran carnicero,
    Tambien alegre viene con su aillo:
    Marucar, su antiguo compaero,
    Procura con sus fuerzas de seguillo
    Con toda la demas canalla fiera,
    Que vive por la Sierra, y Cordillera.

    En un prado apacible y muy ameno,
    Ibitupue tenia aparejado,
    De flores olorosas todo lleno,
    Y de muy frescas aguas rodeado.
    Tendidos por la yerba, y por el heno,
    Se comenz el convite, y ha durado
    Desde el hora de prima, hasta nona;
    Mas ninguno escap sin maza y mona.

    Habia mucha caza regalada,
    Perdices, pavas, aves muy sabrosas,
    Venados, avestruces, que salada
    Su carne es buena y sana, muy gustosa;
    Y dulces frutas, que hay una apropiada
    A guinda, yaracaes olorosas,
    Guembes, ivaviraes en gran suma,
    A rodo los pescados, como espuma.

    El vino de maiz y de algarroba,
    De molles, y de murta bien obrado,
    Seguro que bebian casi arroba,
    Que media  cada cual le estaba dado.
    Uno habla en latin, el otro troba,
    Otro habla espaol y vascongado;
    Mas todos para un fin se concertaban,
    Y aunque borrachos, todos atinaban.

    Ibitupue habl de esta manera,
    Aunque hecho botija y grande cuero:
    "Metidos en la fuerte Cordillera,
    Ni Rey, ni Roque hay, por muy guerrero
    Que sea, que nos pueda echar afuera:
    Yo solo, con un solo compaero,
    Me atrevo  defender siempre la entrada,
    Aunque venga el Per de mano armada."

    "Lo que conviene agora que se haga,
    Pues que el Virrey se puso  darnos pena,
    Que cada cual por s se satisfaga,
    Segun su coyuntura fuere buena.
    Quien muerte dar pudiere no d llaga,
    Y salga cada cual con buena estrena
    Al camino,  vengarse por sus manos,
    Matando estos soberbios castellanos."

    "Yo tengo nueva cierta como viene
    Doa Maria de Angulo, y Da. Elvira:
    La muerte merecida bien la tiene."
    El arco demand, una flecha tira,
    Diciendo: "Justo es mi fama suene."
    A d cae la flecha el indio mira:
    Agero es: que si cae bien derecha,
    Su cosa tiene el indio ya por hecha.

    Al punto que tir, viendo en el suelo
    La flecha estar en alto levantada,
    Los indios levantaron hasta el cielo
    La voz, que es su costumbre muy usada:
    Ibitupue, ya libre de recelo,
    Con muy soberbia voz apresurada,
    "Perezca, dice, luego la memoria
    Del cristiano, y conzcase mi gloria."

    Aun no acababa bien estas razones,
    Y un indio cano viejo se levanta,
    Que aunque en la junta estaba, y escuadrones,
    Su vida es diferente y aun espanta.
    El caso que dir yo sin ficciones
    Ser, que aunque mi musa en verso canta,
    Escribo la verdad de lo que he oido,
    Y visto por mis ojos y servido.

    El viejo con modestia as decia,
    Pidiendo que atencion le sea prestada.
    "Sabed, hermanos mios, que venia
    Una hija que tengo, muy amada,
    De guardar mi ganado el otro dia,
    Con una cruz muy bella agraciada;
    Y yo le pregunt qu cruz es esta?
    Y oid de la doncella la respuesta."

    "Estando recogendo yo el ganado,
    Ya que la obscura noche se acercaba,
    Mi corazon en alto levantado,
    En el criador de todo contemplaba,
    Y habindole en mi pecho gracias dado,
    Por ver como doncella me guardaba;
    Un hombre se me puso por delante,
    De bella compostura y bel semblante."

    "El hombre me habl dsta manera:"
    "Doncella, pues que  Dios con pecho llano
    Adras, determina estar entera
    En tu virginidad, que el Soberano
    De ti se acordar en la hora postrera."
    "Diciendo esto tendi su diestra mano,
    Y dime aquesto cruz, de quien yo creo,
    Que es don de mi descanso y mi deseo."[89]

    "Esta mi hija, dice por momentos,
    Que Dios se ha de enojar, si  los Cristianos
    Hacemos mal, y damos descontentos,
    Y que antes los queramos como  hermanos,
    Recibiendo sus Santos Sacramentos."
    Apenas ha hablado, y los insanos
    Vencidos de sus malas pretensiones,
    Al viejo dieron muchos bofetones.

    El gran cacique, dice en su tiana
    Que al viejo dejen y, porque delira,
    Y su hija es doncella muy liviana,
    Y que  invenciones toles siempre aspira.
    Cesle de herir el Chiriguana,
    Que estaba ya encendido en pura ira,
    Que no dudo yo cierto, sino fuera
    Por el cacique, en breve all muriera.

    Al fin, por loco viejo le dejaron,
    Y su junta con fiesta celebrada,
    A sus tierras y casas se tornaron,
    Con la cosa en la junto concertada.
    Y luego en los caminos asecharon
    La gente que pasaba desmandada,
    Y crudo sacrificio cada dia
    De la gente espaola se hacia.

    A frailes y soldados, que salian
    De Santa Cruz, mataron crudamente,
    A chcaras y valles se venian,
    Adonde cautivaban mucha gente:
    De suerte que el estrago que hacian
    Causaba gran temor al mas valiente.
    Hernando Salazar entrar procura,
    Y oid una desdicha y desventura.

    Despues de aquel dislate y alzamiento,
    Que en la Asumpcion, digimos, fu imputado
    A Mendoza, se hizo un casamiento,
    En que con Doa Elvira (degollado
    Su padre) un caballero de talento
    Cas, Nuflo de Chaves fu llamado:
    Hombre feroz, valiente y animoso,
    Y nada de peligros temeroso.

    Aqueste  Santa Cruz pobl primero,
    Y  los Charcas sali, d la obediencia
    De lo poblado di este caballero,
    Al Presidente, Oidores de la Audiencia.
    Entre los indios era carnicero,
    Por donde le pagaron su impaciencia
    En Boitim, que el pueblo as se llama,
    Al pi de un alto cerro de gran fama.

    Aapureyta el cerro tiene nombre,[90]
    _A donde el Diablo canta_, decir quiere.
    No osa en l subir cualquiera hombre,
    Que que el sube, de espanto, dicen, muere.
    Y porque, si mas digo, no se asombre
    Quien cosas de admirar aqu leyere,
    No quiero mas decir de aqueste perro,
    Y creo que en callarlo poco yerro.

    Viuda Doa Elvira, pues, y sido
    De Don Diego el dislate ya contado,
    Con su madre al Per hubo salido,
    Que as por el Virrey les fu mandado.
    A Espaa el de Toledo siendo ido,
    A Santa Cruz volver han procurado:
    Hernando Salazar lleva la guia
    De los treinta que van en compaia.

    En un paso se ponen peligroso
    Los indios Chiriguanos en celada:
    El espaol del dao receloso
    No fu, que si supieran la emboscada,
    No fuera el mal suceso tan daoso.
    Mas no siendo la cosa bien pensada,
    Sucede contra el voto, y lo pensado,
    Y luego se atribuye al triste hado.

    El buen hado es Divina Providencia,
    Servir el hombre  Dios con mucho tino,
    Poner en todas cosas diligencia,
    Y no faltar en medio del camino.
    Si Salazar tuviera la advertencia
    Que aqu digo, bien cierto yo imagino
    Que no murieran nueve, que pensando
    No haber peligro, iban caminando.

    La gente va marchando, pero viendo
    Que los tristes, que fueron delanteros,
    Murieron, del negocio se temiendo,
    Quisieran hallar todos agujeros.
    Salazar desmay que va rigiendo;
    Desmayan los soldados compaeros,
    Que tantas flechas ven venir lloviendo,
    Que la tierra con ellas van cubriendo.

    Fenece aqu la triste su triste hora,
    Cubierta de mil flechas y arpones:
    Doa Maria de Angulo, causadora
    De motines, revueltas y pasiones,
    Amiga de mandar, y tan Seora,
    Que con todos tramaba disenciones:
    Su nieta Doa Elvira, mal herida,
    Quedaba entre las yerbas escondida.

    Doa Elvira su madre con recelo
    Procura por su hija; pero viendo
    Que no parece, grita hcia el cielo,
    Sus dorados cabellos descogiendo.
    Sotelo revolvi con grande duelo,
    Y entre los Chiriguanas se metiendo,
    Sacaba  la doncella, aunque llovian
    Las flechas ya sobre l que le cubrian.

    Tras ellos la victoria van gozosos
    Los brbaros, siguiendo grande trecho:
    Como corderos mansos temerosos,
    Los nuestros el huir por gran provecho
    Juzgaban: mas los indios codiciosos
    Del interes, curaron muy de hecho
    A partido venir con los cristianos,
    Y as se les hinchieron bien las manos.

    Doa Elvira en aquesto el todo ha sido,
    Que con dulces palabras les hablaba,
    Y como en la Asumpcion hubo nacido,
    La lengua Guaran bien pronunciaba.
    Al fin con interes se han convencido,
    Y el rescate con sobra se les daba,
    De suerte que cesaron de la guerra,
    Y ayudan  pasar el agra Sierra.

    Sabido ac en los Charcas, fu acordado
    Hacer guerra cruel al Chiriguana:
    El caso de esta suerte se ha ordenado,
    Que el Presidente tiene buena gana;
    Y as con grande ardid al que es soldado
    La voluntad en esto bien le gana,
    Y hcele merced en cuanto quiera,
    Porque entre en la jornada y cordillera.

    Don Lorenzo Suarez Figueroa
    Sali de Santa Cruz, que es de la Sierra:
    Hombre de grandes prendas, y de loa,
    Y que merece mas que aquella tierra.
    Con gran solicitud pone la proa,
    Queriendo al Chiriguana hacer guerra.
    Es General de toda la campaa
    De Crdoba la Llana en nuestra Espaa.

    El Conde del Villar en esto viene
    Por Virrey, y pensaron que hiciera
    La guerra; empero, dicen, le conviene
    Dejarse de esta guerra y cordillera,
    Que nuevas de Francisco Drake tiene,
    Que viene muy pujante en gran manera.
    Dirse en su lugar, porque es flagelo,
    Que por castigo envia Dios del Cielo.

    Con esto estaba el Conde tan medroso,
    Que solo de escribirlo tengo miedo:
    Parece aqueste caso milagroso,
    Que estaba el Per todo, decir puedo,
    Sin contento, sosiego, ni reposo,
    Y estbase el ingles all muy ledo.
    Juicios son de Dios muy encumbrados,
    Y no de todos hombres alcanzados.

    El Virrey al Callao va, y se aplica
    A hacer  gran priesa un grande fuerte:
    Con muchos el negocio comunica,
    Mas no responden todos de una suerte;
    Por esta causa el Conde no fabrica,
    Que tiene gran deseo que se acierte;
    Y toma en la consulta all la mano,
    Y habla de esta suerte un Trugillano.

    Don Luis Sotomayor "de que aprovecha
    El fuerte, dice, en tierra, donde puede
    Tomar el enemigo cualquier trecha,
    Sin que en manera alguna se le vede
    Del fuerte? Lo mejor es, que bien hecha
    Le sea, con la gente que aqu quede,
    La guerra al enemigo, si viniere,
    Con fuerza lo mejor que ser pudiere."

    Estando desta suerte recelosos
    De Francisco, sucede O cosa extraa!
    Un caso entre los casos temerosos,
    De Dios castigo, y muestra de la saa
    Que tiene con los hombres flagiciosos.
    La mar sali de curso, y as baa
    El puerto del Callao, y la marina,
    Y gran parte del pueblo cae con ruina.

    Bramaba con bramidos la mar brava,
    La obscura y triste noche entristecia,
    Las crines y cabellos erizaba,
    El alma y corazon amortecia;
    El sexo femenil que lamentaba,
    En aprieto y angustia mas ponia,
    Lgrimas, y sollozos, y gemidos,
    Suspiros, gritos, llantos, alaridos.

    En poco estuvo el Conde de perderse,
    Y al fin sali, huyendo el aposento,
    A Santo Domingo v  refugiarse,
    D llevan de la iglesia el Sacramento;
    Despues por mas seguro guarecerse,
    En el campo la noche hizo asiento:
    Y oid lo que pasaba en esto en Lima
    Que solo referirlo causa grima.

    Es Lima una ciudad, bella, galana,
    De edificios hermosos y graciosos,
    Apenas vereis casa sin ventana,
    Los altos por de fuera no vistosos,
    Que cubiertos estn  estera vana;
    De dentro empero son maravillosos,
    Que como nunca llueve por semejas,
    No curan de poner sobre ellos tejas.

    Con quietud se vive, y en consuelo,
    Sin pena, sin dolor y sin tristeza,
    Que no dura jamas el triste duelo,
    Que es Lima del Per flor y belleza.
    Sereno est, apacible y claro el cielo,
    En un ser uniforme y gran firmeza,
    Y aunque ha habido temblores muchas veces,
    Mas ha sido el ruido que las nueces.

    Empero en este trance tan terrible
    Exceden ya las nueces al ruido:
    Negocio al parecer muy increible,
    Que hace salga el hombre de sentido.
    A muchos pareci ser imposible
    Haber por natural acontecido,
    Sin que causa secreta interviniese,
    Y con rigor la mano intrometiese.

    A prima de la noche muy obscura,
    La ruina sucedi con temblor crudo;
    No est ni puede estar casa segura,
    Ni el hombre defenderse con escudo,
    Si Dios, que es propia guarda, no procura
    Guardarnos; pues aquesto solo pudo
    Dejar de aquesta suerte castigada
    A Lima con su gente amedrentada.

    Cayronse las casas mas lustrosas,
    Los templos, y las mas ricas capillas,
    Que all muestra las manos poderosas,
    Y hace muy mayores maravillas.
    El alto donde hay fuerzas belicosas,
    En freno quebrantando las mejillas
    De aquellos que procuran alejarse
    De su divino bien, y no acercarse.

    A Lucifer soberbio, jactancioso,
    Que  la maana fresca reluca,
    Al infierno en tinieblas temeroso,
    Condenado en perpetuo Dios le enva.
    Aquel rico avariento codicioso,
    All desea gustar del agua fria:
    El poderoso Rey fu convertido
    En bestia, y heno y yerbas ha pacido.

    A la bendita Virgen soberana,
    Espejo de humildad y de pureza
    La vemos por la f como maana,
    Y aurora, coronada de belleza.
    A Lzaro se di de buena gana
    El prmio de su pobre y vil pobreza,
    Al manso Rey David di Dios el cielo,
    Que manso fu, aunque Rey, en este suelo.

    Al fin pues el temblor que voy contando
    Las casas desbarata mas fornidas.
    Echando por el suelo, y derrocando
    Las torres muy hermosas y lucidas;
    A las calles se salen suspirando
    Las damas, de temor amortecidas
    Quedaban, que era lstima mirarlas,
    Y mas que no hay quien pueda consolarlas.

    Qued de este temblor tan arruinada,
    Y tan perdida Lima, que ponia
    Espanto nuevo en verla mal parada.
    Que piedra sobre piedra no tenia.
    Hallbase en la calle sin posada
    Quien bella casa antes posea,
    Y todos, como dicen,  la luna
    Quedaron en la prueba de fortuna.

    Cual hizo habitacion con una estera,
    El otro con un toldo pone tienda,
    Y con una tristeza lastimera,
    Recoge lo que puede de su hacienda;
    A todos pareca la hora postrera.
    Madeja muy revuelta era sin cuenda,
    Y el cabo no se halla, aunque se busca,
    Que todos andan hechos _chacorrusca_.

    El Visorrey se v con los Oidores
    A San Francisco, y hacen el Audiencia
    En toldos, que aposentos los mejores
    Tuvieron muy menor la resistencia.
    Dejemoslos aqu, frailes menores,
    Metidos en clausura y obediencia,
    Que Candish andaba agora muy envuelto
    En el Estrecho y sur, y el diablo suelto.




CANTO VIGESIMO-SEXTO.

     _Como el Capitan Tomas Candish, seor de Mitiley, sali de
     Inglaterra, y atraves el Estrecho de Magallanes, y tom tierra en
     la Puna y Paita en el Per, y de vuelta tom un navio que venia de
     la China._


    La prfida de s misma olvidada,
    De la insigne y famosa Inglaterra,
    Isabela, la Reina depravada
    En la F (que con Cristo nos encierra
    En el aprisco y choza consagrada)
    Procura en tanto grado hacer guerra
    A nuestro gran Filipo, que cuajado
    El mar trae de corsarios su mandado.

    A un Tomas Candish, muy orgulloso,
    Con armada despacha, pretendiendo
    Que fuese como Drake venturoso:
    A tiempo fu, que vide estremeciendo
    De temor al Per, y receloso.
    De Chile v la nueva discurriendo;
    Pensabamos ser Drake el que venia,
    Y tal era la fama que corria.

    Entre soldados, gente desalmada,
    Por trisca se decia, que sabido
    De Drake, sea la nueva bien llegada:
    Quiz que mudaremos el vestido,
    Que nuestra profesion no est estimada,
    No andando el enemigo embravecido;
    Viniendo, pues, aqueste Luterano,
    Podrnos suceder dichosa mano.

    Yo vide en Chuquisaca alborotada
    La cosa, y el Audiencia despachando
    A Lima vn correos; resguardada
    La costa, presto fu gente juntando,
    El Conde del Villar, de mano armada,
    Con muchas prevenciones, procurando
    Guardar al gran Seor su tierra sana,
    Aunque venga la Reina Luterana.[91]

    Aqu dejar agora yo no puedo
    De decir, y tocar muy brevemente
    Una maldad diablica, y enredo
    Que el demonio frag entre aquella gente
    Indiana; que en pensarlo solo quedo
    Confuso, y agenado de mi mente:
    Que una carta  los ingleses escribieron,
    Y en ella estas razones le dijeron.

    "Ilustres mis Seores Luteranos,
    Venid, porque os estamos esperando,
    Que queremos serviros como  hermanos,
    Vuestras cosas contino sustentando."
    Estas cartas vinieron  las manos
    De la justicia, el caso procurando;
    Los indios que hallaron ser culpados,
    Publicamente fueron castigados.

    Tomas Candish pas bien el Estrecho
    Mas no tom jams en Chile puerto,
    Que piensa de hacer mejor su hecho
    Hallando algun navio sin concierto.
    Guiado de interes en su provecho,
    De la costa el camino lleva cierto
    Al puerto Arica, mal fortalecido;
    Y oid como la cosa ha sucedido.

    En este tiempo estaba gran riqueza
    De barras en la playa, y por el llano
    La gente acude luego con presteza,
    Y viendo que surgia el Luterano,
    Sacaron fuerzas, todos, de flaqueza,
    Pensando de probar all la mano:
    Los hombres con las armas acudieron,
    Las mugeres tambien all salieron.

    De sus paos y tocas las banderas[92]
    Al aire desplegaban  menudo:
    Las mismas que salian las primeras
    Tornaban  salir, y nunca pudo
    El Ingles entender estas quimeras;
    Que guarda Dios, si quiere, sin escudo,
    Y donde l no enva sus favores,
    Enbalde son humanos guardadores.

    A no caer el Ingles en el engao,
    Que causan con banderas y alboroto,
    Hiciera en aquel puerto mucho dao,
    Y fuera el miserable puerto roto.
    Milagro fu, sin duda, y caso estrao
    Estarse el enemigo algo remoto
    De tierra por tres dias, contemplando
    Lo que est nuestra gente maquinando.

    Al cabo de tres dias, receloso
    De que la gente est fortalecida,
    Lev ferro con furia deseoso
    De hallar d pillar en su corrida.
    Por el parage pasa, presuroso,
    De Lima, d la cosa conocida,
    El Conde del Villar  Pedro Arana
    Trs l envia con gente muy lozana.

    El enemigo yendo navegando,
    Y tomando un navio en el camino,
    Aquello que le agrada mas robando,
    Al piloto llevarle le convino.
    A la Pun su rumbo enderezando,
    Que all lleva su proa, y su designo,
    Lleg estando todos descuidados,
    Por donde fueron presto saqueados.

    En Guayaquil en arma se pusieron,
    Sabiendo que el Ingles all ha llegado;
    A la Pun en breve descendieron:
    Tambien en Quito el caso relatado,
    Capitan y soldados proveyeron;
    Y habiendo  la Pun todos llegado,
    Las dos cabezas mal se concertaban,
    Por donde mas erraban que acertaban.

    De Guayaquil Reinoso habia salido,
    El cual por el Virrey all mandaba;
    De Quito el que sali ha pretendido
    Mandar aqu, diciendo, que llevaba
    Del Audiencia poder, d fu elegido:
    As la cosa  tuerto se guiaba.
    Tengamos, dice, el uno aqu sosiego:
    El otro, dice, marchen todos luego.

    Con toda su tardanza al fin llegaron
    A la Pun, d estando descuidada
    La gente inglesa, ellos comenzaron
    A darles una grande rociada;
    Mataron veinte, dos les cautivaron.
    La gente inglesa as desbaratada,
    Recogese huyendo  una montaa,
    Los nuestros se estan quedos en campaa.

    De los navios jugando artilleria,
    El enemigo  los nuestros dao hace,
    Con su grave, importuna bateria,
    En breve nuestro campo se deshace.
    A lo alto de un cerro se subia,
    De lo cual al Ingles mucho le place,
    Que viendo  los cristianos retirarse,
    En su lancha procuran embarcarse.

    Quem aqu un navio el Luterano
    De los tres que traia, y  gran priesa
    Se leva  la maana muy temprano,
    Y  Paita sin parar presto atraviesa.
    Al Piloto echa en tierra de su mano,
    A los de Paita enviando su promesa
    De seguro, mas ellos no quisieron
    Concierto, sino al monte se huyeron.

    Salt el Ingles en tierra, y al poblado
    lleg con furia cruel y repentina;
    Y como le ha hallado despoblado,
    Con su rbia diabolica y maligna
    A una Santa Cruz ha escopetado,
    Robando lo que halla all, camina.
    El piloto qued all abscondido,
    Que al alto con los nuestros se ha subido.

    Arana, que venia muy pujante
    Con dos fuertes y bellos galeones,
    Con una veloz lancha de delante,
    Allega  Manta. Salen escuadrones:
    (Pensando ser ingles) en un instante
    Cien soldados estaban chapetones,
    Cincuenta vaqueanos, que Alvarado
    Al punto los ofrece de buen grado.

    Arana le responde, que su mano
    Y diestra sola basta con su gente
    Contra el poder y fuerza del tirano,
    Que no quiere socorro de presente.
    La costa corre toda el Luterano,
    Arana se volvi muy diligente,
    Aunque de nueva Espaa se le envia
    Aviso de que est en una bahia.

    Candish, muy  su gusto  dar carena
    Se mete en la bahia, que le place,
    Sin temer de que cosa le d pena,
    Refresco toma, y agua y lea hace.
    Su gente de dolor quita y agena,
    Con la ocasion presente se rehace,
    Y en la primera al viento vela dando,
    La costa de la China va bojando.

    De vuelta de la China, muy cargada
    Encuentran una nave de tesoro:
    A su diccion y mando fu entregada
    Con suspiros, y lgrimas y lloro.
    En breve ha sido toda despojada
    De sedas, brocateles y fino oro.
    Un clrigo all viene enriquecido,
    Que en verse as robado, est afligido.

    De su plata y tesoro codicioso,
    Con nimo tambien de hacer hecho
    De memorable fama y honroso,
    Al peligro constante puso el pecho:
    A sus amigos dice: "poderoso
    Con vosotros me siento y satisfecho,
    Si quereis ayudarme, mis hermanos,
    Contra aquestos soberbios luteranos."

    "Probemos, si os parece bien la mano,
    Y en tiempo que del sueo esten vencidos,
    Acuda cada cual  su tirano,
    De suerte que la muerte adormecidos
    Los coja, con favor del Soberano:
    Pues son sus enemigos conocidos,
    Favor nos dar Dios, pues que bien puede,
    Para que con la vida nadie quede."

    No pudo ser secreto este concierto,
    Alguno al capitan lo ha revelado,
    Y como fu en fuerte hora descubierto,
    Al clrigo de un mastil ha colgado.
    Volvise sin tomar Candish mas puerto,
    Habiendo todo el Orbe rodeado,
    Y entr en Inglaterra poderoso,
    Muy rico, muy contento y muy gozoso.

    La Reina luterana, como vido
    El valor de Candish y su ventura,
    Y el Diablo que tambien su tela ha urdido,
    Despachan  Candish, el cual procura
    De la ocasion ya ser favorecido:
    Parcele gozar la coyuntura.
    Sali de Inglaterra con pujanza;
    Dir lo que sucede en otra estanza.




CANTO VIGESIMO-SEPTIMO.

     _En este canto te trata de la toma y robo del puerto de Santos y
     San Vicente y de los insultos y maldades que all hizo el Capitan
     Tomas Candish, Seor de Mitiley, y Capitan General de la Reina de
     Inglaterra._


    Si solo viene el mal, decir se suele
    Bien vengas mal; mas siendo acompaado,
    Mas grave es el segundo, y aun mas duele
    El golpe, cuando viene redoblado.
    La carne mas machuca, y mas la muele,
    Por hallar el lugar ya maculado;
    Y al fin duran las penas y cuidados,
    Cuando los males ton mas frecuentados.

    La presa de Candish ya recontada,
    Que hizo en el navio de la China,
    Tuviramos por bien, si de llegada
    En su tierra parra; mas camina
    De vuelta, con muy gruesa y bella Armada;
    La lnea atravesando, determina
    Tomar tierra brsilica, y llegando
    La costa toda iba demarcando.

    Tom algunos navios en la costa,
    Y entre ellos  un Marquina, que ha venido
    De Potos con plata, por la posta,
    Por gozar de la nata, que ha tenido
    Aquel trato, aunque  l le entrra en costa,
    Que mucha mercancia le ha cogido
    Candish: con solos negros le dejaba,
    Con que viviendo, rico se juzgaba.

    Aqu tom un piloto, que le guia:
    Jorge Luis le llama. Como vido
    El Ingls, que piloto ya tenia
    A su gusto, y la tierra ha conocido,
    Y que tomarla bien le convenia,
    A su almirante Gallo ha cometido
    Con el piloto el caso; los dos fueron
    A Santos, y en el puerto se metieron.

    Paz, paz, entran diciendo con voz alta,
    El nombre Don Antonio, y apellido
    Invocan, que no hizo alguna falta
    A su negocio: luego el afligido
    Y triste pueblo, viendo como falta
    La fuerza,  su diccion qued rendido.
    Un mancebo muri, que resistia:
    Machado lo caus, bien se decia.

    Era juez entonces un Machado,
    Y dicen, que bien pudo, si quisiera,
    Que del Ingles no fuese saqueado
    El pueblo, y el mancebo que saliera
    Con arco y flechas de otros ayudado
    Bien fuera, si Machado no impidiera,
    Y en breve mucha gente se juntra,
    Con que el Ingles victoria no cantra.

    Mas viendose el Ingles favorecido
    Con palabras de amor y fingimiento,
    Despues de haber el mozo mal herido,
    Caido muerto, dice muy contento.
    "Ninguno quiero sea aqu ofendido,
    Ni tal me pasra por pensamiento,
    Que solo proveernos de comida
    Pretendemos pasando de corrida.

    Con esto aquella gente miserable
    En la iglesia se estaba; el adversario
    La cerca, ya es el caso irreparable:
    Entrando, matar quiere all al vicario,
    Y  un fraile, caso horrendo y detestable,
    Que el templo profanando el temerario,
    Imgenes, reliquias de consuelo,
    Con irrision echaba por el suelo.

    Prendi los principales, demudando
    A todos cuantos pudo aquella hita,
    Las casas por el suelo derribando,
    Las tablas, y madera y palos quita:
    Y luego por la tierra caminando,
    En San Vicente se entra, dando grita;
    Asulalo tambin en un momento,
    En esto entra Candish con gran contento.

    Estando en esta isla apoderado,
    Procura embarcacin muy conveniente
    Hacer, porque tenia buen recado,
    Y aparejo hallaba entre la gente.
    No habia el mes tercero bien pasado,
    Y acaba su bajel cumplidamente,
    Veinte remos por banda le ha metido,
    Con que Candish se halla enriquecido.

    Aquesta embarcacion deja entenderse
    El fin con que Candinh la fabricaba,
    Para poder con ella bien meterse
    En puerto: que tomar imaginaba
    Alguna tierra, d pueda valerse,
    Y aquesto su designo le guiaba;
    La fama por la costa se estendia,
    Que para el Argentino la hacia.

    Del rio de Genero ha despachado
    A priesa Salvador de S Correa,
    Diciendo, como  Santos ha tomado,
    El Ingles: que la cosa se provea
    All en el Argentino con cuidado,
    Que v nuestro enemigo de pelea:
    Allega un navichuelo y d el aviso,
    Y vulvese  Genero de improviso.

    Vereis en Buenos Aires discernirse
    El caso con diversos pareceres,
    Procura cada cual escabullirse,
    Llevndose consigo sus haberes.
    Al fin han procurado convenirse
    En que salgan los viejos y mugeres,
    Y frailes y muchachos del poblado,
    Y que  la mira quede all el soldado.

    La msera hacienda recogida
    A prieta, de tropel y sin concierto.
    En carros y carretas fu metida,
    Que huir, todos dicen, es lo cierto.
    La tierra adentro salen de corrida,
    Dejando los soldados en el puerto,
    En centinela estan de noche y dia,
    Y cada cual igual temor tenia.

    Llegu yo  esta sazon en mi navio
    De all de la Asumpcion con poca gente;
    El pueblo se holg y tom brio,
    Y  sus casas volvieron de repente.
    Candish con su pujanza y podero
    De Santos sale un dia alegremente,
    Y ac en el Argentino hacen vela,
    Que mucho su venida se recela.

    Mas l parte de Santos recta via,
    El Magallan Estrecho demandando,
    Y tanto el Sur le sigue y combata,
    Que vuelve popa via ya arribando.
    El Almirante el rbol d y renda
    En frente el Argentino, procurando
    Las fuerzas contrastar del fuerte viento,
    Mas l no le ha dejado con su intento.

    A mi los naturales, preguntados
    Sobre esto, muchas veces me dijeron,
    Que vieron dos navios anegados,
    Y en un punto de vista los perdieron,
    Con lenguas fueron bien examinados,
    Los indios que esto  mi me refirieron,
    Y dicen, que escap solo una nave,
    Que vuela por los aires como un ave.

    Esta fu de Davis, muy entendido,
    Que  vuelta del Estrecho se ha quedado
    Con tres naves, las dos se han sumergido
    Que cosa alguna dellas no ha escapado:
    De su saber Davis bien se ha valido,
    Y del temor las fuerzas ha sacado,
    Escapa con la maa mas que pudo
    De aquel contrario tiempo, fuerte y crudo.

    Aquel barco que dije, de Genro
    Aviso habia traido al Argentino,
    Tornar ha procurado de ligero,
    Queriendo aprovecharse en el camino:
    Que es grande la codicia del dinero,
    Y al hombre fuerza haga desatino:
    Sali del rio Genro, mas la hada
    A priesa corta el hilo  su husada.

    En l iban algunos pasageros,
    Que llevaban su pobre mercancia:
    Don Pedro y don Francisco, caballero
    De Estepa, que es lugar de Andaluca.
    Piloto, con maestre y marineros,
    Mas no como en tal caso convenia,
    En tomar se engaaron el altura,
    Principio cierto de su desventura.

    Comienzan  virar, pues, engaados,
    Pensando que embocaban por el rio,
    Mas iban muchas leguas apartados
    Vencidos de su loco desvaro.
    En costa y tierra dieron desrumbados,
    A la fuerza entregados del gento:
    Una ola  D. Pedro le ha volado,
    Y el mar profundo y bravo le ha tragado.

    Los demas pasageros han salido
    A tierra, su miseria lamentando.
    La gente indiana, luego como vido
    Que se iba este negocio aderezando
    En su pr, al encuentro han acudido,
    Y en breve  los Cristianos se acercando,
    Comienzan  prenderlos, y mataban
    A los que defenderse procuraban.

    Charruas es la gente que aqu habita,
    Que ha hecho grande estrago en los cristianos:
    Es gente muy cruel y muy maldita,
    Tambien ha hecho presa en luteranos.
    Est de estos Charruas otra mita
    De indios de este nombre, mas cercanos;
    En Buenos Aires tratan y contratan,
    Y all nos llevan cosas que rescatan.

    Aquestos nos digeron que tenian
    Los otros tres cristianos por cautivos,
    Y que ellos del rescate tratarian
    De aquellos que hallasen estar vivos,
    Y que luego  nosotros los traerian.
    Nosotros en aquesto compasivos,
    De cosas les henchimos bien las manos,
    Deseando librar nuestros hermanos.

    El cobertor quit yo de mi cama,
    Porque un cacique bien se ha aficionado;
    Echamos por el pueblo una derrama,
    Y en breve gran rescate se ha juntado.
    Entre los indios corre bien la fama,
    Que el rescate es muy rico y muy preciado,
    Los cautivos trageron  gran priesa,
    Por gozar del rescate y la promesa.

    A quien no ha de causar esto mancilla,
    Si tiene de cristiano sentimiento,
    Que no qued de toda la cuadrilla
    Alguno, mas que tres; pues el tormento
    Que pasan, y la pena, quien decilla
    Podr? que  mi en pensarla ya el aliento
    Me falta, y la pluma desflaquece,
    Y mi lengua turbada, se entorpece.

    Tragronnos los tres en carnes puras,
    El uno sacerdote, y dos soldados;[93]
    A todos se les dieron vestiduras,
    Y fueron lo posible reparados.
    Contronnos sus tristes desventuras,
    Juzgndose por hombres bien librados,
    En haber escapado con la vida,
    Habindola tenido por perdida.

    En que trabajos mete la codicia,
    Y el procurar ganar la plata y oro,
    Y mas cuando fortuna le es propicia:
    Aquel que v juntando gran tesoro
    No siente el sin ventura la malicia,
    Los males, sobresaltos, pena y lloro,
    Que le es fcil lo que es dificultoso,
    Con fin de conseguir su fin gustoso.

    Est el Seor de Mitiley en esto
    Tan triste, que mil vidas cierto diera,
    Por no ver el suceso tan funesto
    Del Armada lucida que l tragera:
    Pues vuelve de arribada muy de presto
    Adonde estuvo ya la vez primera,
    Pensando rehacerse y no ha podido,
    Segun en lo siguiente es referido.




CANTO VIGESIMO-OCTAVO.

     _En este canto se cuenta la gran victoria que tuvieron los
     portugueses contra el Sr. de Mitiley, y de la prdida y desbarate
     de su Armada._


    Tener bravos encuentros de fortuna,
    Contrastes, baterias y debates,
    Estar con esperanza el alma alguna
    De conseguir victoria en sus combates,
    Efectos son que causa la importuna
    Con sus revoluciones y dislates,
    Que no puede fortuna estar estable,
    Que consiste su ser en ser mudable.

    Quien libre podr ser de esta seora,
    Sin que obligado sea de ordinario
    Como cautivo, Reina Emperadora,
    A serle de contino tributario?
    Ya dndole las gracias de hora en hora,
    Por el bien recibido, ya al contrario
    Juzgndola por loca y por insana,
    Ingrata, fementida, cruel, tirana.

    Tomas Candish, que estaba tan pujante,
    A la rueda pensaba que tenia
    De aquesta gran tirana, mas constante
    Que  su poca fijeza convenia:
    Mas ella se le vuelve en un instante
    Tan contraria  su vana fantasa,
    Que causa que su vano pensamiento
    A las vueltas se vaya con el viento.

    Viniendo, como dige, de arribada,
    Pensando entrar en Santos, toma tierra
    Tres leguas mas atras: siendo avisada
    La gente sale  priesa de la sierra:
    En la falda formaron emboscada,
    Ardides necesarios en la guerra.
    El Luterano viene descuidado,
    Pensando que ser bien hospedado.

    Salieron veinte y cinco en una lancha,
    Con fin de que podrian refrescarse
    En tierra, por la playa grande y ancha,
    Para de su fatiga repararse:
    Empero nuestra gente los desmancha,
    Y al tiempo que volvian  embarcarse,
    Cominzanles  dar gran bateria
    Con fuerte y muy espesa flecheria.

    Un mancebo  la lancha acude luego,
    Y por la mar adentro la metia,
    Nadando por el agua, y pega fuego,
    Que en breve por la lancha se encendia.
    El Luterano est de miedo ciego,
    El Cristiano con fuerza acometia;
    Rodaban los ingleses por el suelo,
    Que ayuda  los cristianos Dios del Cielo.

    Cebronse los indios de tal suerte,
    Que no se contentaban dar flechazos,
    Y as dan al Ingles muy cruda muerte,
    Matndole con crudos macanazos.
    Aquel que se mostraba ser mas fuerte,
    En un punto le hacen mil pedazos,
    De veinte y cinco, dos solos vivieron,
    Que vindose perdidos se rindieron.

    El uno de ellos era cirujano,
    Grandsimo filosofo y latino,
    Mostraba ser en obras muy cristiano,
    Que yo trat con l muy de contino.
    El otro era mancebo cortesano,
    En mi nave de Santos este vino;
    Entrambos se quedaron en la costa,
    Que les hace en comer el Rey la costa.

    Los indios  los muertos les cortaron
    Las cabezas, y virades la grita
    Con que la fiesta alegres celebraron
    De su victoria santa y muy bendita.
    A Santos con su triunfo se tornaron,
    Un dedo lleva un indio, que le quita
    A un ingles, que anillo en el tenia
    De fino oro, con piedra de vala.

    Vispera de San Pedro ha sucedido
    El suceso jocundo y placentero.
    Candish, que est del hecho entristecido,
    Presume de vengar el desafuero:
    Escribe en una carta, que el partido
    Que quiere, es que le den un caballero,
    Si es vivo, de valor y noble sangre,
    Sino que tomar al pueblo por hambre.

    Entre los veinte y tres ha sido muerto
    De un conde el hijo amado que tenia:
    Aquesto all se supo en aquel puerto,
    Y que  Candish volver no convenia
    Sin l, porque el morir le estaba cierto,
    Segun el padre, conde, le queria.
    Por esta causa all cartas escribe,
    Y  fuego y sangre  todos apercibe.

    Mas viendo que sus retos son en vano
    La vela d Candish desconfiado.
    San Sebastian, que es isla all cercano,
    Tomar por rehacerse ha procurado:
    No est lejos de all un Lusitano,
    Salvador de Correa, muy honrado,
    En nombre de Filipo en el Genro:
    Y oidme lo que hizo el caballero.

    Al punto que se supo que surgido
    Habia en esta isla el enemigo,
    Con un pecho y valor ennoblecido,
    (Que de servir al Rey es muy amigo,
    Segun yo siempre en l he conocido
    Y soy en muchas cosas buen testigo)
    A su hijo despacha por la posta
    Con gente, por la mar y por la costa.

    Tan bien lo hizo el hijo, que llegando
    D estaba el enemigo descuidado,
    En un punto le cerca, escopetando
    De suerte, que  gran priesa se ha embarcado.
    La vuelta de la mar iba tomando,
    Y treinta y cinco muertos le han quedado,
    Con que queda Correa, el mozo, ufano,
    Y mas con ver que huye el Luterano.

    Sali Candish de aqu con crudo duelo,
    Cubierto de dolor y grande llanto.
    Con priesa procuraba de ir de vuelo:
    Al Almiranta llega con quebranto,
    Que viene desmanchada y sin consuelo:
    Al puerto van, llamado Spiritu Santo;
    Con lanchas y bateles echa gente,
    Y l qudase en la mar ac de frente.

    Al tiempo del entrar, gran batera
    De los fuertes les dieron y flechazos:
    La gente indiana armaba gritera,
    Los nuestros, sin parar, arcabuzazos.
    Vencidos de la espesa flechera,
    Y de los fuertes tiros y balazos,
    Huyen los ingleses que quedaron,
    Que ciento y diez los nuestros les mataron.

    Del un fuerte los nuestros han salido,
    Metindose en un grande y alto mato:
    Los ingleses al fuerte han acudido,
    Del otro fuerte vienen al rebato,
    Del mato vuelven ya con alarido;
    Dur la cruda guerra grande rato,
    Cayendo los ingleses luteranos
    Sin muerte, ni herida de cristianos.

    De aquellos que se huyen en llegando,
    El General Candish cuatro ha ahorcado,
    Otros cuatro se vienen, que velando
    Estuviesen las boyas ha mandado.
    Huyronse  nosotros, procurando
    Escapar con la vida; que enojado
    Est Candish, por ver el desbarate
    Que hicieron, por dar aquel combate.

    No les mand Candish que acometiesen
    Los fuertes; que sondasen solamente
    Les dijo, y que luego se volviesen,
    Porque l despues entrra con su gente;
    Y como lo contrario ellos hiciesen,
    Y de ello sucediese el mal presente,
    Estaba en pura clera metido,
    Y ageno de juicio y de sentido.

    No hay quien le consuele; porque estaba
    Cualquiera de ellos tal, que no sabia
    Si aquello era verdad  lo soaba,
    Si fuese vana  loca fantasa:
    As que cada cual por s lloraba
    Y  solas cada cual por s plaa.
    Candish, que mas lo siente, sus pasiones
    Pregona, publicando estas razones.

    "Maldito sea aquel da en que nacido
    Yo triste fu, que nunca yo naciera,
    O y, que y nac, que perecido
    Al punto que nac luego yo fuera:
    O ya que no lo fu, el encrudecido
    Y hondo mar en s me recogiera,
    Y no viera yo aquesta desventura,
    Teniendo tan dichosa sepultura."

    "Qu tengo de hacer, triste, mezquino,
    Como podr soldar yo quiebra tanta?
    Si all  Inglaterra yo camino,
    Habrlo de pagar esta garganta:
    Pues d puedo tomar otro camino?
    Que tierra, mar y cielo ya me espanta:
    Porque no vienes muerte cruda ingrata,
    Si darme quieres vida, aqu me mata."

    Alzando  priesa el ancla mar afuera,
    De un bordo y otro anda entristecido:
    La noche sobreviene muy ligera;
    El almirante, viendose perdido,
    No curando de seguir mas su bandera,
    Dispara como ha sido anochecido,
    Y viendose Candish desamparado,
    Las velas popa via ha velejado.

    Davis, dije, volvia de arribada
    En su nave; las dos fueron abriendo,
    Y  pique fu la gente supultada,
    En el fondo al infierno descendiendo.
    Al Isla Grande viene, as llamada,
    Davis, que cruda sed ya padeciendo
    Venia con su gente: aqu ha surgido;
    Y od lo que en la isla ha sucedido.

    Aqu saltaron quince  refrescarse,
    Con fin de meter agua en el navo,
    La gente que all est, cura emboscarse,
    Con ayuda tambien de algun gento.
    En ellos dan, al tiempo que embarcarse
    No pueden, ni huir del podero
    De los nuestros; de suerte que murieron
    Los trece, y  los dos vivos cogieron.

    Davis se retir y va huyendo,
    Sin saber de Candish ni la Almiranta.
    As se fu esta Armada deshaciendo:
    La costa la victoria bella canta,
    Las gracias siempre  Dios de ella haciendo;
    Que tal victoria admira, y aun espanta;
    Que bien parece ser de Dios venida,
    Por el Glorioso Pedro merecida.

    Quien duda que San Pedro, como vido
    Su templo de los malos profanado,
    Pues fu de su Seor el elegido
    Por, cabeza y pastor de su ganado,
    Que no dijo:--"Seor, porque has querido
    A tu pastor dejar desamparado?
    Mira que est en oprobio tu rebao,
    Remedia, buen Jesus, tan crudo dao."

    De aquellas once mil, una cabeza
    Los ingleses tambien en aquel dia
    A mal echaron! Santa y rica pieza!
    Quien duda  Dios la Virgen le dira,
    "La injuria  vos, Seor, bien se endereza,
    Y contra vos el mal se cometa,
    Pues sois para vengarla poderoso,
    Destruya vuestra diestra al flagicioso."

    La figura de Dios crucificado,
    Que en la iglesia y altar devota estaba,
    A quien el enemigo ha desgarrado,
    Y de ella con oprobio se burlaba,
    Pues representa  Dios Verbo Encarnado,
    Quien duda al Padre Eterno se quejaba,
    Y dice: "aunque Cordero muy benigno,
    Perezca ya este espritu maligno?"

    Tambien los viejos claman, suspirando,
    Los mozos all miran hcia el cielo,
    Las damas y doncellas lamentando,
    Cubrian con sus lgrimas el suelo:
    Los tiernos machachuelos sollozando,
    Publican su dolor y desconsuelo,
    Por esto fu Candish desbaratado:
    Que el justo nunca fu desamparado.

    Al corazon humilde y doloroso,
    Envuelto en contricion, nunca aborrece
    El Alto; y al que v menesteroso
    De su socorro, bien le favorece:
    Pues quien no habia de estar all lloroso
    En Santos, d la causa tanto crece
    Con robos, destruccion y cautiverio,
    Flagicios, tiranias, improperio?

    Por mis ojos yo v, de  pocos dias,
    A Santos, con su isla, que robada
    Por este Candish fu, y las vacias
    Y pobres casas, gente lastimada,
    Me daban  entender por muchas vias
    Aquella tirana celebrada
    All, contra dos pueblos lusitanos,
    Cuando de ellos triunfaron luteranos.

    All vide las fuerzas derribadas,
    Las torres y los altos edificios;
    All vide las casas derrocadas,
    Y sacadas las puertas de los quicios:
    Por madera en el fuego son quemadas,
    Y tuvieron por grandes beneficios
    Los que enhiestas en pi hallan sus casas,
    Porque las mas estaban hechas brasas.

    No me hizo admirar aquesta ruina,
    Que el cazador que entra por un coto,
    La caza mata, toda cuanta atina;
    Y el soldado que v al campo roto,
    Del alto abajo todo desollina:
    Mas pena me di el ver que aquel piloto
    Que tengo referido, lusitano,
    En el puerto  Candish meti de mano.

    Aqueste merecia ser quemado,
    Y el Capitan, que preso le tenia
    En Santos, donde estuvo  tal recado,
    Que huyendo se fu donde ha querido:
    Mirad lo que har aqueste pecado,
    Pues le tiene el Demonio pervertido,
    Y no querr, mi Dios, que tal delito
    Lo ponga yo en memoria por escrito!

    Aqu quiero dejarlo, prometiendo
    En otra parte cosas muy gustosas,
    Que estoy en mi vejez yo componiendo
    Del argentino reino. Hazaosas
    Batallas, que el Dios Marte v tegendo,
    Conquistas y noticias espantosas.
    Lo que he dicho y dijere en mi escritura,
    Sumito al Santo Oficio y su censura.




TABLA

DE LAS COSAS MAS NOTABLES,

QUE SE CONTIENEN EN LA

ARGENTINA,  CONQUISTA

DEL

RIO DE LA PLATA.


=A=

Abarori, indio. V con Melgarejo, ofreciendo guiarle, y le mete
   en una isla frtil--122.

Abayuba, indio. Sobrino de Zapicano--104,
  y muy amado de l por sus buenas calidades--109.
  V al campo de Juan Ruiz, y es preso. Libre, vuelve con indios de
   guerra, y mata muchos espaoles desparcidos--110.
  Vuelve, y sigue muy ligero dos que huyen--113.
  Furioso, es muerto por Leiva--148.

Abejas--215.

Abrego. _V. Diego._

Abrojos. Bajios en la costa del Brasil--82.

Acais, significa Vlgame Dios--30.

Agaces. Indios--6.
  No tienen pueblos, y donde vivian?--28.
  Matan un fraile francisco y otros espaoles, y cuidado que tuvieron de
   un resplandor del Cielo, y una doncella--118.

Agua en caas, de buen sabor--32.

Aguaceros en la linea--82.

Aguazo, cacique, dispone con _Yamend_ y otros traicion contra Juan Ortiz--134.

Aguero bueno para romper guerra entre los indios, caer derecha la flecha que
   disparan--281.

Aguilera, valiente en la batalla de los Charcas--149.
  Acude  sosegar el motin de Santa-F--238.
  D muerte  Gallego, cuando le pidi ayuda, y lo que le dijo--_ibid._

Ayala, alguacil, echa la gente de la iglesia, en la Asumpcion, y saca de ella al
   Obispo  empujones--70.

Atumir Puerto, se describe, y ruina que padeci en l la armada de Juan Ortiz--123.

Alegrias que hace una nacion en las muertes--181.

Algarrobas, hacen vino de ellas los indios--280.

Alma, para qu fu criada  imgen de Dios?--25.

Alonso de Cuevas, quiere librar  su muger de los indios, y por meterla en el
   navo se le cae al mar, y defiende el navo--273.
  Sale  un desafio con un indio. Es derribado por Coraci, y de
   rodillas le hiere, y huye el indio--219.

Alonso Granero, Obispo. No asisti al Concilio de Lima por la gota, aunque estuvo
   en la ciudad--257.

Alonso de Ontiveros. Hyese de la prision  los indios--119.
  Y muda nombre y religion--_ibid._
  Vuelve  los Espaoles arrepentido de su apostasa--_ibid._

Alonso de la Torre. Cese de hambre hablando con el autor--190.
  Arrimado vuelve al pueblo con l moribundo--_ibid._

Altamira, sierras. Cuales son?--4.

Alvar Nuez Cabeza de Vaca. Sali de la Florida, es nombrado Adelantado del Rio
   de la Plata--45.
  Sale de Cadiz con su Armada, y le reciben bien los portugueses de
   Cabo
   Verde--49.
  Llega  la Costa del Brasil, reconoce la isla de Santa Brbara y Santa
   atalina--_ibid._
  Envia  reconocer la tierra, y entra hcia el Paraguay con grande
   hambre y mortandad--50.
  Sube 300 leguas por el Paraguay, y no hallando plata se vuelve, y lo
   que erdi--_ibid._
  Llega  la Asumpcion, y se levantan contra l: entra Armenta
    prenderle  la cama, y quieren matarle--53.
  A los dos aos de su gobierno--50.
  Intenta defenderse. Scanle de su casa preso los oficiales reales--54.
  Trenle aherrojado  Espaa--58. Privado del ttulo de Adelantado--59.
  Admrase el autor, de que no se castigase la maldad de los rebeldes--_ibid._

Alvarado, ofrece gente  Martin de Arana, contra Candish, y no la admite--295.

Amante de Hernachuelos--91.
  Pirdense, y quedando la Dama sola, sale del mar  requebrarla un
   pez--93.
  Como los castig el autor?--_ibid._

Ana, y caso infame que la ocasion un mal juez.--41.

Ana de Valverde, muerta por los Maus, y sus calidades--272.

A significa Diablo--283.

Aagualpo, cacique, muerto por Vizcano--148.

Aanguaz, cacique, en la isla del Rio de la Plata--127.
  V Garay contra l, y sus indios le dejan--137.

Aapitan. Animalejo con un espejo en la frente,  carbunclo--31.

Aapuleit, significa cerro donde el diablo canta; que est cercano  Beitem,
   donde muere de espanto el que sube--283.

Ancoanco, pueblo. Ce sobre l un cerro, y mata 400 indios--262.

S. Andres apstol--183.

Angel. Se aparece en cima de la iglesia de la Asumpcion la noche que se juntaron
   los clrigos y otros, para prender  Cceres--74.

Animo dudoso,  todas partes mira--153.

Antas. De sus cueros hacen yelmos los indios--136.

Antonio de Mrabal. Se adelanta, de rden de su hermano el Licenciado Lerma,
    decir iba  gobernar, y se traba de palabras con el Vicario--240.
  V  Estero, y si tuvo la culpa de las desazones con el Dean?--250.

Antonio Torres. Su hija intenta defender que saquen los rebeldes al Obispo de la
   iglesia, y lo que dijo--71.

Araas, y su veneno--213.

Araguay, el rio Pilcomayo, y cuando toma este nombre?--7.

Arauco. Temia al Licenciado Torres en la guerra--201.

Arcilla,  Ercilla, su poema de Arauco--277.

Arellao, muerto por los indios--113.

Arequipa. Llega Drake  ella, y echan los vecinos al mar la plata del Rey--246.
 Despacha aviso  Lima, y llega tarde--247.
 Padece un gran temblor, cense algunas casas, y mueren muchos--251.
 Su volcan--253.

Arevalo. Hiere muchos indios en la batalla contra los Charras--149.
  Impide quemar la casa en que estaban los espaoles--155.

Arica, puerto. Llega Drake  l, y lo que hizo--246.

Armas de los indios Maas--272.

Armenta. Se levanta contra Cabeza de Vaca, le prende, y quiere matarle--53.

Astrologo, indio--221.

Asumpcion. Ciudad en el Paraguay, poblada de gente noble por Salazar--22.
  Su temple y frescura--27.
  Abundante de frutos de la tierra, y Espaa--22.
  Y de mugeres y mestizos mal inclinados--_ibid._
  Indios que viven y sirven en ella, y de qu pueblos--14.
  Es bien recibido Ure en ella--62.
  Muerto Irala se juntan en la iglesia  elegir sucesor--63.
  Reciben bien  Juan Ortiz--193.

Atambores, y cajas en el aire, antes del terremoto de Arequipa--251.

Atlntico, mar: el del norte, y si antes era tierra poblada? Y se la trag con
   una inundacion--5.

Audiencia de los Charcas. Resuelve la guerra contra los Chiriguanos--285.

Aves. Muchas en las islas y tierra del Rio de la Plata--23.

Avestruces en el Rio de la Plata. Traen los indios  Juan Diaz, en San Gabriel,
  y como los cazan con bolas?--105.
  Su carne salada es sana y sabrosa--280.

Avila. Entra en el levantamiento de Santa Cruz de la Sierra, y ofrece el Virey
   perdonarle--167.
  Lo que hizo--168.
  V con D. Diego de Mendoza  los Charcas, y lenima--170.
  Estando en la horca llega el perdon, le vuelven  la crcel,
   y es libre--180.

Autor. Natural de Logrosan--159.
  Objeto de su historia, y verdad de ella--245.
  Ofrece segunda parte--312.
  Invoca  Dios, y propone la obra--_ibid._
  Resumen de lo que ha de contar--_ibid._
  Vi y oy  fidedignos--23.
  Admirase de las estraezas que ha visto.--.
  Traa la conciencia limpia, sintindose morir de hambre--181.
  Prende un portugues herege, y le lleva  la Asumpcion--230.
  Procura reducir  Yamand  la F, sin fruto--18.
  No le dej dormir el salto del Rio Paran  dos leguas de distancia--20.
  Quiso cazar un carbunclo, y no pudo--31.
  Fu cautivo de los Payaguaes--43.
  V con Melgarejo  una entrada, y  todas las peligrosas. Djale, y se
   une  Garay--122.
  Teme ahogarse en el Uruguay, y sale con los demas  tierra--135.
  Trob los cantares hechos  Obera--217.
  Llgase un indio de Obera  l en la batalla de Guaitoca, con
   una cruz y le ampara; y lo que supo de l--229.
  Prende con maa  tres mestizos discpulos de Obera--_ibid._
  Y quien se los trajo--230.
  Espntase su mula en el terremoto de Lima, y lo que vi--262.
  Qued pobre con lo que gast en el concilio, y queriendo volver 
   Espaa le nombran por Vicario de los Charcas, y Comisario del Santo Oficio--265.
  Llega  Buenos Aires desierta, y que se vuelve  poblar--39.
  Junta rescate para tres espaoles cautivos en los Charras--302.

Azogue, con que se beneficia la plata en Potos--178.


=B=

Bajios del Rio de la Plata, peligrosos--20.

Bauelos, mata muchos indios en la batalla de Guayraca--229.

Barcas, y bajeles de los Tups sin velas--5.

Barros. Presidente de Charcas, privado de oficio por el Visitador--202.

Bartolom Barco Amarilla, vecino de la Asumpcion--229.

Batalla de los Charras y los espaoles--146.

Beatriz de Aliaga, su rico trage--260.

Beatriz Coya, se casa con Loyola--185.
  Vivia en Lima--261.

Becerra, sacrificado por Guayraca, y sus cenizas esparcidas al aire--200.

Beguaes. Indios del Rio de la Plata--6.
  Rescatan con Juan Ortiz--125.
  Se rebelan, y sitian con los Guarans y otros indios,  Buenos
   Aires--275.

Benavente, teniente de Lerma en Esteco--250.

Benito. D muerte  Pablo de Santiago, estando peleando con los indios, y otro le
   mata  l--114.

Bermejo, rio--21.

Bernarda Nio, hace una basquia de 3,000 pesos de costo--260.

Ber, indio. Pide  Tapuy que llame  Curemo--222.

Blanco, cabo. Su costa arriesgada, y su situacion--14.

Biotimi, pueblo. Sus indios dan muerte  Nuflo de Chaves--283.

Bolas, con que matan  cogen los indios  los avestruces: empleadas con buen
   suceso contra los espaoles--111.

Borbon, muere en el saco de Roma--35.

Borracheras de los indios en sus fiestas--167.

Brasil--2.
  Su costa caliente--8.
  Pueblale Tup estremeo, y echa de l  Guaran, su hermano--6.
  Toma Mendoza tierra en la costa--38.
  Llega  su costa Candish, y destruye Santos y San Vicente--297,
   298.

Broquel de concha de pescado--136.

Buen Rostro, muerto por los indios--113.

Buenos, padecen mucho en Indias--213.

Buenos Aires. Su sitio--13.
  V  poblarle Garay--22.
  Eligi oficiales de ayuntamiento--235.
  Le ponen por nombre Trinidad--_ibid._
  Y sugetos los indios, se reparten en los vecinos--234.
  Su temple parecido al de Sevilla, y su fuerte--235.
  Sitiada por los indios, se defiende--275.
  Despoblado por sus vecinos, se van  la Asumpcion--45.
  Con la noticia de Candish echan la gente fuera, y se quedan solos los
   soldados--299.


=C=

Cabeza, de una de las once mil Virgenes, ultrajada por los Ingleses--310.

Cabo Frio. Toman en l tierra los Tups estremeos--5.
  Dblale Mendoza--38.

Cabo Verde. Sus islas quedaron cuando la tierra contigua se sumergi--5.

Cabrera. Caus el alboroto contra Cabeza de Vaca--54.
  Y le trajo preso  Espaa con procesos de su gusto; y su desgracia--59.

Caza y pesca mantienen los indios--16.

Cceres. Oficial real, bullicioso--54.
  V de rden de Irala  sosegar el alboroto sobre la prision de Cabeza
   de Vaca, que habia causado--_ibid._
  Teniente de Gobernador, se v con el Obispo de la Asumpcion al
   Per--66.
  Rie con l en Santa Cruz de la Sierra, y se vuelven los dos
   sin hablar--67.
  Procura deslucir al Obispo--69.
  Sabe que hace informaciones contra l, y le publica suspenso,
   y prende  sus amigos--70.
  Y hace degollar  Esquivel por un falso testimonio, y d la casa por
   crcel al Obispo--_ibid._
  Andaba como endiablado, y quiere echar al Provisor al Per, y
   le envia confianza--73.
  Prndele el Provisor en la iglesia en nombre de la Inquisicion--74.
  Emviado  Espaa con el Obispo por el nuevo Teniente; y su afliccion--75.
  Escpase en S. Vicente, y descubierto  escomuniones por el Obispo, le
   envia  Espaa--77.

Caitu, indio. D muerte  Pinedo, huyendo--113.
  Amigo de Garay, le rescata cuatro espaoles--139.

Calchines, indios. Salen  recibir  Juan Ortiz, en balsas--193.

Callao. Puerto de Lima, trata de fortificarle el Conde del Villar, y le inunda el
   mar, destruyendo muchas casas--287.
  Guarnecido contra Candish y sus ingleses--292.

Camelo, ayuda  Juan Ruiz en la batalla de loz Charruas--149.

Canarias, islas. Quedaron de la inundacion que sorbi la tierra, de que eran
   continentes--5.

Caas, como piernas, llenas de agua, y como se engendran en ellas gusanos--32.
  Espesura de ellas, y dificultad de cortarlas--33.
  Otras como robles, y en los Mojos otras sin gusanos--_ibid._

Canoas. Se hunden muchas en los remolinos del Rio de la Plata--19.

Capac, Inca. Solo Seor, llam Chiriguanos  los Guarans--8.

Caravallo pelea con Yanduballo, y Liripe los separa--128.
  Enamrose de ella, mata descuidado al indio, y como le enga
   la india para matarse--129.
  Maldcese por haber causado esta desgracia, y oyendo grita, llega  la
   nave cuando le tenian por muerto--130.
  Su valor en la batalla contra los Charruas--150.

Carbunco. Animal con un espejo en la frente, y como se lo sacan--31.
  V. _Agnapitan_.

Carcara. Rio cerca de la torre de Gaboto 125, 130.

Caras. Desuellan  los vencidos los Charruas para trofeo--105.

Caribdis en el Rio de la Plata--19.

Caribes, de que se compone el nombre?--19.
  son los Guarans, y fieros. V. _Guaranies_.

Carlos V deja el reino  su heredero, y se retira  S. Justo--48.

Carne humana, la comian los Tups en Estremadura--3.
  Los espaoles en Santa Catalina--88.

Carniceria de negros en Cabo Verde--37.

Carreo llega  Espaa en tres dias desde las Indias, siendo marineros los diablos--103.

Carrillo, partido por medio por Taboba--113.

Cartagena, puerto. Llega  l Diego de Sanabria por haber errado el viage al Rio
   de la Plata--60.
  Y Juan Ortiz, robado por un francs, y le socorren sus amigos--67.

Casas de estera, tenian los Charruas--104.
  Del Gran Moxo de piedra, su fortaleza, y adorno--51.
  Su puerta chica, fuerte, y de cobre--52.

Cascavel, que tiene la contrayerba contra las vboras--27.

Castro, Licenciado. Gobernador del Per, d el gobierno del Rio de la Plata 
   Juan Ortiz de Zrate, quitndole  Vergara--65.
  Dasele  Juan Ortiz--66.
  Y lo confirma el Rey--67.

Castrum Julii, es Trugillo, y quien la fund--4.

Catalina Verdugo, ayuda  matar  su marido, y se casa con el galan--253.

Cava, caus la ruina de Espaa, y cual temian causaria la del Paraguay--203.

Cautivos, trtanlos bien unos Charruas--119.
  Y otros mal--302.

Caycob, significa, yerba que vive, se encoge en tocndola, y se marchita--25.

Cay, cacique. Van en su busca Garay y Melgarejo, y prende un hijo suyo, y le
   llevan  Juan Ortiz--155.
  Sguele con una india, y mucho pescado, no logra su libertad--157.
  V tras Garay, y le pide carta para conseguirla--161.
  Y vuelve con ella y Yamand  Juan Ortiz--_ibid._

Chalamarca, pueblo. Demarca en l la tierra de los Chiriguanos el Virey--173.

Chanaes, indios. Prende Garay tres--155.
  Flechan  Chavarria cautivo--158.
  Y crueldades que hacian con otros cautivos espaoles--_ibid._
  Compran  los Chiriguanos  Juan de Barros--159.

Charras y Charraes, indios crueles--301.
  Respetados de los demas--151.
  Valientes, altos, ligeros, y sus casas--104.
  Se tiene por mas valiente el que mata mas enemigos, y como sealan los
   muertos--105.
  En la muerte de sus deudos se van cortando los dedos--_ibid._
  Van al campo de Juan Ortiz  buscar  Abayuba--110.
  Cogen entre medio  los espaoles que iban  buscar yerba, matan 40 y
   prenden otros--_ibid._
  Vuelven con ejrcito, y matan otros que huyeron con armas--112.
  La noche los hace retirar, y despojos que llevaron--114.
  Sale uno en la playa  desafiar  los espaoles, y es muerto
   de un balazo--118.
  Hyenseles algunos prisioneros, aunque los trataban bien--119.
  Batalla que dieron  Garay hirindole--150.
  Y mueren mas de 200 y huyen--_ibid._
  Matan la gente de un barco--306.
  Han hecho grandes daos  los espaoles, y otros--301.
  Algunos comercian en Buenos Aires--_ibid._

Charrues. Indios malvados--6.

Chavarria. Flechado por los Charras, y sus crueldades y muerte--158.

Cheliplo y su hermano, persiguen la gente de Juan Ortiz que hua--113.

Cherandis, indios--6.
  Donde estn poblados?--18.
  Son porfiados en los ajustes, rescatando con Juan Ortiz--125.
  Con la gente de Garay--137.
  Reblanse, y por qu?--275.
  Van contra Buenos Aires, y cercan el fuerte--_ibid._

Chile. Tierra de muchos rboles y oro--2.

Chiloasas, indios--6.
  Salen con otros,  su pesar,  recibir  Juan Ortiz--193.

Chiquitos, indios. Conquistados por Nuflo de Chaves--58.

Chiri, significa frio--8.

Chiriguanes. Son Guarans, y andan desnudos--8.
  Algunos mueren de frio--_ibid._
  Y por qu?--_ibid._
  Por qu se llamaron as?--_ibid._
  Muchos habitan en la Asumpcion--28.
  No quieren consentir la rebelion de D. Pedro de Mendoza, ni ayudarle--170.
  Descubren la traicion--_ibid._
  Huyen del Virey, burlndose de l. Intentan hacer guerra  los
   espaoles, y por qu los dejaron?--173.
  Sus atrocidades, y miedo que les tienen sus vecinos--9.
  Conmovidos por Ibitupu, tienen junta de guerra contra los espaoles--279.
  Su grita, viendo buen agero en la flecha disparada: maltratan  un
   viejo que se opuso--281.
  Daos que hacen en los caminos, desde las sierras de Chuquisaca--7.
  Levantados, dan qu hacer al Gobernador de Guayra--20.
  Matan muchos espaoles por los caminos, cautivan otros, y causan gran
   terror--283.
  Envisten con la comitiva de Doa Maria de Angulo, y la matan,
   y  nueve espaoles, y despues se ajustan con los que quedaron, y se
   resuelve en los Charcas hacerles guerra--285.
  Sali escarmentado de ellos D. Francisco de Toledo--9.
  Aunque gast mucho en conquistarlos--_ibid._
  Ya no comen sino presos en guerra, excepto espaoles--28.

Christoval, indio. Refiere  Melgarejo la traicion de los de Taboba--123.

Christoval de Arvalo. Elegido por general contra su gusto por los conjurados de
   Santa F--237.
  Reprndele Venialbo por un bando de armas que ech, y trata de
   extinguir el motin, y castiga  los amotinados, y como?--238.
  Excepto alguno, y por qu?--239.
  Ayudle mucho haber ido Lerma  Tucuman--242.

Cisne. Muere cantando--182.

Codicia, pone en grandes peligros--301.

Cometas, que se vieron antes del terremoto de Arequipa--251.

Comodo, Emperador. Por qu rogaba por su vida una vieja?--199.

Coamecuaes, indios. Sin ser repartidos acuden  servir  la Asumpcion--28.

Concilio. Se junta en Lima, y de que se componia--257.
  Despchanse edictos, y acuden muchos  quejarse, y nace discordia
   entre los Obispos--258.
  Publcase al ao la sesion, confirmando la antecendente, y otras que
   se apel, y se envia  Espaa--264.

Conde del Viliar. Virey del Per, deja la guerra de los Chiriguanos y v al Callao,
   donde manda hacer un fuerte contra Drake--286.
  En l se guareci de la inundacin del mar, hasta que sali al
   campo--287.
  Se retira  San Francisco, con los Oidores, en el temblor de
   tierra de Lima--289.
  Da providencia para defender el puerto contra Candish--292.

Condurillo, rio. Sugetan  sus indios los Guarans--6.

Condurillo. Cacique muy valiente--172.
  Quiere Taboba le avise sus intentos, Ibitupua--66.
  Llega Quiones cerca de su tierra--172.
  Huyen sus indios de Zrate, y escondidas sus mugeres, vuelven
    l con cruces, diciendo querian ser cristianos, y es descubierta su
   malicia--174.
  Vncelos Zrate, y se llevan los muertos--_ibid._
  Envisten  quince espaoles que quedaron en el fuerte y con la venida
   de los demas huyen--175.
  V con sus parientes  la junta de Ibitupu--279.

Consejo de monos--106.
  En que predicaba el mayor, acabada la pltica se deshace--100.

Consejo. Su importancia en todo--194.

Contrayerba, que tomada, sana  las doce horas la mordedura de la serpiente de
   cascabel--27.

Crucifijo. Lo destrozan los ingleses y se burlan de l--310.

Contratos, que prohibi el Concilio de Lima.--264.

Contreras (Licenciado). Fiscal de los Charcas, privado de oticio por el Visitador--202.

Conversion de los indios. Como se ha de hacer--215.

Coraci. Sale con otro indio  desafiar la gente de Garay, y es vencido de Espeluca--218.
  Huye, y refiere  su cacique el valor de los espaoles, y es
   quemado vivo--220.

Cordobs, (El). Muerto por los indios--113.

Cordillera del Per, aspersima. Llegan  ella los Guaranies, conquistando y
   sugetan muchos indios--6.

Corpus Christi, puerto--269.
  En la isla de Santa Catalina, y por qu se llam as--88.

Cosme. Se libra de un naufragio, y muere de hambre--276.

Costumbre vieja, difcil de perder y dejarla, es casi muerte--153.

Cruz. Ponen una para tirar al blanco los ingleses en Paita--295.

Culebra en el Rio de la Plata--23.
  Comen los de Juan Ortiz como regalo--95.

Culpa. Su conocimiento la disculpa--74.

Curemo. Oyendo  Urambia persuadir paz con los espaoles, se sale de la junta de
   los indios con su familia, se entrega  una laguna, y toma  sus hijos juramento de
   morir defendindose, y vuelve al cacique--222.
  Huyen los suyos de Garay, y ofrece guiarle--223.
  Enfdase con Urambia, y lo desafia, y rie con padrinos--224.
  Dse sentencia, dejndoles iguales--226.

Curiy. Culebra que traga lo que coge chupando, y como se rompe la barriga para
   arrojar lo que no digiere--27.

Cuyapeig, indio. Acude con indios  Guairaca--227.
  Muerto en la batalla por Valenzuela--228.


=D=

Daroca. Encendia  Cceres con sus cuentos contra el Obispo de la Asumpcion--69.

Davis. A vista del Estrecho prende dos navos; y se libra en uno--300.
  Con lo cual, y grande sed, llega  la Isla Grande--309.
  Echa quince ingleses en tierra, por agua, y los matan los espaoles 
   indios, y se retiran--310.

Dedos de manos y pies. Se van cortando los indios Charras, segun los duelos que
   tienen por sus parientes--105.

Deleites, seguidos de las penas--99.

Desafio de dos indias, sobre cual de sus maridos era mas borracho--274.

Diablo. Por qu tent  Cristo, Seor Nuestro, en la hambre?--41.
  Procura que los cristianos no vayan  tierra de paganos  predicar--102.
  Uno descalza,  quien llam para ello, y le arranca una pierna--103.
  Cuando no puede, se vale de las mugeres--163.
  Enseaba cantares  los indios en un cerro--283.

Diablo. Animal, el carbunclo--31.

Diego de Abrego perseguido de Irala--44.
  Junta gente contra l--55.
  Y muere mucha--_ibid._
  Vuelve  la Asumpcion, le nombra Lazcano y los leales
  por gobernador, y hace degollar  D. Francisco de Mendoza--56.
  Huye al monte, sabiendo que Irala volvia, y muerto por Escaso, sigue
   al otro partido su gente--57.

Diego Flores de Valds. V al estrecho de Magallanes--269.
  Llega al Rio Jenro y  Yumir, y halla un navo robado del ingls, 
   quien sigue sin fruto--_ibid._

Diego Gomez, marinero. Incita  D. Diego de Mendoza  que se haga gobernador de
   Santa Cruz--164.
  Ofrcele la vida el Virey--167.
  Hcese enemigo de D. Diego--168.
  Enviado preso  la Audiencia--170.
  Alcanza  D. Diego--175.
  Ahorcado por el Virey en Potos--179.

Diego de Mendoza. Lo que le dijo su padre D. Francisco, al tiempo de su muerte--56.
  Sirvi poco el aviso--_ibid._
  Envia preso al gobernador de Santa Cruz de la Sierra,  la Audiencia,
   por haber reido sus mugeres en la iglesia, y le elige el Cabildo--162.
  Prende  los alcaldes que le contradecian, y mata  los Salazares--164.
  V  las horcas de Chaves, sabiendo la venida del Virey, y previene
   contra l  Ibitupu--165.
  Escsase el cacique, y vuelve  Santa Cruz tullido, y le ofrece la
   vida el Virey--167.
  Deja el gobierno persuadido, y le aconsejan se presente al Virey, y
   traicion que procur contra Paniagua--168.
  Descubierto, se v  los Charcas con Avila--170.
  Y llega  Mizque--_ibid._
  Llevaba su confianza en el Virey, y siente que fuese all Diego
   Gomez--178.
  Preso por el corregidor de Tomina, le lleva al Virey, y sentenciado 
   muerte es degollado--179.
  Imputndole alzamiento--283.
  Pag su atrevimiento en Potos--56.
  Si vuelve al Paraguay, revuelve la tierra--172.

Diego de Portugal, clrigo. Rescatado de los Charras en Buenos Aires--302.

Diego Ruiz. Entra en el motin de Santa Fe con Garay--236.
  V de mensagero con Villalva  Tucuman--_ibid._
  Justiciado--238.

Diego de Sanabria. V con gente al Rio de la Plata, y d en Cartagena, y despues
   fu minero en Potos, y pobre--59.

Diego Mendieta, sobrino de Juan Ortiz. Nombrado sucesor en el gobierno por su
   tio--196.
  Mozo, y loco, toma posesion, y desvanecido con la seoria, desecha al
   coadjutor que le dej el tio--197.
  Sus desatinos y agravios hacen maquinar contra l  los vecinos--_ibid._
  Acompase con mala gente, prende cuatro caballeros por una muger, los
   maltrata--200.
  Desterrados, y vueltos  la ciudad, los prende y ahorca  Vicencio--_ibid._
  Enamorado de una muger tiene fiestas pblicas, y hace otros desaciertos--202.
  Pesquiza sobre un papel sin firma, prende  una muger con grillos, y
   maltrata la gente--203.
  Asombrados todos de sus locuras, y lo que decian--204.
  V  Santa F, y se desazona con Sierra--205.
  Hcele sacar de la iglesia, se conmueve el pueblo, y huye  su casa,
   donde cercado desiste del mando, porque no le querian, y echa de s sus amigos--206.
  Sus quejas de verse medio libre, y acabada su causa, le prenden, y
   embarcan  San Gabriel con Espinosa--208.
  Toma tierra en el ltimo pueblo del rio, y Quirs le vuelve 
   entregar  Espinosa, que le envia  Espaa--210.
  Llega con tormenta al Rio Jenro, y se rehace con ayuda de los
   portugueses, y vuelve  Ibiaca, y le aborrecen los suyos--211.
  Parte por medio un soldado que queria huir, ponindole en dos
   palos, y los marineros huyen  Santa F, donde aplauden su accion,
   dejndole en tierra con siete hombres--_ibid._
  Su ruina celebran en la Asumpcion--213.
  Tratan los mestizos de Santa F de enviar preso  Garay--236.
  Muri presto  manos de los indios, con sus compaeros,  instancias
   de un mestizo--212.

Diego de Ziga. Visitador de la Audiencia de los Charcas, priva de oficio  los
   Oidores--202.

Dios; servirle, solo es bien--189.
  Como premia  los humildes y castiga  los malvados?--310.

Domingo de Irala. Se embarca con Mendoza de soldado--45.
  Era maoso--50.
  Valiente--61.
  Y lascivo--44.
  Elgenle por gobernador los rebeldes  Cabeza de Vaca--54.
  Habindose hecho malo cuando le prendieron, como l habia dispuesto--_ibid._
  Persigue Diego de Abrego y los leales--44.
  Y los hace huir  los montes--54.
  Escpasele Melgarejo, y casa  Vergara con su hija--57.
  Comedia que permiti en la boda, haciendo mofa de los leales--_ibid._
  Deja por su teniente en la Asumpcion  D. Francisco de Mendoza, y sube
   por el rio con la armada--55.
  Despacha al Per  Nuflo de Chaves, y vuelve  la Asumpcion,
   y sigue  Abrego--57.
  Psansele los leales--61.
  Su prudencia en tenerlos  todos contentos y sujetos--_ibid._
  Conoce miedo en el Obispo, y lo que le decia--62.
  Dle el Rey el Gobierno que tuvo veinte y cuatro aos sin ttulo, y
   muere al ao. Hizo muchas cosas que le dieron fama--44.
  Nadie dir mal de l en aquella tierra--195.

Domingo Larez, de Huete. Pelea con los indios, le quiebran un brazo, y le prenden--114.
  Resctale Rui Diaz con otros cuatro--123.
  Y le d noticia de estar los indios de guerra--122.

Dorados, peces en el Rio de la Plata--23.
  En Paraguay--193.
  Los llevan los indios  Juan Ortiz--104.

Dorantes de Bejar. V  reconocer las tierras del Paraguay, y vuelve  Cabeza de
   Vaca--50.

Dos. Su navio se perdi en la isla Maldonado--14.


=E=

Edificios que han visto en el fondo del mar, navegando--5.

Eduardo de Fontano, herege. Llega  la isla de Martin Garcia, y no hallando
   poblacion se vuelve--15.
  Dos aos antes de poblarse Buenos Aires--_ibid._

Elvira de Contreras, natural de Medellin. Se casa con Melgarejo, y por qu la
   mat?--64.

Elvira de Mendoza. Csase con Nuflo de Chaves, enviuda, y v al Per con su madre--283.
  Envestida por los Chiriguanos, y muerta su madre, se libra de
   ellos, hablndoles su lengua--285.

Elvira, su hija. Mal herida de flechazos de los Chiriguanos, la libra Sotelo la
   vida--_ibid._

Envidia de cobarde. La mas daosa--38.

Epuaes. Indios del Rio de la Plata--6.

Error, al principio pequeo, se hace grande al fin--38.

Escaso, sigue  Abrego, y descuidado, le prende--57.

Espaa. Poblada por Tubal y otros--3.

Espaoles. Su carne no comen los Guarans, y porqu?--28.
  Algunos hacian desatinar  los indios--184.
  Llvanles perlas los Mahomas para que las horaden--21.
  Presos por los indios, muertos con varios tormentos--159.
  Los mestizos los echan de Santa F con sus mugeres--235.
  Uno se mete en la lancha de Candish, y se la quita--306.
  Desean los de la Asumpcion venirse  Espaa, y no pudiendo se
   meten  labradores--45.
  Oprimidos y maltratados por Mendieta--200.
  Y sus juicios y esperanzas--204.

Espera, isla. Llega  ella Garay--142.

Espinosa mata muchos indios en la batalla de Guayraca--229.

Espinosa, alcalde de Santa F. Lleva  Mendieta  San Gabriel, y se vuelve--208.
  Embrcale otra vez, habindosele entregado Quirs--210.

Estero de los Beguaes, apacible. Entra en el Rio de la Plata--139.

Estimacion de los hombres, conforme  su dinero--65.

Estrecho de Magallanes. Quien le pobl--6.
  Le emboca el Drake, y sale al mar del sur--246.
  Trata de reconocerse, y envia  Sarmiento--268.

Estremadura. Habitada de los Tupis, y por ser caribes son echados de ella--3.

Estremeos. Valientes: fueron con Sanabria al Rio de la Plata--59.

Estruendo del Salto del Rio de la Plata: espanta  los vivientes--20.

Eyra. Animal como conejo, que mata  los venados--26.


=F=

Felipe II. Desea la propagacion de la F en Indias--61.

Fenix, y su nido--30.

Fernando Pizarro, responde  Luis de Chaves que en Indias todos eran iguales--213.

Filomena. Como cont muda  su hermana la traicion de Tereo--140.

Firmeza. No hay en la gente, donde tienen los rboles someras las raices--255.

Flores: islas pequeas--14.

Florentina y Catalina. Quitan una oreja  un tambor, que iba  hurtar las raciones,
   y se les hace causa--96.

Florida. Lo que anduvo por ella Cabeza de Vaca--45.

Fortuna. Su mudanza cierta--99. Sus epitetos--_ibid._

Fortunadas, islas. Llegan  ellas huyendo los Tupis, desterrados de Estremadura--5.
  Por qu se llamaron Canarias--_ibid._

Fraile Francisco. Martirizado por los indios, y milagro que los espant--160.

Franceses, corsarios. Roban  Juan Ortiz mas de ochenta mil pesos, y le dejan--67.

Francisco, y D. Pedro, naturales de Estepa, presos por los indios--301.

Fray Francisco de la Campa. Se conjura con el Provisor y otros para prender 
   Cceres en misa, y lo consigue--74.

Francisco Drake. Azote de Dios en el Occidente--2.
  El mayor corsario, y mas afortunado al principio--248.
  Sale de su tierra al Per con fuerte armada en demanda del Estrecho--246.
  Echale una tormenta un navio en tierra, recoge en otro la gente, y
   pasa al Estrecho--_ibid._
  Costea  Chile y roba dos navos, y en Arica el de Roca--_ibid._
  Y otros en los puertos de la costa--249.
  Escpasele el de la plata del Rey en Arequipa, y navega  Lima--247.
  Llega al Callao, y susto que caus--_ibid._
  Toma un navo con plata del Rey--248.
  Si Flores le encuentra, le derrota--270.
  Llega  Ternte, y Gilogito, y  un fuerte, y no recibe el convite de
   los Paraguaes, y contra ellos se ofrece  los indios--249.
  Navega al mar del norte, contento, y rico--_ibid._
  Del Estrecho llega al Rio de la Plata--243.
  Roba un navo en el Rio de la Plata, y lleva al piloto--270.
  Cuando lleg Candish creyeron ser los del Per, y su miedo, y
   alegria de los soldados--291.
  Daos que hizo debajo de ambos polos--2.

Francisco Manrique, factor, avisa al Virey la entrada de Drake en Callao, y lo
   que hizo por consejo de las mugeres--247.

Francisco de Mendoza, teniente de Irala. Deja el gobierno, engaado de Lezcano, y
   le hace degollar Abrego, y lo que dijo  sus hijos al ejecutarlo--56.
  Sentimiento que caus  Irala--57.

Francisco Ruiz, hace guerra en Buenos Aires  los indios, y su hambre--39.
  Malvada sentencia que di contra una muger--41.

Francisco Ruiz de Vergara, contradice la soltura de Abayuba de la prision--110.

Francisco de Salcedo, Dean de Tucuman. V  gobernar el Obispado, y sus boberias
   precisan al Licenciado Lerma  pedirle los ttulos, y se vuelve enojado al Per--242.
  Qudase en Esteco, y se lleva mal con el teniente de Lerma, y
   lo que sucedi yendo  verle--250.

Francisco de Sierra, rie de palabra con Mendieta, y llamado despues, se refugia
    sagrado--205.
  Sacale de l, y se libra, y cerca la casa de Mendieta, y le hace dejar
   el gobierno--_ibid._

Francisco de Toledo, Virey del Per. V  Potos, y hace tasa de jornales  los
   indios--178.
  Junta ejrcito contra D. Diego de Mendoza, con voz de ser contra los
   Chiriguanos--177.
  Y v  castigarle--163.
  Entra en la Sierra, y demarcacion que hizo de la tierra--172.
  Llega al asiento de Manso, y lo que import haberle poblado--173.
  Huyen los Chiriguanos, y su gente desea volver al Per--174.
  Y perdiendo mucho se vuelve, y avisa estar sosegada la rebelion de
   Santa Cruz de la Sierra--177.
  Sabiendo en el Cuzco que se juraba el Inca de Seor del Per,
   envia  Loyola que le traiga--184.
  Y ejecutado, le manda degollar, y resiste el Licenciado Polo,
   hasta que di rden por escrito--185.
  Aunque le rogaban por su vida, y obispo ofrecia traerle  Espaa
   cristianado, le hace degollar, y escndalo del pueblo--186.
  Intenta casar  Juan Ortiz, y escribe  Garay vaya  Lima--201.
  Mndale prender, y siente se escapase--208.
  Hace gente contra Drake, y alboroto en Lima--247.
  Favorece  Sarmiento en su viage al Estrecho--250.
  Gast 800,000 ducados en la jornada de los Chiriguanos, y volvi
   perdido--9.
  Y dej mas alborotada la tierra--279.

Francisco Ortiz de Vergara, preso por Irala, le casa con su hija--57.
  Elegido gobernador por su muerte--63.
  V al Per, y le impide Chaves el viage, y proveido su gobierno se
   viene  Espaa--66.

Frio, mata  muchos Chiriguanos--8.

Frijoles. Recoge Juan Ortiz--99.

Fuente de plata, en la casa del gran Moxo, con caos de oro--51.

Fuente de Lirios, donde nace--212.


=G=

Gaboto. V. Torre de Gaboto, y Sebastian.

Gabriel Paniagua, de Placencia, v de rden del Virey contra D. Diego de Mendoza,
    Santa Cruz de la Sierra--164.
  Sugeta algunos indios, y ofrece  D. Diego la vida--167.
  Llega  las Horcas de Chaves, y despacha carta del Virey con
   perdon  Diego, y el agua le estorba el viage--168.
  Estando para entrar en los Ibitupues, descubre la traicion de
   Salgado, y le ahorca, y llama  D. Diego--169.
  Pelea con los indios, y las aguas le hacen retirar, y por el
   invierno deja la guerra--172.
  Despacha al Paraguay y Tucuman la noticia del castigo de D. Diego--_ibid._

Galiano de Meyra, amigo de Mendieta, pide al pueblo le deje, y es preso--206.

Gallego, conjurado contra Garay en Santa F--235.
  Pide ayuda  Aguilera, y es muerto--238.

Gallegos, huyen hambrientos tierra adentro del campo de Juan Ortiz--86.
  Mueren tres de hambre--90.

Garca, (bachiller). Se v con el Dean al Per desde Tucuman, y por qu?--243.
  Grita que caus en las casas del Teniente de Esteco--250.

Gerion, rey, muerto por Osiris--5.

Gernimo Luis de Cabrera, Gobernador de Tucuman. V al Rio de la Plata, y procura
   que Garay salga  tierra, y no pudiendo, deja una cruz--76.
  Degollado por Gonzalo de Abreu, su sucesor--_ibid._

Gbaldo, contaba haber visto los gigantes del Estrecho--268.

Gigantes, que vi Pancaldo, y otros en el estrecho de Magallanes---_ibid._
  Uno que iba  pescar  la Pea Pobre, y moraba en la tierra adentro--17.

Gil Gonzalez, muerto cruelmente en Mizque por su muger y el galan,--254.

Gilolo. Su rey mahometano rescata con Drake, y le ofrece ayuda contra los portugueses--249.

Gobernar bien, quiere fortuna--193.

Gonzalo de Abreu, hace degollar  su sucesor D. Gernimo Luis de Cabrera---76.

Gonzalo Garca, marinero, rescatado de los Charruas, en Buenos Aires--302.

Grados de diez y siete leguas y media--13.

Granadilla. Flor en que estn los instrumentos de la Pasion--25.

Grande Fuego, indio, en el rio de Igapop--134.

Grimaldo, vi los gigantes en el Estrecho--268.

Guadalupe, Nuestra Seora. Libra  la muger de Alonso de las Cuevas de ahogarse--273.

Guazuyalo, nombrado Capitan General por los indios, contra Buenos Aires,
   es muerto con muchos por los espaoles--276.

Guana, significa escarmiento--8.

Guaran, significa guerra, y por que dieron este nombre  la Mosca?--_ibid._

Guaran, hermano menor de Tup, se sale con su gente del Brasil, y se v al Rio
   de la Plata--6.
  Conquista sus tierras, las del Paraguay y otras, y llega hasta el
   Per, por comer  los que mataba--7.
  Intenta ir  los Charcas, y se detiene, y por qu--_ibid._

Guaranes, indios, son caribes, y sus conquistas--_ibid._
  Crueles, vengativos y valientes--9.
  Guerreros--7.
  Aunque labradores--23.
  Mezclanse con otras naciones, y muchos pierden el nombre--8.
  Se conservan en las islas del Rio de la Plata, y no consienten las
   pueblen otros--17.
  Vencen y matan  Gaboto los del rio Timbues--11.
  Mueren muchos de peste, y lo atribuyen  haber comido espaoles--28.
  Son amigos de andar vestidos--85.
  Tienen poblada la provincia de Santa Ana, repartida  los espaoles--18.
  Y las islas del Rio de la Plata--127.
  Temian  los Guaycurues--28.
  Sin tener encomenderos asistian  la Asumpcion--29.
  Holgbanse mucho de emparentar con los de Salazar--43.
  Reciben bien la gente de la Almiranta de Juan Ortiz--84.
  Y uno le aconseja que vaya  la isla de Santa Catalina, y ofrece
   guiarle--15.
  Rescatan con Melgarejo--107.
  Recbenle de paz, y le traen cuatro cristianos cautivos--154.
  Alzanse, y no asisten  la Asumpcion--212.
  Dan guerra  Garay cuando iba  poblar  Buenos Aires--233.
  Echan flechas encendidas, y queman las tiendas, y son desbaratados por
   los espaoles--234.
  Huyen, muerto su capitan--_ibid._
  Con la victoria de los Manuas se levantan--278.
  Juntos, hacen guerra  Buenos Aires, le cercan, y son vencidos--275.

Guatataca, indios, amigos de los espaoles--28.

Guaipay, rio; su curso, y lo que significa su nombre--7.

Guaycurues, indios valientes, que llevaban contra los Guarans los espaoles--28.

Guayra. Ciudad enferma,  la orilla del Rio de la Plata--20.

Guayraca, indio valiente, hace un fuerte notable, y bien bastecido contra los
   espaoles--226.
  Junta los indios de la comarca para acabar con ellos, y los que
   acudieron--_ibid._
  Entrase en su fuerte, anima su gente, pelea, y es muerto por
   Inciso--28.
  Su tierra asolada--230.

Guembes, fruta--280.

Guerras y motines, las mueve el interes--47.

Guerra, Obispo, prende  Marquez, y le multa--70.
  Electo obispo del Paraguay, asiste al concilio de Lima--257.

Guinda, fruta semejante  ella, muy sabrosa--280.

Guirar, significa palo amargo. Hijo de Obera, era el que bautizaba los indios, y
   hacia oficio de Papa por su padre--217.

Guitian, se pierde con mas de ochenta mil pesos en la isla de Juan Ortiz--14.

Gusanos de las caas, vueltos mariposas, y ratones despues, acaban los sembrados--32.


=H=

Hablar, atrae muchos daos--191.

Hado bueno, cual es--284.

Halcones en el Rio de la Plata--23.

Hambre,  nadie tiene respeto, y  todos iguala--191.
  De la gente de Mendoza en Buenos Aires, y muertes y trabajos
   de ella--40.
  La que pas la gente de Juan Ortiz, y crueldades de su teniente--50.
  Sabandijas que comian--95.
  Y su miseria--90.
  Otra en la Isla de San Gabriel--118.
  Cesa con las cosechas--45.
  Causa muchas bajezas--41.

Hrcules, no puede contra dos--54.

Hereges, sacan veneno de las flores de la Sagrada Escritura--215.

Heresiarca primero en la Indias Occidentales--215.

Hermano, cmese uno la ma[?]dura de otro muerto--40.

Hermosura, parece se alegra con ella la naturaleza--87.

Hernando de Montalvo, lo que decia contra Juan Ortiz--190.

Hernan Mesa, preso por Lerma--240.
  Dado por libre en la Audiencia de los Charcas--242.

Hernan Ruiz, pelea valerosamente en la batalla de los Charruas, y mata  un indio
   que quiso quitarle la lanza--149.

Hernando de Salazar. V con Doa Elvira de Mendoza  Santa Cruz de la Sierra, y
   celada que le armaron los Chiriguanos--284.
  Huye su gente, y como se ajustaron despues--_ibid._

Hierro, hall Melgarejo en Guayra--20.

Hijos, d un indio por su muger--171.

Hiperboreos, enfadados de vivir, se matan--181.

Holofernes borracho, muerto por Judith--72.

Hombres, est en ellos sealada la lumbre de Dios--25.
  Por qu estan sugetos  trabajos y miserias?--99.
  Malvados, por qu duran?--190.
  Y por qu campan en Indias los ruines?--203.
  Son malos de gobernar, y como se debia hacer--195.

Hum, negro. Rio que viene del Brasil, y entra con otros en el de la Plata--16.
  Manso, sondable y de mucha pesca--_ibid._
  Por qu trae el agua negra?--_ibid._


=I=

Ibi, significa compostura--7.

Ibiaca, puerto. Pasa  l Juan Ortiz con ochenta hombres, y le reciben bien sus
   indios--88.
  Aydanle en la tormenta de la laguna--99.

Ibitupu, significa viento levantado. Indio poderoso--165.
  Valiente y sbio, no hace caso de la rden de D. Diego de Mendoza,
   para que no dejase pasar al Virey, y se previene contra ambos--_ibid._
  Divide  Taboba  Izoca, desafiados--166.
  Y se determinan todos con el voto de una vieja--167.
  Espera  Paniagua, y pierde muchos indios en algunos reencuentros--171.

Ibitupues, indios. Su tierra spera: sus mugeres siempre andan con dos maridos,
   sino estan preadas, y las quieren mas que  sus hijos--_ibid._

Imgenes y reliquias santas. Profanadas por los ingleses en los Santos--298.

Inciso, sale  un desao de indio--218.
  Hecha pedazos su rodela por Pitum, le corta la lanza y una mano, y
   queda mal herido--219.
  D muerte  Guairaca--228.
  Y  Taboba--234.

Indias, desao terrible de dos--274.
  Aparcese  una un hombre hermoso, y la d una cruz, y lo que
   le encarg--281.

Indios, son livianos--17.
  Borrachos atinan--280.
  Como ha de hacerse su conversion--215.
  Maltratados de los espaoles del Per, se huyen Vilcobamba y
   Tupac-Amaro--185.
  Callan todos  una seal que hizo en el cadalso, y sus alaridos cuando
   fu degollado en el Cuzco--186.
  De qu se mantienen los Guaranes, y otros del Rio de la Plata--7.
  Uno armado sale en una canoa al encuentro  Garay, y es muerto--149.
  De Taboba pintados de varios colores, rescatan con Melgarejo,
   y tratan de matarle--123.
  Deja la gente de Juan Ortiz la nao vizcaina, y la queman--194.
  Siguen muchos  la gente de Obera, y su secta de holgazanes--216.
  Uno se salva sobre un risco, en el terremoto de Chuquiabo--261.
  Refiere un viejo en la junta de los Chiriguanos una aparicion, para
   que no hagan guerra  los espaoles y maltratado, le dejan por loco--282.
  Escriben  Candish, diciendo le esperaban, y son castigados los
   autores--292.
  Y lo que decia la carta--_ibid._
  Entran triunfando en los Santos con las cabezas de los ingleses, y uno
   con un dedo--306.
  Pelean en Sancti-Espritu con los ingleses, y los desbaratan--308.

Ingas. Se apoderan del Per--8.

Ingleses rondan las islas de barlovento--84.
  Han perdido muchos navios en la costa de San Gabriel--13.

Inocentes, caen en muchos daos--67.

Interes, causa y fomenta las discordias--47.

Iris, seal de paz entre Dios y el hombre--3.

Isabel, reina catlica, loada--255.

Isabel, reina herege de Inglaterra, hace guerra  Felipe II, y despacha  Candish
   contra las Indias--291.
  Vuelve  enviarle, habiendo traido gran tesoro--296.

Islas del Ocano, hacian fcil el paso  Canarias, y cuando se poblaron--5.

Islas de Castillos  la boca del Paran--14.
  Las que estn en l hermosas y pobladas--_ibid._
  Se han perdido en ellas muchos navios--_ibid._
  Las de enfrente de Buenos Aires, donde llegan los de los espaoles--15.
  Su situacion y nombre--16.

Isla Grande. Intent Dvis tomar agua en ella, y le matan catorce ingleses, prendiendo
   uno los espaoles,  indios--309.


=J=

Jaci, indio, ayuda  Taboba contra Pablo de Santiago, y d muerte  Benito--113.

Jafet, hijo de No y padre de Tubal--3.

Jejui, rio muy hondo, psale Garay--212.

Jorge Luis, piloto, preso por Candish, le ensea la costa del Brasil--298.
  Entra en los Santos con su Almirante, y se entrega el pueblo--_ibid._
  Prndenle los portugueses en Santos, y se escapa--312.

Jos de Anchieta, lo que decia del Obispo Fr. Pedro de la Torre, y su muerte, 
   que se hall--77.

Juan de Oyolas, se embarca con Mendoza--36.
  Sube por el Rio de la Plata con Salazar, y amedrenta  los indios--39.
  Deja  Salazar en el Paraguay para que le espere, y se entra
   la tierra adentro, y vuelve cargado de plata: no le halla--_-ibid._
  Dn sobre l los indios, y acaban con l y sus compaeros, y
   le roban--_ibid._

Juan de Barros Machado, cautivo nio de los Chiriguanos, vendido  los Chanes, y
   casado, se viene  bautizar con su muger  hijos--159.

Juan Carrillo, muerto por Melgarejo, y por qu?--64.

Juan Diaz de Solis, v por piloto de Magallanes, y pide la conquista del rio
   Paran--10.
  Llega y le pone nombre de Rio de la Plata, y es muerto por los
   indios--_ibid._

Juan Gago de Guadalupe, criado del autor, cautivado por los indios--159.

Juan de Garay, teniente de Juan Ortiz, imprudente--271.
  Inconsiderado--75.
  Su gente valiente--133.
  Saca de la Asumpcion al Obispo y  Cceres, y los despacha 
   Espaa--_ibid._
  Vulvese el rio arriba, y puebla  Santa F, y conquista la tierra--_ibid._
  Llega  Sancti Espritu, viendo en tierra  D. Gernimo Luis
   y su gente--76.
  Queda enojado con l, aunque se regalaron--_ibid._
  Quito la cruz que puso D. Gernimo en tierra, y se vuelve  Santa
   F--_ibid._
  V  los Timbus--125.
  Recibe bien  Yamand con las cartas de Juan Ortiz, y le despacha con
   la respuesta, y como ideaba el socorro--126.
  V con treinta soldados  las islas, y huyen los indios  los
   bosques--127.
  Vulvese, y pasa  la torre de Gaboto, y saca  tierra gente
   y caballos--100.
  Escribe  Juan Ortiz se venga con l--134.
  V  buscar bastimento--135.
  Y  castigar  Ter--_ibid._
  Saquale huido con sus indios, y perdona  Aanguaz, y le entra
   tempestad--137.
  De que se asegura y rescata con los indios, y busca espaoles
   cautivos, y con cuatro vuelve  Juan Ortiz--139.
  Prosigue el viage y v cazando y pescando por el estero de los
   Beguaes--_ibid._
  Padece tormenta la balsa--142.
  Y se libra la gente--143.
  Pone emboscada contra Zapicano--146.
  Desbarata un escuadron de 700 indios, y rompe 100 flecheros--147.
  Deshace otro escuadron de indios--150.
  Y es herido, y caballo muerto, y le asegura su gente--_ibid._
  V  buscar  Melgarejo, y celebra su victoria--151.
  Hace casa para Juan Ortiz--154.
  Vuelve  buscar comida Yia-Cay con Melgarejo, y prenden seis
   Chanaes--155.
  Huyen de l los indios del Igeipop, quema sus casas, y toma
   mucho maiz, y parte  la Asumpcion--_ibid._
  Envia socorro  Juan Ortiz en la mayor miseria--190.
  Se v  los Charcas, muerto Juan Ortiz, y casa  su hija, y vuelve
   confirmado teniente al Rio de la Plata--200.
  Llamado  Lima por el Virey, no obedece ni  la Audiencia--201.
  Siente que Valero le sigue, y le prende--208.
  Quiere ahorcarle, y le perdona por ruegos, dicindole injurias--209.
  V  Santa F, y  la Asumpcion, y es bien recibido--210.
  Ensoberbcese, y trata mal  todos--212.
  Publica la conquista de los Nuaras, con voz de castigar la rebelion de
   los indios, y llega  la Fuente de Lirios con 130 arcabuceros--_ibid._
  Desafian  su gente los indios--218.
  Y vencidos no les deja seguir--220.
  Entra por la tierra, y le espera Curemo, y huyen sus indios--221.
  Con guia d de repente en los Tups Maries, prende mas de 500, y le
   recibe de paz Tupui-guaz--224.
  Rompe  Guairaca, y se libra de un flechazo--228.
  Muertos muchos indios, vuelve  su real con su gente sana--229.
  Y 200 cautivos--230.
  Y v  la Asumpcion donde le reciben con alegria--_ibid._
  Sale  poblar  Buenos Aires, y espera en Santa F los caballos--233.
  Llega por agua y tierra con su gente, y le hacen guerra los Guarans--234.
  Reparte la tierra y despacha navos  Espaa, y con qu carga--235.
  Levntanse contra l en Santa F los mestizos, para prenderle
   y enviarle al Virey--_ibid._
  Celebra la venida de la armada de Flores, v  Buenos Aires,
   y descuidado, desbarata  su gente, y le matan los indios Mauas--271.
  Huyen sus soldados al rio--272.
  Y en tres barcas van  Santa F, perdiendo una--276.
  Fu de mucho provecho  la tierra, y se sinti su muerte--_ibid._

Juan Martin y otros, ayudan  castigar el motin de Santa F--238.

Juan Ortiz de Zrate, consigue el gobierno del Rio de la Plata, y v  Lima
   cargado de barras--66.
  Pasa  Panam, y yendo  Cartagena le quita un corsario francs 80,000
   pesos, y sus lstimas--67.
  Y viene  Espaa, le confirma el Rey el gobierno, y vuelve con
   armada--_ibid._
  Mal dispuesta, y de qu gente?--79.
  Tormenta que padeci en el golfo de las Yeguas--_ibid._
  Ces, y despues de varios votos llega  la Gomera--80.
  Entra en Santiago con mal tiempo--81.
  Calma que le entr y como lleg al Brasil, con mucha gente muerta
   debajo de la lnea---82.
  Llega  San Vicente y algunos de los suyos se vuelven con Melgarejo--_ibid._
  Vuelve al mar, v tierra, y no hallan puerto los pilotos, y se entra
   en D. Rodrigo--83.
  De donde saca al mar la Almiranta, y desaferra la capitana, y
   vizcaina, y donde surgi--84.
  Echa la gente en tierra, y celebra la fiesta del Corpus Christi--88.
  V  Ibiaca con 80 espaoles, dejando 250 sin armas, ni comida, y es
   bien recibido y admitido de los indios--_ibid._
  No remedia la necesidad de su gente, avisado--_ibid._
  Crueldades de su teniente con los que huyen de hambre--89.
  Y sus lamentos--90.
  Su codicia, y escndalo entre los indios--94.
  Intentan algunos llevar la barca de la capitana, y son descubiertos--_ibid._
  Tormenta que padeci en la laguna al volver, y como fu socorrido, y
   lleg  su campo?--100.
  Castiga  algunos, y sin piloto se embarca en el Rio de la Plata, y
   padece tormenta--_ibid._
  Surge en San Gabriel, y otra tempestad le desbarata los navos, y
   atemoriza su gente--101.
  Trenle comida los indios--104.
  Ranchanse en chozas, y mueren muchos--109.
  Mala disposicion de la plvora y armas--111.
  Prende  Abayuba, y un guaran lengua--109.
  Resctale contra el parecer de muchos--110.
  Dan los indios sobre su gente, que iba  buscar yerbas, y la
   mata, excepto dos, y envia contra ellos--111.
  Huyen de los indios dos partidas, y los que no, son muertos--113.
  Desordenado, sale contra los indios, y le impide llegar la noche--116.
  Lstima de su gente--115.
  Embarca su ropa temiendo  Zapicano, y se retira  la capitana--116.
  Como le enga un indio--117.
  Hace matar otro que pedia campo, y mofan de l los demas--118.
  Se v  la isla de San Gabriel, con temor de Zapicano, y algunos
   espaoles cautivos vuelven  l, y son bien recibidos--_ibid._
  Siente gran hambre, y socrrela Melgarejo--121.
  Que si no llega tan presto se le muere la gente, y v  la isla de
   Martin Garca, y envia por bastimento  Melgarejo--122.
  Puebla en ella, y mueren muchos--15.
  Quiere ir contra Taboba, y se v  los Timbues, y rescata con
   los Querandis--125.
  Regala  Yamand, que le trajo una carta de Garay, y como evit la
   traicion, que intentaba--134.
  Tormenta que abri la caravela, y ech una nao en tierra, y clamor de
   su gente, de que no se dolia--138.
  Llega el bergantin con socorro, y envia  las mugeres con Melgarejo, y
   enfermos--141.
  Con fin de poblar--_ibid._
  Congojada su gente, espera el suceso de la poblacion--154.
  Vuelve Melgarejo, y se embarca todo--_ibid._
  Llega  San Salvador, y quiere llamar Vizcaya al territorio,
   envia por comida, y no cuida de una nao--_ibid._
  Y prende al piloto, porque la dej de miedo--157.
  Qumase su casa, y l solo escapa por estar despierto, y se v  otra
   nao, donde estaba su hacienda--156.
  Toma el rescate de Cay, y no le entrega  su hijo--157.
  Duda si prender  Yamand, que vino con Cay al rescate de su
   hijo--161.
  Incomodidades de su gente, y recelo de los indios--157.
  Responde al Virey, que le avis el sosiego de Tucuman--177.
  A su gente destrozada por la hambre, y con poca racion, le decia
   muchos baldones--178.
  Desebale la muerte su tesorero--190.
  Su gente se anima con el socorro de Garay, y l quiere subir
   por el rio--191.
  Prende  Trejo, su favorecido, y conoce estar los indios de guerra, y
   es bien recibido en Santa F--193.
  Y en la Asumpcion, envia comida  su gente, y empieza,  gobernar sin
   consejo de nadie--194.
  Y cuando le quiso, no le tuvo--_ibid._
  Falta de caridad, y desazones que hacia, malquistndole su codicia--196.
  Conoce le querian mal todos, y lo que dijo nombrando  Mendieta por
   gobernador--_ibid._
  Aunque de mala gana--197.
  Muere con buen nimo--196.
  Y deja  su hija por heredera--_ibid._

Juan Osorio, Maestre de Campo de Mendoza, se embarca--36.
  Muerto  pualadas en el puerto de Vera, y por qu?--38.

Juan de Rivadeneira, lleva frailes Agustinos al Rio de la Plata--270.

Juan Rodriguez, d muerte  Gil Gonzalez, que le hospedaba, por casarse con su
   muger--254.

Juan de Saldivar, lo que dijo su muger, viendo sacar por fuerza al Obispo de la
   iglesia--71.

Juan Sanchez, mata muchos indios en la batalla de los Charras--150.

Juan de Torres de Vera y Aragon, Oidor de Chile, y Capitan General, hace guerra
   felizmente  los Araucanos, y siendo Oidor de los Charcas, se casa con Doa Juana Ortiz--201.
  Resuelve ir al Rio de la Plata, y es preso, y levado  Lima--_ibid._
  Suelto despues de algunos aos vuelve  su plaza, de que le priv el
   vistado--202.

Juan de Urbina, entra con Borbon en Roma al saco--35.

Juana, hija de Juan Ortiz de Zrate, y heredera del adelantamiento del Rio de la
   Plata--196.
  Se casa con el Licendiado Torres de Vera  disgusto del Virey--201.

Judith, di meurte  Holofernes, y con su criada se volvi  los suyos--72.

Juju, rio. Sus indios conquistados por los Guarans--7.

Juliana Portocarrero, hermosa y rica--261.

Justos, desean la muerte--182.


=L=

Laberinto parece el cerro de Potos--179.

Labradores son los Gurans--23.

Ladrones, no teme el pobre--67.

Lagartijas, comia el autor, y sabian  cabrito--95.

Laguna de los Mahomas, poblada, y si hay perlas en ella?--21.
  Otra con una roca empinada entro dos, y otra de notables ruidos--30.
  La del Moxo, y en medio una isla con un palacio--51.
  Un terremoto pasa una de un lugar  otro--261.

Lambar, sierra cerca de la Asumpcion, la mas alta--29.

Lambar, ofrece  Salazar allanar  los espaoles--42.
  Es vencido por Salasar--29.

Lartaun, Obispo del Cuzco, v al concilio de Lima--257.
   Y se queja algunos de l--258.

Laurelca, en las riberas de Ipat--20.
  En las islas del Rio de la Plata--14.

Lazcano, persuade  D. Francisco de Mendoza dejo el gobierno, y hace nombrar 
   Abrego--55.

Leales, perseguidos, y muertos por Irala--57.
  Burla de ellos, y de su nombre, que hacian los rebeldes, y comedias en
   que los sacaron--_ibid._

Lebron, se alza con otros contra Cabeza de Vaca, y le prende--53.

Leiva, valiente--235.
  Atraviesa  Taboba con la lanza, y se la agarra un indio, y cortndole
   otra la mano le mata--148.
  Conjurado contra Garay en Santa F, y lo que si muger le decia--236.
  Y leal coloquio que tuvieron--237.
  Muerto por Ramirez y justiciado, y extremos de su muger--238.

Lenguas, como se dividieron y formaron; en el Brasil y Rio de la Plata distintas,
   procediendo de una--6.

Leones, en las islas del Rio de la Plata--18.
  Con cadenas de oro en la casa del gran Moxo--51.
  Comian los de Juan Ortiz--187.

Leones, puerto, trata Sarmiento contra gigantes--268.
  Llega  l Drake--246

Lerma, v  Santiago  gobernar  Tueuman, y prende  Abrego, y le d tormento--239.
  Villalta y Mosquera, y los manda degollar--241.
  Aloja, y regala en su casa al Dean, y su altivez le precisa 
   reir con l, y pedirle el ttulo--242.
  Despacha  su hermano  Esteco  sosegar las disensiones del
   Dean, y su teniente--250.
  Decian muchos males de l sus enemgios--251.
  Y todo era hablar de l, sin cuidar de s--_ibid._

Levantamiento de los mestizos de Santa F. V. Santa F de Santa Cruz de la Sierra,
   por haber reido do mugeres sobre el asiento de la iglesia--235.

Lima alborotada, y cara con las disensones del concilio--259.
  Desea que se acabe--264.
  Y se alegran de ello--_ibid._
  Sus damas bizarras--260.
  Y de muchas gracias--261.
  Temblorqu padeci, y lo que vi el autor--263.
  Destruida por l--289.
  Y los vecinos se salen al campo--_ibid._

Lirones,  modo de conejos, comian los de Juan Ortiz--95.

Liropeya, india hermosa, cuya pintura de pluma vi el autor--128.
  Sosiega  Yanduballo, y  Caravallo--_ibid._

Lluvia, no hay en Lima--287.

Lobos, como becerros, en las islas de su nombre--14.

Lobos, islas, su sitio--_ibid._

Lorenzo Suarez de Figueroa, sale de Santa Cruz de la Sierra contra los Chiriguanos--286.

Loria, rescatado de los indios por Melgarejo--124.

Lucio, abogado del Cuzco, persuade  Santo Toribio rescinda el concilio, y enreda
    los obispos en l--258.

Luis de Chaves, por qu no queria ir  Indias--213.

Luis de San Martin, d muerte  Mayrar, de una estocada, y no pudiendo sacar la
   espada le quita la macana, y prosigue peleando contra los indios--228.

Luis de Sotomayor, advierte al Conde del Villar ser intil el fuerte del Callao--286.

Luis de Ulloa--261.

Lujan, se embarca con Mendoza en Sevilla--36.

Luna, se libra de un naufragio, llega  la Asumpcion, y le d muerte un caballo--276.

Luna grande, de plata, en el palacio del gran Moxo--51.
  Reverencibanla los que entraban en l--52.
  Adorbanla los Charras--118.


=M=

Macana, arma de los indios, como es?--225.

Machado, juez de la ciudad de los Santos, no quiere defenderse de Candish--298.

Magallanes, descubre el Estrecho--10.
  Pnele su nombre--_ibid._
  Sale al mar del sur--_ibid._

Magaluna, indio, yerra el golpe en Juan de Osuna, le agarra del caballo, y es
   muerto, quedando con la rienda en la boca--149.

Mahoma, Seor de la Laguna, en el Paraguay--21.

Mahomas, indios--6.
  Habitan cerca de la laguna de su nombre, en el Paraguay--21.
  Estiman las perlas, no saben horadarlas, y como las pescan--_ibid._

Mairara, indio, muerto por Luis Martin--228.

Maiz, hacen vino de l los indios--280.

Maldonado, isla--14.

Mandis, peces, en el Paraguay--23.

Mandies, pescado, en el Paraguay--193.

Manteca fresca, parece cuando se comen los gusanos de las caas--33.

Mauas, indios viles--273.
  Dan ciento y treinta sobre Garay, y su gente dormida--271.
  Y lo matan con cuarenta espaoles, y envisten al bergantin donde
   estaban los demas, y son resistidos--272.
  La victoria conmueve  los indios, y se alza la tierra--273.

Mar, inunda al Callao y la tierra contigua, y derriba muchos edificios--287.

Maraca, calabaza con chinas dentro, como sonajas--227.

Maracopa, cacique, en las islas del Rio de la Plata--127.

Maria de Angulo, saben los Chiriguanos su vuelta del Per--281.
  Y le dan muerte--285.

Maria de Cepeda, perfecta  ilustre--260.
  Hace encender muchas mechas en la venida de Drake al Callao,
    las mugeres, en que gastaron sus tocas--247.

Mariana, dama de Lima--261.

Mariana, mata un perro--187.
  Y consulta con el autor el escrpulo del hurto--_ibid._
  Y se le comen ambos--_ibid._

Marinero, huye  los indios, y le vuelve Abayuba con una canoa--110.

Mariposas, que se forman de los gusanos de las caas de agua, y se vuelven ratones--32.

Marquez, escribano malvado, deprecacion contra l, y su castigo--70.

Marquina, su navo robado por Candish, excepto los negros--297.

Martin, cacique, casa su hija con un mestizo--277.
  Hace dar muerte  Mendieta y sus compaeros, por qu?--_ibid._

Martin Dure, compaero en el gobierno de Mendieta, y este le aparta de si--197.

Martin Enriquez, Virey del Per, muere--258.

Mrtir Garca, isla, se describe--15.
  Poblacion y desgracias--_ibid._

Martin Garca de Loyola, sus calidades--184.
  Nombrado por el Virey--_ibid._
  Para la conquista del Inca, le prende con dos soldados, y le
   lleva al Cuzco--185.
  Csale el Virey con Doa Beatriz la Coya--_ibid._
  Envia preso  Lima al Licenciado Torres de Vera--202.

Martin de Pineda, v contra los Charras, y discordia con Pablo de Santiago sobre
   el mando, huye con su gente de los indios--112.

Martin Gonzalez, clrigo, predicaba mal  los indios, y dao de sus sermones--215.

Mtale Caytua en el rio--113.

Martin Suarez, Gobernador del Rio de la Plata--75.
  D rden  Garay que pueble  Santa F--_ibid._
  Dispone enviar  Espaa al Obispo y  Cceres--_ibid._

Mrtires, su constancia en qu consistia--183.

Marucare, quema su casa, y se entra la tierra adentro con Taboba y sus mugeres,
   huyendo del Virey--173.
  Llamado de Ibitupu va  la Junta--280.

Marcos Gil de Xaraicejo, d muerte  muchos indios en la batalla de los Charras--149.

Matienzo, Presidente de los Charcas, alaba  Juan Ortiz el Rio de la Plata, y lo
   que decia--65.
  Hace seguir  Garay intilmente--201.
  Envia relacion de su fuga al Virey--209.

Maures, indios del Rio de la Plata--6.

Mazacara, pez sabroso, con cuyo nombre llaman los indios las mancebas--43.
  Y las que tenian pblicamente los gobernadores, los espaoles--_ibid._

Medrano, se embarca con Mendoza--36.

Melibon, indio, procura matar  los espaoles que huian--113.

Mencia, muger de Sanabria, se embarca con sus hijas al Paraguay, y la gente que
   llamaron del socorro--55.

Mencia de Cepeda, ilustre, en Lima--247.

Menialbo, corta la mano  Taboba, y deja libre la lanza  Leiva, y parte por
   medio  Zapicano--148.

Mepenes; indios--6.

Merida, la Roma de Espaa, y su puente--3.

Mestizos, se alzan contra Garay en Santa F, y para qu?--235.
  Hace uno matar  Mendieta por ellos--277.
  Una ahoga su marido de concierto con su galan, y le cuelga de
   una higuera--253.

Metales,  la ribera del Rio de la Plata--20.

Micuren, animal que en una bolsa mete los hijos, y como los lleva--26.

Miguel Simon, lleva  su muger en barcos al navo, huyendo de los indios, y le
   hieren--273.

Miserias que ocasiona la mudanza de fortuna--99.

Mizque, villa frtil de vino--253.

Mogolaes, indios de la Asumpcion, viven en los Esteros--28.

Mogoznaes, indios--6.

Moises, pide  Dios viejos para gobernar--195.

Mojos, indios valientes y flecheros--53.
  Palacio de su Seor--51.
  Idolos y poblaciones que tenia--52.
  Caa, durisimas en su tierra--83.
  Poder y riqueza de su Cacique el gran Moxo--51.
  Llegan hasta l los de Cabeza de Vaca y se vuelven--50.

Molles, de que hacen vino los indios--280.

Monos, se juntan  oir predicar  otro grande, y acabada la platica escapan todos
    priesa, y el grande, despacio, con dos pajes: le mata Melgarejo--106.
  Teninle los indios por rey de la montaa--107.
  Comian los de Juan Ortiz--187.

Montes, altisimos--83.

Mora, rescatado de los indios por Melgarejo--124.

Mosquera, conjurado contra Garay en Santa F--235.
  Huye  Crdoba, viendo justificados sus compaeros--239.
  V  Santiago--_ibid._
  Guiado de su desventura, y es degollado por el Virey--240.

Motin en la Asumpcion--53.
  Contra Cabeza de Vaca--_ibid._

Muerte, siempre ha de tenerse presente, y si debe causar tristeza?--181.
  Quien ha de temerla?--183.

Mugeres, sus lamentos en el hambre de la gente de Juan Ortiz--91.
  Pero no muri ninguna--102.
  Ni la vi el autor mal parada--141.
  Embusteras, ingratas, mudables, y sin consejo--255.
  Hacen gala de burlarse de los que quieren, al mejor tiempo--256.
  Sus inclinaciones, y su poder--97.
  A todos tienen sugetos--_ibid._
  No es fcil quitarles su dominio--98.
  Causan los males--163.
  Una, presa por Mendieta, porque libr  su marido de la crcel, le
   echa grillos, y sus quejas--203.
  Las de Lima sienten andar destapadas--259.
  Y como salian de sus casas en el temblor de tierra--263.
  Una pide armas para defender al Obispo contra Cceres--71.
  Desea morir antes que se ejecute la violencia, y lo que dijo--72.
  Las de Arica hacen banderas de sus tocas, y salen  la playa
   y engaan  Candish--293.

Murta, los indios hacen vino de ella--280.


=N=

Nave de la China, ricamente cargada, robada por Candish--296.

Naues, indios--6.

Navegacion, como se hace entre Cabo Blanco y el de Santa Maria--14.

Neblinas, en el Rio de la Plata--28.

Necios, no tienen secreto--191.

Negros, en Cabo Verde, y sus islas--37.
  Lo que dijo uno  su amo Cabeza de Vaca, vindole preso--74.
  Esconden los frenos de los caballos  sus amos en la llegada
   del Drake al Callao, por si lograban libertad--248.

Nile, rio, se divide en brazos--16.

No--3.
  Se salva del diluvio, con sus hijos, y seal de paz que puso
   Dios--_ibid._

Nogoes, indios--6.

Nuflo de Chaves, despachado por Irala al Per--57.
  Si entra mas adentro d con el gran Moxo--58.
  Batalla que tuvo con los indios, y fortaleza que deshizo--_ibid._
  Llega y habla  Gasca, funda  Santa Cruz de la Sierra--_ibid._
  Sugeta  la Asumpcion de los Charcas--283.
  Conquist los Chiquitos--58.
  Impide al Obispo y Gobernador del Rio de la Plata pasar al Per--64.
  V  los Charcas, y le siguen--65.
  Se casa con Doa Elvita de Mendoza--283.
  Mtanle los indios de Boitim--_ibid._


=O=

Obera, significa resplandor. Indio cristiano, se hace herege, mintiendo ser hijo
   de Dios, y una vrgen--216.
  Levanta la tierra--_ibid._
  Decia  los indios tenia guardado un cometa--_ibid._
  Los indios le siguen, dejando el servicio de los espaoles--_ibid._
  Mandbales cantasen sus alabanzas, y que bailasen--217.
  Hace Papa  un hijo suyo, que bautizaba y mudaba los nombres--_ibid._
  Tenia espas para huir, si contra l venia mayor poder--_ibid._
  Hace Emperador  otro hijo, que era juez de los indios--229.
  Sguenle algunos mestizos, y procura el autor reducirlos--_ibid._
  Uno que habia hecho santo y sacerdote se refugi al autor, y
   le cuenta muchos de sus embustes--_ibid._

Obras, arguyen los artfices--13.

Ochoa, vizcaino, chale de s Mendieta, instado del pueblo, y los alcaldes de
   Santa F--206.

Olivera, preso en Santa F por los conjurados--236.

Olor, de lo primero que se echa en el vaso, le conserva mucho tiempo--44.

Onsas, en las tierras del Rio de la Plata--192.

Oro, en Chile--2.
  En las tierras del Rio de la Plata mucho, y por qu n se beneficia?--11.

Osiris, fu el famoso Hercules, que mat  Gerion--5.

Osos, en las islas del Rio de la Plata--192.
  Comian los de Juan Ortiz--187.

Osuna, d muerto  Yagualy, en la batalla de Guayraca--228.


=P=

Pablo de Santiago, queda en Ayumir por teniente de Juan Ortiz, y ahorca  uno
   porque no avis de cinco gallegos huidos--88.
  Sus crueldades con los que huian por la hambre, y volvian--89.
  V contra los Charuas con doce soldados, y puerto en un cerro
   le acuden otros y llegando Pinedo le trata de cobarde--112.
  Procura impedirle que huya y se queda con cinco hombres  resistir 
   los indios, y es muerto por uno de sus soldados--113.

Paces, peces--23.
  Amarillos en el Rio de la plata--_ibid._

Paita, puerto. Envia Candish de paz un piloto  l, y no le admiten--295.
  Saquale, y los vecinos huyen al monte--_ibid._

Palmas, en las islas del Rio de la Plata--14.
  En el rio Ipit--20.

Palmitos, sustentaban dos meses  los indios--89.
  Comian los de Juan Ortiz--_ibid._

Palometa, pez--193.
  Se describe--22.
  Saca  los hombres in el rio bocados redondos, de media libre
   de carne--23.
  Uno enharinado salta  la muger que le frea, y le corta un dedo--22.

Palometa, arma--225.

Pancaldo, genovs, v al Estrecho, y v gigantes--268.
  Que se metian una flecha por la garganta, y se la sacaban sin
   romperla--_ibid._

Papagayo, rien sobre uno Tup y Guaran, y se separan--5.
  Una especie que saca tres pollos, y mata uno dejndolos apareados, y
   por qu?--26.

Paraguay, tierra caliente--8.
  Sus indios bestiales, conquistados y sujetos por Guaran--7.

Paraguay, rio mayor que el de Sevilla, y su hermosura y rboles--21.
  Entra en l el de la Plata, y corre al norte--18.
  En 500 leguas no le hall orgen el autor--23.
  Su angostura de antes de la Asumpcion--21.

Paraso de Mahoma. Llaman algunos  la ciudad de la Asumpcion--22.

Paran, significa mar--13.
  Rio: pnele Sols por nombre Rio de la Plata--10.

Paran-mir, rio. Forma en el de la Plata una isla triangular--21.
  Corre hcia arriba impelido de las aguas--_ibid._

Pates en el Paraguay--193.

Pavas, en las islas del Rio de la Plata--23.
  Y en ls Chiriguanos--280.

Payaguaes, indios belicosos, matan  Oyola y su gente, y s llevan la plata--43.

Payees, heciceros. Indios que tienen pacto con el demonio--283.

Payzum,  Santo Tom, anduvo entre los indios Guarans--282

Pecado, causa de los males--102.
  Que padacen los hombres--99.

Peces con figura de hombre--16.
  En cierta manera--_ibid._
  Muchos no concidos en el Rio de la Plata--23.
  Uno viendo  una muger, sale del mar, y puesta en salvo, gime,
   mirndola--93.

Pedernera, intenta dar la contrayerba  Juan Ortiz, y no puede tomarla--196.

Pedro Antonio de Aqunio, v con Pancaldo--268.
  Al Estrech--_ibid._

Pedro Arana. Elegido por el Virey contra Candish--293.
  Le busca con dos galeones y no le halla--295.

Pedro Caballero, de Estepa. Arrncale una ola del barco, y se ahoga--301.

Pedro de Esquivel. Preso, y degollado por Cceres--70.

Pedro de la Gasca, (licenciado). Maoso, vence  Pizarro--213.
  Oye  Nuflo de Chaves, y le despacha--58.

Pedro de Guadix y Mendoza--11.
  Rico en el saco de Roma--39.
  Pide al Rey el gobierno del Rio de la Plata, y le concede el
   Adelantamiento, y con 2,000 hombres y buena armadase embarca
   en Sevilla--35.
  Su gente muy lucida y noble, turbada con una tormenta, procura
   animarla--36.
  Aprtanse las nvaes, y leega  Canarias y de all  Santiago
   de Cabo-Verde--37.
  Hambre que padeci, y su llegada  Cabo Frio y al Brasil--38.
  Toma posesion de la ierra en la isla de Stana Brbara--_ibid._
  Se entra en el puerto de Vera--_ibid._
  Persudenle los que mataron  Osorio, le convenia as--_ibid._
  Siendo la muerte causa de su perdicion--_ibid._
  Toma el Rio de la Plata, llega  San Gabriel y pasa  Buenos
   Aires, y desembarca--39.
  Agrad mucho la tierra  su gente--_ibid._
  Puebla en la isla de Martin Garca, y pierde mucha gente--15.
  Envia  Oyolas  amedrentar los indios, y enfermo de babas se
   vuelve  Espaa--39.
  Se muere en el camino, cerca de las Terceras--_ibid._
  de toda su gente no quedaron 200 espaoles--41.

Pedro de la Puente. Se v al Per con Garay--200.

Pedro de la Torre, (Fr.). Primer Obsipo del Paraguay, v con Ure--62.
  Llega  la Asumpcion, contempla  Irala, y por qu?--_ibid._
  V al Per con el gobernador y no los deja pasar Chaves, y se
   vuelve con el teniente--64.
  Rien los dos en Santa Cruz, y caminaba juntos sin hablar, 
   la Asumpcion--67.
  Era impaciente y no vengativo--68.
  Publica Cceres que estaba suspenso y son presos sus amigos,
   y l privado de indios, comida, y renta--70.
  Vse  la iglesia porque no le prendan, y chanle fuera, y lo
   que dijo una muger--71.
  Vuelve  su casa, d fianzas, y le tapan las ventanas--72.
  Huye  la media noche, y se vuelve  su casa--_ibid._
  Trae  Castilla  Cceres--74.
  Escpaselo en San Vicente, y publca censuras, y prese la envia 
   Espaa--77.
  Muere con buena fama y olor de santidad, segun los portugueses--_ibid._

Pea, en media de una laguna, muy derecha y alta--30.

Pea, Obispo de Quito, V al concilio de Lima--257.

Pea Pobre. Roca altsima en el Rio de la Plata--18.

Peralta, (Doctor). Queda solo en la Audiencia de los Charcas--202.

Perdices, en los Chiriguanos--280.

Perlas. Las estiman mucho los Mahomas, y su cacique d algunas al autor. V. _Mahomas_.

Perros. Comen los de Juan Ortiz, mal cocidos, porque no lo supiesen los dueos de
   ellos--95.
  Bailando, como violentos, se echan en una fuente hirviendo--182.

Per, tierra rica--2.
  Por qu no entr en ella Guaran?--7.
  Sugtanla los Pizarros--9.
  Sus vertientes van al Paraguay--18.

Pescado. Abundante en Ayumir--85.

Picas. Usaban los Chiriguanos--225.

Pizarros. Conquistan el Per--9.

Pies de los indios, negros y castellanos, y como se dierencian--282.

Piedra, con heulla de pies europeos, que vi el autor--_ibid._

Pilcomayo, rio. Por donde corre?--7.
  Viene del Per, y entra en el Paraguay--_ibid._
  Sus riberas conquistadas por los Guarans--_ibid._

Piloto, muestra gran valor despues de la tormenta--135.

Pitun, indio. Sale con Coraci  desafiar  los de Garay, y lo que dijeron--218.
  Pelea, y pierde la mano derecha--219.
  Y huye, y le manda matar Tapu-Guaz--220.

Placer, seguido de la tristeza--281.

Placencia--3.

Plata, rio. El Paran, y por qu se llam as--10.
  Su curso veloz, y su boca de treinta leguas, y riesgo de la costa,
   donde entra al mar--14.
  Sus islas, y rios que toma--_ibid._
  Hasta dividirse en once brazos--16.
  Vulvese  juntar, y gentes que habitan sus riberas y las islas--17.
  Retrase del Paraguay cuando entra en l, y corre al oriente--18.
  Sus remolinos, y salto espantable--19.
  Navegable por lo ancho nueve leguas, y despues por la canal--15.
  Poblado por los Guarans, y naciones que llegaron despues--5.
  Tmale D. Pedro de Mendoza, y llega  Buenos Aires--39.
  Sus gobernadores, por qu no cuidan de las minas de oro y plata?--11.
  Desde Castilla se tarda cuarenta dias en llegar  l--62.

Plomo. Halla en Guayra Melgarejo--20.

Pobreza. Amada de los Santos--47.
  Es causa de muchos desrdenes y trabajos--189.

Portero del palacio del Gran Moxo. Lo que decia  los que entraban en l--52.

Portugueses, tenian poco poblado. V. Santiago de Cabo Verde--37.
  Reciben bien  Cabeza de Vaca--49.
  Un caballero casa con una negra rica en Santiago de Cabo Verde--81.
  Ayudan  Mendieta en el rio Jenro, para que vuelva  la Asumpcion--211.
  Ofrecen  Drake alojamiento y regalos, y no los admite--249.

Potos, cerro famoso--2.
  Su figura--_ibid._
  Variedad de indios que concurren  l, y como se labra el metal--178.

Principio malo sigue mal fin--109.

Pronstico que habia entre los indios del Rio de la Plata, de que habian de
  sugetarlos nuevas gentes--221.

Puente. Muere en los remolinos del Rio de la Plata--19.

Pueyo. Muerto su hermano por los indios, procura se recoja su gente al fuerte--115.

Puna, isla. Saqueada por Candish--294.

Pureyt, significa, donde el Diablo canta--283.


=Q=

Querandelo, indio. Conviene en hacer guerra  Buenos Aires--275.

Quiones, Presidente de la Audiencia de los Charcas. Sus letras y valor--164.
  V en socorro del Virey  Chuquisaca, y  Condurillo--172.
  Se apresura por encontrarle en Tomina--173.
  Celebra hallar  Zrate, aunque ambos iban perdidos--174.

Quirs. Recibe  Mendieta en su pueblo, y se le entrega  Espinosa--210.


=R=

Raices. Tienen pocas los rboles en el Per--255.

Ramirez. Ayuda  castigar el motin de Santa F--237.
  Mata  Leiva en la cama--238.

Rasquin. Apunta  Cabeza de Vaca con una flecha para que no resista su prision--53.
  Hace gran destrozo en los indios de Zapicano--150.

Ratones de mariposas, antes gusanos. Asolan los sembrados, y hacen desamparar las
   tierras  los indios--32.
  Comian los de Juan Ortiz, y los trocaban por raciones--95.

Rayas, peces en el Rio de la Plata--23.

Rebozos, prohibe el concilio de Lima  las mugeres, y lo que decian--259.

Refran. Lo mal ganado, etc.--35.
  Probreza no es vileza--41.
  Oro es lo que oro vale--48.
  El muerto no habla--53.
  El buey suelto bien se lame--62.
  Cada gallo canta, etc.--64.
  Caminante pobre, ante el ladron canta--67.
  Quien en malos pasos anda, etc.--69.
  Al enhornar se hacen los panes tuertos--109.
  A moro muerto gran lanzada--135.
  Uno piensa el bayo, etc.--161.
  Viva la gallina, etc.--184.
  El pobre no tiene amigos--189.
  El que vendr, bueno me har--199.
  Mas vale salto de mata, etc.--205.
  Hu del peregil, nacime en la frente--241.
  Lgrima de herederos, risas son--254.
  De escarmentados se hacen los arteros--267.
  Mas es el ruido que las nueces--287.
  Bien vengas mal--297.
  Cuando la barba de tu vecino vieres pelar, etc.--243.

Reinoso. V en socorro de Puna contra Candish: disputa el mando al cabo del Cuzco,
   y lo que hicieron--294.

Remolinos en el Rio de la Plata, y estragos que causan--19.

Ricinos,  Trugillanos. Vivian en tiendas en Trugillo--3.
  Hacen guerra  los Tups, porque se los comian, y los echan de la
   tierra--4.

Rico. Quien Dios quiere--30.
  Y el que se contenta con lo que tiene--47.

Rio de Juan de Oyolas. Estrecho y seguro, que entra en el de la Plata y sus islas--125.

Rio Grande. Llaman al Guapai, en el Per--7.

Rio de las Palmas--139.

Rio de la Plata. V. _Paran_, _Plata_.

Riqueza, y sus daos--47.

Roca. Se lament de que el Drake lo quitase su navo en Arica--246.

Rocha y Vela, con otros quince. Se apartan de Juan Ortiz, para ir al Paraguay, y
    los treinta dias se vuelven, y son degollados--94.

Rodrigo, (Don). Puerto mal seguro: entra la armada de Juan Ortiz en l--83.

Rodrigo Ortiz de Zrate. Resiste  los indios, y los vence--275.

Romero. Conjurado contra Garay, en Santa F--235.
  Confesado al pi del rollo, le cuelgan y hacen cuartos--238.

Rosas. En las islas del Rio de la Plata--17.

Rubicha, significa capitan,  cabeza--42.

Rubira. Prende  Mosquera y le suelta--239.
  Procesado por el motin de Santa F, la d por libre la Audiencia de
   los Charcas--242.

Rui Diaz Melgarejo. Se queja de haber perdido un carbunelo, volcndose una canoa--34.
  Funda  Guayra en el Rio de la Plata--20.
  Desvalido en ella por defenderse de los Chiriguanos--_ibid._
  Huye de Irala temiendo le maten por leal--54.
  Y se fortifica en Guayra contra l--63.
  Conquista los indios--_ibid._
  Hall minas de hierro y plomo, y los sac--20.
  Atraviesa  San Vicente, y se enamora de Doa Elena de Contreras--64.
  Nombrado para traer  Espaa  Cceres y al Obispo, parte con
   l  San Gabriel--75.
  Llega  San Vicente, y se vuelve en un patache de Juan Ortiz--82.
  Djale Oyolas poblado en Paraguay, con rden de que le espere, y por
   qu no obedecia?--42.
  Puebla en otra parte, y vive libremente con sus soldados--43.
  Determina obedecer  Irala--44.
  Sabiendo la ida de Juan Ortiz, se vuelve al Rio de la Plata--106.
  Llega  Ibiaza, y ve los estragos que habia padecido--_ibid._
  Mata al rey de los monos, y acuden muchos  l--107.
  Huye de ellos, y un indio le reprende la accion--_ibid._
  Llega  San Gabriel--118.
  Rescatando con los Guarans desde Santa Catalina--107.
  Consuela la armada de Juan Ortiz--121.
  V con l  la isla de Martin Garca, y le enva  buscar comida--122.
  Rescata bastimento en el pueblo de Taboba--123.
  Recoge algunos espaoles cautivos, y vuelve  San Gabriel--124.
  Acompaa  Juan Ortiz  los Timbes--125.
  Busca  Garay--131.
  Rescata con los Timbes, escribe  Garay se vaya con l--_ibid._
  Hace salir su gente--134.
  Y vuelve cargado de bastimentos--135.
  Lleva socorro  Juan Ortiz con el bergantin, y vuelve  Garay
   con las mugeres y enfermos; y tormenta que tuvo en el Uruguay--141.
  Y se entra en San Salvador--151.
  Puebla, y vuelve por Juan Ortiz--152.
  Publicando su victoria de Zapicano, es recibido con grandes alegrias--154.
  Embrcalo todo, y encalla subiendo el rio, y llega con buen tiempo 
   San Salvador--_ibid._
  V con Garay, y dan en los indios de Igapop, y lleva  Juan
   Ortiz bastimento, y cuatro indios principales presos--155.

Rullo de Mendoza. Rescatado de los indios en Buenos Aires--302.


=S=

Sabalos. Traen los indios de Juan Ortiz--104.

Salazar. Valiente--39.
  Capitan--_ibid._
  Se embarca con Mendoza, en Sevilla--36.
  Cuando pobl la Asumpcion--22.
  Vence  Lambar, y sus indios--29.
  Pelea con una serpiente, y derribado de un colazo, la deguella--_ibid._
  Mata un espantoso tigre--_ibid._
  Y  pualadas, de envidia,  Juan Osorio--38.
  V con Oyolas--39.
  Dle el Rey por armas la sierra de Lambars, el tigre, y merced de
   hbito; y muere dejando pobres y con pleitos  sus hijos--30.

Salgado. V  las horcas de Chaves, como en socorro de Paniagua, para matarle--169.
  Descubierta su maldad, es ahorcado--170.

Salta. Villa poblada por el licenciado Lerma--242.

Salto del Rio de la Plata, espantable, y su ruido--20.

San Salvador. Rio,  que di Gaboto este nombre, entra en el de la Plata--16.
  Hyense  l algunos de los soldados de Gaboto, y se vuelven
    Espaa--11.

Salvador de Saa Correa, avisa al Brasil la llegada de Candish--299.
  Envia  su hijo contra l  la isla de San Sebastian, y cogindole
   descuidado, le mata--35.
  ingleses--307.

Sanabria, natural de Medellin--59.
  Nombrado Gobernador del Rio de la Plata, se casa, y muere, y
   su muger v al Paraguay--_ibid._

Sanafines. Indios del Rio de la Plata--6.

Sancti-Espritus, poblacion. V. _Torre de Gaboto_.

Sancti Espritus, pueblo. Envia Candish  reconocerle, y saltan los ingleses en
   tierra, y son muertos la mayor parte por los espaoles  indios--308.

San Salvador. Puerto en que se recogi Melgarejo, por una tormenta--151.
  Publale--_ibid._
  Llega  l Juan Ortiz con todo--157.

San Sebastian, isla. V Candish  rehacerse  ella, y Correa le mata treinta y
   cinco ingleses, y le hace embarcar--307.

Sansones, indios--6.

Santa Cruz. Acude  desbaratar el motin de Santa F--238.
  Y mata  Venialbo de una pualada--_ibid._

Santa Cruz de la Sierra. Ciudad fundada por Nuflo de Chaves, y porqu se llam
   as?--58.

Santa F. V. _F_.

Santiago. Isla de Cabo Verde, se describe--81.
  Toma en ella bastimento Mendoza--37.

Santiago de Chile, de gran recreacion--2.

Santiago el Mayor. Martirizado--183.

Santos. Ciudad saqueada por Candish--298.
  Su ruina grande--311.

Sapos desollados. Comian los de Juan Ortiz--96.

Sarmiento. Propone sin rden ni concierto embarcarse al Estrecho, y pierde mucha
   gente--250.
  Sale confiado en su ciencia, y le pesa--268.
  Trata con los gigantes que vi Pancaldo, y viene  Espaa, de
   donde vuelve con Diego Flores y su armada--269.
  Llega al rio Jenro y al Yumir, y v al Estrecho--_ibid._
  Puebla en l, y es perseguido de mala fortuna--277.

Sebastian Gaboto. V al Rio de la Plata con buena armada, y es vencido--11.
  Y muerto por los Guarans--_ibid._

Seca de Espaa, mil aos antes de Cristo S. N.--5.

Segovia, Provisor de Paraguay. Hace sumaria contra Cceres--69.
  Es preso, y con grillos--_ibid._
  Llevado para echarle al Per, se libra, y como prendi  Cceres--73.

Segura, no se ha de arriesgar por lo incierto--138.

Serpientes. En el Rio de la Plata, que han lidiado con hombres--23.
  Derriba una  Salazar, peleando, y es muerta--29.

Setubal. Si la pobl Tubal con nombre latino--3.

Sierras de Magacela. Si son las de Altamira,  las de Santa Cruz--4.
  De la laguna Itapu--30.

Sirenas. Hay en la laguna Itapu--30.
  En el estero de los Beguas--140.

Socabones del cerro de Potos, meten grima--2.

Sodomitas. Donde decian los indios que los atormentaban los diablos--31.

Sol de oro. En el palacio del gran Moxo, con luces y una sierpe--53.

Soldados que gozan sueldo en el Per--292.

Soledad apacible. En las riberas del estero de los Beguaes--140.

Sotelo. Preso por Lerma--240.
  Y libre por la Audiencia--242.
  Saca  Doa Elvira de Chaves herida de entre los Chiriguanos--285.

Sotomayor. Ahorcado por Juan Ortiz--119.
  Por haber querido huir--_ibid._

Sotomayor de Chaves y Mediano--269.
  V  Chile con rden de pasar el Estrecho, y llega al Rio de
   la Plata, y atraviesa  Chile, dejando mucha gente en tierra--270.
  Su muger alabada--277.

Sueo. De que puso las puertas  su estancia la antiguedad fabulosa--140.


=T=

Taboba, indio fuerte--113.
  Cacique de las islas del Rio de la Plata--127.
  Hace gran estrago en los espaoles de Pablo de Santiago--113.
  Atravesado por una lanza, la coge, y cortada la mano, muere--148.

Taboba, el viejo. V con su gente  la Junta de Ibitupu--279.
  Hblale en ella, y contradicho de Izoca se desafian, y los sosiega
   Ibitupu--166.
  Huye con Marucare--173.
  Muerto en Buenos Aires por Inciso--234.

Tabolebo. Declara la guerra con otros  Buenos Aires--275.

Tabolia, india, y su desafio con otra--274.

Tafetana. Costa de brbaros--80.

Tanimbano. Acude  Guairaca con sus indios--227.
  Conviene en hacer guerra  Buenos Aires--275.

Tapucagn. Acude  Guayraca con sus indios, y se entra en el fuerte--227.

Tapu Guaz. Conoce su ruina en el aviso de Pitum y Coraci, y los manda quemar
   vivos, y propone la guerra--220.
  Manda que nadie salga de la junta; envia por Curemo, y resuelve
   recibir de paz  Garay--222.
  Algrase del destrozo de los Tupuimiries, y ofrece  Garay vasallage y
   servicio--224.

Tasa de jornales  los indios, pone el Virey en Potos--178.

Tecos, indios--6.

Tempestad grande. En las islas de San Gabriel, echa  tierra las naos de Juan
   Ortiz--138.

Teniente de Garay en Santa F. Preso por los mestizos--236.
  Es suelto, y restituido por Arvalo--239.

Terremoto que arruin  Lima--288.
  De Arequipa, ruinas y muertes que caus---251.
  Sucediendo al mediodia--252.
  En Chuquiago mud una laguna, y se abri la tierra en tres bocas--261.

Teru, cacique de las islas del Rio de la Plata--126.
  D de concierto con Yumand sobre Santa F, y vuelve huyendo--_ibid._
  Determinado  vengarse de los espaoles--_ibid._
  Huye de Garay, sus casas son quemadas, y saqueadas--137.
  Es de parecer que se haga guerra  Buenos Aires--275.

Tesoro. El verdadero ha de hacerse en el Cielo--39.

Tidore, isla. Su rey rescata con Drake, estando en guerra con los portugueses--249.

Tigres. En los islones del Rio de la Plata--18.
  Como los mata el Yumir--26.
  Comian los Juan Ortiz--187.

Timbs. Sus calidades--125.
  Dan muerte  Sols con engao--10.
  Islas que tienen pobladas en el Rio de la Plata--18.
  Rescatan con Melgarejo, y recatean mucho--131.

Tomahavi. Lago y fuente notable, que atrae los perros bailando, y los cuece--182.

Tomas Candish, corsario. Pasa el Estrecho, y no se detiene en Chile--292.
  Dirige su armada al Per, y los vecinos se asustan, y se alegran los
   soldados--291.
  En Arica le engaan los vecinos--298.
  Y pasa  Puna, tomando en el viage un navo, y la saquea--294.
  Dan sobre l los del Cuzco y Guayaquil, y se recoge  una montaa con
   prdida de veintidos hombres, y como tom la lancha, y quem un navo suyo--295.
  No le reciben en Paita, y despoblada la saquea, y escopetea una
   cruz--_ibid._
  Corre la costa del Per, y se v  Nueva Espaa, y carenando
   su nave, navega  la Gran China, y toma la nao del tesoro--296.
  Un clrigo y otros intenta matarle, y le ahorca, y llega  su
   tierra poderoso--_ibid._
  Vuelve al mar, llega la costa del Brasil, y la demarca, y toma el
   navo de Marquina y otros--297.
  Saquea los Santos contra su palabra,  injuria las reliquias
    imgenes santas de la iglesia--298.
  Desnuda  los vecinos, y derriba las casas, y v  San Vicente, donde
   entra con gran contento--299.
  Hace una nave para entrar en el Rio de la Plata--_ibid._
  Entrale tormenta navegando--300.
  Trucasele la fortuna--305.
  Vuelve de arribada  los Santos, y toma tierra tres leguas mas
   adelante, y descuidado, le hacen los vecinos una emboscada--_ibid._
  Echa 25 hombres en tierra, al embarcarse dn muerte  23 los
   espaoles--306.
  Y ahorca  los que volvieron, y por qu?--308.
  Pide un hijo de un Conde  la villa, y se v  rehacer  la isla de
   San Sebastian, donde pierde 35 ingleses, y v  Sancti Espritu, donde le
   matan otros--307.
  Y su clera y execraciones, saliendo al mar--309.
  Sus maldades y sacrilegios causaron la prdida de su armada--310.
  Cuatro de sus ingleses se pasan  los espaoles--308.

Tomina, pueblo--173.

Topamaro, Inca. No hacia mal  los espaoles--184.
  Procura Loyola prenderle, y huye con sus indios, y descuidado
   es preso, y llevado al Cuzco--185.
  Condenado  degollar, pide el bautismo, y es muerto con escndalo de
   todos--186.

Tormenta que padeci la armada de Mendoza--36.
  Y lo que decia la gente--37.
  Otra en el golfo de las Yeguas, en la armada de Juan Ortiz--80.
  Otra en el puerto de Don Rodrigo, saca de l la capitana al mar--83.

Torre de Gaboto. En el Rio de la Plata--11.
  Donde?--18.
  Llega  ella Juan Ortiz--125.

Torre de Mambrea, Placencia--3.

Torres. En el palacio del gran Moxo--51.

Torrida Zona. Creyronla inabitable, y cuando se navega--49.

Traicion, rio--10.

Trejo. Muy estimado, y regalado de Juan Ortiz--192.
  Quiere mover  los soldados contra l--_ibid._

Trinidad, se llama la ciudad de Buenos Aires--285.

Tristeza, sigue  la alegria--133.

Trugillanos. Eran los Ricinos--4.

Tubal. Hijo de Japhet: poblador de Espaa--3.

Tucuman. Provincia abundante--2.
  Nunca tuvo buen gobernador--195.

Tupaayqu. Rie con Tabola, y se hieren fuertemente, sobre cual de sus maridos
   habia bebido mas--274.

Tup. Huye de Estremadura, vencido,  las Indias, rie con su hermano Guaran, en
   el Brasil, y se v con los suyos al Rio de la Plata--6.

Tupes. Indios del Brasil--7.

Tups, espaoles. Antiguos caribes--3.
  Vencidos por los Ricinos, se embarcan, y llegan  Canarias--4.
  Y  Cabo Frio, y por qu se quedaron solos en el Brasil--5.
  Son los Tupes--7.


=U=

Ubay. Sus indios comen los gusanos de las caas de agua, y los que dejan como los
   echan de su tierra, vueltos ratones--32.

Urambia, indio famoso--221.
  Advierte  su cacique la profecia de la venida de nuevas gentes, y que
   no se podr resistir  los espaoles--_ibid._
  Vota que se les reciba de paz--_ibid._
  Sintenlo los indios, rie con Curemo, y le hace perder la lanza--225.
  Heridos, se d sentencia de ser igual  su competidor--226.

Urambieta, padrino de Curemo en el desafio con Urambia--225.
  Evtase el desafio--226.

Ure, general de la armada. Llega al Rio de la Plata--62.
  Deshace las obras de dos navos, y hechos bergantines, los envia  la
   Asumpcion con el Obispo--_ibid._

Uruguay, rio grande--16.
  Entre furioso en el Rio de la Plata, con legua y media de boca--_ibid._
  No sufre balsas--142.
  Intenta poblarle Juan Ortiz--141.


=V=

Valderrama. D muerte  Yaguatas con Osuna--228.

Valencia, Gobernador de Arica. Despacha  Arequipa  que libren la plata del rey,
   de los ingleses--247.

Valenzuela. Mata  Cuyupe--228.

Valero. V de rden del Virey  prender  Garay, y l no obedece--201.
  Sguele, y es sentido--208.
  Le prende Garay en Cotagaita--235.
  Quiere ahorcarle, y le perdona, y despalma la mula, y le deja--_ibid._
  V  Tucuman--236.

Vargas de Trugillo. Se v  Melgarejo huido, y muere el mismo dia, confesado por
   el autor--123.

Vela. Degollado por Juan Ortiz--94.

Venados. Muchos en las islas, en el Paraguay--193.
  Mantienen  muchos indios del Rio de la Plata--23.
  Como los mata la Eira--26.
  Sus cabezas se han hallado en el vientre de las culebras--_ibid._

Venegas, oficial real. Caus con los demas el alboroto contra Cabeza de Vaca, le
   prenden, y conmueve el pueblo--54.
  Trale preso  Espaa con procesos  su gusto--59.
  Su desgracia--_ibid._

Venialvo, principal amotinador de Santa F--235.
  Qujase al gobernador de que hubiese echado bando sobre armas, siendo
   el Maese de Campo de los rebeldes--237.
  Dle muerte Santa Cruz, y es hecho cuartos--238.

Vera, puerto--269.
  D mucho pescado, y marisco: entra en l Mendoza--38.

Vera. Preso en Santa F por los conjurados--236.

Vicencio. Ahorcado por Mendieta--200.

Vicente, (puerto de San). Entra en l Doa Mencia, con la gente del socorro--59.
  Asola Candish su poblacion--299.

Victoria, nao. Di vuelta al mundo--10.

Victoria, Obispo de Tucuman. Envia al Dean  gobernar--242.
  V al concilio de Lima--257.

Vieja. Anima  los Ibitupues  que hagan guerra  los espaoles, y la siguen
   todos--167.
  Hacen una danza, cantando la victoria de Garay contra los Tapuimiries--223.

Villalta, conjurado contra Garay. V con Ruiz por mensagero de los mestizos 
   Tucuman--235.
  Refugiase  San Francisco, y se compone su causa, y huye  Santiago--239.
  Adonde sigue su desventura--_ibid._
  Degollado, y su cabeza puesta en el rollo--241.

Vino. De qu le hacen los indios?--280.

Virtud unida, mas fuerte--45.

Vvoras, en el Rio de la Plata--27.
  De cascavel, acometen  la casa, y huyendo dan muerte  la 24
   horas _ibid._
  Convierten en veneno las flores que comen--215.

Vizcaya. Queria llamar Juan Ortiz  la tierra de San Salvador--154.

Viscaino. Mata  Aagualpo, y  Yandimoca--148.

Volcan de Arequipa, espantoso--253.

Voluntad de poderoso, arrastra la razon--46.


=X=

Xiantombia. Sale por padrino de Curemo al desafio con Urambia--225.
  Como evit que prosiguiese el duelo?--226.


=Y=

Yacar, cacique. Acude con sus indios  Guayraca--227.

Yaguatat. Lleva 2,000 indios  Guayraca--227.
  Es muerto por los de Garay, peleando furiosamente--228.

Yaguar, rio. Atravisale Garay--223.

Yamand, gigante, hechicero--17.
  Predijo que habian de venir  su tierra gentes lejanas--117.
  Su dominio en las islas, y Rio de la Plata--127.
  Se llamaba emperador, y poder que tenia con los indios--17.
  Respetbanle mucho, y se alababa mas l--126.
  Sale de San Gabriel--_ibid._
  V  la nave de Juan Ortiz, fingindose mensagero de Garay, y
   lo que dijo--127.
  Y le entretiene hasta que llegue Zapicano--117.
  A quien lleva las cartas que le dieron, y las guarda, y perdida la
   ocasion, se las entrega  Garay--127.
  Toma respuesta, y lo que pensaba--_ibid._
  D  Juan Ortiz las cartas, y es regalado, y le engaa--134.
  Creyendo volverle  engaar, media en la libertad del hijo de
   Cay--161.
  No tiene efecto, y finge quedarse  ser cristiano con Juan Ortiz--_ibid._
  Preso, procura el autor convertirle en vano--18.
  Escpase una noche obscura--191.
  Mueve  los indios  guerra--193.
  Muerto Garay por los Mauas, junta  los indios, y ordena guerra--272.
  Contra Buenos Aires, y es vencido--275.
  Su heredero toma su nombre--17.

Yandinoca, indio. Muerto por Vizcaino--148.

Yandnazubi, capitan de los indios. Ayuda  los espaoles  poblar el Paraguay--42.
  Ofrece ampararle, y  Salazar--_idid._

Ybiriy. Acude  Guayraca con indios--227.

Ybitupu. Convoca  junta  los Chiriguanos sabiendo que el virey se habia
   vuelto, y hace prevenciones de brevages, frutas y caza--280.
  Razonamiento que hizo  los que concurieron, borracho--_ibid._
  Resuelven hacer mal  los espaoles por cuantos medios puedan, y
   dispara una flecha en seal de guerra--281.
  Impide hagan mal  un viejo que la contradecia--282.

Ygapop,  Igeipot, rio--184.
  Sus indios esconden sus hijos y mugeres, con nimo de dar en
   los espaoles de San Salvador; y envestidos de Garay y Melgarejo,
   huyen--155.

Ypanem, significa desdichado, rio. Psale Garay--217.

Ypit, rio. Entra en el Paraguay--21.

Ytapu, laguna, con una pea en el medio--30.

Yvaviraes, fruta--280.

Yumir, oso hormiguero, y como mata  los tigres?--26.

Yurumir, significa boca chica, puerto, y estrecho, y su forma--269.
  Y situacion--_ibid._
  Llega el Drake  l, y le deja antes de llegar Diego de Flores con su
   armada--270.

Yzoca. Reprendo  Taboba que dilate la guerra contra los espaoles--166.


=Z=

Zapicano. Cacique viejo de los Charras--104.
  Fortsimo, muy respetado de sus vasallos, y de gran presumpcion--151.
  V por Abayub, que estaba preso, al campo de Juan Ortiz con
   mucha caza, y se queda con l--110.
  Rescatando: sueltos, juran vengarse--_ibid._
  Coge  los espaoles descuidados en medio, y d muerte  cuarenta--_ibid._
  Vuelve con ejrcito--112.
  Regido bien--113.
  V contra el fuerte de Juan Ortiz el dia siguiente, y se retira--118.
  Vuelve, y tira muchas piedras contra la nave, y se burla de los
   espaoles--117.
  Repite su venida todos los dias, procurando sacar  los espaoles--118.
  Recibe bien Ontiveros, y le adorna como indio--119.
  V contra Garay con siete escuadrones--145.
  Ve retirar  los arcabuceros, y se detiene--146.
  Habla  los espaoles, y mfanlos los indios--_ibid._
  Quiere matar  Leiva, y Menialvo le parte por medio de una cuchillada--148.
  Huyen sus indios mas adentro, despoblada la tierra--151.




FE DE ERRATA DE LA ARGENTINA

[ya corregidos (N. del T.)]

            ERRORES.                          CORRECCIONES.

PAG.
 1. _...origen canto solo._                   ...orgen canto, solo
     _Por descubrir, ect._                    Por descubrir, etc.

 5. (nota) _Cosa comun es, cuanto acopi_     Cosa comun es, cuando rompi el mar, etc.
          _el mar, etc._

11. _Al alto divino juicio verdadero_         Al divino juicio verdadero

16. _Desde aqu se comienza  ser desecho_    Desde aqu l comienza  ser desecho.

19. _La mano est temblando, y lo rebujo._    La mano est temblando, y lo rehuyo

_ibid._--(nota) _El tigre es canino movido:_  El tigre es canino:
 _pues el Yumir, etc._                         movido pues el Yumir, etc.

26. (nota 4) _abre por el seseso._            abre por el seceso

31. (nota) _Onange-pita_                      Aang-pit

95. _Huirse todos bien se lo deseaban._       Huirse todos, s, lo deseaban

123. _...entre estos est Armada._            ...entre estos est armada

125. _Habitan los Timbs, gente amorosa_      Habitan los Timbs, etc.

126. _As yo Yamand  toda la gente._        Asi yo Yamand, toda la gente

130. _Conclusa Caraballo, su jornada._        Conclusa Caravallo su jornada.

133. _Mando soltar la flaca artilleria._      Mand soltar, etc.

164. _Sabido este negocio, echa derrama_      Sabido este negocio, echa de rama

182. _Creyendo gozaria en gua dio eterno_     Creyendo gozaria en gaudio eterno

197. _Que ya en este decir mas no meatrero_   Que ya en este decir mas no me atrevo

207. _Que alguna gente viene, aunque secreta._Que alguna gente viene, aunque secreta,
       _Que le puede ayudar_                      Que le puede ayudar

251. _A galeras, por ser hombre traviesos_    A galeras, por ser hombres traviesos

285. _Soleto revolvi_                        Sotelo revolvi.


       *       *       *       *       *




NOTAS:

[1] _Vase la nota 3 de la pg. 15._

[2] _Pag._ 96.

[3] _Pag._ 33.

[4] _Pag._ 40.

[5] _Pag._ 272.

[6] _Pag._ 281.

[7] _Stira contra los vicios de la poesia castellana._

[8] _Pag._ 269.

[9] _Pag._ 277.

[10] _Pag._ 265.

[11] _Biblioteca occidental._ Tom. II, pag. 653.

[12] _On y remarque aisment que l'auteur ne s'occupait geres de la
recherche de la verit et des faits._ Viages  la Amrica meridional.
Tom. I, pag. 21.

[13] _Ibid._

[14] _Pag._ 312.

[15] _Cosa muy sabida es de todos la riqueza del Per, y del famoso
cerro de Potos, que es  la manera de un monton de trigo mirdole de
lejos: y es grima mirar los socavones que se han hecho para
desentraarle y sacarle la riqueza de metales que tiene dentro de s._

[16] _Tucuman es una provincia abundante de comida. Chile es la mas
parte floresta y jardin, tiene oro, y en particular Santiago de Chile.
Es tierra de mucho recreo._

[17] _D. Cristoval de Mora, Marquez de Castel Rodrigo, Virey, Gobernador
y Capitan General de Portugal, por el Rey Felipe III. Fu la persona 
quien el autor dedic su poema._--EL EDITOR.

[18] _El capitn Francisco Drake, que fu azote de Dios en el mar del
norte y la del sur, pues saliendo de Inglaterra que est hcia el polo
rtico, y pasando el Estrecho, hizo tanto dao debajo del polo
antrtico._

[19] _Notoria cosa es,  los que tienen lumbre de f, el diluvio, y como
No hizo el arca, en que se salv con los suyos; y como habiendo cesado
el diluvio, le dijo Dios_ signum ponam inter me et te, _que fu el Arco
Iris_, signum foederis: _y como Tubal, hijo de Japhet, y nieto de No,
pobl primero la Espaa, de donde los Portugueses derivan Setubal, casi_
Sedes Tubal.

[20] _Ricinos, en la comarca de Trujillo: vivian en tiendas._

[21] _La torre de Mambrs, es Placencia._

[22] _La gente de Portugal, esto es_, Portus Gallicus.

[23] Castrum Julii, _de Julio Cesar, fu dicho Trujillo, y segun otros,
de Juliano Merida, que en otro tiempo fu la Roma de las Espaas._

[24] _Estas sierras de Altamira, segun algunos, son las sierras de
Magacella, y segun otros, la de Santa Cruz, tres leguas de Trujillo._

[25] _Cosa comun es cuanto rompi el mar Atlantico: quedaron las islas
de Canaria y Cabo Verde libres, y as son hoy en dia llamadas
Fortunadas, esto es, casi felices y dichosas. En tiempo del rey Gerion,
 quien venci y mat Osiris, que fu el famoso Hrcules, antes de la
famosa seca de Espaa, que fu mil aos antes de nacer Cristo, se
poblaron estas islas._

[26] _Navegando por la mar del norte, se han visto por debajo de agua
vestigios de edificios antiguos._

[27] Pedro de Medina _en el libro de "Grandezas y cosas memorables de
Espaa, cap. 34."_

[28] _Los dos cabezas que salieron de Espaa eran hermanos, Tup y
Guaran, eran casados, la muger del uno pidi  la del otro un papagayo,
y no dndoselo, hubo pendencia entre los dos hermanos._

[29] _Este rio Pilcomayo corre de la provincia de los Charcas, y entra 
cuatro leguas de la Asumpcion, en el Paraguay, y toma nombre de_
Araquai. _El rio Guapay pasa doce leguas de Chuquisaca, quiere decir_
bebo todas las aguas, _y es el mismo que llmase en Chuquisaca el Rio
Grande_.

[30] Guaran _significa una mosca muy importuna, que hay en aquella
tierra,  la manera del tbano, que chupa la sangre, y por serles tan
importuna la guerra  los indios, la llaman del nombre de esta mosca._

[31] _El_ Gaan-zapainga, _que significa_ solo seor, _les puso este
nombre  los Guaranies, diciendo, que  gente que venia desnuda, de
donde nace el sol, que es tierra caliente, hcia aquellas partes y
cordilleras, que es tierra fria, el frio, que es _chiri_, les
escarmentara, que es _guana_: de donde vino Chiriguana: como que
diciendo: dejadlos, que el frio les escarmentar._

[32] _Muy trillada cosa es el descubrimiento del Per, y lo que los
Pizarros hicieron. Dice, pues, que el corazon pedia la venganza_, idest,
_que los Chiriguanas movidos de resentimiento, en pensando que los
Pizarros eran procreados en aquella tierra Estremadura, de donde sus
antepasados habian sido echados, se alegraban para hacer el trueco que
entre ellos dicen, matando  quien mat cosa mia. Pero fu tanta la fama
de los Pizarros entre los indios, que aun los Chiriguanas, sin
experimentar su valor, los temieron, y as cesaron por aquel tiempo de
sus conquistas, y pararon en las cordilleras de Chuquisaca, de donde hoy
primero de Octubre de 1592, aun hacen dao, y matan  los que van 
Santa Cruz de la Sierra._

[33] _Usan los Chiriguanas muchos embustes en la guerra; son grandsimos
traidores en la paz, son de suyo animosos, crueles y vengativos. Dice
que les vi hacer cosas estraas as en la guerra como tratando entre
ellos; y que, quien no le quisiese escuchar vaya  preguntarlo al
Toledo,  al Virey D. Francisco de Toledo, hermano del Conde de Oropesa,
que gast en los ir  conquistar, 800,000 ducados de la caja, sin mucho
otro dinero de particulares, y sali de la cordillera derrotado._

[34] _Magallanes, por quien tom nombre el Estrecho, que lo eternizar
hasta el fin, descubri aquel pasage. Llevaba en su compaia  un D.
Juan Diaz de Solis, el cual de vuelta pidi al Emperador D. Carlos,
Seor nuestro, la conquista del Rio de la Plata; y dndosela, fu con
armada al Rio de la Plata, llamado_ Paran. _Entr, y subiendo y
atravesando un riachuelo, le mataron los indios  traicion en aquel rio,
que se llama el_ Rio de la Traicion. _Este puso por nombre al Paran,
Rio de la Plata, porque al tiempo que lo descubri, hall indios con
planchas y corona de plata._

[35] _Dice, que no fu sin causa de buen agero, porque se hallan
grandes muestras el dia de hoy de oro y plata, y el autor las ha visto,
y trajo  estos reynos de Castilla, y la causa de no haberse beneficiado
los metales, han sido los Gobernadores, porque desean perpetuarse en sus
gobiernos en vida, y saben que habiendo plata han de ser visitados por
la Audiencia, y acabar su seoro, que es mayor de lo que se puede
decir, como en tierras apartadas del Rey y Seor propio,  donde primero
que llegan las quejas, son acabados los agraviados, y se quedan sin
castigo las agraviantes._

[36] _Sebastian de Gaboto era tambien piloto: pidi la conquista,
disela el Emperador nuestro Seor, fu al Rio de la Plata, subi 80
leguas por arriba Buenos Aires, y edific una fortaleza, cuyas tapias
estan hoy en pi._

[37] _El rio Argentino,  Rio de la Plata es llamado por los indios_
Paran, _que quiere decir "mar" por su grandeza. Corre del norte al sur,
aunque hace muchas vueltas: cuando entra en la mar, entra al este, por
manera que el viento sur es sobre la tierra de Buenos Aires y el norte
sobre la banda del Brasil, aunque despues d vuelta la corriente al
norte. Tiene velocsimas corrientes, pero reina all el sur bravamente,
y donde es su vuelta corre el navio, como dice la octava_, placidamente.
_Tiene este rio mas de 30 leguas de boca, porque la punta de Santa
Maria, que es la de la banda del Brasil, est en 34 grados y medio, y la
de Buenos Aires est en 34; y aunque los grados de norte  sur son de 17
leguas y media, y se vendria  sumar por esta razon mas cantidad de
agua, no se le echa  la boca del rio mas de 35, porque las dos puntas
salen muy  la mar. Son estas dos costas peligrosas, por ser la una muy
baja, y la otra muy combatida del viento sur, y ambas sugetas  los
enemigos indios belicosos, y por esto habla de_ futuros casos
portentosos. _Por la mayor parte los navios que se han perdido, han sido
de la banda del Brasil, que es donde llamamos San Gabriel, as de
cristianos como de ingleses, y todos han sido acabados por los indios._

[38] _Hay en este parage, que dista 80 leguas de la mar, aunque menos
del agua salada, 7 islas despobladas, pero muy hermosas de palmas y
laureles: tienen pesquera y puertos fondables. Hasta estas islas hay
mucho fondo, aunque hay dos  tres bajios, como es un arecife arriba de
la isla de Maldonado, donde se perdi el navo de Dos, y otro frontero
la isla de Juan de Ortiz, donde se perdi Guitian con mas de 40,000
pesos de plata. Pero desde estas islas adelante el rio est lleno de
bajios. Por aqu tiene 9 leguas de ancho, y estas islas de San Gabriel
estan apartadas de tierra, de la banda del Brasil, legua y media: casi
todas estan  8 leguas de Buenos Aires. Suelen verse de Buenos Aires en
las tardes, cuando hace el dia sereno._

[39] _La isla de Martin Garcia tiene de longitud legua y media, y de
latitud media legua. Es muy poblada de arboleda, y tiene en l mucha
tierra buena para sembrar. Aqu estuvo la gente de D. Pedro poblada, y
despues la de D. Juan Ortiz de Zarate. Aqu lleg Eduardo Fontanes,
ingles, ao 1582, estando yo en Lima en concilio, y habia dos aos que
habiamos poblado  Buenos Aires, donde s llegra hubiera hecho mucho
dao._

[40] _El rio_ Hum, _que quiere decir ro Negro, porque su agua es negra,
por atravesar lagunas y pantanos de tierra negra. Corre muy manso, y es
muy fondable: tiene gran nmero de peces, los mas de ellos gambaros. En
este ro es cosa muy cierta que hay peces que tienen figura humana en
alguna manera, porque si fuese en todo serian hombres y no peces, y por
eso dice la octava pescados semejantes._

[41] _La yerba viva llamada_ caycob, _ca significa yerba, ycob, que
vive._

[42] _Es la bolsa  la manera de unos sacos con puerta, que usaban
antiguamente los labradores._

[43] _El tigre es canino: movido pues el Yumir, por instinto natural,
en viendo venir al tigre, abrzase con l, y djase caer en tierra; y
teniendole apretado por mucho tiempo, desmaya el tigre de hambre y
muere._

[44] _La culebra llamada_ Curiy _es de doce varas de largo, y del
grosor de un buey. Tiene en la cola una navaja de hueso, que abre por el
seceso  los animales que coge, por fuertes que sean, y se los traga,
chupndolos enteros: hnse hallado en su vientre artes enteras venados
grandes cargados de huesos. Por instinto natural v  lugares hmedos, y
chase de barriga, y pudriendose su cuero, salen los huesos que ha
tragado, y as descargada, v entre unas yerbas, donde refregndose
sana, y se cierra la abertura._

[45] _Acai en lengua Guaran suena tanto como en lengua castellana:_
Valgame Dios y que maravilla es esta; _y as llaman como con espanto 
la laguna, por oir aquel estruendo y alarido_ Acai: _de  donde dijo un
poeta, hablando del misterio de la Encarnacion,_ "Acai, _que me espanta
tan grande secreto._"

[46] _El carbunco es un animal, llmase este animal en lengua guaran_
Aang-pit: _ diablo, porque reluce como fuego._

[47] _Envidia combate  lo mas alto, y as el envidioso es cobarde._

[48] _Pobreza no es vileza, empero sin Dios causa vileza, y entre los
hijos del siglo es gran bajeza, y cosa odiosa y aborrecible._

[49] Rubicha _en la lengua Caria,  guaran, quiere decir "principal
capitan y cabeza."_

[50] _Irala fu en el armada de D. Pedro de Mendoza como soldado, y con
su ardid y maa vino  mandar la tierra mucho tiempo. Levantronle los
que prendieron  Alvar Nuez Cabeza de Vaca. Persigui  Diego de Abreu,
caballero de Sevilla; el cual sustentaba la opinion de los leales, como
llamaba  los que no consintieron en la prision de Alvar Nuez Cabeza de
Vaca._

[51] _Despublase Buenos Aires, y sus habitantes jntanse con los de la
Asumpcion._

[52] O vida segura la mansa pobreza! _Juan de Mena en sus trecientos._

[53] _Oro es, lo que oro vale, dice el proverbio castellano._

[54] _Cosa muy sabida es como el Emperador Carlos V, nuestro Seor,
padre del invictsimo Felipe II, se desposey  hizo dejacion de todos
sus reinos, y se retrajo  Juste, monasterio de frailes Hieronimos, que
fu el mas singular y mayor triunfo que l obtuvo entre los grandsimos
y dignos de eterna memoria, que l alcanz en este mundo._

[55] Ni boda pobre, ni mortorio rico, _as en los descubrimientos de las
Indias. El _comentador griego_ sobre las trecientas de 10 de Mena; y
otros muchos antes de l, como fu_ Ptolomeo, &c., _lo contrario de lo
cual vemos y sabemos._

[56] _Doblada la lnea est casi hecha la jornada, porque si no se
acierta  doblar, no se puede tomar la costa del Brasil, antes habrn de
ir  la de Cartagena,  dar en Santo Domingo._

[57] _Envidia combate lo mas alto._

[58] _La casa del gran Moxo en una laguna._

[59] _Cortan la cabeza  D. Francisco de Mendoza, en la Asumpcion, por
mandado de Diego de Abreu._

[60] _Hizo asiento con el Rey Juan de Sanabria, ao de 1547, como dice
Gmara_ Histria de Indias, cap. 89, y Herr. dec 8, lib. 4.

[61] _Hzose el asiento con Zrate por Julio de 1569._

[62] _Buen dicho para letrado y Presidente de una Audiencia real. Bien
parece habia gustado poco de los flechazos de los indios Guarans, segun
la razon que daba._

[63] _Quien en mal anda en mal pra._

[64] _Dr. Fray Alonso Guerra, Obispo del Paraguay._

[65] _Esta era una muger casada con Juan de Saldiva, vizcaino,  hija de
Antonio Tomas, portugues._

[66] _De arenal._

[67] _D. Gernimo Luis Cabrera, Gobernador del Tucuman,  quien cort la
cabeza Gonzalo de Abreu._

[68] _A mi me lo dijo en Santos el padre Jos Anchieta, teatino de la
compaia de Jesus, hombre de gran fama y crdito, que se habia hallado
en su muerte. Que olia con gran fragancia su cuerpo, pies y manos, y la
sepultura; y es entre los portugueses del Brasil muy valido que este
Obispo muri santo._

[69] _Cuando la hormiga se ha de perder, alas le han de nacer._

[70] _Los Abrojos son un peligro en la costa del Brasil,  manera de
arrecifes y bajos que hace all la mar._

[71] _Era una racion seis onzas de harina de trigo._

[72] _Por mis ojos v aqueste dia  este indio que abrazndose con el
caballo, cort con los dientes la una rienda del caballo, y as muri
con la rienda en la boca,  pualadas que le di Juan de Osuna._

[73] _Juan de Barros fu cautivo de nio; crise entre los indios;
casronle y tuvo hijos: cuando fuimos se vino  nosotros, trayendo su
muger  hijos: yo se los bautic, y  l le cas con su muger._

[74] _Muerte maravillosa de un religioso de San Francisco._

[75] _D. Gabriel de Pamagua, natural de Placencia._

[76] _En Valladolid aconteci esto  un caballero, por lo que fu
perdonado de los Reyes Catlicos._

[77] _Como cuando el Cisne siente llamarle su fin, que muera; dijo Dido
 Eneas._

[78] _A este caballero cas el Virrey D. Francisco de Toledo con Da.
Beatriz Lacoya, hija del Inca, y prima hermana de este Topamaro que l
prendi._

[79] _Comun es aquello cuando la vieja en Roma rogaba por la vida de
Commodo, que preguntada por la razon de ello, respondi: que porque
habia conocido  sus antecesores, y que iba la cosa de mal en peor, y
que as entendia, que si moria Commodo que vendria otro peor._

[80] _El Licenciado Torres de Vera y Aragon, siendo Oidor en Chile, fu
Capitan General en la guerra._

[81] _Visitando D. Diego de Zuniga la Audiencia de los Charcas, prendi
 Juan Torres de Vera, Oidor, y al Doctor Barros, Presidente, y al
Licenciado Contreras, Fiscal: qued solo en la Audiencia el Doctor
Peralta._

[82] _Entre otros cantares que les hacia cantar, el mas celebrado y
ordinario, segun alcanc  saber, era ste:_ Obera, obera, obera,
paytupa, yandebe, hiye, hiye, hiye, _que quiere decir: "Resplandor,
resplandor del padre, tambien Dios  nosotros, holgumonos, holgumonos,
holgumonos:" y yo les hice entrometiesen entre aquellas dos palabras
_paytupa_ y la otra _yandebe_, que quiere decir "tambien el dulce nombre
de Jesus:" por manera que de all adelante cantaban, as:_ Obera, obera,
paytupa Jesus, yandebe, hiye, hiye, hiye.

[83] _Macana es una arma que usan los Chiriguanos de vara en largo, de
un palo rcio, y  manera de espada, y en lugar de punta, tiene al cabo
pala._

[84] _Maraca es un calabazo lleno de chinas, muy compuesto con plumeria,
con el cual taen  compas, formando su manera de son para cantar._

[85] _Lerma, Gobernador y Capitan General en Tucuman, y que pobl 
Salta, y tuvo gran triunfo y poder: vino despues  morir en crcel de
corte en Madrid, tan pobre que entre indianos le enterraron por Dios._

[86] _Esto dijo la Reina Isabel  Juan Fernandez de Inciso. En su
Crnica general del mismo se refiere._

[87] Yumir, _un estrecho que hace la mar entre la tierra firme y la
isla de Santa Catalina, como tiro de canto. Es all la corriente
velocsima al henchir y vaciar de la marea. A la banda del norte est
una ensenada grande, que llaman el puerto de Vera, y  la del sur, el
puerto de_ Corpus Christi. _En el primero estuvo D. Pedro de Mendoza, en
el segundo, Juan Ortiz. Llmase_ Yumir, _esto es "Boca Chica."_

[88] _El Padre Fray Juan de Ribadeneira habia venido del Per por el
Argentino, adonde volvi por rden de S. M. con doce frailes._

[89] _Cosa muy comun es entre lot Guaranies, que antiguamente anduvo
entre ellos predicando un santo hombre,  quien ellos llaman hoy en dia
_Payzum_,  Santo Tom. Yo he visto por propios ojos una piedra, cosa
de nueve pies de longitud, y cuatro de latitud, en que estn formadas
seales y vestigio de pisadas de pi humano: y no son de indios porque
ton conocidas las seales de sus pies, por ser tan diferenciadas, como
son, de las seales de los pies del cristiano, aunque el pi del uno y
del otro est descalzo: porque los indios tienen los dedos
desparramados, y el cristiano juntos, y lo mismo se v en el negro de
Etiopia._

[90] Aapureit, _quiere decir cerro donde el diablo canta: Yo he oido
decir  indios, que all se les aparece el diablo y les canta, y ensea
cantares, que ellos rezan cantan  manera de alabanzas: y  esta causa
llaman aquel cerro_ Aapurey , _casi como decir donde el diablo canta,
porque_ a _significa diablo, y_ pureyt _es cantar, y todos los que
suben aquel cerro mueren de espanto, excepto los _payees_  hechiceros,
porque tienen concierto y pacto con el diablo y son sus conocidos._

[91] _En este tiempo gobernaba el Conde del Villar, y despach muchos
capitanes al puerto de Arica, y por toda la costa de la mar del Sur,
guarneci al Callao,  hizo saber  los vecinos de la tierra,  que
acudiesen con sus armas y caballos, las lanzas y con sus arcabuces, los
que tienen este cargo: porque tiene Su Magestad dos gneros de soldados
asalariados, unos que llaman lanzas, y otros que llaman arcabuces; gana
una lanza ochocientos pesos ensayados, y un arcabuz seiscientos, y esto
aunque no haya guerras, porque estas situaciones estan apuntadas en la
Caja Real, para lo que puede suceder, y as comen estos honradamente, y
asisten en la Ciudad de los Reyes._

[92] _Gran valor y ardil de las damas de Arica, que de sus tocas
hicieron banderas y gallardetes, y de las caas y bordones, lanzas; con
que fingiendo grande aparato, y fuerza de gente, bastaron  lanzar el
enemigo del puerto, engaado de la fingida resea y muestra que ellas
hicieron._

[93] _Son rescatados de poder de indios D. Diego de Portugal, clrigo, y
D. Rullo de Mendoza, y Gonzalo Garca,  quien yo trage en mi navo por
marinero._






End of the Project Gutenberg EBook of La Argentina, by 
Arcidiano D. Martin del Barco Centenera

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and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
http://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at http://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit http://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations.
To donate, please visit: http://pglaf.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.


Most people start at our Web site which has the main PG search facility:

     http://www.gutenberg.org

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
